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17 de abril de 2018

Su mejor reportaje

Sus muertes nos iluminó: nos mostró un país en que las autoridades cómplices dejaron que criminales lo fueran cercenando, impidiéndonos que circuláramos por su selva, navegáramos por sus ríos, habitáramos sus campos, sus ciudades, para hacer que allí echara raíces la barbarie con sus colmillos sedientos de sangre y sus garras ávidas de dinero.

periodistas de el comercio secuestrados
Articulo de Francisco Febres Cordero: "Su Mejor Reportaje"

Sus muertes nos iluminó: puso en nuestro delante los rostros de quienes permitieron, con sus acciones u omisiones, que la paz fuera reemplazada por el crimen. Ahora algunos de ellos viven en el extranjero, otros se hallan todavía entronizados en puestos oficiales o tienen como prioridad su promoción a altos organismos internacionales.

Sus muertes nos iluminó: puso en evidencia las mentiras de aquellos que hicieron de la corrupción una bandera, de la trapacería un himno, del cinismo un lema, de la abyección una conducta.

Esos tres que nos faltan, periodistas como eran, con sus muertes, lograron escribir el más esclarecedor, el más veraz de todos sus reportajes que hemos leído, con dolor de padres, con dolor de hermanos, con dolor de amigos. Pero también con ira.

Por eso, los tres que nos faltan, ahora son un pueblo que se levanta y grita, que clama porque aparezca, íntegra, sin tapujos ni esguinces, esa misma verdad que los tres que nos faltan fueron a buscar.

Autor:   Francisco Febres Cordero


29 de octubre de 2017

El silencio tan ansiado

Era previsible. Y lo era, porque el país cambió. El insulto, la amenaza, la agresión, el escarnio, lo volvieron violento. Bastaba con escuchar una sabatina y comprobar cómo desde arriba chorreaban el odio, la animadversión, la prepotencia, para saber que a ese lenguaje burdo, ofensivo, grotesco, seguiría, más temprano que tarde, la violencia física.

rafael correa 30 S
Artículo de Francisco Febres Cordero: "El silencio tan ansiado"

Poco a poco, todo lo que significara una manifestación de libertad fue proscribiéndose. Desde la tarima, el dictador ordenaba la iniciación de un juicio a un opositor, y su deseo se cumplía de inmediato; una prisión, y su deseo se cumplía de inmediato. Todo lo que oliera a protesta se reprimía. Todo lo que supiera a crítica se obligaba a silenciar mediante la orden emanada de tribunales inquisitoriales bastardos. La única verdad existente era aquella que salía del poder y se difundía a través de un incesante y millonario bombardeo publicitario que mostraba un país maravilloso, pensado por mentes lúcidas y construido por manos limpias, según los dictados de sus corazones ardientes.

Así se hizo el silencio. Y se hizo también el miedo. Que lo digan sino los indígenas detenidos por protestar. Que lo digan los diez de Luluncoto. Que lo diga la familia del general Gabela, asesinado. Que lo diga Galo Lara quien, por denunciar, agoniza en una mazmorra. Que lo digan Fernando Villavicencio y Kléver Jiménez, perseguidos con saña por decir lo que el poder no quería escuchar y sometidos al escarnio de grilletes. Que lo diga el mayor Fidel Araujo, apresado por estar en un lugar equivocado durante esa farsa trágica conocida como el 30-S. Que lo diga Pablo Guerrero, largamente exiliado. Que lo diga Martha Roldós, espiada con voyerista obstinación. Que lo diga Jaime Guevara, estigmatizado y calumniado. Que lo diga Manuela Picq, sacada a empellones del país. Que lo diga Fundamedios, que lo digan los autores de El Gran Hermano y tantos y tantos periodistas, cuyas imágenes se proyectaban en las pantallas de la televisión como si de los delincuentes más buscados se tratara. Y que a las voces de ellos se sumen las de muchos otros, víctimas del terror que impuso la autocracia.

Terminada la época de dictadura, comenzaron a aflorar las trapacerías, los robos, el incesante saqueo cometido por esa banda de ladrones que, al grito de “no hay pruebas sino persecución política”, buscan salir indemnes.

Si cuando ejercieron el poder se acostumbraron a que sus órdenes de silencio fueran acatadas, ahora, misteriosamente, han comenzado a llegar intimidaciones a quienes osan desentrañar las innumerables fechorías cometidas por quienes creyeron que durante los próximos trescientos años continuarían revestidos del blindaje revolucionario, consustancial a sus altas funciones.

La amenaza de muerte a la fiscal Diana Salazar parece que es el primer aviso de que el país se apresta a entrar a una etapa de un terror todavía más siniestro: los sicarios estarán frotándose las manos a la espera de que les caiga un trabajito de esos en que ellos son expertos para que, luego de los pistoletazos de rigor, los salteadores de los fondos públicos vuelvan a imponer ese silencio por ellos tan ansiado.


Autor:  Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

8 de octubre de 2017

La banda

Cuando, engalanado con su camisa de diseños étnicos recién estrenada, ingresaba a cualquier acto público, acompañado siempre de su numeroso pelotón de escoltas, la concurrencia se ponía de pie mientras por los parlantes comenzaban a sonar las notas de Patria, tierra sagrada de honor y de hidalguía, himno coreado por los asistentes que saludaban así la augusta presencia de quien comenzaba a gobernar el país como su feudo. Tieso, con su mirada apuntando hacia el futuro, recibía los honores que a la majestad de su poder creía debidos.

rafael correa estupido
Artículo de Francisco 'Pájaro' Febres Cordero: "La banda"

Lo demás, ya se sabe: diez años de dictadura en que, elevado sobre su pedestal, imponía su voluntad, dictaba leyes, sentencias, pisoteaba libertades, honras, inventaba realidades, mientras se presentaba como el fundador de un país sin historia, que él había construido desde sus cimientos.

Así, hasta que un día, obligado por las circunstancias, se marchó lejos, a la espera de que el pueblo formara una larga fila en el que era su palacio para honrar su recuerdo a través del museo que dejó montado, un altar que daba cuenta de sus largos recorridos por el mundo, los tributos que recibió, la multiplicidad de obras que realizó. Al fin y al cabo, sus desvelos merecían un devoto peregrinaje que le rindiera tributo.

Lo que quizás nunca vislumbró fue que la gloria que él creía merecer tuviera una duración tan fugaz, tan efímera y que las magnas realizaciones que aseguró dejaba en pie para la posteridad, fueran diseccionadas con tanta rapidez para mostrar sus huesos, carcomidos por el cáncer de la corrupción y la concupiscencia.

Y él, que creyó que sería proclamado como el ideólogo, líder y ejecutor de una revolución que su mente calenturienta había fraguado, va apareciendo como el capataz de una banda de asaltantes de caminos que tenía como principal función engordar sus faltriqueras con los dineros públicos.

Desde lejos, no le queda sino contemplar con impotencia cómo su pandilla, tan celosamente armada a través de los años, está siendo desarticulada igual que cualquier otra de sacapintas o robacarros, de las cuales la crónica roja da razón a diario.

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Ahora su lugarteniente, aquel por quien él dijo que estaría dispuesto a ofrendar su vida, pasa sus vacaciones en la cárcel sin otra ocupación que la de negar las trapacerías largamente planificadas con su tío, en las cuales están también comprometidos muchos otros de baja ralea pero de altas funciones. Unos cuantos más, esos que no alzaron el vuelo con el guiño cómplice de quienes debieron aprehenderlos, corrieron a cobijarse bajo el manto protector del nuevo gobierno, con la esperanza de que sus bellaquerías se entierren en el olvido.

Desarticulada una parte de la banda, los sueños del capataz deben haberse modificado: de pretender que su imagen fuera inmortalizada en monumentos y perpetuado su nombre en universidades, hidroeléctricas, carreteras y aeropuertos, debe estar cruzando los dedos para que los truhanes que fraguaron el asalto sistemático a los fondos del Estado no canten, o por lo menos no lo hagan hasta el extremo de sacar a relucir su nombre.

Un nombre que en todo caso pasará a la historia de esta patria, tierra sagrada a la que él dejó esquilmada, con su honor mancillado y su hidalguía deshecha.


Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

24 de septiembre de 2017

El juiciólogo

Ya se fregaron los que han hablado mal del Glas. Está cabriadísimo y dijo que les va a poner juicio porque han afectado no solo su honra sino el honor, la armonía y la tranquilidad de su familia.

jorge glas vicepresidente de ecuador
Editorial de Francisco 'Pajaro' Febres Cordero:  'El juiciólogo'

Primerito ha de comenzar poniéndole un juicio al presidente Lenín, quien, después de haber hecho su primer viaje internacional y haber hablado en la ONU, va a tener que presentarse en el Tribunal de Menores para, humildísimo, contrito y confeso, responder por un juicio de alimentos. Y con razón, porque le quitó todas las funciones de las que se alimentaba el Glas que, pobrecito, anunció que hasta la camioneta en que andaba va a vender para sobrevivir. Ahora va a tener que andar en bus, pero no pues como pasajero sino como vendedor ambulante ofreciendo chicles, caramelos, maní, pan de yuca, chifles y bolones. Bueno, hidroeléctricas y refinerías también puede ofrecer, aunque nadie ha de querer comprarle.

Después, le ha de meter juicio a la Odebrecht, pero ese no ha de ser un juicio de alimentos sino de calumnia, por haberle dicho Vidrio. ¡Qué horrible calumnia! Eso sí atenta contra su honra porque nadie tiene derecho a cambiar un apellido ajeno impunemente. En la sentencia los jueces le han de dar la razón y han de ordenar que en todos los documentos y las conversaciones en que aparece la denominación Vidrio se cambie ipso jure, como decimos los abogados, por Glas, para de esa manera reivindicar el honor vilmente mancillado del querellante.

Después ha anunciado también que va a meter juicio a todos los medios de comunicación por hacerle linchamiento mediático. ¡Cómo le linchan los medios! Es que él se pasa visitando todas las radios, todas las televisiones, todos los periódicos, y los periodistas, malísimos, en lugar de preguntarle cómo se siente por ser el padre del cambio de la matriz productiva que tanto contribuyó a la transformación de la patria, le preguntaban si no sufre de problemas de identidad porque en unas partes aparece como Vidrio, en otras como JG y en otras como XX1. ¡Más hechos los sicólogos que son los periodistas! Y otros, más malísimos todavía, le preguntan si la relación con su tío Ricardo había sido tan estrecha como para encargarle, cuando el tío se iba a China en representación oficial, que le diera comprando un playstation, ropa para los guaguas y vitaminas (como no se sabe si el playstation y las vitaminas eran para él o también para los guaguas, ahí el fiscal tiene una dura tarea para investigar). Y no sé qué de las comisiones en la venta del petróleo también le preguntan con tremenda mala fe, cuando él, pobrecito, era solo el encargado de los sectores estratégicos y, por lo mismo, lo único que probablemente necesitaba eran las vitaminas para seguir jugando el playstation.

Lo cierto es que con tantos juicios que ha ofrecido meter a todo el mundo puede, como él es superexperto en esos menesteres, bajarse del rincón del vago una tesis para graduarse de juiciólogo y así, juicio tras juicio, ir recuperando sus comisiones. ¡Ay no, qué bruto!, su camioneta quise decir, y el playstation, las vitaminas y todo mismo.


Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

10 de septiembre de 2017

El bien servido

Qué emocionantes tiempos que estamos viviendo. Qué adrenalínicos. Qué efervescentes. Todos los días se destapa un nuevo escándalo, una nueva denuncia. Se hacen nuevas alianzas. Hay separaciones. Confesiones. Divorcios. Hechas diabuenas. Con los nervios de punta nos tienen, francamente. ¿Saldrá algo más? ¿Taparán esto? ¿Será? ¿No será? ¿Quién será?

pelea entre rafael correa y lenin moreno
Artículo de Francisco Febres Cordero: 'El bien servido'

Pero lo más lindo de todo es lo que está pasando entre el presidente Lenín y el Correa. ¡Qué maravilla! Se comenzaron a mandar unas indirectas que, en el transcurso de los cien días, fueron convirtiéndose en eso que en términos boxísticos conocemos como uppercuts. ¡Pum, zas, crash! Total, se armó una pelea cuerpo a cuerpo con ganchos a la mandíbula que están convirtiendo al match en un espectáculo apasionante, para delirio de las multitudes. Claro que hasta ahurita las apuestas están a favor del Lenín, pero su contendor sabe que hay tiempo porque recién está en el primer asalto (no pues, no hablo de lo que ustedes creen, sino que así se llama en términos pugilísticos al round).

Lo que los aficionados al boxeo no alcanzamos a entender es por qué el Lenín en medio del combate en que el otro le grita mediocre, mentiroso, desleal, cínico, inconsecuente, entreguista, le concede todas las facilidades para que siga sacándole la recontramadre. En lugar de aislar a su oponente y llevarlo contra las cuerdas en busca del KO, sorpresivamente recurre al abrazo (o sea al clinch, como decimos los expertos).

Aunque el Lenín dice que lealtad no es sumisión al capo ni defensa al amigo vivaracho, hace todos los esfuerzos para que el Correa esté tan bien servido como estaba en el palacio en el que vivía y que hasta ahora cree que es de su propiedad. Por eso, además del séquito de custodios que tiene para cuidar que los belgas no le den yuca, el Lenín le mandó a la secretaria personal que tenía el Correa y a la que tanto extrañaba. ¡Qué ternura! Como explicó la cancilleresa Espinosa, la secretaria es la más capacitada para ser la cónsul en cualquier parte del mundo, no se diga en Bélgica. Con ella allí, el Correa ya tiene quien le arregle bien bonito los papeles, le tome los dictados y hasta le clasifique bien clasificaditos los informes y documentos que le hackean desde el Palacio con las acusaciones contra el Glas, a quien el Correa ¡ay!, defiende con su vida.

En fin, no se puede quejar porque ahora sí dispone de todas las ayudas que le facilitan la preparación de sus furibundas, mentirosas, truculentas sabatinas online que hace. Cómo será que hasta a la que era ama de llaves en el palacio también le han enviado muy diplomáticamente, porque nadie está mejor capacitada que ella para guardarle las llaves del Facebook, del Twitter y de todo mismo. ¡Qué bueno que es el Lenín con el Correa! La bicicleta también está de que le mande, aunque sin cargo diplomático. Y hasta el avión que no se vende puede mandarle, pero con asesoramiento del Patiño, dentro de la valija diplomática, para que no se note.

Total, mientras aquí el Lenín decreta austeridad, se come la camisa y no sabe de dónde sacar plata, el Correa está maravillosamente atendido con fondos del Estado, lo cual demuestra que el único que tiene la mesa servida es él, pero en Bélgica.


Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo



Rafael Correa tilda de 'Mediocre y Desleal' a... por Ecuadornoticias

3 de septiembre de 2017

El quedado

Una vez que el juez le vinculó al Glas en el caso Odebrecht y le dijo que no podía salir del país, todo ha sido felicidad. Porque podía decirle también que se quede en el país, pero en la cárcel. Le dejó libre en consideración a que tiene un grupo de escoltas que, agilitos, bien pilas, le van a cuidar en caso de que quiera huir; además, cuando vuela, vuela en los aviones de la FAE y esos no salen del país y cuando maneja su camioneta, no vuela.

jorge glas caso odebrecht
Artículo de Francisco Febres Cordero: "El quedado"

¿Ya entienden por qué es la felicidad? El juez no le dictaminó ni siquiera prisión domiciliaria, ni le dijo que se vaya a Miami a acompañarle al Pólit, para quien sí dictaminó prisión domiciliaria. ¿En Miami? Eso ya no entendí mucho, francamente. Pero que dictaminó, dictaminó.

Como no le impusieron otra restricción, el abogado del Glas dijo que su defendido “no ha perpetrado actos delictivos ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro”. ¡Qué lúcido el abogado! Pero, sobre todo, ¡qué visionario! Con razón le convenció al juez porque si su defendido no ha cometido actos delictivos en el futuro, ¿cómo le va a meter preso?

Y entonces el Glas siguió en su tarea (la única que le queda, pobrecito) de dar entrevistas a los medios internacionales. Pero no pues fuera del país, sino adentro. Es que creo que en lugar de ponerle esos grilletes electrónicos, le pusieron micrófonos y él comenzó a hablar sobre su inocencia, para que el mundo conozca que aquí es víctima de un linchamiento mediático y que, sin pruebas, los medios de comunicación lo han declarado culpable cuando él es el más honrado de todos los honrados, el más impoluto, el más implagiado de su tesis de grado. Y repitió su cantaleta de que nadie se ha compadecido de sus angustias ni de la tortura por la que no solo ha pasado él, sino su esposa, sus hijos, su madre.

¿No les da ternura? ¡Qué insensibles que son! Ah, es que ustedes dicen que en la lista de sus familiares que sufren se olvidó del tío que, pobrecito, él sí está preso en prisión domiciliaria pero no pues en Miami, sino aquí. Pero yo les preguntaré ¿y por qué tiene que nombrarle al tío? ¿Por qué?, si él dice que con el tío se veía solo una vez al año, en Navidad, en que el tío se disfrazaba de Papá Noel, creo, y le llevaba en su costal los regalos que había venido trayendo de las lejanas tierras españolas, brasileñas, chinas donde viajaba como representante oficial: hidroeléctricas, refinerías, carreteras, trasvases, todo le traía a su sobrino. Después no se volvían a ver hasta la próxima hidroeléctrica. ¡Ay no, qué bruto!, hasta la próxima Navidad, quise decir.

Lo cierto es que el Glas, en cada linchamiento mediático que le hacen, insiste en que no hay pruebas que lo señalen como corrupto. Y cierto ha de ser, porque dice que no sabía nada, que qué culpa tiene que los malos hayan robado, hayan cobrado coimas, comisiones, porcentajes en su nombre, que lo citen en conversaciones, que lo llamen Vidrio, que sus iniciales aparezcan en correos electrónicos, que todos los dedos apunten hacia él.

Qué culpa tiene que lo acusen si él es el más incorruptible en el futuro y por eso no se irá de este país al que saquearon otros a su nombre, pero solo en el pasado.

Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:  El Universo

27 de agosto de 2017

Intríngulis

Qué bestia!, mucho lote es la fiscal Lady Diana Salazar. Qué seriesísima que es. Qué profesional. Qué tranquila. Qué acuciosa. Y qué idiomática. Creo que además del latín, el griego y el ibarreño domina el portugués. Por eso, cuando le llegaron las transcripciones de las conversaciones de los odebrechetes, enseguidita entendió, no como el fiscal Chiriboga que dijo que no sabía cómo se decía vidrio en portugués. ¡Qué importugués que era el Chiriboga ese que había! En cambio, nuestra Lady Di de una tradujo y ¡zas!: Glas.

diana salazar vs jorge glas
Artículo de Francisco 'Pajaro' Febres Cordero

Lo malo fue que apenas la Lady Di pronunció el nombre del vicepresidente se armó un lío que para qué les cuento. O sea, se creó un intríngulis jurídico, como decimos los abogados a los intríngulis, que son los que terminan haciéndonos creer que sabemos todo, cuando en realidad no sabemos nada.

Total, con el Vidrio vinculado, unos salieron a decir que esa vinculación tenía que contar con la aprobación de las dos terceras partes de la Asamblea, mientras otros sostenían que no, que la autorización de la Asamblea solo es necesaria para el enjuiciamiento, no para el vinculamiento.

Pero lo lindo es que mientras los abogados siguen discutiendo las juridicidades de la causa de la discordia y el leitmotiv que produce el embrollón, entre los asambleístas de Alianza PAIS se armó la que Dios que es Cristo: unos decían que sí hay que dar paso a la autorización para que le vinculen al Glas, otros decían que no, aunque el mismo Glas dijo que sí, que den nomás paso a su vinculación. ¡Cómo se pasaron peliando! ¡Cómo discutieron! ¡Cómo se mandaron a la casa de la belga! O sea, no pues ellos, sino los mensajes para que desde la casa vengan las órdenes.

¡Uf!, mucho intríngulis, francamente.

Y entonces, me preguntarán ustedes, si el Glas ya está vinculado al caso Odebrecht y plenamente identificado como Vidrio, ¿ya está aclarado el asunto y, como decimos los juristas, terminado el incidente? Y yo les responderé que ¡qué va a estar acabado! Según parece recién está comenzando.

Verán: aunque el Glas ya está sin comisiones. ¡Ay no, qué bruto!, sin funciones quise decir, se ha conseguido el puesto de chofer de su propia camioneta y se pasa manejando hacia todos los medios de comunicación que existen para decir que ¡ay!, es víctima de linchamiento mediático. ¡Qué pena que me da! ¡Ya lloro! Y entonces, con cara de linchado, ante cada micrófono que le ponen al frente repite que no va a renunciar nunca de los nuncas porque él fue elegido por el pueblo y no por el Gobierno. Y dice que bueno ya, que él renuncia pero si también renuncia el Lenín. Con eso el intríngulis se multiplica hasta límites insólitos porque ni devuelve el cargo ni devuelve a su tío Ricardo y, a la final, nosotros corremos el riesgo de que se quede con el cargo y con su tío. Y con todo lo recolectado en las hidroeléctricas, en las refinerías y en todo mismo.

O sea mucha leguleyada, como dicen los que no son juristas y no entienden que los intríngulis son precisamente para, a nombre de las leyes y mediante los pactos y los chanchullos, hacernos los pendejos.

Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo



Fiscal Diana Salazar Encontró Indicios Contra... por Ecuadornoticias

14 de agosto de 2017

De venta

Qué bueno que el presidente Moreno haya decidido entrar a una etapa de austeridad, después del despilfarro al que estuvimos acostumbrados con el Correa, que nos resultó demás manisuelto, francamente. ¡Qué bestia cómo gastaba! Cómo sería, que después de haber dicho que somos jaguares, nos dejó convertidos en gatos, flacos, hirsutos, hechos una pendejada.

rafael correa elefantes blancos
Artículo de Francisco Febres Cordero: "De venta"

Ahora el Moreno está empeñado en vender lo que, poco a poco, va encontrando entre los desechos del despilfarro. Pobre, desesperado, anunció que va a comenzar con los carros. Bueno, sí le han de comprar y con eso ha de conseguir buena plata porque ¡cómo tenían carros los de la revolución ciudadana! Y eran unos bien de lujo en que los ministros y las ministresas, los subsecretarios y subsecretarias, los asesores y asesoras se desplazaban, sobradísimos, con chofer y guardaespaldas. Full equipo eran. No pues los ministros, sino los autos. Con sirenas incorporadas, aunque sin placas para que no les reconocieran. Ojalá el Moreno antes de venderlos les matricule. Bueno, si no a todos, por lo menos al que usaba el Glas, que ha de haber andado con la matrícula plagiada en el rincón del vago, igualito que la tesis.

Otra cosa que está vendiendo es uno de los dos aviones, pero eso no creo que es por sacar plata sino solo por hacerle tener iras al Glas. ¡Cómo se quejó de que ya no le dejaran usar el avión! Fue lo que más le dolió. Mucho más de que le hayan despojado de todas sus funciones. Gritó, lloró, pataleó el Glas, antes de anunciar que ¡oh tragedia!, ahora se veía obligado a desplazarse por tierra, como cualquier animal. Y razón tiene porque si, por ejemplo, hace cola para subirse a uno de Tame, la gente le ha de comenzar a gritar: ¡Fuera, Glas, fuera!, algo que se agravaría si subrepticiamente logra subirse y, ya en el aire, los pasajeros le descubren y a la voz de ¡fuera, Glas, fuera!, le hacen bajar al vuelo.

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Chuta, y aprovechando que va a vender el avión, está de que el Moreno comience también a vender las piezas de ese museo que el Correa, que era demás humilde, sin ninguna pretensión de pasar a la historia, dejó instalado en once salas del palacio. Como el Gustavo Larrea no tiene trabajo pero se pasa todo el día en Carondelet, el Moreno puede encargarle la tienda para que vaya vendiendo los objetos al por menor. Es que ahí dizque hay artículos carísimos, relojes de oro con incrustaciones de rubí, ¿o eran rubíes con incrustaciones de relojes?, bastones de marfil y jade que le regalaban al Correa cuando estaba patojo y hasta la rodilla que le sacaron, engarzada en lapislázuli. Y así. Pero lo más lo más caro, aparte de la enorme colección de fotos del Correa, son sus 17 títulos honoris causa, por cada uno de los cuales cualquier coleccionista pagaría una fortuna. El tío del Glas, por ejemplo.

Y ya, con eso nomás, financiado el presupuesto.

Aunque, claro, mejor que la tienda sería que el Moreno les obligara a los ladrones a devolver la plata que se robaron, con lo cual podría comprarle al Glas no solo un avión nuevo para que no llore, sino hasta un satélite como ese Pegaso con que el Correa inauguró la carrera espacial y mandarle a volar en el espacio sideral con prisión domiciliaria, como al Pólit.


Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

6 de agosto de 2017

La novela

Lo que me parece más ilustrativo de todo lo mucho que está pasando en estos días es que el caso Odebrecht resulta para nosotros una gran escuela. ¡Cómo seguimos aprendiendo! Antes creíamos que para cualquier asalto era indispensable que el ladrón transitara por senderos peligrosos, esperara el momento propicio en zaguanes oscuros, ocultara su identidad con una máscara o, por lo menos, la protegiera bajo el ala de un sombrero, tuviera lista una pistola y así aguardara, con los nervios bien templados y un cigarrillo atornillado en los labios, el momento del asalto.

Jorge Glas Rafael Correa corrupcion
Artículo de Francisco Febres Cordero: "La novela"

Eso pensábamos porque seguramente estábamos influenciados por las películas de gánsteres o las series de televisión, cuando no por las novelas policíacas que, ya entendemos, están totalmente alejadas de nuestra realidad.

Gracias a la intrincada novela odebrechtiana que nos está siendo revelada capítulo a capítulo, sabemos que el ladrón moderno espera en su casa o en un lujoso hotel la visita del contacto, quien es el encargado de pagarle la suma fijada para que, prevalido de su alto cargo público, cometa un acto ilícito, un asalto a los fondos del Estado, un robo. Nada de pistolas ni máscaras. Terno y corbata los dos. Muy educados los dos, que se saludan como viejos compinches. Conversan de cosas interesantes, revelan secretos e intercambian experiencias sobre asuntos en que cada uno es un experto. Hasta que el uno le entrega al otro una maleta con el monto del dinero pactado que el funcionario, revestido de su autoridad y con su vieja experiencia en estas lides, ni siquiera se da el trabajo de contar porque sabe que quien se lo da es hombre de palabra.

Todo muy civilizado. El lío era para el sobornador, que tenía que saber la exigencia de cada sobornado, porque unos le pedían que les depositara el dinero en bancos del exterior, otros que les diera en efectivo, otros, que lo pusiera en la cuenta de su tío.

Nos deslumbramos cada vez que se revelan los mecanismos de esta forma de asalto de amplia vigencia, impune durante estos últimos diez años, en que los robos se cometieron sin violencia, sin sangre y donde lo único malo es una mala palabra que alguno suelta por ahí. Todo lo demás es cortesía, entendimiento, elegante complicidad.

Algo que, como simple espectador, me tiene intrigado es saber qué hacen los ladrones con tantos millones que recibieron. Cierto es que uno de ellos guardaba los billetes en una caja fuerte. ¿Pero, en qué gastan su botín? ¿Se compran yates, autos, casas? ¿Y, con lo que les sobra, más autos, más yates, más casas? ¿Joyas? ¿Por qué eran tan angurrientos, tan insaciables, tan voraces? ¡Qué curiosidad! Es que la vida de los ladrones siempre es enigmática y por eso cautiva a la audiencia con tanta facilidad.

Ahora que ya conocemos la trama, ojalá la novela no se interrumpa por lo menos hasta el día en que el resto de esos ladrones de manos limpias huyan a Miami, donde llegan como ladrones y terminan viviendo como narcos que, me imagino, es el estatus por el que lucharon con toda la fuerza de sus mentes lúcidas y sus corazones ardientes.

Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo



Jorge Glas Felicita a Capaya y a Álex Bravo por Ecuadornoticias

9 de julio de 2017

Lo que me queda

Dentro de la pequeña sala en que se juzgó a Martín Pallares, llevado allí por una demanda de Rafael Correa, estuvimos (además de los abogados de las partes, el juez y el secretario) solamente doce personas, durante cuatro horas.

articulos de rafael correa
Artículo del 'Pajaro' Francisco Febres Cordero: 'Lo que me queda'

¿Qué me queda de tan singular experiencia?

Me queda la sensación de haber ingresado a un edificio limpio, moderno, con luz, con aire.

Me queda una percepción de miedo: miedo de haber entrado a un recinto en el cual las sentencias no solían dictarse según los méritos del proceso, sino por las órdenes que llegaban de las más altas instancias del poder político.

Me queda la esperanza de que luego del dictamen algo vaya a cambiar en el ámbito judicial, donde tantas y tan aviesas arbitrariedades se cometieron para cumplir los designios de quien se apoderó de los tribunales y se sirvió de ellos para saciar su odio.

Me queda el dolor por aquellos que, acusados injustamente, recibieron condenas. Me queda el dolor por sus prisiones, por sus multas, por las injurias recibidas. Por las artimañas montadas en su contra. Me queda el dolor por sus familias, por sus madres, por sus esposas, por sus hijos.

Me queda un grito que se me ahogó en la garganta luego de escuchar la sentencia: libertad.

Me queda la solidaridad con quienes durante la larga y oprobiosa dictadura no bajaron la cabeza y siguieron escribiendo, diciendo, lo que su conciencia les dictaba. Son ellos los que lograron que la lucha contra el despotismo no cesara y mantuvieron viva la rebeldía. Son ellos los que van destapando poco a poco la mucha podredumbre acumulada.

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Me queda la lección de dignidad con que una señora de 87 años siguió todo el proceso con ávida atención. Pronunciada la sentencia, se apoyó en su bastón y caminó, enhiesta, para abrazar a su hijo, declarado inocente.

Me queda la ira por no ver en ese mismo tribunal a quienes desviaron hacia sus cuentas personales los enormes recursos del Estado que debían llegar a los pobres.

Me queda el inmutable rostro del juez, que mantuvo su solemne adustez hasta el instante de dictar una sentencia que, según los antecedentes del correato, parecía imposible.

Me queda la impotencia ante el cinismo de contemplar cómo quienes, a nombre de la revolución, ahora gozan en el exterior de sus fortunas, amparados por aquellos que, desde los más altos estamentos del poder, les permitieron tener el singular estatus de prófugos.

Me queda el regusto de haber recibido una vasta y profunda lección de Derecho de boca de dos grandes maestros, Juan Pablo Albán y Farith Simon, apoyados por Juan Pablo Aguilar y Xavier Andrade.

Me queda la certidumbre de que Martín Pallares nunca estuvo solo, ni siquiera cuando una pandilla se tomó los pasillos del recinto para –según es práctica corriente– agredir e insultar.

Me queda grabado un asiento vacío, aquel que debía haber estado ocupado por Rafael Correa, quien, sin presentar cara cuando debía, más tarde y desde algún lugar ignoto escribió un tuit mentiroso e injuriante.

Me queda la duda sobre si el calentamiento global se origina en la estratosfera o viene de abajo, del asiento de cuerina que me soportó por tantas horas.

Me queda la convicción de que Correa, en Bélgica, seguirá actuando de manera incoherente y deambulará como un enajenado porque, según se ha demostrado, tiene perdido el juicio.


Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo


Martín Pallares Fue Declarado Inocente En La... por Ecuadornoticias

2 de julio de 2017

El último suspiro

Quizás el coletazo de los diez años largos en que la ficción propalada por el gobierno se dio de bruces contra la realidad ocurrió cuando el vicepresidente de la República fue recibido en la Asamblea con alfombra roja, antes de que se le permitiera hablar durante cuatro horas sobre su conducta angelical y sus visiones surrealistas por medio de las cuales allí donde todo el mundo ve un desierto, él ve una refinería. Después de su actuación ante una claque que llenó la sala, la presentación culminó en la calle como una mojiganga, con tarima, orquesta, canto y baile.

rafael correa jorge glas
Artículo de Francisco Febres Cordero:   'El último suspiro'

Tal parece que todo ese tinglado truculento al que el país estuvo acostumbrado se desmoronó el instante en que comenzaron a salir por las alcantarillas los olores pestíferos de la corrupción largamente acumulada, a pesar de los esfuerzos de los beneficiarios por mantenerla oculta.

El sainete que se armó para recibir con los más altos honores al vicepresidente trae a la memoria otros similares que tuvieron lugar en la misma Asamblea, en la que se condecoró con la más honrosa presea a quien capitaneó en su país una poderosa banda de asaltantes de los fondos públicos y cuya conducta fue enaltecida aquí como un ejemplo que –según se ve– muchos ya habían seguido a pie juntillas.

Fue en esa misma Asamblea donde, quien entonces ocupaba el cargo de presidenta, repitió con voz premonitoria la frase de una canción protesta, en que se invoca al Dios del cielo para que la tortilla se vuelva, los pobres coman pan y los ricos mierda mierda.

Y así como la presencia del vicepresidente en la Asamblea fue el colofón de una década perdida, y así como las palabras de la muchachita desparpajada y audaz resultaron proféticas, una última demanda contra un periodista interpuesta por quien trastocó su función de presidente de la República en la de un dictador cierra una etapa en que la justicia cumplió servilmente sus designios.

Mañana seremos testigos de un juicio en esta nueva era en que se invita a la cordura. Allí, en el banquillo de los acusados, estará quien ha hecho de la palabra un estilete para, con igual valor que inteligencia, combatir al poder y sus miserias, sin arredrarse ante las sucesivas injurias y las constantes amenazas. En su lucha no ha tenido otro escudo que la certidumbre de su verbo altivo y la convicción de que el periodismo es una misión cuyo libre ejercicio resulta indispensable para destapar tanta podredumbre acumulada. Por eso, a Martín Pallares se lo conducirá ante un tribunal con el pedido de que su destino final sea la cárcel.

Quien lo acusa, un Rafael Correa de mente poblada de fantasmas, de sueños de grandeza transformados por la realidad en pesadillas, de un poder omnímodo ahora agonizante, exhalará en el tribunal su último suspiro de ira y de venganza, al tiempo que eleva al juez su súplica para que sus “fondos de reserva” se engrosen con el pago de una multa.

En este ámbito de ribetes surrealistas, los cofrades del demandante que hoy integran la legión de nuevos ricos comienzan a huir en estampida. A su paso van comiendo a su pesar, aunque con su habitual glotonería, aquello que, según la canción, les toca.


Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

18 de junio de 2017

Deslealtad

Despojado de su condición de excelentísimo, sin tener quién le rinda pleitesía, sin poder ordenar a uno de sus diplomáticos que le tramite un nuevo honoris causa, sin que alguien le monte una tarima para hablar durante cuatro horas, sin poder asomarse al balcón del que era su palacio para recibir las loas de la parroquia, sin poder armar una comitiva de conmilitones para viajar al exterior en uno de sus aviones particulares, sin que sus palabras sean elevadas a la categoría de evangelio y obedecidas con obsecuencia lacaya por fiscales, jueces, asambleístas y funcionarios, Rafael Correa, reducido a su condición de simple ciudadano, acusa a sus antiguos sirvientes de deslealtad.

lenin moreno y alianza pais
Artículo de Francisco Él Pájaro' Febres Cordero: 'Deslealtad'

Y tiene razón. Aquellos que lo acompañaron durante los diez años en que ejerció el poder como un autócrata, ignorando la Constitución, pisoteando las leyes, ejerciendo rastreras venganzas, usando los fondos públicos como si fueran propios y dilapidándolos a su sabor, jamás levantaron su voz para contradecirlo ni tampoco se atrevieron a alzar la vista cuando ellos mismos eran sujetos de sus afrentas. Callaron. Inclinaron la cerviz. Doblaron su espinazo para reverenciarlo. Auparon sus tropelías. Y, asumiendo ellos también su secundón papel de mandamases, injuriaron, prostituyeron su rol de servidores para servirse del empleo y lucrar de él de manera ilimitada, acompañaron con creciente cinismo el despilfarro y el saqueo en la convicción de que la revolución que decían haber llegado les premiaba a ellos como a los héroes que la hicieron posible, mientras recogían a su paso la lluvia de billetes que, como confeti, les caía del cielo.

Ensoberbecidos y, sobre todo, con “la satisfacción del deber cumplido”, ahora han comenzado a marcar distancias con aquel que, con su manera dictatorial de ejercer el poder, los sacó del anonimato y los colocó en alguno de los muchos ministerios que creó, los envió a cargos diplomáticos para que gozaran de felices vacaciones, les entregó graciosas canonjías y permitió que engordaran sus faltriqueras con impudicia y sin vigilancia alguna, pues por algo eran parte integrante del “proyecto”.

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Muchos de ellos se resisten a mirar atrás. Al fin y al cabo, hacerlo significaría reconocer su estrecha, íntima ligazón con el despotismo, en el instante en que el nuevo mandato parece ir en otra dirección: respeto a las instituciones, acatamiento de las leyes, combate a la corrupción y mano tendida al adversario.

Ante eso, su rictus fruncido y fiero va transformándose en una sonrisa boba pero permanente; sus palabras altisonantes, en frases que invitan al diálogo; su gesto amenazante, en abrazos; sus deseos de revancha y odio, en comprensión; su personalismo, en afanes de servicio; su concupiscencia, su amor por el dinero y el poder, en condescendencia.

Ellos no quieren volver los ojos al pasado. Miran al presente. Y, con ojos de lascivia dirigidos a los fondos públicos, agazapados sopesan si en el futuro podrán dar algún nuevo golpe, aunque esta vez tenga el carácter de blando, luego de haber pegado el gran zarpazo.

Ellos, ahora, convenientemente cobijados bajo el manto del nuevo mandatario, ante el calificativo de desleales que les llega desde un lugar lejano, esbozan su sonrisa recién aprendida y alzan los hombros en señal de quemeimportismo.


Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

12 de junio de 2017

Asco

Poco a poco se ve, se va viendo, que la voluntad para destapar íntegramente la cloaca de la corrupción flaquea.

correa lenin glas
Artículo de Francisco 'El Pájaro' Febres Cordero: 'Asco'

Hay intereses políticos demasiado poderosos de por medio. Hay alianzas. Hay amistades. Hay parentescos. Hay complicidades. Hay lealtades. Hay –también hay– miedos.

Con que a la superficie salga un poquito de mugre es suficiente, parece ser el afán del nuevo gobierno. Con ese poquito, distrae. Con ese poquito, silencia. Con ese poquito, tranquiliza. Con ese poquito, disimula.

Al fin y al cabo, la mayoría de quienes integran el nuevo gobierno viene de arrastrar toda la mugre del viejo, de ese que duró diez años con el mismo contralor al que ahora descubren corrupto y que –como otros– comenzó a gozar de su dorado autoexilio en Miami, dejando vacante un cargo disputado a dentelladas por lo mucho que en la Contraloría hay que tapar, más que destapar.

Y es que –viéndolos ahora tan sonreídos, tan amables– parece que ninguno de los revolucionarios cuando eran funcionarios del antiguo régimen cometió arbitrariedad alguna. Ninguno nombró a sus familiares para que ocuparan cargos públicos ni los colocó de asesores. Tan impolutos ellos, tan sin choferes ni escoltas ni mansiones. Ninguno otorgó contratos a dedo. Ninguno cobró coimas ni aceptó sobornos. Ninguno.

Corazones ardientes, eso es lo que los une a todos los que ahora dicen que están luchando contra la corrupción que ellos mismos generaron para su beneficio, que ellos mismos permitieron que paseara, campante, ante sus ojos. Esos latidos de sus corazones son los que marcan el rumbo de lo que ellos llaman el proyecto, ese proyecto que nadie sabe qué es, pero del que ellos siguen disfrutando a su sabor, pues los cobija a todos.

Mentes lúcidas las de todos ellos, tan lúcidas que demoraron una década para darse cuenta de que era necesario dejar que otras voces que no fueran las suyas se expresaran. Y por eso ahora dicen sí, que hablen nomás los otros, que denuncien para ver si así se destapa un poquito la cloaca, pero un poquito solamente para que no aparezcan nuestros nombres, nuestros gastos, nuestros contratos, nuestros silencios cómplices, nuestros aplausos fervientes con los que aprobamos la persecución a los opositores, los juicios a todos aquellos que se atrevían a hablar con voz propia, las sentencias amañadas, las leyes que aprobamos sumisamente porque nos venían impuestas desde arriba.

Tienen derecho. Ganaron las elecciones. Pueden seguir impunes.

No todos, claro. Habrá algunos a quienes tendrán que sacrificar para calmar las náuseas, el asco de quienes cuestionan la impudicia con que se despilfarraron los miles de millones de dólares de una época dorada en la que todo era posible, inclusive construir aeropuertos donde no llegaban aviones, universidades sin alumnos, hospitales sin medicinas, satélites que desaparecían en el espacio con la rapidez con que en la tierra se esfumaban los millones, edificios fastuosos en cuyas entradas se erigían estatuas a los asaltantes de caminos, carreteras que tenían el sobreprecio como lugar de destino.

Así, mientras la corrupción esté en la boca de todos, algo hará el nuevo gobierno para combatirla. Por lo menos hasta que la crisis se agudice y al asco sigan la angustia, un mayor desempleo, el hambre.

Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

4 de junio de 2017

El comienzo

¡Qué bestia, qué semanita y media que hemos tenido!

Con qué alegría que empezamos el cambio de mando, porque el nuevo presidente dijo que iba a ser amiguísimo de todos, consuensón, insgastón, reilón.

¡Qué felices que estuvimos! Tanto, que nos provocó abrazarnos a un árbol, como habíamos visto que hacía sor Freddy Ehlers cuando le agarraban los espasmos del buen vivir. Pero eso que a él le duró diez años, a nosotros no nos duró ni un minuto. O sea nos desespasmamos cuando el licenciado Lenín nos presentó a los que iban a integrar su gabinete y vimos que una cantidad de ellos (y ellas) venían del más militante correísmo donde estuvieron felices con las ilibertades, los inconsensos y los irrespetos aunque ahora, para la foto, ponieron cara de yo no fui y de que ya no estaban de acuerdo en perseguir a nadie, ni insultar, ni ser prepotentes, ni gastadores. ¡Ay!, todos, de un plumazo, se volvieron bien buenitos, como el nuevo presidente.

Después, nos quedaba la alegría de que ya no iba a haber sabatinas, cuando en eso el licenciado Lenín dijo que iba a dar un informe semanal los lunes, con lo cual las sabatinas corren el riesgo de convertirse en lunesinas porque con el tiempo cada vez ha de tener que informar más y más y más y mostrarnos lo bello que está quedando el país durante su administración. Fritos.

Acto seguido, el licenciado Lenín anunció la creación del Frente contra la Corrupción y otra vez todos nos pusimos felices y quisimos correr a abrazar aunque sea a una meceta, pero nos pasmamos el instante en que supimos que había nombrado a trece personas para que la integren, la mayoría de las cuales venían también del correísmo donde habían ocupado cargos de ministros, ministresas, embajadores, asesores, asambleísta. La actual cancilleresa, por ejemplo, ¿cómo va a investigar la corrupción de sus excompañeros de gabinete donde hasta el mismo Correa se corrompió? ¿Se acuerdan que una vez se corrompió totalmente la rodilla y por eso el pobre andaba con muletas y más dado al diablo que de costumbre? Fu, si denuncia eso, presa.

Y como las cosas del cambio de gobierno iban sucediéndose vertiginosamente, ¡zas!, recibimos la sorpresa que la austeridad tan anunciada comenzaba con una emisión de bonos de dos mil millones de dólares, una nueva deuda que el licenciado Lenín necesita para terminar el mes, porque su antecesor le había dejado sin un dólar partido por la mitad en eso que los economistas llamamos arcas fiscales. Pobre licenciado Lenín, ya me dio pena. A este paso, va a tener que seguir endeudándose a lo bestia, sin decir esta boca es mía para no peliarse con el Correa, que a la primera de bastos le ha de dar un rodillazo con la lengua si se atreve a decir algo sobre la crisis.

Por último, hasta el Assange ese que hay se puso a peliar pico a pico con el licenciado Lenín porque por algo él es el rey del hackeo y el otro es solo el presidente de un paisito insignificante, como antes lo calificó desde su asilo en nuestra embajada desde la cual ahora chantajea con denunciar la corrupción, si mucho le joden.

O sea hecho polvo por todos lados terminó el licenciado Lenín sus primeros días de gobierno. Pero con la investigación que se está haciendo sobre Odebrecht cambia todo el panorama y Lenín se ha de recuperar. No se preocupen.


Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

28 de mayo de 2017

Bronquitis

A la emergencia del Hospital Carlos Andrade Marín llegó el ex excelentísimo señor expresidente de la República, economista Rafael Correa Delgado, aquejado de un fuerte malestar en las vías antero respiratorias, razón por la cual, estando yo de turno, procedí a auscultarlo de inmediato.

rafael correa neumonia
Artículo del 'Pajaro' Febres Cordero: 'Bronquitis'

En efecto, al aplicarle el fonendoscopio a la altura de la espalda el paciente mostró signos de impaciencia en la pleura, lo que me llevó a pensar que la inflamación había contaminado también algunos de los cinco bronquios que descubrí en el paciente, en lugar de los dos que tenemos todos. ¡Qué capacidad bronquial del ex excelentísimo!

Después de notificarle que padecía de una enfermedad que en términos médicos se conoce como bronquitis, le pregunté si en los días anteriores ya había sentido molestias al respirar y él me respondió que no solo eso, sino que también había notado que la temperatura sin motivo aparente se le subía súbitamente hasta alcanzar los treinta y nueve grados a la sombra.

El paciente, con evidentes síntomas de expectoración tanto a la altura de la nariz como del estómago, me respondió que él no estaba para nada de acuerdo con mi diagnóstico, pues con bronquitis había vivido los diez últimos años, sin que nunca haya experimentado el malestar que sentía ahora, pues desde que llegó al poder tuvo bronquitis con los sindicatos, con los acostistas de Montecristi, con los empresarios, con la prensa corrupta, con los ecologistas infantiles, con los pregoneros de los fonditos, con la partidocracia, con la iglesia, con los indígenas, con los banqueros, con los yucateros que le daban yuca, con los militares activos y pasivos y con los policías que planearon matarle no solo de los pulmones sino hasta de la rodilla, por lo cual no comprendía por qué ahora la bronquitis se le había manifestado justo en la transmisión del mando, cuando ni siquiera quiso exhalar la más leve tos frente al licenciado Lenín Moreno y por eso no pronunció ningún discurso y más bien prefirió salirse en la mitad de la sesión, justamente para que no se le notara la bronquitis ya que, según le habían dicho sus asesores, el nuevo presidente no iba a cumplir con los lineamientos que él le había dejado escritos en tres gruesos volúmenes y, al contrario, iba a proclamar que en su gobierno apelaría al consenso, respetaría a la prensa, publicaría la lista de Odebrecht, suprimiría las sabatinas, solicitaría el apoyo de los empresarios, todo lo cual le producía una cada vez mayor bronquitis con su sucesor.

Mientras el paciente hablaba en medio de unas toses reiterativas que le producían sudoraciones y espasmos, mi percepción médica hizo que, en lugar de recetarle antibióticos como leí que indicaba el vademécum, procedí a administrarle por vía oral varias píldoras aunque sin decirle que estas tenían efecto sedante, algo que quedó demostrado cinco minutos más tarde, cuando el ex excelentísimo entró en estado letárgico y, ya dormido, respiró tranquilamente, sin el más mínimo signo de bronquitis con nadie.

Inmediatamente lo remití hacia un especialista quien, en contra de mi criterio, le diagnosticó neumonía, de la que espero se restablecerá próximamente con todo éxito.

f) Dr. Luis Tracto Grueso, Gastroenterólogo.


Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

18 de mayo de 2017

Entrevista a Francisco 'El Pájaro' Febres Cordero

Francisco el "Pájaro" Febres Cordero es el autor de El Excelentísimo, un texto de 376 páginas, que tiene como personaje central al presidente de la República, Rafael Correa, cuyo mandato se termina el 24 de mayo. El título de la obra tiene su historia en dos palabras que Correa confesó que no le gustaban cuando la gente, en los oficios dirigidos a él, le ponían "Excelentísimo, señor Presidente".

francisco febres cordero pajaro
Francisco 'Pajaro' Febres Cordero, autor del libro 'El Excelentísimo'

Este libro se publica días antes de la despedida de El Excelentísimo (Señor Presidente), ¿es una coincidencia o fue un plan?

Este libro sale por azar. Mi hija Valentina me propuso hacer este libro para comercializarlo por las redes sociales. Yo no entendía nada. Ella insistió. Y le dije, bueno Valentina, yo me ofrezco a seleccionar los artículos y tú de lo demás. Llegamos al acuerdo. Como el eje del libro era Correa, seleccioné los que correspondían y los otros artículos los iba desechando.

¿Por qué Rafael Correa como el tema central?

El centro de este gobierno; el centro de estos 10 años de dictadura, es Correa. Él es el que copa todos los espacios de estos diez años, los ministros son prácticamente inexistentes, los otros poderes están bajo su dominio; entonces, el centro de todo es Correa. Definido este tema, tomó cuerpo la idea de editar el libro y enviar, bajo pedido, a los sitios más lejanos e insólitos. Por ejemplo, ya está en Galápagos. Esta forma de comercializarlo es maravillosa: tienes un libro circulando de una manera distinta.

¿Desde cuándo le nace a usted la idea de tener como personaje principal de sus artículos del domingo al "Excelentísimo" y no al global de su gobierno?

Al centrarte en el Presidente estás viendo también lo global de su gobierno porque él es el que copa todo el espacio: él es el que sabe igual de música que del cosmos, manda un satélite al espacio que dura un suspiro, hace de consejero matrimonial, de juez de comidas, de cantante, de constructor, de médico. Los ministros, sus ayudantes, son seres absolutamente secundarios en estos diez años y por eso me centré en Correa.

¿Ha seguido las sabatinas?

No con una periodicidad absoluta, pero las he seguido porque en las sabatinas vi al Correa de carne y hueso. Para mi, esa es la utilidad que han representado las sabatinas. Un Correa que se desnuda cómo es: con toda su prepotencia, en toda su egolatría, en todo su desprecio al pensamiento ajeno, en todos sus rencores, en todos sus odios, en su imposibilidad de entender el pensamiento del otro y peor de respetarlo; en sus persecuciones, en las órdenes a los jueces, al fiscal para que persigan a determinada persona; en presentarnos ese país idílico, donde todo es maravilloso, donde este es el país que tiene los mejores aeropuertos, las mejores carreteras, donde tiene un gobierno modelo para Latinoamérica y el mundo; ahí se presenta como el líder mesiánico que pretende ser; ahora nos deja un museo para que su memoria perviva, solo falta que ponga una enorme estatua de él mismo reemplazando a la Virgen del Panecillo.

¿Al terminar estos diez años de Correa, siente que se acaba un personaje que da buen material para la crítica y para el humor?

Ha sido un muy buen personaje para el humor. Y como alguna vez dije: los personajes que nos dan a los humoristas alimento para el humor son los que peor han gobernado el país. Desde ese punto de vista, tengo una sensación de tristeza, pero no por mi sino por el país; tengo una especie de dolor de patria porque veo que esta tan pregonada Revolución Ciudadana nos deja a nosotros con una deuda impagable, con un país dividido en dos como una naranja, con una burocracia voraz, con una corrupción fuera de todo límite, con un índice de desocupación muy alto, con una deuda social que no se paga. Todos los grandes recursos que tuvo este gobierno veo que han sido dilapidados y eso me causa un enorme dolor por el país. Y así me quedo.

¿Qué va a hacer el "Pájaro" Febres Cordero de aquí en adelante, ya sin ese buen material para el humor?

Bueno, ir viendo cómo se mueven las cosas. Uno vive el día a día y hay que ir viendo cómo va a poder el nuevo Presidente, si es que tiene esa voluntad, de desarmar todo este andamiaje de esta constitución presidencialista, de este ejercicio autocrático del ejercicio del poder y ver si esas promesas de campaña se cumplen con un país que queda desecho en lo económico, en lo social, en lo político.


Fuente:  El Universo

7 de mayo de 2017

Donaciones

¡Qué belleza de museo que nos va a dejar en su palacio el excelentísimo saliente!, según nos explicó en su penúltima sabatina. Allí se exhibirán todos los regalos que ha recibido como el presidente más honesto de la historia. ¿Y quién dijo que es el presidente más honesto de la historia?, me preguntarán ustedes. ¡Él mismo dijo!, les contestaré yo. Es que él, además de decir que es el más honesto, es también el más humilde de la historia.

museo palacio carondelet
Artículo de Francisco Febres Cordero: "Donaciones"

¡Qué joyas que hay en el museo! Entre relojes, espadas, collares, medallas, suman centenares, del más diverso origen. Lo que pasa es que el excelentísimo, además de saliente, es bien consecuente, pues. Si se gastó quinientos mil dólares en adecuar su museo, no va a ser para que allí se exhiban pendejadas.

¿Sí aceptará donaciones? Digo, porque nosotros podríamos contribuir a incrementar la colección con algunas otras joyas que servirán para que el saliente quede engarzado en el oro de la memoria colectiva por los siglos de los siglos.

¡Qué buena idea! ¡Ya me entusiasmé! Podríamos, por ejemplo, donarle una pequeña escultura hecha en madera, que represente el dedo que le hizo el Jaime Guevara cuando el excelentísimo saliente pasaba por una esquina. ¡Qué joya que sería esa! Lo único malo es que no estaría engarzada en jade, como las otras, sino en jode. ¡Cómo la admiraría la gente! Y una yuca de cerámica también podríamos donarle, en representación de todas las que le han caído con mucha más puntería y mérito que los honoris causa de los que tanto se jacta.

De ahí, una muestra de los pedazos de los cheques que se comió el comecheques. Un poquito arrugados por los jugos gástricos han de estar, pero eso les ha de dar mucho más valor museográfico.

Chuta, ¿y el pendrive del Chucky Seven? ¡Cómo puede faltar eso! Será un objeto que dejará patidifusos a los visitantes. ¿Con esta cosita copian los jueces las sentencias que les mandan desde el Palacio?, han de preguntar, mientras, con lágrimas en los ojos, agradecerán que se exhiba una joya de tanto valor y tan revolucionaria.

Un frasquito de vidrio tapado con un corcho también se podrá exhibir, con un letrero que diga “El Aromo”. Los visitantes lo podrán destapar para que desde adentro salgan los efluvios de los mil doscientos millones de dólares que están enterrados, billete tras billete. Abierto el frasco, ojalá no se les ocurra averiguar la causa por la que sale tanto mal olor, porque van presos.

Y, en un cofrecito de vidrio transparente, una muestra de viagra, que en este gobierno ha tenido múltiples usos. Una pastilla hasta sirvió para que la refinería de Esmeraldas, que tenía no sé qué disfunción, quedara totalmente repotenciada. Hasta demasiado.

Y una silla de ruedas podríamos donar, aunque con un letrero explicativo, para que no haya confusión: “En esta silla de ruedas le iban a llevar empujada a la cárcel a la doctora Isabel Robalino”. Al lado se podría exhibir el cheque de un millón de dólares que recibió de la Odebrecht el exministro Mosquera y que ¡oh prodigio!, no ha sido por coima sino por asesoría. Junto al cheque, una foto del fiscal Chiriboga llorando, por lo que le puteó el Correa.

Elé. Una belleza va a quedar el museo con las donaciones que le hacemos al excelentísimo saliente.

Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

23 de abril de 2017

El delito de honradez

Camina por la calle a tranco largo, como si sus ochenta y ocho años no pesaran. Alto, de huesos anchos y porte altivo, escudriña el horizonte con ojos curiosos, protegidos por esos lentes gruesos que lo han acompañado a lo largo de sus muchos viajes por las distintas geografías pero, sobre todo, de sus muchas, incesantes travesías por los libros.

simon espinosa cordero
Artículo de Francisco Febres Cordero: El delito de honradez"

Lleva su carga de sabiduría con desparpajo, sin otorgarle importancia. Su vastísima cultura le permite enriquecer cualquier conversación, ya gire esta en torno a la literatura, a la filosofía, al fútbol, a la historia o a cualquier otro acontecimiento que cautiva su interés. Todo lo matiza con una sutil ironía o con un humor ácido que no vacila en revertirlo contra sí mismo, para pasmo y solaz de quien lo escucha.

No sé cuándo lo conocí, pero sé que nuestra amistad fue robusteciéndose conforme la vida –por esos azares– nos fue acercando a través de nuestro común ejercicio periodístico, oficio que él, en sus columnas, elevó a la categoría de arte.

Incansablemente confrontó al poder y lo hizo con un estilo inimitable, versátil y enjundioso. Su verbo cáustico, su humor irreverente, su agilidad para convertir a la palabra en un dardo afilado que siempre llegaba al centro, hicieron que sus artículos rebasaran la efímera duración de un comentario de prensa para quedar impregnados en la memoria colectiva, como si hubieran sido cincelados en piedra.

Generoso, compartió sus saberes con los jóvenes mediante una constante práctica pedagógica tanto en la universidad como en aulas lejanas y pobres que, como maestro, enriquecía e iluminaba. Desapegado de los bienes materiales, su territorio es el de la idea y su derrotero, la solidaridad con las causas justas. Su sentido del humor es un bálsamo con que alivia las heridas que infligen la prepotencia, el egoísmo o el desprecio a los demás.

Pero ¡cuidado!, cuando la indignación rebasaba los límites de su paciencia, no escribía con tinta, sino con fuego. Por eso era temido. Con esa maestría para cincelar las palabras, muchas veces convirtió sus textos en feroces diatribas que lo sitúan junto a ese puñado de escritores de combate que han nutrido el periodismo ecuatoriano, desde Montalvo en adelante.

Como sacerdote que fue, sabe comprender las flaquezas del alma y perdonar. Pero, sobre todo, sabe reconocer sin ninguna contemplación cuando los errores son suyos, y lo hace con una hidalguía impropia de épocas bastardas.

La última vez que lo vi me habló del amor, del amor a su mujer, a sus hijos, a sus nietos y entonces comprendí que estaba ante un hombre que, habiendo vivido intensamente, habiendo dado tantas y tan duras batallas, disfruta su recompensa en lo más inasible, en lo más etéreo, en lo más tierno.

Este Simón Espinosa, maestro de la palabra y de la vida, fue conducido al tribunal por denunciar actos de corrupción. Con él fueron llevados también Isabel Robalino Bolle y Julio César Trujillo, cuyas viejas, impecables trayectorias han sido, igualmente, ejemplo de lucha y dignidad. Por el solo hecho de haber sido conminados a comparecer al juzgado quedarán signados ante la historia como reos del delito de honradez, una nueva categoría penal impuesta en esta época siniestra.

Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo


El Contralor Demandó a los Miembros de la... por Ecuadornoticias

16 de abril de 2017

La fanesca

El licenciado Moreno creo que ha pasado ocupadísimo esta semana. Es que para él, que es un gourmet con el paladar titulado en Suiza, la fanesca es su sopa favorita y por eso la elabora de acuerdo con las más estrictas reglas de la culinaria que exigen, por ejemplo, que la olla no se pare sobre las insípidas cocinas de inducción, sino sobre carbón.

lenin moreno presidente
Artículo de Francisco Febres Cordero: "La fanesca"

Después de haber ordenado que preparen el fogón (por algo es presidente electo) le ha de haber llamado a la María Fernanda Espinosa para que le sople. No pues para que le sople a él, sino al fogón. ¿Cómo se llama eso que estás haciendo?, le ha de haber preguntado. Y la María Fernanda le ha de haber soplado: fogón. ¿Fogón se llama, estás segura?, le ha de haber vuelto a preguntar el licenciado, sorprendidísimo.

Después de consultar la receta para comprobar que el plato que iba a hacer sí se llama fanesca, ha de haber visto que el primer paso era picar la cebolla. Ahí sí ya me dio pena del licenciado. ¡Cómo ha de haber llorado! Y lo peor es que no ha de haber sabido la razón y ha de haber creído que las lágrimas que le brotaban obedecían a que no les podía invitar a los hermanitos Larrea, que fueron los primeritos en proponerle que se lance a la presidencia y que ahora, ¡oh!, están lejos, creo. Pero se ha de haber consolado al pensar que ellos sí han de llegar a la hora del postre.

Luego de enjugarse el rostro, ha de haber puesto a remojar el bacalao, para que se desagüe y ha de haber sentido un olor áspero, pungente, que no está de acuerdo con su carácter que es más bien ináspero e impungente. Entonces, para demostrarse a sí mismo que él sí es capaz de tomar decisiones, en lugar de bacalao ha de haber puesto achiote desaguado en maní, para que el caldo tome cuerpo.

De ahí le ha de haber llamado a la María Fernanda Espinosa para que le sople si ahora ya debía comenzar a mezclar todos los granos y ella le ha haber dicho que el éxito está en hacer una fanesca tipo light, digerible, que no caiga pesada y que, si la receta funciona, se podría cobrar a cinco mil dólares el plato siempre y cuando en el menú se incluyan unos chistes del chef y una conferencia sobre las bondades del perejil en el desarrollo sicosomático de la digestión cuántica per cápita. ¿Estás segura?, le ha de haber preguntado el licenciado. Y ella, segurísima, le ha de haber dicho que no solo cinco mil, sino hasta diez mil.

Puestos los chochos junto con las alverjas, los fánderes falconices con los alexisisis meras, los porotos con los choclos, los ivanes espineles con los migueles carvajales, los zapallos con las habas y los virgilios hernándeces con los jorges glases y con los humbertos cholangoses, la olla comenzó a hervir en un hervidero que para qué les cuento.

Horrible le ha de haber quedado la fanesca al licenciado, para qué también. Encima, no le puso ají porque dijo que él nues de los que se pican como el chef anterior y que por eso su fanesca es distinta y va a ser adornada solo con pedacitos de queso y huevos, pero tibios. Total, se comió dos platos: el de licenciado y el de presidente electo. Ojalá no se empache. Y no nos cobre.

Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo

15 de enero de 2017

¿Por qué no se calla?

Hubo un momento, durante esa cumbre en que el finado Hugo Chávez interrumpía sin cesar al presidente Rodríguez Zapatero, en que el rey Juan Carlos, exasperado, le lanzó un grito que pasó a la historia: ¿Por qué no te callas?

rafael correa twitter
Artículo del Pájaro Febres Cordero: ¿Por qué no se calla?

Es exactamente lo que provoca gritarle ahora al excelentísimo señor presidente de la República que, en medio del ruido de una campaña electoral bastante boba pero estridente, sigue hablando como si su voz fuera la única que el país tiene la obligación de escuchar, amplificada por los muchos medios gubernamentales que durante tres, cuatro horas, cumplen la orden de reproducir esos “informes” que en realidad tienen la forma de una basta, grosera alocución circense, mitad truculenta y mitad cursi.

¿Por qué no se calla y deja que hablen quienes están en campaña?

¿Por qué no se calla?, si ahora lo que necesitamos saber es qué diablos van a hacer con el país quienes aspiran a sucederle y lo encuentran endeudado hasta el cogote, con una crisis económica indomable, con miles de desocupados que deambulan sin horizonte, con una burocracia inútil, engordada hasta el hartazgo. Y, sobre todo, un país lacerado por el maldito cáncer de la corrupción.

¿Por qué no se calla?, si su discurso dura diez años y, aunque las mentiras y contradicciones lo han ido cruzando sistemáticamente, es el mismo: nunca un presidente de la República ha hecho tanto. Lo suyo es la perfección. Lo suyo es la sabiduría. Lo suyo es el altruismo. Lo suyo son, en síntesis, todas las virtudes y, entre ellas, la humildad: al pobrecito no le gustan las alabanzas, pero él mismo repite las loas que le dedican, las canta y las pregona; dice que no le gusta la pompa, pero se regodea con toda la dispendiosa parafernalia del poder; dice que no le gustan los reconocimientos, pero pone a trabajar a la diplomacia para que las universidades extranjeras le otorguen nuevos honoris causa; dice que es modesto, pero advierte que sus ecuaciones son las de un sabio que los alumnos deben memorizar para ahorrarse años de estudios de economía, una de las muchas ciencias que él domina.

Los errores, todos los errores, son siempre de los otros. Canallas. Miserables. Torpes. Ladrones. Corruptos. Eso –y mucho más– son los otros, esos que se atreven a cuestionar cualquier designio salido de su poder omnímodo, esos que se atreven a escribir algo con lo cual él no está de acuerdo, esos que osan refutar una cifra –cualquier cifra– que emerge de la cueva donde se alteran, protegen y esconden los datos oficiales.

¿Por qué no se calla, si ha logrado que quienes deberían fiscalizar los actos de su gobierno actúen según sus órdenes? ¿Qué necesidad tiene él de hablar públicamente si sus exigencias, aun las más recónditas, son satisfechas dócilmente por la Asamblea, convertida en una trastienda de su Palacio?

¿Por qué no se calla y, ante la inercia de ese Consejo Electoral ciego, sordo y mudo, sigue utilizando los medios gubernamentales para hacer campaña a favor de quien él quiere que le guarde las espaldas?

¿Por qué no se calla mientras organiza cómo salir por la ventana de un país que deja en los huesos luego del impúdico festín del que participaron sus conmilitones revolucionarios?

¿Por qué no se calla?


Autor:   Francisco Febres Cordero

Fuente:   El Universo
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