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17 de abril de 2019

Pan, circo y libre expresión

Hace más de tres décadas, la Corte Interamericana de Derechos Humanos resaltó, en su emblemática Opinión Consultiva OC5-85, el papel importante de los medios de comunicación en un Estado democrático. Entre otras cosas, esa importancia se debe a la posibilidad que tienen los periodistas de investigar y denunciar a los funcionarios públicos, y de alertar a la ciudadanía sobre el cometimiento de posibles actos de corrupción por parte de éstos. El estándar esgrimido en la OC5, es, por supuesto, vinculante para el Estado ecuatoriano en virtud del principio de control de convencionalidad.

Editorial de María Dolores Miño: "Pan, circo y libre expresión"
Artículo de María Dolores Miño: "Pan, circo y libre expresión"

En meses recientes, el papel de la prensa ha sido fundamental para dar seguimiento a la gran cantidad de actos de corrupción perpetrados por miembros del anterior y actual gobierno. En ciertas ocasiones, han propiciado que se inicien investigaciones y se sancionen a algunos culpables. La importancia que juegan los medios y los periodistas en el combate contra la corrupción es innegable, y se les debe asegurar un ejercicio libre de hostigamiento, inseguridad e injerencias arbitrarias.

No obstante, el noble papel fiscalizador de la prensa no puede confundirse con una carta blanca para cometer actos que hoy por hoy se consideran violencia política contra las mujeres. Para nosotras, esa violencia se traduce a insultos personales, ataques a nuestra apariencia física, sugerencias sobre posible inestabilidad mental, o injerencias en nuestra vida amorosa o sexual. Con ello, no solo se incurre en un abuso del derecho a informar, sino que además, se priva a la ciudadanía de conocer lo que sí es importante: el hecho de que una funcionaria pública haya abusado de su posición de poder para beneficiarse a sí misma o a sus allegados, o el hecho de que haya llegado a un alto cargo público sin contar con los mínimos requisitos para ello.

Desafortunadamente nuestro medio es aún machista, incluso a la hora de fiscalizarnos: en la mayoría de casos, lo que las mujeres hacemos en el ámbito público queda opacado por cuestiones personales e intrascendentes, que poco o nada aportan para evaluar la calidad de nuestra gestión o a medir nuestras capacidades.

Es penoso, por tanto, que en los necesarios debates sobre los posibles actos de corrupción cometidos por la Vicepresidenta alrededor de la alegada obtención fraudulenta de su título, se llegue a la bajeza de compararla con un cerdo de caricatura. Más grave aún, es que eso, que no es más que un acto de violencia política contra las mujeres, se justifique bajo el nombre de un derecho tan importante como la libre expresión. La ciudadanía se merece información que le aporte elementos suficientes para evaluar la gestión de quienes les representan y les sirven. Se merece algo mejor que un vulgar “pan y circo”.


Autora:   María Dolores Miño

Fuente:  Diario El Universo

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