Mostrando las entradas con la etiqueta José Hernández. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta José Hernández. Mostrar todas las entradas

27 de noviembre de 2017

¿No escribir sobre Correa o escribir más?

No hablar más de Rafael Correa. Ese pedido, que se hace en redes sociales, se ha activado con la presencia del expresidente en Guayaquil y Cuenca. ¿Es juicioso no hacerlo? Los ciudadanos que lo piden defienden dos tesis: minimizar al máximo su exposición y no hacerse eco de lo que dice o hace. Ignorarlo.

rafael correa regreso ecuador
Artículo de José Hernández: "¿No escribir sobre Correa o escribir más?"

Ese pedido calza perfecto para aquellos que hacen periodismo notarial. Ese periodismo zonzo, del año de la pera que repite lo que dicen las fuentes. Es el periodismo que el expresidente resucitó en su gobierno haciendo creer que la crónica, el comentario, la crítica, el perfil, el análisis –entre otros géneros– están por fuera de la deontología periodística. Correa no quiso periodistas a su alrededor; quería amanuenses dedicados a repetirlo. Y celebrarlo.

No escribir sobre Correa elude el tema de fondo: el periodismo se ocupa de la realidad y Correa hace parte de ella. El buen periodismo ya hubiera retratado toda la realidad que ese señor lleva a cuestas, además de su gestión. ¿Alguien puede ignorar su lenguaje corporal, su rostro descompuesto, su gesto displicente y su mirada esquiva al comprobar, con hondo desencanto, en un balcón de Guayaquil, los pocos seguidores que llegaron a saludarlo? ¿Alguien puede ignorar la sonrisa prefabricada y esa mirada de queso fundido que Gabriela Rivadeneira posa sobre su ídolo? ¿O la alegría fingida de Marcela Aguiñaga, solo comparable con su confesión de sumisión eterna a Rafael y a la revolución; vocablo que pronuncia sin saber lo que significa?



¿Alguien puede ignorar el desasosiego que habita a seres como Doris Soliz, Ricardo Patiño, Virgilio Hernández, Fernando Cordero… sus miradas perdidas, su procesión interna? ¿No es periodismo hablar de esa soledad que destilan los fieles de Correa, de su deseo inclemente por aparentar, como si nada hubiera cambiado, como si no estuvieran raspando el cocolón de épocas fastuosas cuando hacían y deshacían según sus antojos? ¿Comparar no es periodismo? ¿Volver sobre lo que fue y ya no es no es clave para la memoria?

¿Alguien puede ignorar a Correa, su capacidad de ensimismamiento, su falsa modestia, su disco rayado, sus falacias, su odio que a estas alturas parece ontológico? Oírlo inquieta, pero para un periodista es un ejercicio que lo obliga a hundirse en el mundo de las palabras. ¿Cómo decir este ser embebido de sí, suicida potencial, candidato a mártir, justiciero y mesías, narciso irredento en un mundo donde él se ve imprescindible y único? ¿Cómo decir su capacidad para repetirse, volver sobre lugares comunes ajados, remachar los mismos lemas, reincidir en los clichés? ¿Cómo decir su cinismo, sus coartadas, sus medidas verdades, su hojarasca pseudoideológica, sus mofas predecibles? ¿Cómo decir esa risita socarrona, esa mirada falsamente retadora de cejas levantadas y dientes apretados? ¿Cómo decir esta arrogancia ordinaria y esta fraudulenta superioridad moral que pasea este ser convencido de que en vez de pedir perdón puede exigir y retar?

¿No escribir o hundirse más y más en las palabras para dar cuenta de esta realidad que, en el caso de Correa, no cambia a pesar de su estadía en un ático belga?

¿Alguien puede ignorar sus ignorancias? Comparar por ejemplo a Jorge Glas con Alfred Dreyfus. Hay que tener agallas. Hay que creer que no existe siquiera Wikipedia para equiparar a un político acusado de corrupción con un militar víctima de uno de los peores casos de antisemitismo en Francia. El caso Dreyfus dividió a Francia durante doce años, de 1894 a 1906. ¿Dónde está, pregunta Correa, un Emile Zola que escriba, se entiende, a favor de Glas? ¡Qué impresionante! Correa olvida –pequeño detalle– que Zola, que escribió cuatro años después de que Dreyfus fuera acusado de espionaje y alta traición su célebre “Yo acuso”, se basó en una investigación que probaba la patraña montada contra ese capitán: Dreyfus siempre fue inocente.

¿Alguien puede ignorar que el ex presidente está acostumbrado a decir cualquier cosa y a decirla mirando a sus interlocutores a los ojos, como si dijera la verdad?

¿No escribir de todo esto? ¿O escribir más? Y escribir conscientes de que hay que hacerlo no contra Correa sino como una tarea del buen periodismo ante el poder. Ante los poderes. Los amanuenses registran, como los notarios. Para los periodistas hay muchos otros verbos: escribir, describir, contar, analizar, observar, comparar, recordar, digerir… Y hacerlo apoyándose en la semiología, la lingüística, el humor, el teatro, la sociología, la historia…

Correa y sus amigos son un reto para el buen periodismo… Por eso lo persiguieron. No escribir, no describirlos (además de investigarlos) sería darles gusto.


Autor.   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

11 de octubre de 2017

El drama en un acto de ser asambleísta correísta

Atrapados y sin salida lucen los asambleístas de Alianza PAIS. Cualquier decisión que tomen es pésima para sus intereses. Si no hacen juicio político a Glas son cómplices confesos de corrupción. Y lo saben. Y si lo hacen admiten que la corrupción –como es obvio– es un rasgo innegable del correísmo.

asambleistas alianza pais
Artículo de José Hernández: "El drama en un acto de ser asambleísta correísta"

Creen que haciendo lo que hacen son leales a Correa, pero saben que Lenín Moreno es el administrador indiscutible de la nueva realidad política. Defienden la reelección indefinida como lo desea Correa desde su ático belga. Pero saben que el expresidente tiene más pasado que futuro y que el país seguramente lo inhabilitará en la consulta.

Solo ahora esos asambleístas miden el nivel político tan paupérrimo al que llegaron. Saben, como reconoció Virgilio Hernández, que no fiscalizaron. Que confiaron demasiado. Que debían haber mantenido las tendencias en el partido. Saben, como dice Miguel Carvajal, que sucumbieron a la disciplina partidista… Todo eso se empieza a oír. Como detalles, como meras deficiencias de un proceso que siguen defendiendo.
La procesión va por dentro.

Su drama no es tener que aceptar que Jorge Glas y otros funcionarios y militantes estén acusados de corrupción. Su drama es tener que contradecir al dueño del proceso. Porque al hacerlo, tienen que aceptar la realidad sin la hojarasca retórica que los hechos han pulverizado. Y esa realidad dice que ellos secundaron, en plena bonanza, un sistema autoritario y corrupto y se acomodaron en él convirtiendo la política en obediencia obcecada a un caudillo. En religión.

Los cínicos y corruptos saben que se cerró un capítulo y que ahora o quizá más tarde podrían encontrarse ante un juez. Los que no han robado, ahora saben que llevan diez años defendiendo sofismas, medias verdades, legitimando persecuciones y cerrando los ojos ante fortunas mal habidas.

Corruptos y honestos, unidos por las mismas prácticas partidistas, están paralizados. Los une ese perfil que resulta de haber repetido el mismo discurso, plegado ante las mismas presiones, socapada las mismas acciones, servido al mismo señor. Ellos son el producto político específico del correísmo: seres leales al líder. Arrogantes. Superiores moralmente al resto. Dueños de la historia y su sentido. Aptos para repetir discursos prefabricados. Expertos en falacias. Seres indiferentes a la ética. Fieles al partido. Capaces, si les piden, de ver linternas donde solo hay cocuyos. Cobardes para defender sus convicciones personales. Ciegos ante la ignominia. Persuadidos de que la plata del Estado es plata suya. Ellos son los políticos que parió la era Correa. Seres dependientes que funcionan con un líder todopoderoso que define el rumbo, marca los tiempos y pauta las tácticas.

Hoy saben que ese líder no cambió la política. La infantilizó. La convirtió en actividad de boy scout. Cada uno de ellos es parte de una de esas tres generaciones de políticos que quedarán marcadas por esta experiencia de obediencia ciega, de cinismo extremo. Políticos capaces de hacer leyes sobre medidas y hablar de instituciones que, en realidad, son correas de transmisión de su partido, con fiscales y jueces a su servicio.

El bloqueo en que se hallan los asambleístas de Alianza País es una confesión no pedida. Es la muestra más patética del nivel político paupérrimo al que llegaron. Y del cinismo aparatoso que volvieron hábito. Protegieron a Jorge Glas. Nunca lo fiscalizaron. Le tendieron alfombra roja. No lo citaron. Evitaron el juicio político. Mintieron haciendo creer que un juicio político necesita pruebas penales. Dejaron que Glas hiciera show político. Qué no hicieron, siguiendo las instrucciones del señor del ático. Los cínicos y corruptos saben que la cuerda se usó, que pueden ir presos y que con su retórica pedalean en el vacío. Los honestos saben que todo lo que hicieron suma entre las evidencias de su complicidad con la corrupción.
Todos están midiendo su imposibilidad política –y ahora existencial– para admitir que el modelo que adoraron ciegamente durante una década es una aberración que tocó techo.

Hoy el problema ya no es Glas ni el señor del ático: son ellos.


Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

27 de septiembre de 2017

Jorge Glas está hundido hasta el cogote

Jorge Glas no debe estar durmiendo. Hoy José Conceiçao dos Santos, exresponsable de Odebrecht en Ecuador, derrumbó su sistema de defensa que estuvo basado en tres ejes: no hay ninguna prueba contra mi. Si mi tío incurrió en ilegalidades, tendrá que responder por haberse tomado mi nombre. Odebrecht no me pudo coimar porque en el gobierno de la Revolución Ciudadana esa empresa fue expulsada del país y yo, personalmente, saqué a su representante de mi oficina.

jorge glas carcel
Artículo de José Hernández: "Jorge Glas está hundido hasta el cogote"

José Conceiçao dos Santos reconstruyó, desde el consulado de Ecuador en Sao Paulo, los mecanismos usados por Odebrecht para obtener 5 contratos a cambio de repartir coimas por $32,1 millones. Su testimonio fue recibido en la Corte Nacional de Justicia, por videoconferencia. El exdirectivo de la firma Odebrecht tejió la trama que relaciona a Jorge Glas con su tío e involucró a otros exfuncionarios como Esteban Albornoz, Rafael Poveda, Alexis Mera, Carlos Pólit e incluso a Carlos Pareja Cordero. El nombre de Rafael Correa también apareció en su testimonio.

Glas había pretendido no saber nada sobre las actividades de su tío; preso, entre otras cosas, por haber recibido coimas de Odebrecht. Y haberlas recibido por su relación estrecha con un alto funcionario del gobierno de Correa. Hoy el ex directivo de la firma brasileña puso fechas, mecanismos y detalles a lo que parecía una evidencia: Rivera lo buscó en 2011 y le dijo que él intermediaba los negocios del sector estratégico para Glas. A Rivera le empezaron pagando dos millones de dólares para tener acceso a Jorge Glas cuando era ministro de los sectores estratégicos. Él pidió el 4% del monto de los contratos ganadores como coima; pretensión que se redujo a 1% y luego aumentó a 1,3%. Esos pagos garantizaban el acceso directo e incondicional a Glas. Con él se reunió dos o tres veces por año, en su oficina, donde Glas se sentía protegido. En su testimonio, dice haber entrado sin ser registrado a la Vicepresidencia desde donde Glas daba órdenes (a Poveda, a Albornoz…) según sus pedidos. Poveda y Albornoz eran los encargados de sacar la gente que estorbaba.

Glas y su gente cambiaban los pliegos de las licitaciones para que Odebrecht ganara los contratos. Citó cinco: el poliducto Pascuales-Cuenca, el trasvase Daule-Vinces, la hidroeléctrica Maduriaco, la remoción de tierras de la Refinería del Pacífico y el Acueducto La Esperanza.

Carlos Polit lo chantajeba para no emitir glosas y sacar informes favorables… Según dos Santos, el excontralor recibió $10 millones y Carlos Pareja Cordero pidió cinco millones para Alexis Mera, pero él dijo no saber si Mera recibió los 3.5 millones que finalmente entregó. ¿Y Rafael Correa en todo esto? ¿Nada sabía? El delator dijo que Glas le pidió un millón de dólares para la campaña de 2014 y que él solicitó ese financiamiento a Brasil. Glas firmaba las cartas que escribía Dos Santos con su requerimiento. Odebrecht, según el testimonio, no pagó y el delator dice haber sugerido a Glas que sacara el dinero de lo que ellos ya habían pagado…

Este testimonio, que ahora está en manos de jueces y fiscales, destroza la defensa que hasta ahora ha mantenido Jorge Glas. Lo ubica en el centro de la corrupción provocada por Odebrecht y, posiblemente, también de los contratistas chinos, evocados de paso en esta audiencia. El tío recibió coimas por ser el operador con la firma brasileña. Glas fue, dice el delator, quien gestionó el regreso de Odebrecht a Ecuador. Él hizo posible que esa empresa pudiera hacer lo que estimó adecuado en cada proyecto instruyendo a ministros y funcionarios bajo su mando. Él dio la orden de sacar a aquellos que estorbaban.

Políticamente Glas está muerto y judicialmente queda a pocos pasos de ser detenido. Su show tiene hoy un muro difícil de escalar: el testimonio del hombre que repartió 32 millones de dólares a nombre de una empresa que no solo corrompió políticos: montó un sistema para que aquellos que recibieron coimas no puedan negarlo. Odebrecht no había dado la lista de beneficiados de esas coimas. Hoy la develó parcialmente. Ahora la pelota está en el campo de la Fiscalía y de los jueces.

Jorge Glas, todavía Vicepresidente de Ecuador, la debe estar pasando muy mal…


Delator de Odebrecht Revela Que Pago USD 32... por ecuadornoticias

Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

16 de agosto de 2017

Poscorreísmo: ¿no hablar más o hablar más de Correa?

No son pocas las personas que, en redes sociales o en los comentarios de 4P, piden no volver a hablar de Rafael Correa. No mencionarlo. Se entiende que hablar de él es hacerle publicidad, tomarlo en cuenta, mantener vivo su recuerdo. Y lo que conviene es olvidarlo, virar la página, enterrarlo bajo algunas toneladas de indiferencia. O de desprecio.

rafael correa ecuador
Artículo de José Hernández: 'Poscorreísmo: ¿no hablar más o hablar más de Correa?'

Este discurso no es nuevo. Ya se oyó, por ejemplo, cuando Abdalá Bucaram abandonó el poder, tras un golpe de Estado. Con menos pasión, pero con igual acuciosidad, se dio a entender que, con Bucaram fuera, el país podía voltear esa página vergonzosa que duró seis meses. El problema era naturalmente Bucaram; no el país que votó por él.

Con Correa, la situación es más engorrosa. Son diez años en los cuales, los electores votaron, no una vez sino una docena, por él y su partido. ¿En esas circunstancias, conviene no hablar más de él? ¿O por el contrario, es urgente poner la década correísta en observación?  Diseccionarla. Dejar de convertir a Correa en fuente de todos los males y, mejor, verlo como lo que fue: un prototipo que los electores escogieron, hicieron suyo, se reconocieron en él, les representó al punto que le otorgaron todos los poderes. Incluso le permitieron, también en las urnas, meter las manos en la Justicia.

¿No es hora de evitar el síndrome del chivo expiatorio e instalarse ante el correísmo, como quien se sienta ante un espejo?

Correa no engañó a los electores. Pocos mandatarios han dicho, con tanta sinceridad y osadía, lo que pretendía hacer. Ninguno se ha exhibido con tanta naturalidad como él. Ninguno ha hablado tanto. Ninguno ha insultado tanto, ha denigrado tanto a sus opositores y críticos como él. Ninguno se ha puesto tanto en escena como él. Ninguno ha retirado honras ajenas y perseguido en directo a los luchadores de toda índole como él. Ninguno ha mentido tanto. Ninguno se ha atrevido ser tan cínico como él. Y, sin embargo, ninguno ha tenido tanto poder como él. Y todo esto, lo pudo hacer porque obtuvo los votos del electorado. Una y otra vez.

¿Cómo se puede no-hablar de esto? ¿Cómo se puede pedir virar esa página (esa enciclopedia) sin indagar sobre todo aquello que la hizo posible? Correa, y esto es doloroso, impuso su autoritarismo a unos pocos. El resto de la sociedad –esa famosa mayoría que tantos evocan para cerrar la boca a las minorías– lo consideró como su líder. No le importó que concentrara todos poderes, administrara la cosa pública como si fuera de su propiedad y tuviera lista de perseguidos políticos. No se inmutó, durante años, de sus formas y políticas despóticas. No le preocupó la opacidad de su administración, el eco cada vez más creciente de corrupción, la lista de nuevos ricos. No se alteró con el aparato de propaganda dedicado a catequizar, lavar cerebros, imponer una sola verdad, perseguir medios y periodistas, hostigar ciudadanos con opiniones disidentes.

LEA TAMBIÉN:   'La mafia'

¿No-hablar de todo esto? ¿Y, entonces, sobre qué bases se puede construir el post-correísmo? ¿Y se puede hablar de post-correísmo o “muerto el perro, se acabó la rabia”? Si tras diez años de autoritarismo, lo conveniente es endosar todas las culpas a Correa y tenerlo lejos en Bruselas, pensando que así se da por superada esta experiencia, pues el país volverá a lavarse las manos. Y seguirá sin saber sobre qué valores y principios ancla su convivencia. ¿Ecuador es una República? ¿Tiene sentido hablar de democracia, de separación de poderes, de justicia, de equidad? ¿Tienen los ciudadanos alguna responsabilidad con esos valores? ¿Tienen las elites alguna responsabilidad con el país? ¿Tiene la academia algún deber con la sociedad, por fuera de formar estudiantes? ¿Qué grado de compromiso tienen los intelectuales con la democracia? ¿O da lo mismo que se pongan al servicio del autoritarismo y la tiranía? ¿Da lo mismo a la sociedad tener buena información, plural y anclada en el interés público, que tener propaganda? La retahíla de preguntas puede ser larga.

¿Entonces, no se debe hablar más del correísmo? ¿O por el contrario, es el momento de decantar lo que pasó en el país y de invitar a todos los protagonistas –todos sin excepción– a ponerse ante el correísmo como si fuera un espejo. El efecto catarsis es saludable. Pero ese ejercicio es imprescindible para comprender los enormes vacíos que tiene la sociedad y escudriñar falacias, mentiras y cuentos chinos que administra como si se tratara de culpas ajenas. Si ese ejercicio no se hace, usar al correísmo como espantapájaros solo será otro fraude. Otro autogol que se marque Ecuador.


Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

30 de julio de 2017

Moreno prueba que Correa fue un fraude

Dos meses tardó Lenín Moreno para transparentar las cuentas reales de la economía nacional. Anoche, 28 de julio, lo hizo en cadena nacional. El nuevo Presidente dijo al país que su antecesor, Rafael Correa, fue un gran farsante: en vez de mesa servida, lo que hay es una situación económica que Moreno calificó como crítica. Las deudas del Estado, que para Correa sumaban $27.871 millones, ascienden en realidad a $57.788 millones.

rafael correa fraude
Artículo de José Hernández: "Moreno prueba que Correa fue un fraude"

Esta noticia no es nueva para economistas y grandes parcelas de la opinión que, desde hace años, sabían que las cifras estaban trucadas y muchas de ellas habían desaparecido de los sitios web de algunas instituciones. Tras la gimnasia financiera, tan corriente en el gobierno de Correa, era cómodo adivinar manejos contables para ocultar o negar deudas contraídas. De hecho, Moreno contó que tuvo que advertir al equipo económico que, según la ley, “todos los datos deben ser veraces, precisos y de acceso público; por ello he instruido que la información esté disponible en todos los sitios web oficiales de las instituciones responsables”. En claro, tuvo que recordar a sus funcionarios que trastocar las cifras oficiales (lo que algunos de ellos hicieron con Correa) es delito.

Pero esta noticia sí es nueva para los seguidores y fanáticos del correísmo. De un golpe, estalla el mito del gran economista que durante años fabricó, con ayuda del aparato de propaganda, el propio Rafael Correa. Y esto puede producir consecuencias económicas y políticas muy parecidas a las causadas por los tsunami.

La Revolución Ciudadana fue un gran engaño: ahora es fácil colegir que el gran milagro que se atribuyó Correa tuvo, como siempre se dijo, dos realidades: el inmenso flujo de petrodólares, producto de la bonanza y, cuando se acabó, un desembozado endeudamiento. Lo primero no requería las destrezas de Nobel de la economía que se otorgaba Correa; lo segundo lo hizo mintiendo, camuflando las cifras, metiendo la mano en fondos que no eran del Estado, sacando plata del Banco Central, pagando intereses exorbitantes a los chulqueros chinos… El gran economista, que convirtió a su equipo económico en delincuentes llevándolo a mentir, está hoy desnudo.

El gigante con pies de barro: las cifras prueban que Correa engañó al país y lo dejó en estado semicomatoso. Su sucesor –y su propio equipo económico – hoy lo reconocen. Esto le hala la alfombra bajo los pies. Correa sale muy maltrecho en el terreno donde reinaba sin competencia. Su mito vuela en pedazos. Su palabra no vale nada ante las evidencias que pintan las cifras. No solo que su audiencia (reducida hoy al Twitter) disminuirá: seguramente morigerará los ánimos de todos sus cheerleaders tipo Gabriela Rivadeneira y Marcela Aguiñaga. En todo caso, esto cambia la ecuación política en el interior de Alianza País donde el ex presidente seguramente perderá poder. A partir de hoy la realidad se puede recoger en esta imagen: mientras Correa tuitea para insultar a su sucesor, Moreno estará ocupado viendo cómo da viabilidad a la economía del país y paga las facturas de la fiesta del gran economista.

Moreno se libera del yugo de Alianza País: el programa de gobierno, el mandato del partido… Todas las camisas de fuerza que el aparato correísta confeccionó para Moreno, pueden ser enviadas hoy a la bodega. El balance económico del correísmo es tan devastador para la economía y el país que, curiosamente, libera a Moreno de ataduras pseudo ideológicas y lo sitúan en el mejor terreno posible, para él, en este momento: el pragmatismo. Moreno tiene ante sí este panorama: hacer funcionar al país, pagar deudas y proponer mecanismos para que la economía ecuatoriana crezca. Con esa tarea, todas las fórmulas le quedan permitidas. Todas, menos repetir las de Correa. Y ahora que las cifras de su gestión serán transparentes, todo el país podrá evaluar en tiempo real la eficacia de sus recetas.

Moreno es ahora rehén de sí mismo: el Presidente al transparentar las cifras (que solo los correístas negaban), hace una confesión no solicitada: haber ocultado la realidad sirvió a su campaña y debió pesar, ¡y de qué manera!, en su elección. Moreno, con esas cifras en la mano, tiene otro enorme problema: convencer al país de pagar la factura de la fiesta que favoreció, en primera instancia y en forma casi exclusiva, a los suyos. A su partido. Moreno no lo reconoció en la cadena nacional y no hizo mea culpa alguna por el derroche, la corrupción y la mala gestión de la cual también él es responsable.

Esto planteará, ya plantea, irremediablemente, una pregunta: ¿a cambio de qué el país entrará en esta dieta forzada? ¿A cambio de otro experimento pseudo-idológico? ¿De más Revolución Ciudadana edulcorada? Para pedir sacrificios, el Presidente tendrá que dar pruebas irremediables (no retóricas como la de su Frente de Transparencia…) de eficacia en la lucha contra la corrupción. Ese es apenas un ejemplo. En su plan económico tendrá que consignar otros compromisos más ortodoxos.

Efecto colateral directo: destapar las cifras del engaño correísta, no solo hizo estallar el mito del gran economista. Hoy Jorge Glas amaneció más descobijado…


Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos


Presidente Lenín Moreno Habla Sobre Situación... por Ecuadornoticias

19 de julio de 2017

Si Jorge Glas no es ratero es inepto

Robos hubo en los sectores estratégicos. En las hidroeléctricas, en la refinería de Esmeraldas y la del Pacífico que Jorge Glas es el único en ver, allí donde todo el mundo ve un terreno baldío. Jorge Glas fue el responsable de todos los sectores estratégicos. Responsable del control y la supervisión de todo lo que allí ocurriese.

Jorge Glas y su tio Ricardo Rivera
Artículo de José Hernández:  'Si Jorge Glas no es ratero es inepto'

Un señor, Ricardo Rivera, recibió $13 millones de dólares de la empresa Odebrecht, especializada en repartir coimas a funcionarios de Gobierno. Rivera, que está preso en su domicilio, no es funcionario pero es pariente de un alto funcionario del gobierno de Rafael Correa. ¿Qué funcionario? El único conocido es Jorge Glas.

Pero Jorge Glas tiene un partido, Alianza País, que ayer, en la Asamblea Nacional, reiteró lo que es su prioridad: protegerlo. Esconderlo. Facilitarle todas las coartadas –inventándose minucias formales o prevaricando– para que no tenga que responder por aquello que no hizo (cuidar la plata del erario público) y dejó hacer (que se la robaran).

Salvarlo sin que tenga que explicar cómo pudo su tío, con quien está atado desde siempre, que es como su segundo padre, que él metió a la función pública apenas llegó al poder; cómo pudo ese tío recibir tantos millones de una empresa que solo paga por favores recibidos sin que él –único pariente situado en un alto cargo del Estado– esté, de cerca o de lejos, involucrado.

Alianza País es una empresa política hoy dedicada a tapar. Diez años sin fiscalización, produjeron secretos, realidades impronunciables, carpetas que no conviene abrir. Ese partido parece sellado por el mismo código, no escrito pero real, que rige el comportamiento de la mafia italiana: la ormetà. La ley del silencio. Si cae uno, caen todos. Luego, todos se protegen. Los cadáveres en los armarios garantizan el hermetismo leal y férreo de la hermandad.

Alianza País ya no sabe lo que es el bien público. Ni la responsabilidad política. Ni la rendición de cuentas. Ni la fiscalización. Ni el poder con pesos y contrapesos. En ese mundo unívoco y hegemónico, hecho de lealtades y complicidades compartidas, ese partido creó una institucionalidad –redes de poderes concatenados, obedientes y cómplices– para ser impunes.

Todo esto es lo que se activó de nuevo en el caso de Glas. El Vicepresidente ni siquiera tiene que explicar lo que ocurrió en sus áreas donde se ha robado a manos llenas. En su defensa, el aparato ni siquiera usa el sentido común: si Glas no robó, pero dejó robar, no es responsable por acción, pero lo es por omisión. Bueno, y si no es responsable por acción ni omisión –lo que se antoja imposible– pero si así lo quieren ver, tienen que concluir: el vicepresidente es un inepto. Un peligro en la función pública. No deben confiarle ni la administración de una tienda rural. Debe renunciar.

No hay lógica política en Alianza País, preocupado por salvar a Glas como sea. Como si su movida se jugara en el mismo tablero de ajedrez del apogeo correísta. Como si no hubiera una opinión que ve sus coartadas miserables por ocultar la mugre bajo las alfombras. Y como si Moreno, que los amigos de Glas tratan abiertamente de traidor, no fuera beneficiario de un hecho político coyuntural que, con alrededor de 70% de popularidad, recompone la relación de fuerzas políticas a su favor. En ese esquema, sobra Glas. La reacción del aparato de Alianza País, al cerrar la posibilidad del juicio político, es tan ciega que, más que una muestra de fuerza, prueba su insoslayable desesperación.

Glas dio por cerrado este capítulo. Irrisoria conclusión. La opinión no lo olvidará. Y Moreno, aunque quisiera protegerlo, tendrá que seguir la dinámica de una sociedad que ahora ve el juego miserable de un colectivo que, hipnotizado por la ilusión del partido único capaz de controlarlo todo, confunde sociedad con militancia, triquiñuelas con institucionalidad y transparencia con ley del silencio.

Alianza País cree que Ecuador es un país de ciegos.


Autor:  José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

18 de julio de 2017

Presidente: ¿todos los que actuaron como delincuentes serán premiados?

Presidente, usted no padeció los diez años de correísmo. En su posición de vicepresidente de Correa, durante seis años y cuatro meses, se construyó un andén paralelo, mantuvo silencio y, luego, desde Ginebra, observó la tarea infame de la Revolución Ciudadana.

lenin moreno presidente ecuador
Artículo de José Hernández: »» Presidente: ¿todos los que actuaron como delincuentes serán premiados?

La sociedad no es para usted la víctima del modelo autoritario de su partido. Los militantes son para usted ex funcionarios de Correa o funcionarios suyos. Nada más. No son los actores o promotores de ese ambiente tiránico, de esa arrogancia asfixiante, de esa superioridad opresiva, de ese cinismo impúdico e impune que, a lo largo de los años les otorgó, con sobradas razones, el estatus de verdaderos vomitivos.

Usted estuvo allí, en palco de honor. No sabe lo que es haberlos visto regodearse en el poder, usar y despilfarrar el dinero público, perseguir, dar lecciones de ética y moral, robar o socapar a los que roban, humillar… Diez años en los cuales ustedes fueron los dueños de las instituciones, de los medios, de los fiscales, de los jueces, del Consejo Nacional Electoral, del Tribunal Contencioso Electoral, de la Asamblea, de las superintendencias… del país. Diez años, largos años, durante los cuales fueron gerentes propietarios de la palabra, de la esfera pública, de la verdad. Años de troles, de insultos, de inquisidores abyectos, de miseria humana con poder.

Para usted, presidente, la sociedad no es víctima de ese modelo: solo es el instrumento para legitimar su poder; sobre todo en sus propias filas. Usted no entiende –quizá por eso– que algunas cosas de su gobierno –que recién empieza– causen repugnancia. No solo riñen con la idea de cambio que usted propuso. Muestran que para usted la verdad y la justicia están sujetas a transacciones. Las que usted necesita para renegociar lealtades entre los suyos. Esto deja sin piso a la sociedad, invitada –otra vez– a observar cómo el Ejecutivo transa. Cómo comercia con aquellos valores que dice querer restablecer en la esfera pública.

¿Hubo desafueros? Usted dice que sí. ¿Quién contribuyó a darles forma legal? Alexis Mera. Él es responsable de todo aquello que pareció legal y que, en realidad, fue arbitrario. Mera es lo más parecido a un delincuente jurídico: violaciones abiertas a la Constitución, atentados a los DD.HH., declaratorias de emergencia, gestiones secretas en Brasil en el caso Odebrecht… ¿Cuántos abusos del Ejecutivo no contaron con su interpretación antojadiza del marco jurídico? Y sin embargo, usted lo premia –veamos si esa rueda de  molino se tragan los republicanos– designándolo como su embajador en Washington. ¿Cuál es, Presidente, el mensaje para la sociedad?

¿Cuál es en el caso de Guillaume Long? ¿Premia usted su mamertismo al nombrarlo embajador ante las Naciones Unidas en Ginebra? ¿Acaso su defensa lacerante, a nombre de todo el país, de las dictaduras cubana y venezolana? ¿Su trabajo indigno, al lado de su Canciller, en Ginebra para defender los atentados a los DD.HH. en el gobierno de Correa? El caso de Long es, en su gobierno, una alerta. Porque él ni siquiera tiene capital político. Nada obligaba a premiarlo. A menos que él represente la forma de ver, de su Canciller y suya, la realidad internacional. Solo esa posibilidad causa pavor y es imposible no tenerla en cuenta cuando se juntan las posiciones que ha tomado su gobierno sobre el dictador Maduro.

LEA TAMBIÉN:  Lenín Moreno: "No hay tal mesa servida"

¿También va usted, Presidente, a premiar a Carlos Ochoa con una embajada, como se oye en su entorno? ¿Terminará haciendo creer a la nación que todos aquellos que actuaron como delincuentes en el gobierno de Correa se harán acreedores a embajadas y otras canonjías? ¿Esa es la pedagogía política de su gobierno? Amigos suyos dirán que es exagerado hablar de delitos y delincuentes. Pero ahí están los hechos, Presidente. Patricio Rivera, miembro de su equipo económico, sostiene hoy, por lo que usted anunció, exactamente lo contrario de lo que dijo durante el gobierno anterior. Si hubo falsificación o adulteración de documentos públicos –y eso ocurrió con las cifras de la economía–, él y otros funcionarios que se prestaron para ello, con Correa a la cabeza, cometieron un delito estipulado en el artículo 328 del Código Orgánico Integral Penal. Dilma Roussef, ex presidenta de Brasil, fue acusada y destituida, precisamente, por alterar cifras fiscales. ¿Sirve el ejemplo para vislumbrar la pedagogía que, también en este punto, se está creando en su gobierno? El mensaje vuelve a ser claro: aquellos que ayer engañaron al país, hoy pueden seguir siendo altos funcionarios.

Todo esto puede ser conveniente para usted y la renegociación que hace de lealtades en su partido. Pero es terriblemente nocivo –y ultrajante– en la relación que usted establece con la sociedad. No se sabe dónde están las líneas rojas en la definición de valores democráticos y éticos. Ni en qué las basa usted. Parece que es lo mismo respetar las cifras y ofrecerlas al país que adulterarlas y esconderlas. Parece que es lo mismo ser un defensor de la democracia y los DD.HH. que desconocerlos y aplaudir a sus violadores.

No haber vivido los abusos del correísmo, puede nutrir esta ilusión de cambio en el cual es factible que una cosa sea igual a su contrario. Quizá por eso, en vez de agradecer a Fernando Villavicencio por sus investigaciones, piden brazaletes electrónicos para monitorearlo porque debe ser lo mismo denunciar a los corruptos que serlo.

Usted, al margen todo, parece inaugurar una nueva moda: la ambivalencia de valores. Es penoso tras diez años en los cuales su predecesor trató de cambiar hasta el significado de las palabras. Con usted, por ahora, todo parece ser más simple: lo uno es lo otro y todo lo contrario.

Atentamente,


Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

Síguenos en nuestras redes sociales