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4 de junio de 2019

Correa al borde del abismo

Pamela Martínez colabora con la Justicia. Que la exasesora de Rafael Correa dé información, debió generar pánico en la cúpula correísta. De hecho, algunos desaparecieron de inmediato -como Vinicio Alvarado- mientras Alexis Mera y María de los Ángeles Duarte fueron detenidos. Mera está con prisión preventiva; Duarte con grillete electrónico. Mera habría recibido pagos; Duarte coimas. La Fiscalía actuó basándose en un cuaderno de cuentas en el cual Pamela Martínez consignaba, a mano, los movimientos de dinero. Siempre hay, en cualquier mafia, un tesorero diligente.

Editorial de José Hernández: "Correa al borde del abismo"
Artículo de José Hernández: "Correa al borde del abismo"

Los jerarcas del correísmo lo sabían: eternizarse en el poder es el perfecto caldo de cultivo para que prospere la corrupción. Lo sabía Fernando Cordero que, en su segundo mandato como presidente de la Asamblea Nacional (2011 a 2013) dijo a este periodista, en ‘off’, que no convenía a Alianza PAIS ir a la reelección en 2013. Lo decía evocando lo que estaba pasando en Venezuela. Pero claro: ya había en Ecuador suficientes casos que delataban la corrupción en el gobierno del cual hacía parte. Y por supuesto se sentía que todos los jerarcas, también Fernando Cordero, estaban unidos por la ley del silencio. Esta incluía un arsenal de argumentos que volvía incongruente la sola idea de que en la revolución de las manos limpias pudiera haber corruptos. Y no había: la prueba que daban era que la Fiscalía no había acusado a nadie y que aquellos -muy pocos- que la Contraloría señalaba en algún caso de corrupción o glosa, no pertenecían al movimiento Alianza PAIS.

En realidad, la cúpula de Alianza PAIS se volvió una mafia camuflada tras un discurso seudorrevolucionario, apoyado en infinidad de coartadas: desprestigiar a los autores de la denuncia. Declararse engañados por algún traidor. Desvincularse del sindicado. Gritar (cuando el delito es inocultable) que no conocen a los autores. Clamar, ante las pruebas, que son montajes. Erigirse en todos los casos en perseguidos políticos...

Nada nuevo inventó el correísmo en ese campo. Tampoco lo ha hecho la Justicia, que desde tiempos inmemoriales (quizá desde Tiberio a cargo del imperio romano a partir del año 42 a. C.) usó la figura del delator. Joseph Valachi se convirtió, en 1963, en el gran traidor de la Cosa Nostra ante una comisión del Congreso de Estados Unidos. No hay otra forma de romper la ley del silencio, los pactos de sangre, la lealtad política y la solidaridad que imponen los secretos criminales.

El expresidente Correa está en el peor de los mundos. Porque ahora la Justicia puede armar los rompecabezas desde adentro. Desde los mecanismos ideados para coimar y volverse millonarios usando los cargos y las posiciones de poder. Ninguno de esos actores querrá pasar 20 o 30 años preso. La tentación de hablar, de entregar documentos y pistas para que la Fiscalía trabaje, a cambio de acuerdos para disminuir las penas, se convierte en la peor pesadilla para el expresidente. Por una razón evidente: nada de lo que hicieron Jorge Glas, Vinicio Alvarado, Alexis Mera, Carlos Pareja Yannuzzelli, Fernando Alvarado, María de los Ángeles Duarte... le era ajeno. Él usó su enorme poder para defender a aquellos jerarcas que iban cayendo. La protección que dio a Alecksey Mosquera, acusado de recibir un millón de dólares de Odebrecht, fue sintomática: dijo que era “un acuerdo entre privados”.

Correa está en terreno minado: su línea de defensa -un mar de palabras- puede ahora chocar contra pruebas ciertas entregadas por su cúpula. Si ese escenario se ratifica, el abismo para él no estará lejos.


Autor:  José Hernández

Fuente:  Diario Expreso

27 de noviembre de 2017

¿No escribir sobre Correa o escribir más?

No hablar más de Rafael Correa. Ese pedido, que se hace en redes sociales, se ha activado con la presencia del expresidente en Guayaquil y Cuenca. ¿Es juicioso no hacerlo? Los ciudadanos que lo piden defienden dos tesis: minimizar al máximo su exposición y no hacerse eco de lo que dice o hace. Ignorarlo.

rafael correa regreso ecuador
Artículo de José Hernández: "¿No escribir sobre Correa o escribir más?"

Ese pedido calza perfecto para aquellos que hacen periodismo notarial. Ese periodismo zonzo, del año de la pera que repite lo que dicen las fuentes. Es el periodismo que el expresidente resucitó en su gobierno haciendo creer que la crónica, el comentario, la crítica, el perfil, el análisis –entre otros géneros– están por fuera de la deontología periodística. Correa no quiso periodistas a su alrededor; quería amanuenses dedicados a repetirlo. Y celebrarlo.

No escribir sobre Correa elude el tema de fondo: el periodismo se ocupa de la realidad y Correa hace parte de ella. El buen periodismo ya hubiera retratado toda la realidad que ese señor lleva a cuestas, además de su gestión. ¿Alguien puede ignorar su lenguaje corporal, su rostro descompuesto, su gesto displicente y su mirada esquiva al comprobar, con hondo desencanto, en un balcón de Guayaquil, los pocos seguidores que llegaron a saludarlo? ¿Alguien puede ignorar la sonrisa prefabricada y esa mirada de queso fundido que Gabriela Rivadeneira posa sobre su ídolo? ¿O la alegría fingida de Marcela Aguiñaga, solo comparable con su confesión de sumisión eterna a Rafael y a la revolución; vocablo que pronuncia sin saber lo que significa?



¿Alguien puede ignorar el desasosiego que habita a seres como Doris Soliz, Ricardo Patiño, Virgilio Hernández, Fernando Cordero… sus miradas perdidas, su procesión interna? ¿No es periodismo hablar de esa soledad que destilan los fieles de Correa, de su deseo inclemente por aparentar, como si nada hubiera cambiado, como si no estuvieran raspando el cocolón de épocas fastuosas cuando hacían y deshacían según sus antojos? ¿Comparar no es periodismo? ¿Volver sobre lo que fue y ya no es no es clave para la memoria?

¿Alguien puede ignorar a Correa, su capacidad de ensimismamiento, su falsa modestia, su disco rayado, sus falacias, su odio que a estas alturas parece ontológico? Oírlo inquieta, pero para un periodista es un ejercicio que lo obliga a hundirse en el mundo de las palabras. ¿Cómo decir este ser embebido de sí, suicida potencial, candidato a mártir, justiciero y mesías, narciso irredento en un mundo donde él se ve imprescindible y único? ¿Cómo decir su capacidad para repetirse, volver sobre lugares comunes ajados, remachar los mismos lemas, reincidir en los clichés? ¿Cómo decir su cinismo, sus coartadas, sus medidas verdades, su hojarasca pseudoideológica, sus mofas predecibles? ¿Cómo decir esa risita socarrona, esa mirada falsamente retadora de cejas levantadas y dientes apretados? ¿Cómo decir esta arrogancia ordinaria y esta fraudulenta superioridad moral que pasea este ser convencido de que en vez de pedir perdón puede exigir y retar?

¿No escribir o hundirse más y más en las palabras para dar cuenta de esta realidad que, en el caso de Correa, no cambia a pesar de su estadía en un ático belga?

¿Alguien puede ignorar sus ignorancias? Comparar por ejemplo a Jorge Glas con Alfred Dreyfus. Hay que tener agallas. Hay que creer que no existe siquiera Wikipedia para equiparar a un político acusado de corrupción con un militar víctima de uno de los peores casos de antisemitismo en Francia. El caso Dreyfus dividió a Francia durante doce años, de 1894 a 1906. ¿Dónde está, pregunta Correa, un Emile Zola que escriba, se entiende, a favor de Glas? ¡Qué impresionante! Correa olvida –pequeño detalle– que Zola, que escribió cuatro años después de que Dreyfus fuera acusado de espionaje y alta traición su célebre “Yo acuso”, se basó en una investigación que probaba la patraña montada contra ese capitán: Dreyfus siempre fue inocente.

¿Alguien puede ignorar que el ex presidente está acostumbrado a decir cualquier cosa y a decirla mirando a sus interlocutores a los ojos, como si dijera la verdad?

¿No escribir de todo esto? ¿O escribir más? Y escribir conscientes de que hay que hacerlo no contra Correa sino como una tarea del buen periodismo ante el poder. Ante los poderes. Los amanuenses registran, como los notarios. Para los periodistas hay muchos otros verbos: escribir, describir, contar, analizar, observar, comparar, recordar, digerir… Y hacerlo apoyándose en la semiología, la lingüística, el humor, el teatro, la sociología, la historia…

Correa y sus amigos son un reto para el buen periodismo… Por eso lo persiguieron. No escribir, no describirlos (además de investigarlos) sería darles gusto.


Autor.   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

11 de octubre de 2017

El drama en un acto de ser asambleísta correísta

Atrapados y sin salida lucen los asambleístas de Alianza PAIS. Cualquier decisión que tomen es pésima para sus intereses. Si no hacen juicio político a Glas son cómplices confesos de corrupción. Y lo saben. Y si lo hacen admiten que la corrupción –como es obvio– es un rasgo innegable del correísmo.

asambleistas alianza pais
Artículo de José Hernández: "El drama en un acto de ser asambleísta correísta"

Creen que haciendo lo que hacen son leales a Correa, pero saben que Lenín Moreno es el administrador indiscutible de la nueva realidad política. Defienden la reelección indefinida como lo desea Correa desde su ático belga. Pero saben que el expresidente tiene más pasado que futuro y que el país seguramente lo inhabilitará en la consulta.

Solo ahora esos asambleístas miden el nivel político tan paupérrimo al que llegaron. Saben, como reconoció Virgilio Hernández, que no fiscalizaron. Que confiaron demasiado. Que debían haber mantenido las tendencias en el partido. Saben, como dice Miguel Carvajal, que sucumbieron a la disciplina partidista… Todo eso se empieza a oír. Como detalles, como meras deficiencias de un proceso que siguen defendiendo.
La procesión va por dentro.

Su drama no es tener que aceptar que Jorge Glas y otros funcionarios y militantes estén acusados de corrupción. Su drama es tener que contradecir al dueño del proceso. Porque al hacerlo, tienen que aceptar la realidad sin la hojarasca retórica que los hechos han pulverizado. Y esa realidad dice que ellos secundaron, en plena bonanza, un sistema autoritario y corrupto y se acomodaron en él convirtiendo la política en obediencia obcecada a un caudillo. En religión.

Los cínicos y corruptos saben que se cerró un capítulo y que ahora o quizá más tarde podrían encontrarse ante un juez. Los que no han robado, ahora saben que llevan diez años defendiendo sofismas, medias verdades, legitimando persecuciones y cerrando los ojos ante fortunas mal habidas.

Corruptos y honestos, unidos por las mismas prácticas partidistas, están paralizados. Los une ese perfil que resulta de haber repetido el mismo discurso, plegado ante las mismas presiones, socapada las mismas acciones, servido al mismo señor. Ellos son el producto político específico del correísmo: seres leales al líder. Arrogantes. Superiores moralmente al resto. Dueños de la historia y su sentido. Aptos para repetir discursos prefabricados. Expertos en falacias. Seres indiferentes a la ética. Fieles al partido. Capaces, si les piden, de ver linternas donde solo hay cocuyos. Cobardes para defender sus convicciones personales. Ciegos ante la ignominia. Persuadidos de que la plata del Estado es plata suya. Ellos son los políticos que parió la era Correa. Seres dependientes que funcionan con un líder todopoderoso que define el rumbo, marca los tiempos y pauta las tácticas.

Hoy saben que ese líder no cambió la política. La infantilizó. La convirtió en actividad de boy scout. Cada uno de ellos es parte de una de esas tres generaciones de políticos que quedarán marcadas por esta experiencia de obediencia ciega, de cinismo extremo. Políticos capaces de hacer leyes sobre medidas y hablar de instituciones que, en realidad, son correas de transmisión de su partido, con fiscales y jueces a su servicio.

El bloqueo en que se hallan los asambleístas de Alianza País es una confesión no pedida. Es la muestra más patética del nivel político paupérrimo al que llegaron. Y del cinismo aparatoso que volvieron hábito. Protegieron a Jorge Glas. Nunca lo fiscalizaron. Le tendieron alfombra roja. No lo citaron. Evitaron el juicio político. Mintieron haciendo creer que un juicio político necesita pruebas penales. Dejaron que Glas hiciera show político. Qué no hicieron, siguiendo las instrucciones del señor del ático. Los cínicos y corruptos saben que la cuerda se usó, que pueden ir presos y que con su retórica pedalean en el vacío. Los honestos saben que todo lo que hicieron suma entre las evidencias de su complicidad con la corrupción.
Todos están midiendo su imposibilidad política –y ahora existencial– para admitir que el modelo que adoraron ciegamente durante una década es una aberración que tocó techo.

Hoy el problema ya no es Glas ni el señor del ático: son ellos.


Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

27 de septiembre de 2017

Jorge Glas está hundido hasta el cogote

Jorge Glas no debe estar durmiendo. Hoy José Conceiçao dos Santos, exresponsable de Odebrecht en Ecuador, derrumbó su sistema de defensa que estuvo basado en tres ejes: no hay ninguna prueba contra mi. Si mi tío incurrió en ilegalidades, tendrá que responder por haberse tomado mi nombre. Odebrecht no me pudo coimar porque en el gobierno de la Revolución Ciudadana esa empresa fue expulsada del país y yo, personalmente, saqué a su representante de mi oficina.

jorge glas carcel
Artículo de José Hernández: "Jorge Glas está hundido hasta el cogote"

José Conceiçao dos Santos reconstruyó, desde el consulado de Ecuador en Sao Paulo, los mecanismos usados por Odebrecht para obtener 5 contratos a cambio de repartir coimas por $32,1 millones. Su testimonio fue recibido en la Corte Nacional de Justicia, por videoconferencia. El exdirectivo de la firma Odebrecht tejió la trama que relaciona a Jorge Glas con su tío e involucró a otros exfuncionarios como Esteban Albornoz, Rafael Poveda, Alexis Mera, Carlos Pólit e incluso a Carlos Pareja Cordero. El nombre de Rafael Correa también apareció en su testimonio.

Glas había pretendido no saber nada sobre las actividades de su tío; preso, entre otras cosas, por haber recibido coimas de Odebrecht. Y haberlas recibido por su relación estrecha con un alto funcionario del gobierno de Correa. Hoy el ex directivo de la firma brasileña puso fechas, mecanismos y detalles a lo que parecía una evidencia: Rivera lo buscó en 2011 y le dijo que él intermediaba los negocios del sector estratégico para Glas. A Rivera le empezaron pagando dos millones de dólares para tener acceso a Jorge Glas cuando era ministro de los sectores estratégicos. Él pidió el 4% del monto de los contratos ganadores como coima; pretensión que se redujo a 1% y luego aumentó a 1,3%. Esos pagos garantizaban el acceso directo e incondicional a Glas. Con él se reunió dos o tres veces por año, en su oficina, donde Glas se sentía protegido. En su testimonio, dice haber entrado sin ser registrado a la Vicepresidencia desde donde Glas daba órdenes (a Poveda, a Albornoz…) según sus pedidos. Poveda y Albornoz eran los encargados de sacar la gente que estorbaba.

Glas y su gente cambiaban los pliegos de las licitaciones para que Odebrecht ganara los contratos. Citó cinco: el poliducto Pascuales-Cuenca, el trasvase Daule-Vinces, la hidroeléctrica Maduriaco, la remoción de tierras de la Refinería del Pacífico y el Acueducto La Esperanza.

Carlos Polit lo chantajeba para no emitir glosas y sacar informes favorables… Según dos Santos, el excontralor recibió $10 millones y Carlos Pareja Cordero pidió cinco millones para Alexis Mera, pero él dijo no saber si Mera recibió los 3.5 millones que finalmente entregó. ¿Y Rafael Correa en todo esto? ¿Nada sabía? El delator dijo que Glas le pidió un millón de dólares para la campaña de 2014 y que él solicitó ese financiamiento a Brasil. Glas firmaba las cartas que escribía Dos Santos con su requerimiento. Odebrecht, según el testimonio, no pagó y el delator dice haber sugerido a Glas que sacara el dinero de lo que ellos ya habían pagado…

Este testimonio, que ahora está en manos de jueces y fiscales, destroza la defensa que hasta ahora ha mantenido Jorge Glas. Lo ubica en el centro de la corrupción provocada por Odebrecht y, posiblemente, también de los contratistas chinos, evocados de paso en esta audiencia. El tío recibió coimas por ser el operador con la firma brasileña. Glas fue, dice el delator, quien gestionó el regreso de Odebrecht a Ecuador. Él hizo posible que esa empresa pudiera hacer lo que estimó adecuado en cada proyecto instruyendo a ministros y funcionarios bajo su mando. Él dio la orden de sacar a aquellos que estorbaban.

Políticamente Glas está muerto y judicialmente queda a pocos pasos de ser detenido. Su show tiene hoy un muro difícil de escalar: el testimonio del hombre que repartió 32 millones de dólares a nombre de una empresa que no solo corrompió políticos: montó un sistema para que aquellos que recibieron coimas no puedan negarlo. Odebrecht no había dado la lista de beneficiados de esas coimas. Hoy la develó parcialmente. Ahora la pelota está en el campo de la Fiscalía y de los jueces.

Jorge Glas, todavía Vicepresidente de Ecuador, la debe estar pasando muy mal…


Delator de Odebrecht Revela Que Pago USD 32... por ecuadornoticias

Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

16 de agosto de 2017

Poscorreísmo: ¿no hablar más o hablar más de Correa?

No son pocas las personas que, en redes sociales o en los comentarios de 4P, piden no volver a hablar de Rafael Correa. No mencionarlo. Se entiende que hablar de él es hacerle publicidad, tomarlo en cuenta, mantener vivo su recuerdo. Y lo que conviene es olvidarlo, virar la página, enterrarlo bajo algunas toneladas de indiferencia. O de desprecio.

rafael correa ecuador
Artículo de José Hernández: 'Poscorreísmo: ¿no hablar más o hablar más de Correa?'

Este discurso no es nuevo. Ya se oyó, por ejemplo, cuando Abdalá Bucaram abandonó el poder, tras un golpe de Estado. Con menos pasión, pero con igual acuciosidad, se dio a entender que, con Bucaram fuera, el país podía voltear esa página vergonzosa que duró seis meses. El problema era naturalmente Bucaram; no el país que votó por él.

Con Correa, la situación es más engorrosa. Son diez años en los cuales, los electores votaron, no una vez sino una docena, por él y su partido. ¿En esas circunstancias, conviene no hablar más de él? ¿O por el contrario, es urgente poner la década correísta en observación?  Diseccionarla. Dejar de convertir a Correa en fuente de todos los males y, mejor, verlo como lo que fue: un prototipo que los electores escogieron, hicieron suyo, se reconocieron en él, les representó al punto que le otorgaron todos los poderes. Incluso le permitieron, también en las urnas, meter las manos en la Justicia.

¿No es hora de evitar el síndrome del chivo expiatorio e instalarse ante el correísmo, como quien se sienta ante un espejo?

Correa no engañó a los electores. Pocos mandatarios han dicho, con tanta sinceridad y osadía, lo que pretendía hacer. Ninguno se ha exhibido con tanta naturalidad como él. Ninguno ha hablado tanto. Ninguno ha insultado tanto, ha denigrado tanto a sus opositores y críticos como él. Ninguno se ha puesto tanto en escena como él. Ninguno ha retirado honras ajenas y perseguido en directo a los luchadores de toda índole como él. Ninguno ha mentido tanto. Ninguno se ha atrevido ser tan cínico como él. Y, sin embargo, ninguno ha tenido tanto poder como él. Y todo esto, lo pudo hacer porque obtuvo los votos del electorado. Una y otra vez.

¿Cómo se puede no-hablar de esto? ¿Cómo se puede pedir virar esa página (esa enciclopedia) sin indagar sobre todo aquello que la hizo posible? Correa, y esto es doloroso, impuso su autoritarismo a unos pocos. El resto de la sociedad –esa famosa mayoría que tantos evocan para cerrar la boca a las minorías– lo consideró como su líder. No le importó que concentrara todos poderes, administrara la cosa pública como si fuera de su propiedad y tuviera lista de perseguidos políticos. No se inmutó, durante años, de sus formas y políticas despóticas. No le preocupó la opacidad de su administración, el eco cada vez más creciente de corrupción, la lista de nuevos ricos. No se alteró con el aparato de propaganda dedicado a catequizar, lavar cerebros, imponer una sola verdad, perseguir medios y periodistas, hostigar ciudadanos con opiniones disidentes.

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¿No-hablar de todo esto? ¿Y, entonces, sobre qué bases se puede construir el post-correísmo? ¿Y se puede hablar de post-correísmo o “muerto el perro, se acabó la rabia”? Si tras diez años de autoritarismo, lo conveniente es endosar todas las culpas a Correa y tenerlo lejos en Bruselas, pensando que así se da por superada esta experiencia, pues el país volverá a lavarse las manos. Y seguirá sin saber sobre qué valores y principios ancla su convivencia. ¿Ecuador es una República? ¿Tiene sentido hablar de democracia, de separación de poderes, de justicia, de equidad? ¿Tienen los ciudadanos alguna responsabilidad con esos valores? ¿Tienen las elites alguna responsabilidad con el país? ¿Tiene la academia algún deber con la sociedad, por fuera de formar estudiantes? ¿Qué grado de compromiso tienen los intelectuales con la democracia? ¿O da lo mismo que se pongan al servicio del autoritarismo y la tiranía? ¿Da lo mismo a la sociedad tener buena información, plural y anclada en el interés público, que tener propaganda? La retahíla de preguntas puede ser larga.

¿Entonces, no se debe hablar más del correísmo? ¿O por el contrario, es el momento de decantar lo que pasó en el país y de invitar a todos los protagonistas –todos sin excepción– a ponerse ante el correísmo como si fuera un espejo. El efecto catarsis es saludable. Pero ese ejercicio es imprescindible para comprender los enormes vacíos que tiene la sociedad y escudriñar falacias, mentiras y cuentos chinos que administra como si se tratara de culpas ajenas. Si ese ejercicio no se hace, usar al correísmo como espantapájaros solo será otro fraude. Otro autogol que se marque Ecuador.


Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

30 de julio de 2017

Moreno prueba que Correa fue un fraude

Dos meses tardó Lenín Moreno para transparentar las cuentas reales de la economía nacional. Anoche, 28 de julio, lo hizo en cadena nacional. El nuevo Presidente dijo al país que su antecesor, Rafael Correa, fue un gran farsante: en vez de mesa servida, lo que hay es una situación económica que Moreno calificó como crítica. Las deudas del Estado, que para Correa sumaban $27.871 millones, ascienden en realidad a $57.788 millones.

rafael correa fraude
Artículo de José Hernández: "Moreno prueba que Correa fue un fraude"

Esta noticia no es nueva para economistas y grandes parcelas de la opinión que, desde hace años, sabían que las cifras estaban trucadas y muchas de ellas habían desaparecido de los sitios web de algunas instituciones. Tras la gimnasia financiera, tan corriente en el gobierno de Correa, era cómodo adivinar manejos contables para ocultar o negar deudas contraídas. De hecho, Moreno contó que tuvo que advertir al equipo económico que, según la ley, “todos los datos deben ser veraces, precisos y de acceso público; por ello he instruido que la información esté disponible en todos los sitios web oficiales de las instituciones responsables”. En claro, tuvo que recordar a sus funcionarios que trastocar las cifras oficiales (lo que algunos de ellos hicieron con Correa) es delito.

Pero esta noticia sí es nueva para los seguidores y fanáticos del correísmo. De un golpe, estalla el mito del gran economista que durante años fabricó, con ayuda del aparato de propaganda, el propio Rafael Correa. Y esto puede producir consecuencias económicas y políticas muy parecidas a las causadas por los tsunami.

La Revolución Ciudadana fue un gran engaño: ahora es fácil colegir que el gran milagro que se atribuyó Correa tuvo, como siempre se dijo, dos realidades: el inmenso flujo de petrodólares, producto de la bonanza y, cuando se acabó, un desembozado endeudamiento. Lo primero no requería las destrezas de Nobel de la economía que se otorgaba Correa; lo segundo lo hizo mintiendo, camuflando las cifras, metiendo la mano en fondos que no eran del Estado, sacando plata del Banco Central, pagando intereses exorbitantes a los chulqueros chinos… El gran economista, que convirtió a su equipo económico en delincuentes llevándolo a mentir, está hoy desnudo.

El gigante con pies de barro: las cifras prueban que Correa engañó al país y lo dejó en estado semicomatoso. Su sucesor –y su propio equipo económico – hoy lo reconocen. Esto le hala la alfombra bajo los pies. Correa sale muy maltrecho en el terreno donde reinaba sin competencia. Su mito vuela en pedazos. Su palabra no vale nada ante las evidencias que pintan las cifras. No solo que su audiencia (reducida hoy al Twitter) disminuirá: seguramente morigerará los ánimos de todos sus cheerleaders tipo Gabriela Rivadeneira y Marcela Aguiñaga. En todo caso, esto cambia la ecuación política en el interior de Alianza País donde el ex presidente seguramente perderá poder. A partir de hoy la realidad se puede recoger en esta imagen: mientras Correa tuitea para insultar a su sucesor, Moreno estará ocupado viendo cómo da viabilidad a la economía del país y paga las facturas de la fiesta del gran economista.

Moreno se libera del yugo de Alianza País: el programa de gobierno, el mandato del partido… Todas las camisas de fuerza que el aparato correísta confeccionó para Moreno, pueden ser enviadas hoy a la bodega. El balance económico del correísmo es tan devastador para la economía y el país que, curiosamente, libera a Moreno de ataduras pseudo ideológicas y lo sitúan en el mejor terreno posible, para él, en este momento: el pragmatismo. Moreno tiene ante sí este panorama: hacer funcionar al país, pagar deudas y proponer mecanismos para que la economía ecuatoriana crezca. Con esa tarea, todas las fórmulas le quedan permitidas. Todas, menos repetir las de Correa. Y ahora que las cifras de su gestión serán transparentes, todo el país podrá evaluar en tiempo real la eficacia de sus recetas.

Moreno es ahora rehén de sí mismo: el Presidente al transparentar las cifras (que solo los correístas negaban), hace una confesión no solicitada: haber ocultado la realidad sirvió a su campaña y debió pesar, ¡y de qué manera!, en su elección. Moreno, con esas cifras en la mano, tiene otro enorme problema: convencer al país de pagar la factura de la fiesta que favoreció, en primera instancia y en forma casi exclusiva, a los suyos. A su partido. Moreno no lo reconoció en la cadena nacional y no hizo mea culpa alguna por el derroche, la corrupción y la mala gestión de la cual también él es responsable.

Esto planteará, ya plantea, irremediablemente, una pregunta: ¿a cambio de qué el país entrará en esta dieta forzada? ¿A cambio de otro experimento pseudo-idológico? ¿De más Revolución Ciudadana edulcorada? Para pedir sacrificios, el Presidente tendrá que dar pruebas irremediables (no retóricas como la de su Frente de Transparencia…) de eficacia en la lucha contra la corrupción. Ese es apenas un ejemplo. En su plan económico tendrá que consignar otros compromisos más ortodoxos.

Efecto colateral directo: destapar las cifras del engaño correísta, no solo hizo estallar el mito del gran economista. Hoy Jorge Glas amaneció más descobijado…


Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos


Presidente Lenín Moreno Habla Sobre Situación... por Ecuadornoticias

19 de julio de 2017

Si Jorge Glas no es ratero es inepto

Robos hubo en los sectores estratégicos. En las hidroeléctricas, en la refinería de Esmeraldas y la del Pacífico que Jorge Glas es el único en ver, allí donde todo el mundo ve un terreno baldío. Jorge Glas fue el responsable de todos los sectores estratégicos. Responsable del control y la supervisión de todo lo que allí ocurriese.

Jorge Glas y su tio Ricardo Rivera
Artículo de José Hernández:  'Si Jorge Glas no es ratero es inepto'

Un señor, Ricardo Rivera, recibió $13 millones de dólares de la empresa Odebrecht, especializada en repartir coimas a funcionarios de Gobierno. Rivera, que está preso en su domicilio, no es funcionario pero es pariente de un alto funcionario del gobierno de Rafael Correa. ¿Qué funcionario? El único conocido es Jorge Glas.

Pero Jorge Glas tiene un partido, Alianza País, que ayer, en la Asamblea Nacional, reiteró lo que es su prioridad: protegerlo. Esconderlo. Facilitarle todas las coartadas –inventándose minucias formales o prevaricando– para que no tenga que responder por aquello que no hizo (cuidar la plata del erario público) y dejó hacer (que se la robaran).

Salvarlo sin que tenga que explicar cómo pudo su tío, con quien está atado desde siempre, que es como su segundo padre, que él metió a la función pública apenas llegó al poder; cómo pudo ese tío recibir tantos millones de una empresa que solo paga por favores recibidos sin que él –único pariente situado en un alto cargo del Estado– esté, de cerca o de lejos, involucrado.

Alianza País es una empresa política hoy dedicada a tapar. Diez años sin fiscalización, produjeron secretos, realidades impronunciables, carpetas que no conviene abrir. Ese partido parece sellado por el mismo código, no escrito pero real, que rige el comportamiento de la mafia italiana: la ormetà. La ley del silencio. Si cae uno, caen todos. Luego, todos se protegen. Los cadáveres en los armarios garantizan el hermetismo leal y férreo de la hermandad.

Alianza País ya no sabe lo que es el bien público. Ni la responsabilidad política. Ni la rendición de cuentas. Ni la fiscalización. Ni el poder con pesos y contrapesos. En ese mundo unívoco y hegemónico, hecho de lealtades y complicidades compartidas, ese partido creó una institucionalidad –redes de poderes concatenados, obedientes y cómplices– para ser impunes.

Todo esto es lo que se activó de nuevo en el caso de Glas. El Vicepresidente ni siquiera tiene que explicar lo que ocurrió en sus áreas donde se ha robado a manos llenas. En su defensa, el aparato ni siquiera usa el sentido común: si Glas no robó, pero dejó robar, no es responsable por acción, pero lo es por omisión. Bueno, y si no es responsable por acción ni omisión –lo que se antoja imposible– pero si así lo quieren ver, tienen que concluir: el vicepresidente es un inepto. Un peligro en la función pública. No deben confiarle ni la administración de una tienda rural. Debe renunciar.

No hay lógica política en Alianza País, preocupado por salvar a Glas como sea. Como si su movida se jugara en el mismo tablero de ajedrez del apogeo correísta. Como si no hubiera una opinión que ve sus coartadas miserables por ocultar la mugre bajo las alfombras. Y como si Moreno, que los amigos de Glas tratan abiertamente de traidor, no fuera beneficiario de un hecho político coyuntural que, con alrededor de 70% de popularidad, recompone la relación de fuerzas políticas a su favor. En ese esquema, sobra Glas. La reacción del aparato de Alianza País, al cerrar la posibilidad del juicio político, es tan ciega que, más que una muestra de fuerza, prueba su insoslayable desesperación.

Glas dio por cerrado este capítulo. Irrisoria conclusión. La opinión no lo olvidará. Y Moreno, aunque quisiera protegerlo, tendrá que seguir la dinámica de una sociedad que ahora ve el juego miserable de un colectivo que, hipnotizado por la ilusión del partido único capaz de controlarlo todo, confunde sociedad con militancia, triquiñuelas con institucionalidad y transparencia con ley del silencio.

Alianza País cree que Ecuador es un país de ciegos.


Autor:  José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

18 de julio de 2017

Presidente: ¿todos los que actuaron como delincuentes serán premiados?

Presidente, usted no padeció los diez años de correísmo. En su posición de vicepresidente de Correa, durante seis años y cuatro meses, se construyó un andén paralelo, mantuvo silencio y, luego, desde Ginebra, observó la tarea infame de la Revolución Ciudadana.

lenin moreno presidente ecuador
Artículo de José Hernández: »» Presidente: ¿todos los que actuaron como delincuentes serán premiados?

La sociedad no es para usted la víctima del modelo autoritario de su partido. Los militantes son para usted ex funcionarios de Correa o funcionarios suyos. Nada más. No son los actores o promotores de ese ambiente tiránico, de esa arrogancia asfixiante, de esa superioridad opresiva, de ese cinismo impúdico e impune que, a lo largo de los años les otorgó, con sobradas razones, el estatus de verdaderos vomitivos.

Usted estuvo allí, en palco de honor. No sabe lo que es haberlos visto regodearse en el poder, usar y despilfarrar el dinero público, perseguir, dar lecciones de ética y moral, robar o socapar a los que roban, humillar… Diez años en los cuales ustedes fueron los dueños de las instituciones, de los medios, de los fiscales, de los jueces, del Consejo Nacional Electoral, del Tribunal Contencioso Electoral, de la Asamblea, de las superintendencias… del país. Diez años, largos años, durante los cuales fueron gerentes propietarios de la palabra, de la esfera pública, de la verdad. Años de troles, de insultos, de inquisidores abyectos, de miseria humana con poder.

Para usted, presidente, la sociedad no es víctima de ese modelo: solo es el instrumento para legitimar su poder; sobre todo en sus propias filas. Usted no entiende –quizá por eso– que algunas cosas de su gobierno –que recién empieza– causen repugnancia. No solo riñen con la idea de cambio que usted propuso. Muestran que para usted la verdad y la justicia están sujetas a transacciones. Las que usted necesita para renegociar lealtades entre los suyos. Esto deja sin piso a la sociedad, invitada –otra vez– a observar cómo el Ejecutivo transa. Cómo comercia con aquellos valores que dice querer restablecer en la esfera pública.

¿Hubo desafueros? Usted dice que sí. ¿Quién contribuyó a darles forma legal? Alexis Mera. Él es responsable de todo aquello que pareció legal y que, en realidad, fue arbitrario. Mera es lo más parecido a un delincuente jurídico: violaciones abiertas a la Constitución, atentados a los DD.HH., declaratorias de emergencia, gestiones secretas en Brasil en el caso Odebrecht… ¿Cuántos abusos del Ejecutivo no contaron con su interpretación antojadiza del marco jurídico? Y sin embargo, usted lo premia –veamos si esa rueda de  molino se tragan los republicanos– designándolo como su embajador en Washington. ¿Cuál es, Presidente, el mensaje para la sociedad?

¿Cuál es en el caso de Guillaume Long? ¿Premia usted su mamertismo al nombrarlo embajador ante las Naciones Unidas en Ginebra? ¿Acaso su defensa lacerante, a nombre de todo el país, de las dictaduras cubana y venezolana? ¿Su trabajo indigno, al lado de su Canciller, en Ginebra para defender los atentados a los DD.HH. en el gobierno de Correa? El caso de Long es, en su gobierno, una alerta. Porque él ni siquiera tiene capital político. Nada obligaba a premiarlo. A menos que él represente la forma de ver, de su Canciller y suya, la realidad internacional. Solo esa posibilidad causa pavor y es imposible no tenerla en cuenta cuando se juntan las posiciones que ha tomado su gobierno sobre el dictador Maduro.

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¿También va usted, Presidente, a premiar a Carlos Ochoa con una embajada, como se oye en su entorno? ¿Terminará haciendo creer a la nación que todos aquellos que actuaron como delincuentes en el gobierno de Correa se harán acreedores a embajadas y otras canonjías? ¿Esa es la pedagogía política de su gobierno? Amigos suyos dirán que es exagerado hablar de delitos y delincuentes. Pero ahí están los hechos, Presidente. Patricio Rivera, miembro de su equipo económico, sostiene hoy, por lo que usted anunció, exactamente lo contrario de lo que dijo durante el gobierno anterior. Si hubo falsificación o adulteración de documentos públicos –y eso ocurrió con las cifras de la economía–, él y otros funcionarios que se prestaron para ello, con Correa a la cabeza, cometieron un delito estipulado en el artículo 328 del Código Orgánico Integral Penal. Dilma Roussef, ex presidenta de Brasil, fue acusada y destituida, precisamente, por alterar cifras fiscales. ¿Sirve el ejemplo para vislumbrar la pedagogía que, también en este punto, se está creando en su gobierno? El mensaje vuelve a ser claro: aquellos que ayer engañaron al país, hoy pueden seguir siendo altos funcionarios.

Todo esto puede ser conveniente para usted y la renegociación que hace de lealtades en su partido. Pero es terriblemente nocivo –y ultrajante– en la relación que usted establece con la sociedad. No se sabe dónde están las líneas rojas en la definición de valores democráticos y éticos. Ni en qué las basa usted. Parece que es lo mismo respetar las cifras y ofrecerlas al país que adulterarlas y esconderlas. Parece que es lo mismo ser un defensor de la democracia y los DD.HH. que desconocerlos y aplaudir a sus violadores.

No haber vivido los abusos del correísmo, puede nutrir esta ilusión de cambio en el cual es factible que una cosa sea igual a su contrario. Quizá por eso, en vez de agradecer a Fernando Villavicencio por sus investigaciones, piden brazaletes electrónicos para monitorearlo porque debe ser lo mismo denunciar a los corruptos que serlo.

Usted, al margen todo, parece inaugurar una nueva moda: la ambivalencia de valores. Es penoso tras diez años en los cuales su predecesor trató de cambiar hasta el significado de las palabras. Con usted, por ahora, todo parece ser más simple: lo uno es lo otro y todo lo contrario.

Atentamente,


Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

14 de mayo de 2017

Correa es el perfecto mamerto latinoamericano

Rafael Correa siente que el tiempo con poder, ese tiempo de boato monárquico e impunidad total, se escurre irremediablemente entre sus dedos. Le quedan 11 días y es inocultable que macera, como diría Borges, la nostalgia del presente: suspira, se le va la mirada, brega con él, pecho adentro, para evitar que le quiebre la voz cuando evoca que hizo el último gabinete itinerante, el 122, y que esta sabatina, en Jaramijó, es la penúltima, la 522.

rafael correa ecuador
Artículo de José Hernández: Correa es el perfecto mamerto latinoamericano

Correa sabe que el 24 de Mayo es el fin del reinado. Un anomalía sin duda para él que ha venido trabajando, en forma incansable y sistemática, su entrada en la historia. Con H. No hay sábado que no sume conscientemente páginas, discursos, canciones, videos, viajes, proezas, encuentros, estadísticas, anécdotas a la biografía de ese ser épico –él– del cual habla en tercera persona.
Es dramático ver cómo, sin recato alguno, se pone en escena en videos en los cuales gente sencilla y beneficiada con alguna obra hecha con dinero de los contribuyentes, le agradecen, le dicen cuánto lo admiran, lo ponen en un altar. Es aparatoso ver cada sábado funcionarios del Estado –tipo Gabriela Rivadeneira y Guillaume Long– disfrazados de cheerleaders sumisos y vasallos del jefe. No hay duda: Correa se ama y convirtió el poder en empresa de narcisismo patológico. Ahora se ha hecho un museo y, con grandilocuencia artificiosa, se dice el líder de una leyenda.

Nada ha dejado al azar. Lo hizo entender este sábado al explicar por qué hizo el último viaje, como Presidente, a Cuba. Era la mejor forma –dijo– de terminar estos diez años. Y, claro, si se tratara de un curso de maternal sería hermoso poder creer las maravillas que cuenta sobre Cuba. Dice que Raúl Castro, jefe de la represión interna cuando su hermano reinaba como emperador absoluto, es un ser afable, cariñoso, solidario. Habla de los revolucionarios que lucharon contra Batista, pero nada dice de la dictadura que hay en Cuba desde 1959. Visita la cárcel donde estuvieron los revolucionarios, pero nada dice de los fusilados por los castristas y de sus cárceles.  Y a medida que habla, Correa se pinta solo como el perfecto mamerto latinoamericano. Un caudillo autoritario que no es comunista, pero a quien le resulta cómodo decirse de izquierda y enemigo del imperio: así se otorga un diploma para pasar por demócrata, concentrar todos los poderes, declarar superado a Montesquieu, convertir la salud y la educación en coartada para poder violar los derechos civiles y políticos de aquellos que no piensan como el partido y eternizarse en el poder.

Si ese modelo no hubiera hecho su tiempo, si esas dictaduras no hubieran sido económicamente un fracaso y políticamente una aberración, Correa podría seguir contando a los niños del Ecuador la fábula del buen Fidel y la ternura infinita del Che Guevara. Pero si Correa va a Cuba no es solo para decir que ese es el modelo político de su predilección. Es para decir que él se apoyó –como lo dijo hoy en la sabatina– en los hombros de lo gigantes. ¿De quiénes? Los nombró: Bolívar, Alfaro, José Marti, el Che Guevara, los corruptos Kitchner y Chávez y, por supuesto, Fidel Castro. Y apoyarse en ellos significa hacer parte del club. Es su forma de decirse prócer, gigante de los Andes… un héroe épico y fuera de serie.

Y mientras está en eso, escribiendo con los ojos abiertos su propia biografía en las grandes páginas de la historia, cuenta que en Cuba lo aman. Lo aman tanto que después de ir a almorzar en el Centro Histórico de la Habana, se regó el cuento de que él, Rafael Correa, estaba por ahí y espontáneamente miles de personas salieron a aclamarlo. Como si en la Cuba de Castro esos gestos políticos pudieran ser espontáneos. Como si ese régimen no tuviera todo calculado: incluso que Raúl Castro lo despida en el aeropuerto.

Pero eso es Correa: un narciso que se da cuerda. Que tiene ahí, al lado, a Guillaume Long para decirle que sí, que la dictadura cubana le ama, porque él ha defendido a esa dictadura que convirtió esa isla en cárcel desde hace 58 años. Una dictadura que le otorga un honoris causa, el 14 en la lista, por los servicios prestados a la lucha antiimperialista. Y Correa juega a creer que no es por eso que le dieron ese diploma que recibió con una charla magistral que, según el video que proyectó, fue una sabatina más.

04:10 duró ese penúltimo enlace dedicado a hablar de él y a derramar odio, porque Correa no sabe hacer política de otra forma. 04:10 en las cuales se entendió que su modelo político –el cubano– tuvo una talanquera enorme: la prensa. Correa aún hoy no entiende por qué su verdad no es la verdad de todo el mundo. ¡Eso seguramente hubiera facilitado –y tanto– su biografía! Tener propagandistas como los de los medios oficiales –que ahora convirtió en héroes– es su sueño no cumplido. Por eso cuando dice “gente informada” se entiende “gente adoctrinada”. Por eso dice que la prensa no-dependiente-de-él es el mayor peligro que hay para la democracia como él la entiende.

Correa tiene la razón: hoy, sábado 13 de Mayo, quedó claro que él es el perfecto mamerto latinoamericano.  Tiene razón de decir que, ante esa nostalgia evidente que lo embarga por las dictaduras integrales, él no pudo, en estos diez años, imponer su verdad como única. Tiene razón de odiar a los medios que no pudo controlar y que para él son los causantes de que la mitad del Ecuador no votara por su candidato. Se entiende que entrar así a la historia, que lo obsesiona, al lado de caudillos y dictadores, es menos glamuroso de lo que pensó.


Autor:  José Hernández

Fuente:  4 Pelagatos

4 de mayo de 2017

Mauricio Rodas sobrevive a costa de Quito

La reciente campaña presidencial develó la realidad de la política en Quito: una orfandad nunca vista. Quito sigue sin figuras ni partidos que barajen un proyecto contemporáneo de ciudad y que piensen en el rol que puede jugar la capital en el panorama nacional.

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Artículo de José Hernández: "Mauricio Rodas sobrevive a costa de Quito"

Quito, con la elección de Augusto Barrera se alineó en el proyecto de Alianza País y eso, al margen de la calidad de gestión de Barrera, ocasionó el triunfo de Mauricio Rodas. Con él, en cambio, Quito pasó a ser una ciudad a la deriva que todavía hoy espera el gran proyecto que merece y necesita la capital. Rodas, hasta antes de tener líos con la detención de su asesor, Mauro Terán, y otorgando la razón a Jaime Durán, quien dijo que no conocía Quito, buscó desesperadamente un norte. Creyó hallarlo con la Solución Vial Guayasamín: de ahí la improvisación, los baches y remiendos de ese proyecto, las mentiras de Rodas sobre los estudios (mostró un cerro de cajas sin información alguna) y ese contrato público-privado firmado con los chinos, a espaldas de la más mínima transparencia. Copiando lo peor que ha hecho el correísmo en contratación pública.

Guillermo Lasso, que conoce poco lo que ocurre en Quito, se compró el problema-Rodas. 4Pelagatos dijo en diciembre del año pasado lo que significaba hacer una alianza con un partido, SUMA, que ya había inducido en 2013 el retiro de la candidatura de Juan Carlos Solines y había favorecido la elección de Rodas. Lasso se jugó por los resultados nacionales trepado en una tesis peregrina: Rodas tiene presencia en Manabí y otras provincias. César Monge defendió, al parecer, puertas adentro, esa percepción de que Rodas tenía una implantación regional que sumaría, en forma decisiva, en los resultados nacionales. Eso es Rodas: un bluff político; un hombre que no tiene ni siquiera un programa de partido. Lasso salió birlado y entregó, en los hechos, 14 asambleístas a un hombre que, salvo algunos intercambiadores, se extasía hablando en las radios quiteñas de sus pequeñas obras, porque no tiene un proyecto de ciudad para Quito.

Quito no solo carece del Alcalde que se merece: tiene un funcionario ineficiente e investigado que puede sobrevivir políticamente gracias a votos que puede negociar en la Asamblea con Lenín Moreno. Ese es un temor real que abriga la bancada de Alianza País en el municipio. Se sabe que Moreno no se conforma con tener 75 votos en la Asamblea y que desea ensanchar esa mayoría.

Rodas sabe, a su vez, que algunos de sus actos ya están siendo investigados en la Fiscalía. Es verdad que esa judicialización lleva tiempo pero ha creado zozobra en su administración: ya hay funcionarios que han sido llamados a declarar durante horas en la Fiscalía y ese ejercicio -dramático para algunos- no se va a detener. Salvo si hay este acuerdo con el gobierno y a los concejales de Quito les piden mirar para otro lado. “Una cosa es la Asamblea y otra el Municipio”: lo dice uno de ellos como si se tratara de conjurar lo que teme que se viene. Él apuesta a otra cosa: cree que entre la judicialización que el propio Rodas pidió y su obligación de entregar información, estará en graves problemas de aquí a julio. Si no se cumple ese plazo, dice, el Alcalde se salvará porque luego viene fin de año y el año entrante no le convendría a Alianza País mover el piso a Rodas. “Es año electoral y de seguro él se victimizaría. Eso no nos conviene”.

En conclusión, Rodas tiene algunas cartas a su favor que podría jugar para sobrevivir políticamente y congelar algunas de las carpetas que investiga la Fiscalía. Que sobreviva él, puede ser su programa. ¿Y Quito? Pues con estos 14 asambleístas, Lasso contribuyó a que el futuro de la capital quede hipotecado a las componendas de un Alcalde prisionero de sus propios errores y deficiencias.

En definitiva, el juego presidencial dejó mejor parado a Rodas y oxigenó a Alianza País por dos motivos: tiene ante sí un alcalde debilitado que puede perder, en cualquier momento, la mayoría del concejo, y tiene un cuadro, como Augusto Barrera, que no descarta volver al cargo. Pero este juego presidencial delató sobre todo la penuria política de Quito que hace que su futuro se juegue en mesas ajenas en las cuales pesan otros intereses; no los de la capital. Queda por ver si la campaña del 2019 cambia ese panorama.


Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

26 de febrero de 2017

Correa quiere ganar sembrando más odio

Una hora cuarenta: la contabilizó él. Y lo dijo. Una hora cuarenta del enlace sabatino 513, hecho en Chimbacalle, Quito, que destinó a la elección del 19F. Una hora cuarenta haciendo campaña, echándose flores y exhibiendo lo peor de él. Un Rafael Corrrea versión mala-fe, intelectualmente indecente y políticamente impresentable. Pero no le bastó. Toda la sabatina, que duró más de cuatro horas,  fue convertida –otra vez– en tarima electoral en contra, esta vez, de Guillermo Lasso.

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Artículo de José Hernández: "Correa quiere ganar sembrando más odio"

Nadie duda de que Correa querrá quedarse con la última palabra sobre lo que ocurrió el 19F. No extraña oírlo llamarse ganador. Celebrar el resultado de la consulta popular. Convertir la derrota de Lenín Moreno en un hecho histórico: para él el candidato de Alianza País gana la primera vuelta con una diferencia sobre el segundo jamás vista. Afirmar que tiene el 54% de los asambleístas y el mayor número de elegidos, tres sobre 5, del Parlamento Andino.

Correa etiquetó la sabatina de histórica porque en ella resumió e interpretó los resultados del 19F. A su manera. No compara porcentaje alguno contra diez años de poder. Ni frente a sus propias cifras. Ni de cara al número de asambleístas que tiene y los que dice tener. Ni contra el hecho de que la segunda vuelta nunca estuvo en sus cálculos. Todo eso no es lo que más sorprende: es el desparpajo que tiene para acomodar verdades, trastocar hechos y destilar odio con cara de yo-no-fui-porque-quien-odia-eres-tú. Es verlo convertido en víctima de la violencia y de un intento de fraude. Es escucharlo decir que en el CNE, del cual él habla como cosa suya, la oposición infiltró gente.

Juan Pablo Pozo debió pasarla mal en esta sabatina. Correa lo hizo sentir como un empleado de poca monta. Un juez que necesita que él, su patrón, lo defienda ante la jauría desesperada de Alianza País que lo atacó por no haberla declarada vencedora en la primera vuelta. Marcela Aguiñaga lo llamó inepto y trapeó el piso con él. Correa lo exculpó. Repitió palabra por palabra la coartada que Pozo contó para no publicar el conteo rápido que contrató por $88 000 con la Politécnica. “El CNE actuó muy bien”; “la decisión del CNE fue correcta”, –dijo– cerrando la boca a aquellos que, incluso en el CNE –Nubia Villacis se jugó públicamente– esperaban que Pozo fuera removido, al igual que Paola Pabón –la ministra de la política– por no haber hecho la tarea que les fue confiada.

Tras diez años de poder, sorprende la mala fe de Correa para hacer creer que los electores de Lasso son todos como ese tuitero a quien le pareció exótico hacerse fotografiar, en un plantón, mientras un niño lustra sus zapatos. Correa no dijo que algunos ciudadanos criticaron a ese tuitero por grotesco. Sorprende oírlo leer unos tuits de otros ciudadanos que, en una luminosa imbecilidad, insultaron a los manabitas por haber votado, en un alto porcentaje, por Lenín Moreno. Sorprende escucharlo concluir que son gente de Lasso que es banquero pero no es insolente y tampoco idiota y Correa lo sabe. Sí sorprende esa liviandad, propia de un irresponsable, para endosar esto al contrincante y festejar, además, que sus sedes o sus bancos sean motivo de ataques. Correa no mide, al parecer, que sus palabras pueden desembocar en hechos de violencia y hasta de muerte.

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Sorprende, porque es propio de un mal tipo, oírlo generalizar actitudes de unos pocos y atribuírselas al 61% de los sufragantes que no votaron por Moreno. Lo hizo con los manifestantes ante el CNE que llevaron croissants (cachitos) de una cafetería lujosa y cara en Quito, Chez Jérôme. Nunca dijo que eran unos pocos. Generalizó al punto de etiquetar esas manifestaciones como la rebelión de los croissants. O la rebelión de los smartphone. Lo hizo con esa vehemencia y esa superioridad moral propias de los resentidos. Para sembrar odio. Cuando él, su esposa y sus hijos tienen smartphones y comen croissants. Posiblemente de Chez Jérôme. Pero eso le sirve para regar odio y con odio pretender ganar esta elección. No se inmuta por las consecuencias. Mas bien, con ese desparpajo tan habitual de los cínicos, acusó a los otros de preconizar la violencia y de odiar. Correa no se hace cargo de su mala fe, de su irresponsabilidad, de sus actitudes de mal tipo, de esa rara capacidad que tiene para odiar y aceitar bajos instintos.

Un Presidente tiene que señalar, por supuesto, como cualquier ciudadano responsable, comportamientos absurdos: decir que se va a incendiar Quito, como algún manifestante gritó, o escribir, como algunos escribieron, que los manabitas deben devolver tal o cual ingrediente porque votaron por Alianza País. Pero es insólito y perverso que un Presidente diga que esa es la estrategia de la oposición. O que aquellas barbaridades que escribieron algunos contra los manabitas, en sus cuentas personales, representan lo que piensan los ciudadanos que no votaron por Moreno. Eso es una bajeza. Es guerra sucia de la peor especie.

Querer enfrentar a los ciudadanos y jugar con la paz pública de esa manera, habla muy mal de esa persona llamada Rafael Correa. En la sabatina dijo que, tras la presidencia, quiere volver a la academia porque eso renueva el alma. Todo prueba que tiene una enorme necesidad de hacerlo.


Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

21 de febrero de 2017

Correa y Moreno unen en las calles a los cabreados

Que la arrogancia en el ejercicio del poder produce ceguera está probado. El régimen no solo ha unido al país no correísta en contra suyo sino que construyó la plataforma nacional sobre la cual podrá pararse Guillermo Lasso para hacer campaña en la segunda vuelta.

articulo de opinion de jose hernandez
Artículo de José Hernández: «Correa y Moreno unen en las calles a los cabreados»

Dicho de otra forma: si Rafael Correa quiere que Lenín Moreno no sea presidente, lo está haciendo muy bien. El Consejo Nacional Electoral (CNE), con sus movidas fraudulentas, ha llevado el hastío hasta niveles que el poder no imaginó. Su movida chueca ha activado y sacado a las calles decenas de miles de personas de todos los bordes políticos que defienden la democracia, la transparencia del proceso electoral, la integridad de los resultados, el derecho de los ciudadanos a que su voluntad sea respetada. Ahora esas personas están constatando la naturaleza profundamente antidemocrática y corrupta del correísmo. Su voluntad obsesiva y funesta de aferrarse al poder mintiendo, haciendo trampa, distorsionando la realidad, incitando incluso a la violencia.

Durante años el correísmo se burló de los valores más básicos de la democracia y la convivencia ciudadana. Quiso hacer creer que el ciudadano no era nada porque estaba representado por el caudillo y su partido. Quiso hacer creer que sus instituciones eran probas y defendían el interés general. Quiso anclar que eran más, muchísimos más y que eso bastaba para denigrar y perseguir a aquellos que se oponían a sus mentiras, a sus ficciones convertidas en verdades oficiales, a sus trampas hechas para encubrir su administración opaca y sus jerarcas corruptos.

Todo eso se está desmoronando en las calles. El correísmo, por su voracidad y sus felonías, ha hecho una pedagogía ciudadana exprés: en horas muchos ciudadanos han entendido que no hay democracia, que la democracia no funciona sin acuerdos mínimos, sin valores compartidos, sin autoridades dedicadas a defender el interés público. Han entendido que sin esos acuerdos y valores mínimos es imposible expresar y procesar libremente las diferencias políticas e ideológicas.

Es esto lo que está uniendo a los ciudadanos en las calles. Esto y no la defensa a ultranza de la candidatura de Guillermo Lasso. El correísmo ha facilitado, en los hechos, la caída de viejas barreras, pruritos y prejuicios de viejos políticos. Es obvio que seguidores del movimiento CREO, socialcristianos, socialdemócratas, indígenas, socialistas, los ex MPD… personas sin partido, colectivos sociales y de todo tipo, requieren condiciones democráticas para debatir sus programas. Es obvio que sin democracia no existe una sociedad pujante y madura. Decir, como dice Wilma Andrade de la ID, que es igual el autoritarismo correísta y la supuesta voluntad privatizadora de Lasso, es un artificio difícil de aceptar. El hastío que se expresa en las calles no proviene de Juan Pablo Pozo y sus triquiñuelas fraudulentas. El hastío lo producen diez años de un poder arrogante, miserable, opaco, insultador, perseguidor, misógino, marginador, aleve, ultrajante, pendenciero, cínico, insensato, mitómano, corrupto… Juan Pablo Pozo es la cereza del pastel. Es la expresión desvergonzada de esos políticos que han llegado a sentirse impunes, amos de la ética y la moral, dueños del poder y del destino de los ciudadanos.

A muchos demócratas les costaba un esfuerzo descomunal entender que, al margen del nombre de quien llegara segundo, lo esencial en esta elección es volver a la democracia, acabar con el autoritarismo, volver a una esfera pública sana sin un gobierno castigador que criminaliza la protesta, espíe y persiga a sus contradictores, disponga de jueces y fiscales a sueldo y se farree los fondos públicos en total impunidad.

Ese es el fondo de la bronca que en este momento está en la calle. Ese y no la defensa de la visión de Guillermo Lasso que también defiende la democracia al lado de otras convicciones suyas que suscitan y suscitarán oposición y debate. También Lasso tendrá que entender esta dimensión nacional y democrática que en este momento moviliza voces y conciencias de todos los bordes políticos y sociales: los Yasunidos, indígenas como Lourdes Tibán, Cauce Democrático con Osvaldo Hurtado a la cabeza, Jaime Nebot, Mauricio Pozo, Paco Moncayo, el expresidente Gustavo Noboa, los otros candidatos a la presidencia, activistas sociales, minorías sexuales, empresarios… ciudadanos, simples ciudadanos.

El correísmo, cuya arrogancia es proverbial, no entendió que ya no son muchos, muchísimos más y que el país ya cambió: quiere democracia, quiere volver a respirar, acordar, disentir y trabajar en paz. Su ceguera lo llevó a intentar un fraude para perennizarse en el poder burlando la voluntad popular. Esa movida chueca no le resultó y su costo está a la vista: deja pésimamente parado a Lenín Moreno y con plataforma política y electores movilizados que votarán por Lasso, aunque no sea el candidato de sus amores.

Autor:  José Hernández

Fuente:  4 Pelagatos



El grito en exteriores del CNE es 'Fuera Correa... por Ecuadornoticias

12 de febrero de 2017

Correa cree que Ecuador es un país de pendejos

De tumbo en tumbo: así anda Rafael Correa. Respondiendo a los bombazos que él mismo anuncia y visiblemente preocupado por los resultados de las elecciones del domingo 19. Entre esos dos temas navegó en su enlace sabatino 512 que tuvo lugar hoy, 11 de febrero, en Daule.

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Artículo de José Hernández: "Correa cree que Ecuador es un país de pendejos"

En su gobierno juran que Lenín Moreno gana en la primera vuelta. Y en el entorno del candidato dicen que, según sus encuestas, tiene 43,7%, lejos de Guillermo Lasso con solo 21%, Cynthia Viteri con 16% y Paco Moncayo con 9,3%. Eso dicen. Pero da la impresión de que no se lo creen. Si así fuera, a Rafael Correa no se le vería, como se le vio en la sabatina, buscando votos en forma obstinada. Lo hizo en el Monte Sinaí, un sector de Guayaquil, en el cual prometió legalizar, la semana que viene, los terrenos donde viven 18.000 familias. Lo hizo en Babahoyo, pues ofreció reubicar familias que viven en palafitos y dio como ejemplo lo que hizo el gobierno en la ciudadela Nueva Babahoyo donde, según se entendió, dio vivienda a 236 familias. Lo hizo con los maestros al anunciar que desde este mes aumentará el salario de 15.000 de ellos. Lo hizo con 600.000 personas de la clase media amenazadas, según él, de pagar más impuestos si Guillermo Lasso gana y deroga, como ha prometido y notarizado, 14 impuestos. Lo hizo con El Carmen donde dijo que se están construyendo 13 escuelas. Lo repitió con El Carmen donde dijo que va a ampliar, readecuar, mejorar el hospital en 90 días…

Correa hizo de alcalde y de prefecto para prometer obras y más obras a diestra y siniestra. Y durante gran parte del enlace asumió el papel de jefe de campaña de Lenín Moreno para mostrar que Lasso, Viteri, Moncayo y los otros son una vergüenza como candidatos. No saben lo que proponen. O lo que proponen ya está hecho. Lasso solo cuenta billetes; Viteri solo sabe maquillarse bonito; Moncayo dejó el carisma en la casa; Dalo Bucaram miente por tradición y tiene un padre que no tiene honra…

Correa se aplica a destruir a los adversarios de Moreno. Se afana en ridiculizar sus propuestas. Se esmera en provocar miedo en el electorado de lo que puede pasar si gana la oposición: se arruina el campo y la ganadería por los tratados de libre comercio. Estados Unidos inunda al país con sus productos. Se acaban los programas sociales. La salud y la educación se privatizan. Se acaba el programa de becas… Oírlo recuerda a Cristina Fernández en Argentina cuando esgrimió estos argumentos ante la evidencia de que su candidato bajaba en las encuestas. Correa no irradia optimismo y, lejos de apuntalar la tesis de que Moreno gana en la primera vuelta, da la impresión contraria.

Lo mismo sucede con la corrupción. Correa jura que con su palabra basta para parar la ola creciente que amenaza con sepultarlo todo a su alrededor. Su estrategia es ganar tiempo hasta el domingo 19 y encomendarse a sus dioses para que Moreno gane en la primera vuelta. Hasta entonces, niega padre y madre. No vacila en presentar a su hermano, Fabricio, que apareció en los Odebrechtleaks afirmando que Odebrecht ayudó en su campaña, como un mal tipo: explotador de sus trabajadores, estafador y evasor de impuestos. Un tipo a quien no hay que creerle. Es el mismo mecanismo que usó con Pareja Yannuzzelli, un capítulo que él ya cerró y que, contra toda evidencia, cree que sumó a su favor.

La defensa de Correa se antoja pueril y de un cinismo sin nombre. Su hermano dice que Odebrecht dio plata para su campaña; él dice que no. Su hermano dice que se reunió con el director de Odebrecht; él responde que él pone distancias siderales con ese tipo de gente; que él no era tesorero de campaña… Y reitera la historia que parece disco rayado: su gobierno es el que más duro ha tratado a Odebrecht. Da como prueba que, cuando la expulsó, Brasil retiró al embajador y esa constructora solo pudo volver tras haber pagado “hasta el último centavo”. Y Correa, que es economista, hace las cuentas: Odebrecht tenía juicios por $260 millones. Regresó luego de haber gastado $60 millones en la reparación de la central San Francisco y pagado $20 millones en compensaciones… ¿Y los $180 millones restantes? No dice nada.

Luego salta del sistema de compras públicas, supuestamente el mejor de toda América (mejor que el de Estados Unidos, mejor que el de Canadá), a interrogantes esotéricos para demostrar que su gobierno tiene las manos limpias: ¿cómo se descubre a un pillo que tiene cuentas clandestinas en paraísos fiscales? Para él es un tema de parasicología. Para los oyentes de la sabatina, el asunto es claro: el jefe de la mafia es Charly Pareja Cordero. Es socialcristiano, ex secretario de León Febres Cordero, abogado de los Isaías… Pareja Yannuzzelli era un infiltrado suyo en su gobierno de manos limpias. Un hombre que traicionó su confianza. Tema cerrado. Su auditorio, compuesto de militantes y funcionarios, aplaude.

Así enfrenta el presidente de la República la acusación de corrupción más importante de su década: ¿Mafiosos? Los otros. ¿Mentirosos? Los otros. ¿Corruptos? Los otros. Y agrega dos cosas: no les crean y voten por Lenín Moreno.


Autor:  José Hernández

Fuente:  4 Pelagatos

22 de enero de 2017

Debe ser abrumador llamarse Rafael Correa

Rafael Correa no se cansa de tener la razón. De repetirse. De hacerse monumentos por los diez años de su gobierno. No se cansa de sabatinas extenuantes en las cuales, además de echarse flores, pasea su ego, habla de él en tercera persona, lanza piropos, regaña a funcionarios, hace chistes y proselitismo abierto y desembozado por los candidatos del oficialismo. Volvió a hacerlo hoy en Atacames, en el enlace ciudadano 509.

rafael correa fotos
Artículo de José Hernández: "Debe ser abrumador llamarse Rafael Correa"

No se cansa de hacer lo mismo, de decir lo mismo. De recitar un rosario de lemas, frases hechas y consignas que sin duda serán la marca de esta década. En cada sabatina lo hace. En la de hoy, por ejemplo, dijo: “esto es un sueño compartido”. “La década ganada”. “La patria donde los sueños no son imposibles”. “El nuevo Ecuador que hemos construido juntos”. “Esta revolución que ya está en las entrañas del pueblo ecuatoriano”. “Esta obra de la revolución ciudadana que nos llega de orgullo profundo”. “La década en la que todo el mundo ha ganado”. “Nadie puede negar el cambio histórico que ha tenido la patria”.

Correa no se cansa de decir y hoy dijo “El Ecuador que ya cambió”. “Los ojos del mundo están puestos sobre la revolución ciudadana”. “Somos un ejemplo para la región y para el mundo”. “Esta es la patria nueva, eso es lo que no podemos perder”. “A reaccionar , compañeros” “Día histórico para la salud (la educación, el medio ambiente…). “El pasado nunca más”. “Que no nos vengan con cuentos”. “Los que nunca hacen nada y juegan con la buena fe de la gente”. “Los que mienten, mienten y siguen mintiendo”. “Nos quieren robar hasta la esperanza”. “Buscan quitarnos la alegría” . “Huyan de esa gente, compañeros”.

No se cansa de decir y hoy dijo la década en que “El país ha pasado de los imposibles a los grandes logros”. “De los últimos lugares a ser los primeros”. “La década ganada para la inmensa mayoría del pueblo ecuatoriano”. “Esto no es que fuera imposible, era impensable hace diez años”. “Esto no se ha visto en la historia del Ecuador y probablemente del mundo”.

Dice y hoy dijo: “No han podido desestabilizarnos”. “Los volveremos a derrotar, compañeros”. “Les duele en el alma la victoria de la revolución ciudadana”. “Con nosotros se les acabó la fiesta”. “Si no tienen la decencia de luchar, aunque sea respeten a los que estamos haciendo mucho”. “Los que nunca han hecho nada”. “Basta de tanta mediocridad”. “Estos son lo peor de lo peor”. “Esta gente ya no sabe que inventarse”. “Gente que perdió hace rato hasta vergüenza”. “Los culpables son los mismos de siempre”. “Todos estos que nos avergüenzan”. “A no dejarnos engañar por los mismos de siempre”. “Esa gente es una contradicción ambulante”…

Correa no se cansa de decir y hoy dijo, contra tanta evidencia: “Somos gente buena, gente ética”. “Este es el gobierno de manos limpias”. “Somos gente de manos limpias y corazones ardientes”. “Los que nos hemos jugado hasta la vida por combatir la corrupción”. “Estos sepultureros del país no nos van a venir a dar lecciones de moral y buenas costumbres”. “Todos a rechazar la prensa corrupta”. “Qué bruto, póngale cero”. “A huir de la mediocridad como de la peste”. “Ya basta de abusos y basta de tanta politiquería”. “Si la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella y la venceremos”. “Compañeros, a hacer las cosas extraordinariamente bien, extraordinariamente rápido”.

Dice y repite (y hoy lo hizo) “Nunca más ese viejo país”. “Nuevamente se quedaron con los churos hechos”. “No nos desestabilizarán, no nos derrotarán”. “Esta revolución no la para nada ni nadie”. “El pasado nunca más”. “Prohibido olvidar compañeros”. “En la patria nueva, nadie se encuentra solo compañeros”. “Ni eso entienden los fundamentalistas de siempre”…

Correa no se cansa de ensalzarse. De creerse macanudo. El mejor. De otorgarse diplomas de gran economista, de excelso administrador, de extraordinario gobernante. De concebirse, mostrarse y presentarse como un ser superior. Debe ser agotador sentirse inigualable, inconmensurable, insustituible. Debe ser abrumador llamarse Rafael Correa.

En esta lógica, de ser un gigante más allá del bien y del mal, es evidente que nada puede afectarlo. Ni siquiera las denuncias de Odebrecht que, en principio, señalaban directamente a su gobierno. En la sabatina, quedó claro que él retoma la iniciativa en ese tema. Para él, los corruptos son los socialcristianos y (aunque lo dice con pinzas) Rodas-Terán-Sanmiguel. No solo insistió en la lista de parceros de Odebrecht en la cual aparecen Jaime Nebot, Heinz Moeller y otros miembros del socialcristianismo. Señaló como jefe de la mafia de Petroecuador a Charlie Pareja Cordero y eso desde el gobierno de Febres Cordero (en el cual estuvo Alexis Mera que tiene a su lado).

Poner el acento de la corrupción en el socialcristianismo  le da algunas bocanadas de oxígeno a su gobierno. Y le sirve para construir una nueva teoría sobre la corrupción en la refinería de Esmeraldas: ahora resulta que Charlie Pareja infiltró a Carlos Pareja Yannuzzelli en la Revolución Ciudadana; tan sana ella, tan ética. Pareja Yannuzzelli no solo es un corrupto y un traidor: es un sicópata. Entregó la revolución a un enemigo acérrimo… Lo dice enfáticamente, para que le crean. Lo dice y produce igual ternura que la que genera Alexis Mera mostrando correos de supuestos corruptos y contando cómo el gobierno investiga a Pareja Yannuzzelli en otros países… donde no han encontrado nada.

Correa se defiende atacando y lo hace tan histriónicamente que da la impresión de estar declarando la guerra a Jaime Nebot. Es evidente que no cree lo que dice el alcalde de Guayaquil para defenderse y que, además, se burla de él. Correa sabe que la lista de supuestos corruptos socialcristianos, que publicó en su cuenta de Twitter, es para él una mina de oro que va a explotar. Por eso anuncia que enviará un grupo de altos funcionarios a Brasil para buscar más información sobre ese y otros gobiernos. Mientras no salga la lista con nombres de su gobierno, divertirá la galería, como lo hizo en la sabatina, con Nebot, Moeller, Rodas, Terán, Sanmiguel… Y si esa lista apareciera, dirá que es falsa. No aceptará -también lo dijo en la sabatina- que le digan corrupto. Sí, corrupto.


Autor:  José Hernández

Fuente:  4 Pelagatos

17 de diciembre de 2016

Correa ya sufre de viudez del poder

¿Alquien imagina a Rafal Correa fuera del poder? ¿Huérfano de ese aparataje de guardaespaldas, asesores y lameculos que lo hace sentir poderoso y magnificiente? ¿Alguien lo imagina en Bélgica, solo, sin una secretaria, sin un adulón a su alcance? ¿Alguien imagina a este monarca en el cuerpo de un ciudadano anónimo, en un entorno desconocido y ajeno? Esa perspectiva lo atenaza. Y como él es un gran exponente de la sicología proyectiva (atribuye a otros hasta sus propios defectos y carencias), imagina que en Ecuador sus críticos no sabrán qué hacer sin él. Los imagina oyendo las baladas cortavenas que a él lo enternecen (“Si no te hubieras ido”, “Solo pienso en ti”, “Si hoy lloras por mi”, “Te lo pido de rodillas”)… Pide que las pongan y el grueso de funcionarios y militantes que asiste a la sabatina ríe gustoso, creyendo que así estarán los sufridores tras el 24 de mayo entrante. Ingenuos. Están lejos de sopechar que Correa se está describiendo: viudo del poder, solo, sin fanáticos que lo ensalcen y sin auditorio transportado para que lo aplauda. El 25 de mayo es una pesadilla que lo obsesiona. Eso se llama viudez de poder.

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Artículo de José Hernández: "Correa ya sufre de viudez del poder"

Correa vive estos últimos meses como si en mayo entrante tuviera que volverse monumento histórico. La administración trabaja para él. En la sabatina 505, transmitida desde Solanda, en el sur de Quito, dijo que reunió a los gobernadores para saber qué obras inaugurará de aquí hasta que se vaya. Las mineras trabajan para él. Esta semana se reunió con Lundin Gold y esa minera le pagará regalías anticipadas. Como lo hizo Schlumberger. No importa que él se esté comiendo por adelantado los presupuestos de los próximos gobiernos. Correa quiere que en ese monumento se diga que durante su gobierno no hubo paquetazo. Y que se diga también que él fue lo que no es: sencillo, tímido, incapaz de ser el centro de atención. Un ser que tuvo que aceptar premios muy a pesar suyo. Como la Orden Iberoamericana de la Justicia que esta semana se sumó a 27 reconocimientos que ha recibido; muchos trabajados a pulso desde Carondelet.

Correa acaricia su ego sin tregua. Hay que verlo otorgarse virtudes con esa falsa inconsciencia tan propia de los fatuos. Se traba y dice que está cansado. Pero agrega: imaginen lo que pasa cuando uno está así en el exterior y tiene que hablar en otras lenguas… Porque habla o dice hablar otras lenguas.
Se reúne con Antanas Mockus, exalcalde de Bogotá y experto en retar a los electores a que sean ciudadanos, y dice que le pidió asesoría… pero añade de refilón: comparto su forma de pensar y lo he escrito. Obvio: es su par en esa materia.

Correa imagina que piensa como Antanas. Ignora que este político colombiano es, además, matemático, filósofo y semiólogo. Un hombre que puede cambiar actitudes ciudadanas porque él cree en esos valores. Alguien que logró en Bogotá trastocar algunas formas de comunicación. Cuando fue rector de la Universidad Nacional, murió un estudiante en un enfrentamiento con la policía. Antanas fue al velorio. Entró, se arrodilló una hora ante el féretro, no dijo nada y se fue. Fue su forma de pedir perdón a esa familia.

En un mítin estudiantil, pidió hablar. Él estaba en un balcón y no le le dieron la palabra. Se volteó, se bajó el pantalón, mostró el trasero a la masa de estudiantes y se marchó. A un contrincante que presumía de tolerante, le regó una vaso de agua sobre la cabeza. El otro perdió la cabeza ante las cámaras y perdió el debate.

Mockus cambió a los bogotanos. Siendo alcalde, barrió a las seis de la mañana el frente de la alcaldía durante unos meses y pidió a los ciudadanos tener limpios los andenes. Se bañó en calzoncillos ante las cámaras para mostrar que sí se podía economizar agua. Correa habla de Mockus y dice compartir sus ideas sin entender de qué se trata. Cree que las personas cambian poniéndoles normas autoritarias y echándoles discursos. Lo que pagarán a Mockus será dinero perdido porque Correa nunca será como Mockus. El exalcalde de Bogotá cree en lo que dice y lo hace; Correa preconiza una cosa y hace exactamente lo contrario.

Lo prueba el tratamiento que está dando a lo que está pasando en Morona Santiago, alrededor del campamento minero San Carlos Panantza. Es obvio que se debe censurar (y lamentar profundamente) la muerte de un policía y los siete heridos que hay en la fuerza pública. Pero es maniqueo y profundamente mentiroso reducir el conflicto al enfrentamiento de una horda violenta de indígenas y aliados suyos contra mineras que debieran estar en algún santoral y fuerzas del orden convertidas en coro navideño.
Correa, so pretexto de haber ganado la elección, cree que puede hacer lo que quiere, firmar contratos secretos con las mineras y someter a las comunidades. Cree que por mostrar una escritura de un colono, que vendió su tierra a una minera, puede decir que la cosmovisión de las comunidades indígenas no existe.
Condenar la violencia es legítimo. Pero bajo el pretexto de combatirla, el Presidente se carga un montón de problemas que su gobierno, por su terquedad, falta de conocimiento y de voluntad política, no ha resuelto. No lo ha hecho en Morona Santiago, tampoco en Quimsacocha, en Molleturo o en Intag. Correa vuelve, con los mismos argumentos, al mismo punto: estado de emergencia y empleo de policías y militares. ¿Eso no es violencia?

El Presidente niega lo que hace. Dice que no hace proselitismo político, pero en esta sabatina, de 03:38, multiplicó comparaciones grotescas entre su gobierno y lo que hizo o dejó de hacer algún actor político en el país hace 15 o 17 años. Sencillamente inverosímil. Ahora, si se juzga por sus largos e irrisorios ataques contra Guillermo Lasso, se entiende que ahora sí el correísmo está preocupado por esa candidatura… A Cynthia Viteri y Mauricio Pozo apenas les dedicó segundos.
El próximo sábado no hay sabatina: pero los electores se empacharán viendo el mensaje navideño del presidente… Ya está grabado.

Autor:   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

10 de diciembre de 2016

¿Seguirá diciendo, presidente, que usted es un gran economista?

Presidente,

Su gobierno acaba de colocar un bono, a diez años, por $ 750 millones con un interés de 9,65 por ciento. ¿Esto es parte de su plan para dejar –como dijo– una economía en crecimiento y estabilizada? Usted lo logrará: no subirá el precio del gas ni los servicios. Y sacará pecho por eso. Pero ante el estado calamitoso en que dejará al país surge, irremediablemente, una pregunta: ¿Dónde aprendió usted economía?

rafael correa economia ecuador
Artículo de José Hernández:  ¿Seguirá diciendo, presidente, que usted es un gran economista?

Su gestión dejará en soletas el país y enterrará su reputación –labrada con gran esfuerzo de su aparato de propaganda– de gran economista. Hasta que los precios del petróleo se mantuvieron altos, pudo usted convencer fácilmente a los electores de que estaban frente a la nueva lumbrera de la economía alternativa al capitalismo. Usted se pavoneaba y daba clases aquí y afuera. Usted se burlaba de los economistas ortodoxos. Usted acusaba, señalando con el dedo índice, a todos aquellos que pedían que ahorrara (los fonditos, ¿recuerda?) y que no permitiera que el presupuesto del Estado se disparara por encima del crecimiento general de la economía. Usted se rió de todos aquellos que criticaron su decisión de convertir el Estado en un pacman insaciable. Usted se erigió, por cuenta propia, en gran referente de manejo económico y hasta se propuso voluntariamente para sacar a Grecia de la crisis. ¿Lo recuerda, presidente?

Usted ha dirigido personalmente el manejo económico. Al punto que ha terminado convirtiendo a su ministro de Finanzas, Fausto Herrera, en un agente viajero que va por el mundo colocando bonos y buscando plata. Él coloca bonos y transa deuda para que usted pueda seguir diciendo que es un gran economista. ¿Gran economista, presidente? ¿Se necesita de gran calado teórico para gastar a manos llenas como hizo su gobierno? ¿Es usted consciente –algún día lo será– de la empresa de despilfarro que ha sido su gobierno?

¿Sabe usted cuántos videos, cuántos documentales han financiado sus ministros y funcionarios; buena parte de ellos para sobar su ego? ¿Revisó usted el número de viajes que hicieron sus funcionarios al exterior, su objetivo y la composición de sus comitivas? ¿Alguna vez les pidió la lista de foros, simposios, seminarios que hicieron en Quito, con invitados del todo el mundo, con todo pago, para promocionar la revolución ciudadana? Hasta congreso de notarios hicieron.

¿Se necesita gran calado teórico para multiplicar ministerios y secretarías y convertir el Estado, como usted hizo, en agencia de empleo para su partido? ¿Se requiere de altos niveles de ciencia económica para entregar campos petroleros, empeñar parte de las reservas en oro, aumentar el déficit presupuestario, contraer la deuda más cara de la que se tenga memoria, cogerse fondos de pensiones privados, desconocer el aporte del 40% del Estado al IESS…? La lista es larga.

Usted, gran maestro en retórica, se inventó una salida de emergencia para paliar las críticas por su pésimo manejo económico. Que su gobierno –dice– ha invertido y que inversión no es gasto. Y tiene usted razón. Pero a usted no se le critica por invertir. Se le critica por el dispendio en obras suntuosas y mentirosas como Yachay. Se le critica por el derroche evidente, sumado a la corrupción, en obras como la refinería de Esmeraldas. Se le critica por la forma irresponsable como ha dilapidado fondos en sabatinas y Secretaria del Buen Vivir de Freddy Ehlers y sus empleados.

No se critica la inversión. Se critica la inversión que no se audita. El gasto ineficiente. La corrupción que es indiscutible en el cambio de estilo de vida de muchos de sus funcionarios. Usted tergiversa los hechos para no encarar la otra realidad de su gestión: usted no solo no es un buen economista; resultó un pésimo administrador.

Si usted fuese el gran economista que dice ser, hubiera hecho precisamente lo contrario de lo que ha ordenado y socapado: hubiera recortado gastos. Hubiera puesto en vereda a esa administración glotona que usted creó. Hubiera mandado a su ministro Herrera y al impotable Patricio Rivera a eliminar en vez de ser tan creativos para multiplicar deudas e impuestos.

La impresión que queda es que usted es un gran economista cuando tiene plata y un señor cualquiera e irresponsable en período de vacas flacas. Y por señor cualquiera hay que entender un ciudadano que, terminada la fiesta, coge lo que no es suyo, empeña cosas de la abuela, firma pagarés a diestra y siniestra poniendo de garantía lo que no le pertenece. Como borrachín de taberna.

Su mala gestión deja al país postrado y con deudas que saldarán las próximas generaciones. Consuelo de tontos: usted sale muy mal librado. Ahora es claro que su reputación de gran economista es otro de sus cuentos chinos.


Rafael Correa sugiere enfrentar el desempleo... por ecuadornoticias


Autor:   José Hernández

Fuente:   4Pelagatos

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