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14 de noviembre de 2017

Correa ha perdido (casi) todo

Resulta impresionante la forma como el gobierno de Lenín Moreno, en apenas seis meses, ha desmontado la estructura de poder creada por Rafael Correa. De ser un político todopoderoso, de ordenar y mandar como le daba la gana, de imponer sus criterios sobre el movimiento, el bloque legislativo, toda la institucionalidad y las funciones del Estado, de exigir lealtad y obediencia, ha pasado al oscuro refugio de un ático belga, solitario, cuestionado, con el tuit como único y triste medio de comunicarse con el país.

rafael correa perdido
Artículo de Felipe Burbano de Lara: "Correa ha perdido (casi) todo"

Imposible haber imaginado que en tan poco tiempo Correa lo hubiese perdido (casi) todo. El retroceso empezó con Jorge Glas. El hombre llamado a defender al correísmo en el nuevo gobierno se encuentra preso, y todo hace pensar que permanecerá tras las rejas un buen tiempo, acusado por un fiscal a quien también dejó de controlar. El personaje por quien Correa, Patiño, el bloque legislativo, la dirección nacional de AP pusieron sus manos al fuego, está enjuiciado por haber recibido –según la acusación– 13,5 millones de dólares a través de una red de corrupción. El discurso de las manos limpias enmudeció.

Perdió a su vicepresidente, el fiscal se le fue y su contralor huido en Miami.

Correa perdió el control del movimiento y del bloque legislativo. Alianza PAIS mostró la carencia de estructuras para procesar las diferencias profundas entre sus facciones. El rey solo es aclamado y cohesiona mientras está en el poder. Hoy las redes clientelares del movimiento ya tienen un nuevo patrón político. La crisis de Alianza PAIS muestra que no había movimiento, estructuras organizativas, proyecto, una comprensión compartida de la política, de la democracia y del cambio, que terminó siendo una red jerárquica dominada por Correa y el círculo más cercano de poder. La presencia de tantos cuadros correístas en el gobierno de Moreno solo se explica por un sentimiento de exclusión y resentimiento de quienes se creían parte de la revolución, pero fueron sistemáticamente marginados de las decisiones y del poder. Del movimiento le queda la dirección nacional, un reducto de incondicionales y de viudas.

Del bloque legislativo, solo un grupo minoritario sigue leal a su liderazgo, mientras la mayoría apoya a Moreno y a la consulta. Casi 50 asambleístas de AP no quieren que Correa vuelva al poder.

Y se diluye su legado, antes incuestionable como la obra magna del gran redentor del pueblo y las mayorías. Por todos los frentes, desde las mismas filas del movimiento, la herencia ha sido cuestionada. La gran transformación, la proclamada nueva época, alimentadas por los delirios refundacionales, muestran huecos negros profundos por donde se desvanece el relato de la década ganada. Los excesos de gasto, la ineficacia tecnocrática, el abuso de poder, la corrupción, la expansión sin límites de la maquinaria burocrática, quiebran el legado.

Y junto con el desvanecimiento ideológico de la herencia, se desvanece también el mito Correa. Todos, incluido Moreno, se encargaron de crear el mito de la gran personalidad histórica, del héroe popular. Y hoy ellos mismos comandan la destrucción.

Y perdió el aparataje de los medios públicos.

Ya se verá si todas estas pérdidas son suficientes para sepultar históricamente el correísmo en la consulta popular. Correa lo ha perdido (casi) todo. En un abrir y cerrar de ojos la política hizo un giro vertiginoso, sorprendente.


Autor:   Felipe Burbano de Lara

Fuente:   El Universo

8 de agosto de 2017

El inconfesable José Serrano

¿De qué tanto se quejan Rafael Correa y Jorge Glas por las negociaciones y amarres con los Bucaram? Han puesto el grito en el cielo para denunciarlas como el retorno del viejo país, del Ecuador de los repartos, y de ese modo seguir trazando una línea demarcatoria entre el anterior Gobierno, limpio, revolucionario e incorruptible, con el actual de su coideario Lenín Moreno. Glas llega al extremo alucinante de acusar al nuevo Gobierno de querer institucionalizar la corrupción. A quien todos los indicios vinculan con múltiples redes de corrupción, ahora anticipa la ruina moral del leninismo. Una audacia sin límites frente a todo lo que estamos viendo espantados: el tío, el excontralor, los exministros de Energía e Hidrocarburos, los exfuncionarios de Petroecuador, las hidroeléctricas, los pagos por servicios de cortesía… Frente a todo eso, Glas se rasga las vestiduras y Correa truena desde Bélgica.

articulo felipe burbano de lara
Artículo de felipe Burbano de Lara: "El inconfesable José Serrano"

Pero el inconfesable José Serrano, presidente de la Asamblea Nacional, cuyas ínfulas políticas y deseos de poder empezamos a desvelar, se encargó, todo tembloroso frente a las cámaras de Teleamazonas, de callar al expresidente y al actual vicepresidente con el tema Bucaram. Lo hizo mediante una declaración que es a la vez el reconocimiento de un acto inconfesable pero justificado por los fines nobles que buscaba: salvar el proyecto político y de paso a Glas. Serrano admitió un viaje a Panamá junto con Eduardo Mangas, una de las figuras más importantes del gobierno de Moreno. Al hacerlo, lanzó más suciedad a esta transición desquiciante que vive el Ecuador. “Pero lo que sí le puedo decir es que estos son los costos de proteger y defender a este proceso político. Y en ese proceso político, a nuestro vicepresidente de la República, Jorge Glas…”. Los hechos empiezan a coincidir. Abdalá Bucaram volvió, Dalito cerró su venenosa boca, y semanas después Correa empieza a denunciar el retorno del viejo país.

Las declaraciones de Serrano son extraordinarias por su franqueza y desvergüenza y a la vez porque constituyen una bomba política en contra de la revolución ciudadana. Es suficiente volverlas a reproducir para dimensionar su escandaloso significado: “Yo no voy a polemizar sobre el tema del viaje (…). Hemos tenido que tomar acciones durante el proceso de la campaña para que efectivamente ese proceso (se refiere a la revolución ciudadana) pueda ser el que triunfe en las elecciones del pasado 2 de abril. Entonces, en esa perspectiva, lo fundamental aquí es que nosotros y yo personalmente he hecho absolutamente todo lo que tenía que hacer para que este proceso triunfe, de manera legal, de manera lícita, de manera transparente, en esas elecciones (…)”. Causa risa su postura. De manera legal y transparente, dice. ¿Qué entiende Serrano por esas palabras? Si sus acciones son tan transparentes y lícitas, por qué pidió en la misma entrevista guardar los pormenores del viaje.

No cabe especular aquí sobre el costo al que se refiere Serrano para salvar el proceso y a Glas. Debe explicarlo él. Por lo pronto, basta recordar la expresión coloquial el pez por su propia boca muere. Frente a las acusaciones de Correa y Glas, Serrano se sintió obligado a contar el viaje a Panamá, pero al hacerlo hundió más a todos, lanzó una nueva estela de dudas e interrogantes sobre esta transición política marcada por el colapso de la estructura de poder de Alianza PAIS y la decadencia moral de su liderazgo. Y Glas advirtiéndonos de la corrupción en ciernes.

Autor:   Felipe Burbano de Lara

Fuente:   El Universo


José Serrano Reveló Que Viajó A Panamá Para... por Ecuadornoticias

18 de julio de 2017

Alexis Mera, una vergüenza

Alexis Mera encarna de la manera más acabada el baile de máscaras y camisetazos que define al momento poscorreísta que vive el Ecuador. De ser un fiel servidor de Rafael Correa, de haberse proclamado en varias ocasiones revolucionario convencido –lo cual en sí mismo era una demostración de que la revolución nada tenía de revolucionaria– hoy no tiene el menor empacho en aceptar –las malas lenguas dicen que se palanqueó hasta el cansancio– su nombramiento como embajador en Washington.

articulos opinion sobre alexis mera
Artículo de Felipe Burbano de Lara: "Alexis Mera, una vergüenza"

Tres reflexiones trae el “caso Mera”. Primera, su inconsistencia ideológica. No tiene ningún problema en pintarse del color ideológico que sea necesario para obtener gracias del poder. Fue asesor de Febres-Cordero, luego diez años de Correa y ahora se alineó rápidamente con Lenín Moreno. Mera se proclamó militante y servidor de un gobierno que levantó la bandera nacionalista, impugnó los tratados de libre comercio, defendió hasta el final la tragedia venezolana, levantó una retórica antiimperialista, proclamó una tesis fuerte de soberanía, y ahora irá a los Estados Unidos a representar a un gobierno que anunció un giro en las relaciones con ese país, su voluntad de recomponer íntegramente los vínculos diplomáticas y rehacer también los lazos con los organismos financieros internacionales. El revolucionario Mera se presta para cualquier cosa.

En segundo lugar, retrata la deslealtad que tanto le irrita a Correa del gobierno de su sucesor. Mientras el exlíder político despotrica contra Moreno, con acusaciones tan graves y dolidas, Mera hace maletas para irse a Washington. Mera es de los pocos excolaboradores íntimos de Correa –el otro es Ricardo Patiño, quien rápidamente aceptó un cargo de asesor político para trabajar junto con Gustavo Larrea– que no se han pronunciado sobre las críticas del expresidente al nuevo gobierno ni han pedido coherencia como lo hicieron los hermanos Alvarado. Ha guardado un silencio que habla de sus débiles convicciones y pobres lealtades.

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Tercera, muestra la propia inconsistencia de Moreno y los límites y ambigüedades de su gobierno. Mera es el responsable de muchas de las leyes más restrictivas de los derechos diseñadas por la revolución ciudadana –el Código Penal, la Ley de Comunicación– del manejo y control de la justicia, y de mantener a la Fiscalía y Contraloría –ahora sabemos quién era el contralor– bajo el dominio del Ejecutivo. Fue operador jurídico y político de un gobierno autoritario y represivo. Y a este señor, que construyó jurídicamente el aparato correísta, que siempre encontraba caminos legales para que la revolución operase políticamente, Moreno lo premia con la embajada en Washington. No hay coherencia ni consistencia de ninguno de los dos lados.

En personajes como Mera, la Revolución Ciudadana muestra sus penosas inconsistencias políticas y Alianza PAIS su deriva ideológica. A él se suman personas como Rosana Alvarado, Paola Pabón, Richard Espinosa, el propio Patiño, por dar solo unos pocos nombres, que entran en el giro y dan el camisetazo sin ruborizarse. En Washington, Mera irá a cumplir una agenda de reconciliación, de acercamiento, a sepultar las proclamas nacionalistas y socialistas del siglo XXI. Una vergüenza para Alianza PAIS, para la alicaída Revolución Ciudadana y para el gobierno de Moreno.


Autor:   Felipe Burbano de Lara

Fuente:  El Universo


Alexis Mera Defiende A Ricardo Rivera, Tío De... por Ecuadornoticias

20 de junio de 2017

Claudicación

Lenín Moreno cometió un penoso error político, seguramente obligado por las circunstancias, al haber permitido que circulara por las redes sociales aquella fotografía en la que aparece junto con Rafael Correa y sus más íntimos e incondicionales secuaces. Las risotadas de todos menos de Moreno –como hacía notar ayer en esta misma página Simón Pachano– lanzan un mensaje inequívoco al país: el poder no se ha desplazado un milímetro de quienes lo concentraron en los últimos diez años. Una estructura de poder en la sombra sentó a Moreno en el banquillo de los acusados, dio un manotazo sobre la mesa y puso las cosas de nuevo en su lugar. Y lo han mostrado con gran desparpajo a la opinión pública, para que a nadie le quede alguna duda.

lenin moreno alianza pais
Artículo de Felipe Burbano de Lara: "Claudicación"

Si es un tremendo error político, se debe a que la pregunta inevitable que levanta la fotografía es ¿quién gobierna el Ecuador? Lejos de transmitir la unidad del movimiento Alianza PAIS, muestra la sujeción y dominación sobre Moreno. Un mensaje penoso y muy temprano de claudicación que deja al Gobierno colgado frente a todas las intenciones de renovación política expuestas en el discurso a la nación de hace menos de un mes. Un mensaje penoso para recordarle al Ecuador, a toda esa mitad de electores que votaron por una renovación política y a la que Moreno ofreció cambios, dónde sigue el poder.

Si la lectura de la fotografía es correcta, entonces estamos ante la dificultad de un relevo de liderazgo en Alianza PAIS y ante la imposibilidad de Moreno para gobernar. Moreno no es nadie sin el movimiento –como lo muestran cada vez con mayor claridad los nombramientos políticos que hace– y el movimiento sigue siendo la expresión del poder de Correa. Si habíamos especulado con que la Revolución Ciudadana no sería nada sin Correa, ahora deberíamos decir que será la expresión distorsionada y decadente de un poder operando tras bambalinas empeñado en el inmovilismo nacional.

El manotazo sobre la mesa que llevó a la reunión y a la fotografía buscaba enderezar rápidamente los devaneos de Moreno. Los llamados de atención de Correa habían venido un día antes a través de largos tuits y de un extenso artículo publicado en El Telégrafo (dicho de paso, Correa cree que los medios privados, a los que critica tanto, abusan del poder como él lo hace a través de El Telégrafo. Acusa de inmoralidad a los medios privados para tapar la suya con El Telégrafo, al que utiliza como si fuese su periódico para defender sus verdades). El manotazo vino con una lista de exigencias: lealtad, presentar la lucha contra la corrupción como obra de su gobierno –¡tamaño descaro!–, tener a Alianza PAIS de su lado, defender la imagen de Jorge Glas y volver sobre el viejo discurso del golpe blando para estigmatizar a la oposición.

Si Moreno tomó la iniciativa en los primeros días, el manotazo de Correa sirvió para poner de nuevo todo en su lugar. En menos de un mes, el gobierno de Moreno se muestra maniatado, tomado por lo peor del correísmo como es Glas, el hombre de los grandes escándalos. El gobierno de Moreno se apaga rápidamente, pierde orientación, claudica, y se deja llevar por la inercia del poder, que es como decir la inercia decadente del correísmo. Un Moreno con poca capacidad de acción, con retoques superficiales de estilo, con iniciativas muertas, brota de esa penosa imagen.


Autor:   Felipe Burbano de Lara

Fuente:   El Universo

23 de mayo de 2017

Glu, glu, glu, glu…

La inundación de la Plataforma Financiera la semana pasada en Quito constituyó una metáfora dura del fin del correísmo y quizá también de la Revolución Ciudadana. Las impactantes imágenes mostraron de qué manera los afanes de la revolución por mostrarse monumental, en tiempos de tormenta (perfecta), llevaron a un colapso de las alcantarillas y a dañar el edificio con ríos de agua. La revolución desbordada a sí misma en sus excesos, ahogada por todos los costados. Glu, glu, glu…

plataforma financiera inundada
Artículo de Felipe Burbano de Lara: "Glu, glu, glu, glu..."

La Plataforma Financiera tiene un área de construcción de 132 mil metros cuadrados. La inversión inicial se estimó en 90 millones de dólares, pero su costo final fue de 200 millones, según publicó EL UNIVERSO. La obra fue construida por una empresa china a la que el Gobierno ha entregado 24 contratos por un valor mayor a 800 millones de dólares. Al caminar por todo el frente del edificio sorprende la gigantesca desproporcionalidad de la obra.

El monumentalismo infraestructural del Estado, una de cuyas expresiones patéticas es precisamente la Plataforma, constituye la proyección material del ego del presidente Correa: exhibicionista, ampuloso, grandilocuente, pensando más en la memoria que pueda guardar el país de su paso por el gobierno, que en un proyecto realista y viable de modernización estatal. La inundación convirtió a la Plataforma en un proyecto colapsado.

A la vez, la Plataforma simboliza una dimensión política del proyecto de la Revolución Ciudadana: el dominio del Estado sobre la sociedad a través de un desmedido crecimiento de su aparato para imponerse, regular, controlar y vigilar la vida de los ciudadanos. La década correísta se caracterizó por haber proclamado el retorno del Estado y el fin de la larga noche neoliberal. En sus primeros documentos, la capacidad de transformación de la sociedad fue definida a partir de un fortalecimiento de lo que la Senplades llamó la matriz del poder estatal. Para Correa y los ideólogos de Alianza PAIS, el cambio social iría hasta donde lo permitiera el poder del Estado, con sus inversiones públicas, el gasto social, la construcción de aparatos y burocracias, la proyección sobre el territorio, y la concentración y centralización del poder. A partir de esa enorme plataforma, Alianza PAIS se constituyó como la nueva élite poderosa de gobierno. Y desde allí se contagió de la enfermedad que acompaña a lo que muchos teóricos y filósofos llaman la “razón de Estado”: una sensación extraña de que todo poder estatal resulta insuficiente y requiere ser siempre fortalecido y racionalizado. Una glotonería política: más y más y más hasta inundarse y colapsar. Glu, glu, glu…

La segunda herencia política pesada que deja el correísmo es el control del Ejecutivo sobre todas las funciones del Estado. Dominio estatal sobre la sociedad para imponerle sin negociación alguna su agenda gubernamental, pero también dominio sobre las instituciones del régimen político para que expresen el poder de la mayoría y no un sentido republicano y representativo de lo público. Allí están las dos fuentes del autoritarismo de la Revolución Ciudadana, legitimadas ambas en la enorme popularidad del caudillo. El sistema institucional de balances y contrapesos desapareció para convertirse en la expresión de una voluntad política omnímoda. Los aliancistas han argumentado, con Correa a la cabeza, que esa voluntad se ha gestado en 15 oportunidades de forma mayoritaria en las urnas, lo cual es cierto. Pero han confundido la existencia de las instituciones democráticas con expresión electoral mayoritaria. Han seguido el libreto populista de las victorias en las urnas: todo para los ganadores, nada para los perdedores. Que ganen en las urnas para opinar fue un credo de Correa a lo largo de una década.

Las dos fuentes del poder autoritario, más el monumentalismo del ego correísta, que ha querido verse reflejado en los edificios y en los cantos que deja la revolución para que el alma popular nunca la olvide, han llevado a restricciones sistemáticas de las libertades y derechos políticos, a instaurar un clima de hostilidad, de polarización constante, a levantar un poder infraestructural y simbólico del Estado gigantesco, excesivo, desproporcionado, que la semana pasada, a siete de días del cambio de mando, colapsó por un taponamiento de las alcantarillas. Triste y dolorosa metáfora de este fin de ciclo político. Glu, glu, glu…


Autor:   Felipe Burbano de Lara

Fuente:  El Universo



Se Inundó La Nueva Plataforma Gubernamental por Ecuadornoticias

9 de mayo de 2017

Caretucos, serviles y vitalicios

En su retirada del poder, el correísmo deja una estela con malas herencias a la sociedad ecuatoriana. Se trata de una suerte de reafirmación final, en los últimos días, de personajes, principios y valores que muestran el lado decadente de la revolución ciudadana.

freddy ehlers y carlos ochoa
Artículo de Felipe Burbano de Lara: "Caretucos, serviles y vitalicios"

Empecemos por un par de personajes de comedia, Freddy Ehlers y Carlos Ochoa. Ehlers ha sido, con razón, objeto de mofas y burlas en las redes sociales, que expresan una profunda indignación por su triste desempeño en la función pública. En el lenguaje de las sabatinas se lo podría llamar un caretuco, un aprovechado, un arrimado del poder. Ehlers retrata la insensibilidad e indiferencia de la revolución ciudadana a los malestares, razonables y justificados, de amplios sectores ciudadanos al abuso de la función pública. En términos políticos y filosóficos, retrata la ruina moral del buen vivir, el buen vivir transformado en una felicidad hueca, vacía, superficial, permanente, de abrazar troncos de árboles, pedir minutos de silencio y pasearse en bicicleta por la bella ciudad francesa de Grenoble.

A una nariz de Ehlers, pegadito, Carlos Ochoa. Si Ehlers sepultó el buen vivir, Ochoa glorificó el servilismo del poder, la pérdida de honor y dignidad personal. La última sanción a siete medios privados por no haber publicado el reportaje de Página 12 sobre Guillermo Lasso mostró hasta dónde estaba dispuesto a ir para complacer al caudillo y satisfacer su propio resentimiento hacia los medios. Anunció la sanción con una sonrisa de oreja a oreja, más grande y ancha que el ostentoso ejercicio que hace del poder. Ochoa les recordó a los medios privados quién define el interés público y quién tiene los instrumentos legales para imponérselos a la sociedad.

Correa, por su parte, deja definido lo que Hernán Pérez Loose llamó en esta misma página hace una semana un manual perfecto de la corrupción. Lo que en lenguaje jurídico se entiende como “coima diferida”, a propósito del millón de dólares recibido por el exministro Alecksey Mosquera –hoy preso– por parte de Odebrecht, fue transformado por el presidente en un arreglo entre privados. De ese modo, dejó abierta una amplísima vía para disfrazar la corrupción. Y tan penosa como la declaración presidencial fue la rectificación inmediata de Galo Chiriboga, por pedido de Correa, al supuesto error cometido por la Fiscalía en un boletín de prensa sobre el mismo caso. Chiriboga retrata no solo la cursilería y el mal gusto del poder en tiempos refundacionales, sino la diligente claudicación de la independencia política de las funciones del Estado.

Cierra esta triste estela de huellas la manipulación de las cifras sobre el crecimiento del empleo en el cuarto trimestre del año anterior con el único fin de disfrazar la complejísima situación económica del país y de ese modo no dejar ninguna duda sobre la excepcionalidad de Correa. Nada, absolutamente nada, que pueda opacar la salida triunfante, apoteósica, del líder populista del siglo XXI ecuatoriano. Tan excepcional, tan genial es el líder, que la VI Convención Nacional del movimiento lo despidió declarándolo, en un gesto ideológico de tono decimonónico, su presidente vitalicio. Además de todo, insustituible. ¡Viva la Patria! ¡Hasta la victoria siempre!


Autor:   Felipe Burbano de Lara

Fuente:   El Universo



Freddy Ehlers Hizo El Ridículo en Cumbre Mundial por Ecuadornoticias

18 de abril de 2017

Lasso, la democracia y el fraude

Tengo la impresión de que ni Guillermo Lasso ni todas las oposiciones –en plural– que se juntaron alrededor de su candidatura están conscientes de lo alcanzado en la segunda vuelta electoral. Por supuesto que la aspiración era ganar, poner fin a la revolución ciudadana y al correísmo, pero el avance opositor fue notable. Lenín Moreno había pronosticado un triunfo sobre el banquero –como despectivamente se refería a su rival– con dos millones de votos en la segunda vuelta electoral, y apenas se impuso –según los conteos oficiales– por 226 mil. Los apoyos a Lasso crecieron 2,18 millones de votos, mientras los de Moreno 1,34 millones.

Guillermo Lasso vs Lenin Moreno
Artículo de Felipe Burbano de Lara: "Lasso, la democracia y el fraude"

Lasso triunfó en 13 provincias y alcanzó victorias notabilísimas en las principales capitales provinciales del país. Mostró, como ya se había visto en las elecciones locales del 2014, las fragilidades territoriales del movimiento de Gobierno. Lo hizo a pesar de tener todo el aparato gubernamental en su contra, la manipulación impúdica de los medios públicos, el abuso de los recursos estatales en la campaña oficialista y de la campaña sucia. Lasso mostró el miedo de Moreno para debatir con él, el terror que le tiene al espacio público. Desnudó la pobreza del nuevo liderazgo de Alianza PAIS, los abismos de calidad política que separan a él del relevo de Correa.

Lasso logró que amplios sectores de la izquierda, algo antes impensable tratándose de un exbanquero, se pronunciaran abiertamente a favor suyo en la segunda vuelta. Allí quedan como testimonio los pronunciamientos de escritores, pintores e intelectuales. Lasso mostró tolerancia, apertura, capacidad de diálogo. Contestó todas las preguntas duras que le hicieron en múltiples entrevistas sin molestarse ni incomodarse, aplomado, con argumentos. Le infligió una herida profunda a la revolución ciudadana al mostrar que la democracia puede estar del lado de la derecha y no de la izquierda como cree el sentido común de la política. Se mostró infinitamente más democrático y abierto que el correísmo. Mostró que puede haber una política pluralista, liberal, abierta, que oye otros argumentos, que debate con ellos seriamente y no los descalifica. Su pluralismo contrastó con el enclaustramiento de Lenín Moreno.

Su contribución a la democracia fue abrir el espacio político y visibilizar la presencia de 5 millones de ecuatorianos que aspiran a un país con un manejo político radicalmente distinto. Lasso definió con su lucha un nuevo escenario para el Ecuador después del larguísimo dominio de Alianza PAIS. Tuvo la valentía de enfrentarse a un poder autoritario, abusivo, prepotente, represivo, turbio. Quizá, efectivamente, fue derrotado por muy poco, pero desnudó con mucha altura las limitaciones del movimiento de Gobierno. El banquero les puso a temblar y los ha dejado temblando.

Lasso cometió un solo error en la segunda vuelta: proclamarse triunfador de la elección muy tempranamente sobre la base del exit poll de Cedatos. De allí en adelante, en lugar de capitalizar lo conquistado para seguir trazando las agendas del Ecuador poscorreísta, se puso a jugar con fuego deslizándose al pantanoso terreno del fraude. Y en ese desliz, los avances alcanzados corren el peligro de corroerse y distorsionarse.


Autor:   Felipe Burbano de Lara

Fuente:   El Universo

14 de marzo de 2017

El desquiciamiento de Correa

La transición política que enfrenta el Ecuador con el proceso electoral tiene como telón de fondo el dramático fin de un liderazgo caudillista que vive con extrema ansiedad y angustia su retirada del poder en medio del derrumbe del proyecto revolucionario de Alianza PAIS. El presidente Correa no sabe cómo enfrentar las elecciones y menos todavía cómo facilitar la transición democrática, pacífica, de gobierno. Remueve el escenario todos los días con decisiones abruptas (como la de los militares), amenazas desestabilizadoras y llamados a la violencia.

rafael correa loco
Artículo de Felipe Burbano de Lara: "El desquiciamiento de Correa"

Correa ya anticipó el rol desestabilizador que jugará si triunfa en las elecciones Lasso. Lo hizo con su habitual arrogancia y soberbia: “La mejor manera de tenerme lejos es que se porten bien. Si se portan mal, me les presento y los vuelvo a derrotar”. Quiere someternos a una conducta, mantener intocado su propio legado, o exponernos al castigo. Si se portan mal… Aún se siente invencible e insustituible. La declaración solo muestra el juego del poder caudillista: generar un vacío político hacia el futuro para volver a sentir el llamado mesiánico. La revolución ciudadana es impensable fuera de Correa. Correa no cree en nadie salvo en él. Ni siquiera cree ni respeta a Lenín Moreno.

A su lenguaje amenazante le siguieron, unos días después, incitaciones a la violencia. No puede admitir la existencia de malestares frente a su gobierno; y si los hay, pues que se silencien, o si no caerá el castigo. En Ventanas, el jueves pasado, un grupo de ciudadanos gritaba: “¡Mentira, mentira!”, mientras Correa informaba sobre la situación del hospital local. Hasta que perdió la cabeza: “Bueno, compañeros, qué pena, es todo lo que les puedo ofrecer, si es tan malo lo cerramos, me avisan, me avisan para cerrarlo”. ¿Quién se cree Correa? Pues un señor intocable con arranques despóticos. En Correa la gestión pública, la calidad de los servicios estatales quedan sujetos a un criterio de patrón: o acepten o aténganse a las consecuencias. Correa representa un anacronismo histórico en términos de respeto a los ciudadanos y reconocimiento de sus derechos. Él define cuáles son los derechos exigibles y cómo se los puede atender.

No queda allí el incidente. En la sabatina vino otro arranque inaceptable: pidió a sus huestes reaccionar frente a los ‘infiltrados’, ‘instigadores’, ‘majaderos’ de Ventanas. Correa quiere hacerse respetar a golpes. “O controlan a estos majaderos o los controlo yo, y se va a armar la grande porque yo me haré respetar”. El patrón ha perdido todos los estribos.

La transición de una estructura caudillista de liderazgo toma formas despóticas en este fin de ciclo político. El caudillo no resiste la idea de abandonar el poder, menos la sensación de ruina política y moral que rodea a su promesa redentora y refundacional. Ahí están Capaya y el primo soltando basura. Claro que da vergüenza escucharlos, convertidos en piezas electorales, pero esos engendros de inmoralidad, traición y corrupción son productos revolucionarios. Correa lo sabe. No resiste la brecha insalvable entre el milagro prometido, la refundación de la patria y la penuria moral que nos invade. Esa brecha insoportable explica su ansiedad y su desquiciamiento en el espacio público.


Autor:   Felipe Burbano de Lara

Fuente:  El Universo


Correa amenaza con cerrar hospital en Ecuador por ecuadornoticias

21 de junio de 2016

¡Todos estamos agotados!

Ninguna frase de la larga intervención del presidente Rafael Correa en su último informe a la nación –el pasado 24 de mayo– fue tan contundente, clara y compartida por buena parte de los ecuatorianos como aquella de que el Ecuador debe descansar de él y él del país. ¡Todos estamos agotados!, efectivamente, de esta presencia abrumadora suya en el campo político, del absolutismo correísta, de tanta vanidad y arrogancia en el manejo de lo público –dueño de la verdad–, de tanto personalismo, de tanta descalificación y maniqueísmo de buenos y malos. Quizá le faltó decir al presidente que la revolución ciudadana, con su promesa refundacional, está cansada también de sí misma, agotada, sin otro destino, por el momento, que despedir al caudillo con todos los honores, llevarlo al panteón nacional de los héroes y encontrar un relevo decente para enfrentar las próximas elecciones.

Artículo de Felipe Burbano de Lara:  "¡Todos estamos agotados!"

Son dos retiros simultáneos los que vive el país: del caudillo y de la revolución ciudadana. Se va Correa y con él se acaba un proceso, un ciclo. Se llega al fin de un momento político del Ecuador íntimamente ligado a una estructura carismática de liderazgo, una versión populista del siglo XXI. Pero se acaba también el proceso iniciado en el 2007. Y por más que nos han repetido que el país cambió, que ya es otro, la transición nos coloca frente a incertidumbres y desafíos tan grandes, quizá incluso mayores, de aquellos que teníamos cuando Alianza PAIS llegó al Gobierno y emergía un horizonte posneoliberal, en medio del giro a la izquierda de América Latina. La esperanza se trocó en cansancio, en agotamiento emocional, en polarizaciones interminables, que se estrellaron siempre ante la intolerancia presidencial, una visión empobrecida de la democracia y el abuso sistemático de su mayoría parlamentaria. Han hecho lo que han querido, han aprobado todas las leyes que se les vino en gana, han multiplicado los recursos de su poder burocrático como no se había visto nunca antes, han engordado la institucionalidad del Estado, la han llevado a todos los ámbitos imaginables, han metido sus intereses en cuanto campo se puede imaginar, con la más absoluta falta de transparencia en el manejo de las finanzas públicas.

Si hay que sentirse aliviados con la transición se debe a que constituye, en muchos sentidos, una derrota de los afanes de perpetuación en el poder del propio Correa, de creerse eterno, irreemplazable, de pensar que el país se rendiría, finalmente, ante su inmenso poder, como se rindió Alianza PAIS. Se va agobiado por las circunstancias, por la crisis del petróleo, por el agotamiento de su política estatal y fiscal, por el triste golpe del terremoto, porque el país tiene más fisuras y problemas de las que él imaginó. Se va porque todos nos cansamos de su liderazgo y del enorme poder que llegó a concentrar.

Pero se va el caudillo y queda el Ecuador. Paradoja de este fin de ciclo. Quien proclamó día y noche su amor a la patria, su patriotismo sin límites, incondicional, se irá a un exilio dorado en Bélgica. Mientras tanto, el país queda agobiado por la crisis, con dos años por delante de severos retrocesos económicos y productivos, con el endeudamiento al límite, con una cadena interminable de atrasos y pagos pendientes, y sin ninguna transparencia de las finanzas públicas.

Bienvenida la transición, y abajo el caudillismo.


Autor:   Felipe Burbano de Lara

Fuente: eluniverso.com

3 de mayo de 2016

¿Enloqueció Correa?

La 'Revolución Ciudadana' nos está llevando a un clima de exasperación y conflicto social por su incapacidad para ajustar su modo de entender la política al contexto del país tras el terremoto. Mientras una corriente fuerte invoca un espíritu de unidad para enfrentar el reto de la crisis y la reconstrucción, Correa divide y polariza. Cuando el presidente plantea el voto de los opositores a favor de las medidas impositivas como condición para suspender las sabatinas y la Secretaría del Buen Vivir, revela que no entiende el momento. Proponer la unidad a través de la transacción y el chantaje resulta descabellado. Haber terminado la cadena nacional en la que anunció los nuevos impuestos con la consigna ‘hasta la victoria siempre’, confirma que no entiende la urgencia de un clima político distinto. Aunque el Ecuador y el presidente estén acorralados, él sigue en el delirio de su fantasía política, ‘hasta la victoria siempre’.

rafael correa loco
Artículo de Felipe Burbano de Lara: "¿Enloqueció Correa?"

El clima de exasperación se manifiesta en las redes sociales con la celebración del puñetazo propinado al ministro Javier Ponce. Se convierte al coronel en héroe y se lo invita a seguir partiendo ‘jetas’ ‘robolucionarias’. Pésimo síntoma. La política como la entiende Correa lleva a la sordera, a distancias infranqueables. Correa no es capaz de poner sus pies y su mente fuera del terreno amigo/enemigo. Para él, la política se orienta por el conflicto, o no es política. En reiteradas ocasiones, la última de ellas en su reciente intervención en el Vaticano, ha repetido que el consenso paraliza la democracia porque se convierte en una estrategia para eludir las diferencias de poder en la sociedad. ¡Pero el terremoto creó una condición excepcional en el país! La solidaridad, la cooperación, la ayuda a los damnificados, sus urgencias, la reconstrucción, exigen llevar la política a otra dimensión, pero Correa la devuelve al antagonismo. Si la oposición, como cree el presidente, sigue metida en un juego bajo e inmoral, pues muestre su superioridad sacándola de ese pantano. Pero no, él la ensucia más.

Ni una sola concesión a los puntos sensatos sugeridos por sectores que también piensan y sienten el país. Organizar una junta de reconstrucción amplia y con cierta independencia no encuentra ningún eco. La semana pasada en Jaramijó la reunión de reconstrucción fue una gigantesca mesa de ministros y funcionarios públicos. El comité de reconstrucción lo presidirá Glas y lo conforman cuatro ministros, un prefecto y dos alcaldes. ¡Que nadie se entrometa en asuntos del Estado! ¡Nosotros somos la patria!

Hay la sensación creciente de que el presidente ha perdido la cordura. ¡Obvio! Cómo no la va a perder si sobre sus hombros descansa la tarea mesiánica de la salvación, si él es el líder carismático del siglo XXI ecuatoriano. Su locura expresa el desvanecimiento de sus cualidades extraordinarias y mágicas ante tantos colapsos simultáneos. Tan loco está que él puede establecer, como argumentó José Hernández, sobre qué pueden y deben llorar los damnificados para no ir presos. La pérdida de cordura del presidente es la consecuencia inevitable de reconocer como irrealizable y fracasada la misión salvadora, el héroe carismático delirando frente a su impotencia. Miedo, terror de que el país lo vea débil, derrotado.

La revolución nos exaspera, nos lleva al límite, con el líder carismático fuera de sí.


Autor:  Felipe Burbano de Lara

Fuente: Diario El Universo

21 de octubre de 2015

El Super Vinicio

El presidente Rafael Correa ha resuelto su última crisis ministerial concediéndole mayores poderes –plenos poderes diríamos– a Vinicio Alvarado como nuevo ministro coordinador de la Producción, pero quien también ejercerá un control sobre las dos secretarías nacionales más poderosas del Ejecutivo, la de Planificación y la de Administración General, a través de dos personajes de su absoluta confianza. Alvarado es un personaje raro: le han dado fama de genio, le fascina el poder, Correa ha desarrollado una dependencia umbilical hacia él, y se mueve siempre por fuera de la esfera pública, en las sombras (¿alguien sabe cómo piensa?, ¿cómo entiende al Ecuador?, ¿cuál es su visión del país?). Primer efecto del cambio ministerial será, pues, una mayor concentración del poder en un personaje extraño, que hará más opaca –menos pública– la gestión gubernamental.

Editorial Felipe Burbano de Lara
Vinicio Alvarado, ministro coordinador de la Producción
 
Segundo efecto: aumenta el desconcierto frente al rumbo de la revolución ciudadana y se afecta la propia credibilidad del Gobierno en momentos de ajuste. Se suponía que el diálogo por la equidad y la justicia llevado a cabo por Pabel Muñoz desde la Senplades pretendía ser una respuesta a las distancias del Gobierno con los sectores sociales. Resulta, sin embargo, que en pleno proceso Muñoz se acuerda de su doctorado. Parece una actitud poco seria frente a un tema tan publicitado. La salida de Nathalie Cely, mientras tanto, deja a los empresarios en suspenso ante el proceso avanzado con ella en torno a las alianzas público-privadas. Cely, desde hace rato, nadaba contra corriente dentro del Gobierno, en un ambiente ideológico tensionado por las diferencias internas y los mensajes erráticos desde el propio presidente Correa.

Si son ciertos los rumores de una agria disputa entre Cely y Muñoz, causante de la salida de ambos, entonces resulta claro que la designación de Alvarado resuelve la crisis a favor de la derecha gubernamental, aquella que cree en los negocios, el mercado, con buenos contactos y poder, pragmática, en perjuicio de la visión más estatista, tecnocrática y socialista de la gestión, representada por Senplades. En términos ideológicos, Alvarado está mucho más cerca de Cely que de Muñoz, aunque no represente lo mismo que la exministra.

Si con los cambios últimos la orientación gubernamental se redefinirá en el tipo de ajuste que prime frente a la crisis, en la práctica cotidiana de la revolución ciudadana la esquizofrenia entre visiones contrapuestas subsistirá porque el presidente Correa, como lo ha mostrado en los últimos sábados, está muy lejos de ajustar su retórica y su compromiso político con los cambios de timón y orientación que viene dando su gobierno. Su función será muy concreta: negar, ocultar hasta el final, el ajuste, hacer de mago ideológico con su capital político desde cualquier tarima donde se suba.

Alvarado ha inclinado a su favor la batalla ideológica de la revolución ciudadana en un momento crítico. Ha ratificado que es el personaje de quien Correa no puede prescindir. Con su victoria, de la izquierda apenas quedan unos recuerdos y unos cuantos despistados sin saber qué rumbo tomar: si aplaudir el discurso de la tarima de los sábados, si hacer sus maletas e irse, o si seguir, como hasta ahora, soportando en silencio, con espantosa resignación política e ideológica, el caótico rumbo al que les (y nos) conduce un desorientado caudillismo.


Autor:  Felipe Burbano de Lara

Fuente: El Universo

6 de octubre de 2015

El triste fin de la Revolución

El recorrido de la revolución ciudadana en sus largos nueve años nos ha conducido al punto del cual quiso alejarnos de modo definitivo: el ajuste. Se puede atribuir esta trayectoria a un fracaso de la agenda posneoliberal, es decir, del programa de Gobierno esbozado por Alianza PAIS para sacarnos del peor de los mundos, el neoliberalismo. Resulta una paradoja, sin embargo, que después de nueve largos años de hablar de refundación nos encontremos hoy no solo en un momento de enorme incertidumbre –una crisis de sentido político–, sino inmersos en un horizonte de ajuste económico con sus secuelas y reversiones sociales.
   
el triste fin de la revolución
Artículo de Felipe Burbano de Lara: "El triste fin de la Revolución"

Se trata, a no dudarlo, de una vuelta al pasado, aunque el Gobierno aún no quiera reconocerlo ni admitirlo con claridad. Mientras Rafael Correa acusa a la oposición de querer revertir los logros alcanzados desde el 2007, han sido los propios excesos y la falta de realismo y objetividad de los revolucionarios los que han provocado la regresión. Hoy vivimos el ajuste de un modo extraño: como un deterioro persistente de la economía y las condiciones sociales, sin tener una visión clara de hacia dónde vamos y cómo corregir el rumbo. No tenemos orientación porque se trata de un destino vergonzante para la revolución: ¿cómo proclamar su propio fin y el inicio del ajuste y de los tiempos duros después de nueve años de perorata refundacional en medio de la mayor bonanza de las últimas décadas?

Tres datos muestran la vuelta al pasado: el Gobierno golpea las puertas –en la oscuridad de la noche– del FMI para pedir auxilio financiero. Después de tanta alharaca posneoliberal, de exaltar el gasto y la inversión pública como pilares de una sociedad justa, de condenar el mercado, el pedido de auxilio al Fondo resulta vergonzante, impresentable. Segunda señal: ahora se hacen todas las concesiones posibles al sector privado después de haberle dado la espalda durante nueve años. Las alianzas público-privadas y el anuncio del presidente de que se venderán las gasolineras de Petroecuador, un negocio muy rentable del Estado, marcan el cambio de rumbo. Y un tercer síntoma: el exvicepresidente de la República Alberto Dahik sale de las catacumbas para volverse el interlocutor neoliberal respetado por el Gobierno.

El momento que vive el país muestra los efectos perversos de las proclamas refundacionales sobre la conciencia de quienes las usaron para presentarse como moralmente superiores a todos quienes les precedieron en el poder, sin excepción. Los aliancistas y sus simpatizantes, con Correa a la cabeza, terminaron, como diría Marx, presos de sus propias fantasías ideológicas, atrapados por sus fantasmas, con sus conciencias enajenadas, sin posibilidad de medir sus fuerzas y sus alcances. Ese sentimiento de un poder sin límites, refundacional, hoy naufraga en sus propios excesos. La soberbia posneoliberal, envuelta en una retórica refundadora de condena a todo tiempo pasado, nos ha llevado a un punto similar al que dio origen a un ciclo neoliberal en los inicios de los años 80. ¡Qué tragedia!

Resulta una cruel ironía de la historia que los refundadores nos hayan llevado al comienzo de un nuevo momento neoliberal después de restregarnos en la cara uno a uno sus milagros. Triste final de la Revolución Ciudadana. Triste y dramático para todos por lo que se viene, y vergonzante para ellos.


Autor:  Felipe Burbano de Lara

Fuente: El Universo

22 de julio de 2015

Elogio de los periodistas

¡Qué sería de nosotros sin los editoriales matutinos de Diego Oquendo en radio Visión y de sus entrevistas! O sin el espacio de diálogo y discusión crítico y desafiante en radio Democracia con Gonzalo Rosero; o en radio Platinum con Miguel Rivadeneira y Gonzalo Ruiz. ¡Qué sería de nosotros sin los penetrantes y esclarecedores artículos de José Hernández! O sin esas piezas notables de análisis periodístico de Roberto Aguilar; sin las investigaciones de Plan V y La República. ¡Qué sería de nosotros si no pudiéramos regresar en las tardes a nuestros hogares con los diálogos de Andrés Carrión, un periodista “descomplicado”. O si no tuviéramos los noticiarios de Teleamazonas y Ecuavisa, las ediciones diarias de El Comercio, EL UNIVERSO, Expreso y La Hora.

Los mejores periodistas de Ecuador
Periodistas de Ecuador

Quienes hemos pasado por las salas de redacción sabemos la tarea enorme que significa producir todos los días un noticiario y más todavía un periódico. Tarea inmensa y apasionante: acompañar al país, a la sociedad, en su vida política, cultural, social, económica, a través de sus acciones cotidianas, su hacerse diariamente, descifrar los acontecimientos y sus sentidos, las múltiples voces irreductibles en cada uno de ellos. En medio de nuestras necesidades informativas, de opinión y discusión, ¡cómo no extrañar al diario Hoy, a su página editorial, que marcó tantos momentos cruciales en el esfuerzo por construir una visión radical de una democracia plural!

Cómo no elogiarlos en el marco de un proceso político que ha pretendido ponerlos contra la pared, sometiéndolos a toda clase de presiones para asfixiarlos, amedrentarlos, cansarlos, desgastarlos, descalificándolos cada sábado para arruinar su credibilidad. Y allí están más fuertes que nunca, más claros y lúcidos, más comprometidos e indispensables, con una trayectoria larga a cuestas que pesa más que un gobierno transitorio que no ha sabido entender la complejidad de las libertades y que despliega las peores armas, en manos de seres insustanciales, para sancionarlos y acosarlos. En dos años de vigencia de la Ley de Comunicación, el inefable Carlos Ochoa exhibe como triunfo 313 sanciones impuestas a los medios privados. Dice que es para educarlos. Él, sin ninguna trayectoria importante, sin mucho para mostrar, sin méritos profesionales, ¡educa a los medios! Se despliega ese enorme poder estatal con la mirada silenciosa, cómplice, de quienes en su momento fueron parte de lo que el oficialismo llama prensa corrupta, personajes que claudicaron en sus valores y principios por ocupar cómodamente ministerios y embajadas importantísimas, primos que hicieron un giro de 180 grados frente a sus convicciones, que han guardado un silencio inadmisible, oportunista, frente a todos los atropellos.

Sin ese contingente enorme de pensamiento, reflexión, análisis cotidiano de lo que ocurre en el país, generador de información, que nos desafía a pensar, a involucrarnos como ciudadanos en el devenir del Ecuador y sus problemas; que nos lleva a tomar posiciones, cualesquiera que estas sean, viviríamos en la ingenua y tonta felicidad del señor Ehlers, convertido en el emblema del despilfarro y la desfachatez. A todos esos periodistas que han ratificado hoy más que nunca su compromiso con la profesión, con su independencia, sacrificando incluso su bienestar y tranquilidad, un elogio y una admiración.


Autor: Felipe Burbano de Lara

Fuente: El Universo

13 de marzo de 2012

Velasco, Bucaram y Correa

Rafael Correa goza de enorme legitimidad política, es decir, de un reconocimiento mayoritario de los gobernados hacia su liderazgo político. Las mayorías -siempre ambiguas y anónimas-se han rendido a Correa. Lo muestran sus recurrentes victorias plebiscitarias y electorales, su capacidad para movilizar apoyos sociales y el respaldo permanente en las encuestas. El fenómeno Correa resulta intrigante. ¿Cuáles son sus secretos? En un país tan volátil en sus adhesiones políticas y tan desleal frente a sus liderazgos partidarios y personales, Correa resulta una excepción. Si, como sostienen algunos investigadores, él es un heredero de la tradición populista en el Ecuador, cabe preguntarse ¿qué le diferencia de sus antecesores?

Mi visión es que conjuga elementos velasquistas y bucaramistas, ilustrados y plebeyos. De Bucaram, aprendió su capacidad para romper el orden simbólico de la política identificándolo como un orden de las élites. Bucaram y Correa usan términos bastante similares -"aniñados", "pelucones"- para descalificar a los grupos de poder y movilizar a los sectores populares en su contra. Cuando rompen el orden simbólico de la política, una frontera que se construye artificial y retóricamente, encarnan las emociones populares: sudan, cantan, se suben a las tarimas, gritan, deliran. Pero tiene algo de Velasco: sus rasgos más intelectuales y elitistas. No es el filósofo que cita a Teilhard de Chardin, pero es un profesional con PhD de universidades gringas y europeas que deslumbra con su conocimiento y manejo tecnocrático de los asuntos estatales. Correa amalgama, pues, rasgos del populismo bucaramista -de las periferias, del afecto, del resentimiento hacia los ricos- con esa encarnación intelectual de Velasco, que lo diferenciaba del pueblo y de la vulgaridad de las élites partidarias.

velasco bucaram correa
Los mayores líderes populistas de Ecuador

Aparte de juntar esas dos tradiciones, ¿qué más agrega Correa al populismo? La extracción social de sus cuadros: gente de clase media con una formación académica en su respectivo campo. Se trata de un grupo social que opera como una bisagra entre las aspiraciones de movilidad y ascenso social de las clases medias -en una sociedad fuertemente estamental- con una solidaridad hacia los pobres y excluidos. El discurso en contra de las élites junta dos vertientes: el mérito por encima de la condición de clase -la meritocracia de la clase media como herramienta de ascenso y conquista de derechos para gobernar- y el vínculo con los sectores populares desde una vertiente estatal populista.

Correa encarna los anhelos de la clase media, pero en solidaridad con los pobres. Una clase media que acumula gracias al Estado pero que reparte desde el Estado en un momento de auge y festín petrolero. Descompone el orden desde una lógica de confrontación populista/bucaramista pero lo recompone desde un proyecto de clase media amparado en un Estado tecnocrático fuerte y centralizado.

Bucaram descomponía el orden político dominado por lo aniñado y lo pelucón, pero nunca lo recomponía, por eso no duró en el poder. Correa lo descompone, crea el vacío y el antagonismo constantes, pero lo reconstituye todo el tiempo mediante un poderoso aparato estatal legitimado en su personalismo y en la firme voluntad de aplastar -literalmente- cualquier amago de contesta.


Autor:   Felipe Burbano de Lara

Tomado de:   Diario HOY
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