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17 de abril de 2019

Pan, circo y libre expresión

Hace más de tres décadas, la Corte Interamericana de Derechos Humanos resaltó, en su emblemática Opinión Consultiva OC5-85, el papel importante de los medios de comunicación en un Estado democrático. Entre otras cosas, esa importancia se debe a la posibilidad que tienen los periodistas de investigar y denunciar a los funcionarios públicos, y de alertar a la ciudadanía sobre el cometimiento de posibles actos de corrupción por parte de éstos. El estándar esgrimido en la OC5, es, por supuesto, vinculante para el Estado ecuatoriano en virtud del principio de control de convencionalidad.

Editorial de María Dolores Miño: "Pan, circo y libre expresión"
Artículo de María Dolores Miño: "Pan, circo y libre expresión"

En meses recientes, el papel de la prensa ha sido fundamental para dar seguimiento a la gran cantidad de actos de corrupción perpetrados por miembros del anterior y actual gobierno. En ciertas ocasiones, han propiciado que se inicien investigaciones y se sancionen a algunos culpables. La importancia que juegan los medios y los periodistas en el combate contra la corrupción es innegable, y se les debe asegurar un ejercicio libre de hostigamiento, inseguridad e injerencias arbitrarias.

No obstante, el noble papel fiscalizador de la prensa no puede confundirse con una carta blanca para cometer actos que hoy por hoy se consideran violencia política contra las mujeres. Para nosotras, esa violencia se traduce a insultos personales, ataques a nuestra apariencia física, sugerencias sobre posible inestabilidad mental, o injerencias en nuestra vida amorosa o sexual. Con ello, no solo se incurre en un abuso del derecho a informar, sino que además, se priva a la ciudadanía de conocer lo que sí es importante: el hecho de que una funcionaria pública haya abusado de su posición de poder para beneficiarse a sí misma o a sus allegados, o el hecho de que haya llegado a un alto cargo público sin contar con los mínimos requisitos para ello.

Desafortunadamente nuestro medio es aún machista, incluso a la hora de fiscalizarnos: en la mayoría de casos, lo que las mujeres hacemos en el ámbito público queda opacado por cuestiones personales e intrascendentes, que poco o nada aportan para evaluar la calidad de nuestra gestión o a medir nuestras capacidades.

Es penoso, por tanto, que en los necesarios debates sobre los posibles actos de corrupción cometidos por la Vicepresidenta alrededor de la alegada obtención fraudulenta de su título, se llegue a la bajeza de compararla con un cerdo de caricatura. Más grave aún, es que eso, que no es más que un acto de violencia política contra las mujeres, se justifique bajo el nombre de un derecho tan importante como la libre expresión. La ciudadanía se merece información que le aporte elementos suficientes para evaluar la gestión de quienes les representan y les sirven. Se merece algo mejor que un vulgar “pan y circo”.


Autora:   María Dolores Miño

Fuente:  Diario El Universo

7 de abril de 2019

¿Socialismo en Estados Unidos?

Donald Trump asegura que Estados Unidos jamás será socialista. No define a qué llama socialista. La mayor parte de los jóvenes entre 18 y 29 años prefieren el socialismo al capitalismo. Estas preferencias se invierten en la medida en que se hacen mayores. Tampoco los jóvenes definen ambos términos. Parece que piensan en las naciones del norte de Europa: Dinamarca, Suecia, Noruega, Holanda y Alemania. No se refieren a Venezuela o Cuba. Saben que son países desastrosos y en los que no existe la menor esperanza de progreso.

Carlos Alberto Montaner: ¿Socialismo en Estados Unidos?
¿Socialismo en Estados Unidos?

La palabra “socialismo” sirve para esconder o demostrar lo que le da la gana a quien la utiliza. En general tiene una carga positiva de “buenismo”. Los regímenes de Cuba o Venezuela la usan para designar sus incompetentes satrapías. El “capitalismo”, en cambio, padece una tara semántica negativa. Se asocia con actitudes codiciosas y crueles.

En realidad, los países europeos son tan capitalistas como Estados Unidos. Por eso les va razonablemente bien. Forman parte de las “democracias liberales” (otra palabra equívoca). En ellos prevalece la propiedad privada de los medios de producción, la economía se guía por el mercado y no por la planificación centralizada, hay elecciones periódicas multipartidistas y transparentes por las que se renuevan las élites dirigentes, existe y es efectiva la separación de poderes, y se respetan los derechos humanos y “the rule of law”. Incluso, a los países excomunistas que pidieron integrarse en la Unión Europea les exigieron adoptar “los criterios de Copenhague” que encapsulan los rasgos descritos en este párrafo.

¿En qué se diferencian “derechas e izquierdas” dentro de las “democracias liberales”, en Estados Unidos y Europa? Sencillo: en el monto y destino de los impuestos. Pero ni siquiera hay grandes diferencias. En Estados Unidos, más o menos, los ciudadanos abonan un 40% del PIB a la caja general, mientras en Europa llegan o sobrepasan el 50%. Las facturas de impuestos de estas naciones tienen una estructura parecida. La mayor parte se dedica a pensiones, cuidados de salud y educación. (USA gasta en “Defensa” el 4% de su PIB: 650,000 millones).

En Estados Unidos parece inevitable la adopción de un sistema de salud universal como el que existe en Francia o España. La clara mayoría lo prefiere según las últimas mediciones. Los estadounidenses pagan 19 centavos de cada dólar que generan en cuidados de salud (el doble del promedio de los países desarrollados) y tienen que abonar hasta tres veces el valor de las medicinas. Eso es intolerable.

Con la mala experiencia de los “Hospitales de Veteranos”, la solución menos mala acaso sea el modelo suizo. En ese país el Estado obliga a todos los ciudadanos a tener una póliza de seguro de salud desde que nacen hasta que mueren. De alguna manera esa obligatoriedad contradice los principios liberales, pero hay otras instancias en las que el Estado “obliga” a los ciudadanos. Lo hace cuando demanda impuestos, cuando inscribe a los jóvenes en el servicio militar obligatorio o cuando exige una licencia para conducir.

Para el pequeño mercado suizo hay docenas de compañías que compiten en precio y calidad y les corresponde a las personas elegir la empresa que les ofrece más garantías. La ley suiza define los cuidados que debe cubrir esa póliza. Como en toda sociedad, hay personas que carecen de recursos para pagar el seguro médico, pero en ese punto interviene la Comuna y paga la cuenta. No es la Confederación Helvética la que se hace cargo. Son los vecinos, los verdaderos prójimos, los que afrontan esos gastos. Eso reduce los abusos considerablemente.

El costo de la educación universitaria es más dudoso. Mientras que lo pagado por la salud va a fondo perdido, la factura de la educación universitaria es una inversión en el propio destino de la persona y acaso sea inmoral obligar a otros a mejorar el desempeño económico de unos adultos que disfrutarán ventajas comparativas.

Mi nieta Gabriela, por ejemplo, saldrá de la facultad de Derecho de una gran universidad con una deuda de $250,000 dólares, pero probablemente tendrá la oferta de un buen bufete dispuesto a pagarle $150,000 el primer año. Sería injusto que el conjunto de la sociedad corriera con sus gastos de estudio. Simultáneamente, me consta que no pierde un minuto y estudia intensamente, como todos sus compañeros. Si no acabara la carrera la deuda seguiría gravitando sobre ella. Donde y cuando la educación cuesta, los estudiantes son más juiciosos y exigentes. Elemental, doctor Watson.

Autor:  Carlos Alberto Montaner

27 de marzo de 2019

Yunda: la derrota de la clase media quiteña

Por primera vez en décadas, un candidato gana la Alcaldía de Quito con el respaldo de apenas una quinta parte del electorado.

¿Quién es el gran perdedor de la carrera por la Alcaldía de Quito? Parece obvio responder que Paco Moncayo. Desde el primer día y a lo largo de toda la campaña, el candidato de la Izquierda Democrática encabezó todas las encuestas con un margen lo suficientemente amplio como para pensar que era imbatible. Sin embargo, a la hora de la verdad, cayó del 30 por ciento de intención de voto al 17 por ciento de los votos reales y se hundió en un inesperado tercer lugar de la tabla de posiciones: una catástrofe política en toda regla.

Jorge Yunda, nuevo alcalde de Quito
Yunda: la derrota de la clase media quiteña

Pero no: el verdadero derrotado de la elección no fue un candidato particular. Quien este domingo 24 recibió un baño de agua fría (que puede considerarse un baño de realidad en más de un aspecto) fue la clase media quiteña, cuyos representantes en esta elección cayeron víctimas de su propia dispersión y su propia miopía: la suya y la de sus partidos y líderes políticos. César Montúfar, Juan Carlos Holguín, Juan Carlos Solines, Paola Vintimilla: sumadas sus respectivas votaciones representan el 32,5 por ciento del electorado. De haberse unido, como reclamó Mauricio Pozo cuando renunció a la candidatura socialcristiana, habrían derrotado a Jorge Yunda con once puntos largos.

La clase media quiteña, a diferencia de las de otras ciudades del Ecuador, tiene la consciencia de ser un actor político de peso, uno que tumba presidentes e influye en las agendas nacionales. La clase media quiteña percibe a la capital como una ciudad cosmopolita y firmemente encaminada en el siglo XXI.

Es sensible a los debates propios de una ciudad contemporánea, debates que consideran la movilidad alternativa, el ecologismo, el rescate del espacio público, el papel de la cultura... Y, desde los tiempos de Rodrigo Paz (alcalde entre 1988 y 1992), la clase media ha ejercido el liderazgo y ha sido capaz de consensuar proyectos de ciudad encarnados, bien o mal, en alcaldes que tuvieron un amplio respaldo en las urnas.

Todo eso llegó a su fin este 24 de marzo con el triunfo de Jorge Yunda. Por primera vez, un candidato gana la Alcaldía con el voto de apenas una quinta parte del electorado, resultado que proyecta serias dudas sobre la gobernabilidad de la ciudad en los próximos cuatro años. Se trata, además, de un candidato ausente del debate sobre la ciudad contemporánea. Un candidato que propone, por ejemplo, la construcción de grandes viaductos aéreos a lo largo de toda la ciudad como improbable solución al problema de la movilidad; o que promete construir el nuevo estadio olímpico en la mitad del mundo, para darse el gusto de tener un arco en cada hemisferio; o que prodiga ofertas en beneficio de las mascotas sin conexión con ninguna política pública.

Un candidato que realizó una campaña limpia, ciertamente, pero una campaña no basada en un proyecto de ciudad sino en los fuegos de artificio lanzados por su propio personaje: “la campaña del ecuavoley”, la llamó.

No ganó un proyecto, ganó (quizá por obra y gracia del voto obligatorio) un personaje. Uno que necesita urgentemente un proyecto. De ahí su invitación, lanzada ayer, para que Fernando Carrión, uno de los planificadores urbanos más reconocidos de Quito, se una a su alcaldía.

En la dispersión de los candidatos de la clase media quiteña tienen su parte de responsabilidad los partidos políticos. CREO y el socialcristianismo, especialmente, cuyos líderes decidieron desde Guayaquil, en función de estrategias políticas a largo plazo y de espaldas a los intereses de una ciudad que no es la suya, participar en unas elecciones que no tenían probabilidad de ganar. Las élites quiteñas les cedieron esa capacidad de decisión.

Un baño de realidad. La victoria de Yunda desentierra los peores fantasmas de una ciudad que se creyó cosmopolita y de pronto se descubre como la vieja ciudad excluyente dividida por una barrera infranqueable: la que divide al norte del sur, separados por prejuicios, desprecios y resentimientos. Fantasmas atávicos. El ascenso de Yunda recuerda el de ese otro personaje radial de los ochenta: Gustavo Herdoíza, el Maestro Juanito, quien también expresó en su momento esa frontera que es mucho más que geográfica. Más de la mitad del electorado ni lo conoció. Pero él sigue vivo.

¿Quién es Jorge Yunda?

En Quito no necesita presentación. Basta subirse a un bus o a un taxi a las ocho de la mañana, cuando todo el mundo se dirige a su trabajo y el tráfico en la capital es un infierno, para escucharlo hacer gracias, bromear, cantar, comentar el fútbol, reír. Sobre todo, reír. Todo el mundo ríe en el programa ‘Radiación Temprana’, de Radio Canela. Sonora, espasmódica, estrepitosamente. Son las gracias, son los chistes del Loro Homero la causa de tanta carcajada. Médico cirujano de profesión, cantante y compositor de oficio, dirigente deportivo por vocación, empresario radial por interés, Jorge Yunda es, antes que todas esas cosas, un hacedor de gracias.

Hombre de extracción humilde y origen campesino, Jorge Yunda nació en Guano, provincia de Chimborazo, hace 53 años. Siendo él un niño, su familia emigró a la capital, donde se estableció en el popular barrio de San Roque. Ahí el pequeño Jorge se convertiría en un ser más quiteño que la Guaragua. Sus padres, un carpintero y una costurera, son un ejemplo de trabajo y superación. Gracias a su esfuerzo, Yunda se convirtió en el primero de su familia en acceder a la educación universitaria.

Médico cirujano por la Universidad Central, ejerció la profesión en varios hospitales públicos de Quito. Pero pronto su diversidad de intereses lo llevaría a incursionar en otras actividades. En 1989 ya era cantante, guitarrista y compositor de canciones del grupo Sahiro, que tuvo mucho más de un cuarto de hora de fama en la ciudad. Al mismo tiempo, se empieza a desempeñar como locutor de programas de entretenimiento en varias radios. Ese es el trabajo con el que terminaría por quedarse. El que le dio fortuna.

En el 2000, Yunda empieza a adquirir sus primeros equipos y sus primeras emisoras, por lo general repetidoras en provincias. Para el 2006 ya se ha convertido en un personaje radial lo suficientemente popular y lo suficientemente populista como para despertar el interés del fenómeno político del momento: Rafael Correa. A partir de entonces su ascenso fue meteórico. Un año más tarde ya se ha convertido en el presidente del Consejo Nacional de Radio y Televisión, Conartel. Inaudito: un dueño de emisoras y concesionario de frecuencias, al frente del organismo de control de las emisoras y de las frecuencias. Así era el correísmo.

Según la organización Fundamedios, que le siguió los pasos y escribió varios informes sobre sus actividades, su huella por el Conartel sirvió a Yunda para dictar los reglamentos que luego empleó para construir su imperio mediático, uno de los tres más grandes del país que fueron denunciados por la Contraloría en su informe de mayo de 2018.

Dependiendo del pie con que se levanta de la cama, Yunda puede confirmar o desmentir la existencia de ese imperio. “No son 35 (frecuencias), son 50”, respondió cínicamente, en un tuit, cuando Fundamedios presentó su primer informe. Luego ha dicho que no son suyas. En realidad son 46, y pertenecen a una docena de tramas societarias. El cruce de la información bancaria de estas sociedades conduce invariablemente a los mismos nombres: los de la madre y la hermana de Yunda. La Contraloría no tiene dudas: Yunda es, gracias al correísmo y a pesar de la Ley de Comunicación del correísmo, uno de los mayores concentradores de medios de comunicación en el país.

De las radios de Yunda proviene su poder. Ese poder que lo llevó a convertirse en el primer presidente civil del club de fútbol El Nacional. No le fue bien: salió antes de terminar su período, dejando un equipo en crisis económica y un plantel que llevaba sin cobrar dos meses. Pero ya en ese entonces tenía otras ambiciones: siempre de la mano del correísmo y de sus radios, en 2017 se convirtió en legislador por Pichincha, con una masiva votación en el distrito sur de Quito que despertó su codicia por la Alcaldía. Fue de aquellos asambleístas que mantiene el perfil bajo. Y cuando su partido se dividió optó por la posición más predecible: quedarse con quienes tienen el poder.

El correísmo quiere más

Luisa Maldonado, candidata correísta a la Alcaldía de Quito, dio el campanazo al ubicarse en segundo lugar, por encima del general Paco Moncayo. Pero su 18,4 % de los votos no es una sorpresa para nadie: corresponde al correísmo duro. Ella quiere más. Ayer anunció su voluntad de impugnar los resultados, pues considera que el CNE hizo fraude.


Autor:   Roberto Aguilar

Fuente:  Diario Expreso


19 de octubre de 2018

Operación Caterva

Conocí a Mauricio Ayora, mucho antes de que se convierta en Caterva, hará hace unos treinta años, cuando entré a trabajar como reportero del noticiero Telemundo, que dirigía el prestigioso periodista Alberto Borges y que sigue transmitiendo la cadena Ecuavisa al borde de la medianoche. Éramos jóvenes; yo había escrito ya varios años para la revista Vistazo; Mauricio era editor de videos; y creo que ambos admirábamos a Alberto, un español alto y calvo, que había sido corresponsal internacional de la revista Vistazo y que a fines de los ochenta, cuando yo entré a trabajar con él, era un periodista de fuste, al que conocían como “el gallo del cerro”, una celebridad de la televisión nacional.

Mauricio Ayora Caterva
Artículo de Carlos Jijón:  Operación Caterva

No fui reportero de Telemundo por más de un año. Cuando Alberto murió, años después, de  un infarto, yo seguía escribiendo crónicas políticas y reportajes internacionales para Vistazo, y le había perdido la pista a Mauricio, hasta que un día lo encontré, muchos años después, caminando en la avenida 9 de octubre, en el centro de Guayaquil. Estaba totalmente calvo (se había rapado a mate), como Alberto, pensé, aunque él era pelado natural. Creo recordar que me contó que le iba bien, y que había empezado a trabajar como presentador de noticias de la mañana en Telesistema.

En esa época yo debo haber sido director de noticias de Ecuavisa. En los años siguientes recuerdo haber visto como Mauricio Ayora se convertía en “Caterva”, un espectáculo de la televisión. Calvo, aparecía con un gallo en el set y sermoneaba de manera sentenciosa sobre cualquier tema de actualidad. Era como una copia de Alberto Borges, de baja estatura y sin su formidable cultura. Pero su éxito iba en ascenso.

Casi en la misma época en que yo fui despedido de la dirección de noticieros de televisión, por las presiones del gobierno de Rafael Correa, Caterva fue contratado a precio de oro por TC,  ya controlado por el socialismo del siglo XXI. Y ahí se mantuvo durante todo el régimen, dirigido en la práctica por Fernando Alvarado, y convertido en el Alberto Borges de los pobres, un ancla del medio más importante de todo el emporio que manejaba el gobierno, una especie de símbolo, junto con Carlos Ochoa y Orlando Pérez, de lo que debía ser el periodismo en los tiempos de la revolución ciudadana.

¿Fue Caterva parte de una operación para desestabilizar al gobierno del Presidente Lenín Moreno golpeando en el centro el poder, el Secretario Eduardo Jurado, al denunciar, la semana pasada, a través de la pantalla de TC Televisión, supuestos cobros no autorizados de una compañía de seguros (de la cual Jurado es accionista) a través de la banca? Conociendo a Caterva uno no puede estar seguro. La calidad y el rigor de su trabajo periodístico, y del noticiero que presenta, lo llevan a uno a pensar que no: que se trató de una reacción desaforada al desaparecer de su cuenta una decena de dólares y lo lanzó en pantalla sin mediar ningún informe de la Superintendencia ni la opinión de un experto ni mucho menos la versión de los acusados. Ni la autorización del director del noticiero.



Pero el relato creado, en cuestión de horas, e impulsado desde la cuenta de Twitter del expresidente Rafael Correa, lo hacen a uno cuestionarse si no se trata de una operación de propaganda para sustituir de la discusión pública la imagen de un caudillo en serios problemas judiciales, para reemplazarla en las mentes de los ciudadanos por la de un gobierno supuestamente asociado a los banqueros para apropiarse del dinero de los depositantes.

El asunto no tiene lógica: los bancos no se benefician del cobro de contratos de seguros más que cuando debitan el pago de la electricidad, el agua potable o las pensiones del colegio de los hijos. Pero la fuerza del relato no radica en la lógica, sino en el mecanismo irracional de crear un enemigo poderoso y oculto que nos puede hacer daño. Y la banca ha desempeñado ese papel durante las últimas décadas. Al punto que un hombre como Correa, al que la justicia investiga por el secuestro de un exlegislador, el encubrimiento del asesinato de un general de la República, y que nunca se enteró de lo que hacía su vicepresidente, condenado por recibir millonarios sobornos para la contratación de obra pública, ahora encabeza una campaña para desestabilizar al Presidente que él mismo ayudó a instalar en el poder, y difamar a unos empresarios banqueros contra los que nunca se ha iniciado una acción judicial, ni siquiera durante los diez años que él controló la justicia.

Y sin embargo, el relato cobra fuerza, aún entre mis colegas de la prensa. La idea de que los empresarios (y en particular los banqueros) son unos enemigos de los que necesitamos ser defendidos por unos ya no tan jóvenes de manos limpias y corazones ardientes, sigue siendo poderosa. Seguramente como ocurría con los judíos durante la propaganda nazi, usted puede atribuir cualquier infamia a los banqueros, y siempre habrán muchas personas dispuestas a creerlo. Pero la realidad es que, al final del día, mientras no exista un informe de la Superintendencia de Bancos, esto no es más que una campaña de propaganda impulsada desde un ático de Lovaina, basada en el trabajo periodístico de Caterva.

De nada.


Autor:    Carlos Jijón

Fuente:   La República

13 de octubre de 2018

"El más grande atraco de la historia de Ecuador"

La investigación que revela los negociados de Rafael Correa con China


Los contratos con Petrochina habrían perjudicado al país latinoamericano en más de 2 mil millones de dólares.

Las copias juramentadas de las declaraciones patrimoniales del ex presidente Rafael Correa, sus movimientos migratorios desde el 2009 hasta 2017, los vaivenes de sus cuentas bancarias, transacciones económicas, incluidos ingresos, egresos, salidas de divisas, bienes, entre cientos de documentos son parte del análisis de un auditor contratado por la Fiscalía de Ecuador.

rafael correa corrupcion petrochina
Rafael Correa quedó en el centro de las sospechas por corrupción por el contrato con PetroChina. 

El análisis forma parte de la investigación previa que se realiza por supuestas irregularidades en la venta de petróleo a China durante el gobierno del ex mandatario.

En ese caso, calificado por su denunciante, el activista e investigador Fernando Villavicencio, como "el más grade atraco de la historia del país", no solo Correa está bajo la lupa, sino decenas de ex altos funcionarios de su gobierno, entre ellos su entonces vicepresidente Jorge Glas (ahora en la cárcel ligado a la corrupción de Odebrecht), el ex Contralor Carlos Pólit (prófugo de la justicia), el ex gerente de Petroecuador (en la cárcel por corrupción en la estatal petrolera); el ex ministro de Hidrocarburos, Pedro Merizalde, el ex ministro de sectores estratégicos, Rafael Poveda, el ex gerente de Comercio Internacional de Petroecuador, Nielsen Arias, los ex ministros de Finanzas, Patricio Rivera y Fausto Herrera (ahora asesores del dictador Nicolás Maduro).

La lista es larga como larga es la lista de impulsos fiscales, peticiones y pedidos de todo tipo de parte de la Fiscalía: al menos una docena de asistencias penales internacionales, pericias de audio y video; informes de empresas internacionales como Artur D. Little, Hogan Lovells USLLP y Goldman Sachs que a su tiempo entregaron a la estatal petrolera, incluso informes de riesgos tributarios de las personas analizadas solicitados al Servicio de Rentas Internas del país andino.

Solo la denuncia de Villavicencio, presentada el año pasado ante la Fiscalía, consta de 105 páginas, con 136 anexos y más de 100 cuerpos, que según el denunciante demostrarían que a través de intermediarios, vinculados tanto a la empresa PetroChina como al Gobierno del expresidente Rafael Correa, se perjudicó al país en más de 2.000 millones de dólares.

En un sistema inédito para Ecuador, durante el gobierno de Rafael Correa, entre 2009 y 2017 se contrató créditos por alrededor de 18.170 millones de dólares, con tasas de interés que fluctuaron entre 7% y 8,25%, entre las más altas de la región a esa época y fueron respaldadas con ventas anticipadas de petróleo; se comprometieron 1.204 millones de barriles de crudo Oriente y Napo hasta el 2024.

Ese modelo de contratación de créditos se aplicó con las empresas chinas PetroChina, Unipec y con la tailandesa Petrotailandia. En total se firmaron 13 contratos de este tipo con las tres empresas

"Las líneas de crédito fueron maquilladas como preventas petroleras o ventas anticipadas, pero en realidad eran créditos maquillados para no rebasar el tope de endeudamiento legal (40% del PIB)", dice Villavicencio.

Una de las irregularidades denunciadas es que el crudo ecuatoriano jamás llegó a las refinerías chinas, sino que fue destinado a la reventa a Perú, Estados Unidos y Panamá, y que las pérdidas por barril vendido habrán sido de al menos 2 dólares por barril, cuando el argumento del gobierno de Correa para este tipo de contratación era eliminar la intermediación y vender al cliente final para maximizar los ingresos para el Estado.

Correa ha dicho que solo firmó una preventa, la del 2010 y que los opositores pretenden involucrarlo en actos de corrupción por "persecución política".

La afirmación de Correa de que solo conoció una operación resulta difícil de creer en un país en el que en sus propias palabras él era el jefe de todos los poderes del Estado.

Las irregularidades de las ventas de petróleo a China comenzaron a hacerse públicas con los denominados "Papeles de Panamá", documentos filtrados del estudio panameño Mossack Fonseca, que revelaron que en la primera venta anticipada de petróleo que hizo el gobierno de Correa, en 2009, a través de PetroEcuador a PetroChina International Cpo- Ltd., existieron comisiones para empresas privadas de unos 70 millones de dólares.

En esas empresas, según los Panamá Papers, participaban los ecuatorianos Enrique Cadena Marín y Jaime Baquerizo Escobar, que ayudaron en la negociación.

Esa primera venta comprometió 69,12 millones de barriles de petróleo ecuatoriano a cambio de un anticipo de $1.000 millones de dólares a dos años plazo y una tasa de interés de 7,25%.

Según los Panamá Papers, Petroecuador entregó el crudo a PetroChina y esta empresa a Castor Petroleum, que luego paso a manos de la mutinacional petrolera Gunvor Group Ltd.

Esa investigación reveló además que Castor Petroleum pagaría 1 dólar de comisión por barril a los ecuatorianos a través de Waterway Petroleum Limited, una compañía transportadora de petróleo, parte de Gunvor.

Según un informe de la Contraloría de Ecuador, en ese contrato del 2009 y otro firmado en 2010, la estatal Petroecuador dejó de recibir por lo menos 34,45 millones de dólares, debido a la fórmula que se aplicó para determinar el precio del barril de crudo.

Villavicencio asegura que hay además un delito de colusión porque Bayardo Poveda Camacho, apoderado de Taurus Petroleum, una de las intermediarias que carga el petróleo a PetroChina, es primo de Rafael Poveda Bonilla, ministro coordinador de sectores estratégicos de Correa hasta septiembre de 2016.

"El primo era parte de los equipos de negociación oficiales del gobierno de China, donde se negociaban los precios de las líneas de crédito, los precios del crudo, pero su primo hermano firma los conocimientos embarque, los certificados de titularidad de los buques petroleros a nombre de la intermediaria Taurus petroleum, que es parte del grupo Cocumbor", dice Villavicencio.

La Fiscalía investiga los delitos de cohecho y asociación ilícita, pero según Villavicencio Correa y todos quienes manejaron durante 10 años el sector petrolero "cometieron también peculado, delincuencia organizada, lavado de activos, enriquecimiento ilícito", entre otros.

El investigador ha entregado a la Fiscalía centenares de documentos, entre ellos números de cuentas bancarias de intermediarios en JP Morgan, de Estados Unidos; cuentas de Enrique Cadena Marín en el Helm Bank, en bancos panameños, Breiton Capital & Shipping INC, Denarii Systems…

Más allá de los delitos que se definan en este proceso, Villavicencio destaca que lo importante "es la recuperación de lo robado; si el país no recupera lo robado eso quiere decir que hay impunidad total".

La Fiscalía de Ecuador hace algunos días pidió a una jueza de la Corte Suprema que llame a juicio al ex presidente Correa, a quien acusó de asociación ilícita y secuestro del político opositor Fernando Balda, por lo que se estima que ahora se dedique de lleno al caso de la venta de petróleo a China y Tailandia.

Al momento, Correa, que vive en Bélgica (lugar de origen de su esposa) tiene poco menos que una veintena de denuncias en su contra: por daño moral, delitos de lesa humanidad, tráfico de influencias, asociación ilícita y secuestro de un opositor, injerencia judicial, odio, peculado, delincuencia organizada y hasta una indagación por supuestos aportes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a su campaña electoral.


Autor:   Mercedes Alvaro

Fuente:  INFOBAE

2 de septiembre de 2018

El día que decidí abortar

Yo no era una niña, ni una adolescente, no era indígena ni tenía una situación económica precaria. Había terminado mi educación superior con todos los nuevos requisitos impuestos. Tenía empleo, salario y pareja estable. No deseaba un embarazo y usaba anticoncepción. De todas formas me embaracé, y aunque no era pobre, ni indígena, ni demasiado joven, era mujer y estuve a punto de morir por una sepsis post aborto.

Supe que estaba embarazada al poco tiempo de haber optado por una “T de cobre” como método anticonceptivo, y con ello mi pequeño infierno inició. Dilaté la decisión por varias semanas. Fueron semanas de llanto, de incertidumbre, de un profundo sentimiento de culpa marianista, esa culpa que cargamos las mujeres como herencia del patriarcado en el que nacimos y del que tanto cuesta rebelarse.

No soy católica ni practico religión alguna. Hace mucho tiempo pienso que las iglesias son las multinacionales más poderosas y perversas, cómplices y muchas veces responsables de los peores genocidios, guerras y abusos. De todas formas, los 500 años de imposición cristiana han calado nuestros cuerpos y nuestras mentes configurando una suerte de arquetipo junguiano que definitivamente pesa y que requiere más que un proceso de racionalización para romperse. Debo admitir que el miedo al castigo divino, estaba, estuvo mucho tiempo robándome el sueño y la calma.

tema aborto en ecuador
María Fernanda Soliz: "El día en que decidí abortar"


Tampoco soy militante feminista. En la vida cada una encuentra sus opciones militantes y la mía fue el ecologismo popular, desde ahí, la defensa del territorio se convirtió en principio rector de defensa de la vida. El día en que decidí abortar, entendí la reivindicación feminista: “mi cuerpo es mi primer territorio de resistencia”, por primera vez logré comprender que la soberanía del cuerpo era condición primera de emancipación y que el Capital es posible y se reproduce en tanto controla y se apropia no sólo de la fuerza de trabajo sino de los cuerpos.

Durante muchos años, el ideal de familia y el amor romántico, determinaron en mi vida una opción consciente de sumisión y entrega que viví por decisión propia, convencida y en muchos momentos feliz. Sin embargo, en algún punto, esto se convirtió en la puerta de entrada a la violencia y la sostuvo durante un largo tiempo. Mi pareja no deseaba el embarazo y me lo dejó claro, quizás con excesiva dureza como suele suceder en las historias de mujeres reales y no en los cuentos de princesas que nos venden desde pequeñas. Me dijo que era mi decisión pero que él no quería el embarazo, y alrededor de ello, estallaron semanas de mucha conflictividad y presión.

Cuando miro en retrospectiva e intento pensar, qué tanto fue mi decisión y qué tanto su imposición, no tengo respuestas claras; pero casi una década después, de lo que si estoy segura es que el requisito primero, sine quanon, para salir de los ciclos de violencia pasa por la posibilidad de que las mujeres podamos tener garantías en el cumplimiento de nuestros derechos económicos, políticos y sociales, y por ello mi cercanía con los feminismos marxistas. La autonomía laboral, productiva y material en mi caso y en el de muchas mujeres, determinaron la diferencia entre la sumisión y la liberación.

La familia, (le añadiría el amor romántico), la propiedad privada y el Estado, son sin lugar a duda los responsables de la reproducción de la explotación capitalista y el patriarcado y por ende son nuestros escenarios de disputa. Por ello, cuando hablamos del derecho al aborto libre, gratuito y seguro, reconocemos que es el Estado el que debe garantizar a las mujeres las condiciones legales, institucionales y materiales para el pleno cumplimiento de sus derechos.

El día en que decidí abortar no fue fácil, debo insistir. Lo pensé, lo repensé, lo proyecté, lo conversé. Tenía un hijo escolar, yo estaba terminando mi doctorado y el trabajo y la militancia no me daban respiro. Pero lo pensé, me emocioné, decidí y cambié de decisión, varias veces. Quería ese embarazo pero no tenía condiciones de mantenerlo. ¿Otro hijo sola, divorciada, en otra ciudad, y en un contexto tremendamente complejo?

Había cuidado el embarazo durante casi tres meses, la alimentación, ni una gota de licor, ninguna medicina o cualquier sustancia que pudiera afectarlo. Había aguantado semanas de nauseas matutinas, había tomado las vitaminas y el ácido fólico, era una suerte de tortura e incertidumbre. No fue fácil encontrar opciones, no fue fácil preguntar, no fue fácil concertar la cita y no fue fácil tomar la primera pastilla antes de la intervención, sabía que ese sería el fin.

El aborto fue perverso. En un cuarto de consultorio en una casa vieja, en una camilla rota, sin anestesia, sin seguridad alguna. Ahí transcurrió una hora de dolor inimaginable, indescriptible. Una suma de dolor físico, de terror, culpa, tristeza profunda. La insistencia de la obstetriz y su asistente para que dejara de gritar y llorar, su desesperación para calmarme me llegaba lejana, yo ya no estaba con ellas, en algún momento me desconecté de mi cuerpo.

El dolor de la cureta sin anestesia, la sangre, y el procedimiento interminable. No paraba, seguía y seguía y yo ya no estaba. Pensaba en mi hijo pequeño y en lo paradójico de que una mujer clase media, profesional, en una camilla, en un cuarto clandestino terminara ahí su vida. Pensaba en las mujeres indígenas, pobres, sin acceso siquiera a ese procedimiento, pensaba en sus condiciones, en los cuartos similares, en los raspados, en las complicaciones, en las muertes.

Salí del procedimiento sin voz, no quise hablar durante algunos días, solo lloraba. Mi pareja nunca logró entender mi dolor, le pareció una exageración.  A los tres días el dolor y el sangrado incrementaron, la fiebre llegó y no cedía a los antitérmicos. Estábamos en una comunidad dictando unos talleres de monitoreo de agua, y entonces no pude más, mis queridas compañeras, sabias y solidarias me llevaron a una casa de salud.  Ahí debimos decir una verdad a medias para tener acceso a atención médica. Me repitieron el curetaje. Para entonces ya conocía el procedimiento, con resignación me recosté, apreté los muslos y esperé a que terminara. Durante varios meses debí tomar medicinas, la infección me dejó graves secuelas. Me costó recuperar la salud, el peso, la vitalidad y la alegría. Me costó procesar la culpa y volver a sonreír.

Todavía me cuesta mucho escribir estas páginas, las he desempolvado con sumo cuidado a riesgo de quebrarme una vez más. Lo he hecho a propósito de la movilización argentina y latinoamericana masiva, creo que les debo mi testimonio. Cuando miro las olas de pañuelos verdes, pienso en el libro de Gioconda Belli:  El país de las mujeres, y recuerdo la escena final, cuando la movilización en aquel mágico país, Faguas, no era solamente de mujeres, sino que se transforma en una movilización popular por un proyecto político en el que prima la ética del cuidado de la vida.

Han tenido que pasar muchos años para que me decida a escribir estas páginas, a enfrentar los conservadurismos de la ciudad en la que nací, los juicios de valor, y mi historia de violencias. Ha pasado mucho para entender que la violencia de pareja, obstétrica, familiar no es un asunto privado sino público, pero no ha pasado suficiente. Hoy, todavía las mujeres son apresadas por abortar, así lo establece nuestro marco jurídico e institucional. Hoy, todavía las mujeres morimos en abortos clandestinos, así lo determina el Estado desde la negación de condiciones materiales para garantizar procedimientos seguros y no traumáticos.

En 1997, recién hace 20 años, se despenalizó la homosexualidad en Ecuador, ¿cuánto tiempo deberá pasar para que la iglesia deje gobernar y controlar, deje de reproducir las inequidades? ¿cuánto tiempo deberá pasar para que se deje de legislar en función de los dogmas de una multinacional y no en función de los principios de la ética de la vida? Sin lugar a dudas la desafiliación colectiva de la iglesia, ha sido para muchas y muchos, un proceso sanador y liberador, simbólico, de ruptura.

La despenalización del aborto no sugiere, no conduce, ni obliga a nadie a interrumpir su embarazo, solamente garantiza que las mujeres que un día decidimos abortar podamos seguir vivas, seguras y felices. La despenalización del aborto en lo absoluto irrespeta la decisión de aquellas mujeres que desean mantener su embarazo. En este sentido, es obligación de los y las legisladores de un Estado, legislar por y para su pueblo, no desde y para sus convicciones morales o religiosas. No se puede legislar desde el prejuicio, desde el dogma, desde el moralismo, más aun cuando existen argumentos científicos claros y contundentes. Legislar desde la iglesia es una irresponsabilidad política con la historia y los colectivos.

El día en que decidí abortar, volví a nacer más humana y menos juzgadora, más fuerte y menos sumisa, más solidaria y colectiva, más segura de que dignidad humana debe ser el principio y el fin.


Autora:  María Fernanda Soliz

Fuente:  Plan V

21 de agosto de 2018

Carta abierta de un venezolano a los ecuatorianos

Estimados ecuatorianos, veo prudente empezar estas líneas pidiéndoles disculpas si es que algún venezolano les hizo sentir mal o consideran que les hizo un daño a los tuyos. Para mí es inaceptable y perturbador el maltrato físico, verbal o psicológico. No hay excusa, ni mucho menos motivos o explicaciones para maltratar o amedrentar a alguien que está en su casa.



Yo sé que es un tema sensible el que hoy les quiero contar; pero, la tristeza es mucha y quiero desahogarme con ustedes. Este tema de la afluencia masiva de venezolanos llegando al Ecuador es tan nuevo para ustedes como para nosotros. Venezuela nunca fue un país de familias que escapaban y salían caminando por la frontera para pedir dinero y tener algo con qué comer. Les juro que todo esto es nuevo para nosotros. De hecho, paradójicamente, yo recuerdo que cuando alguien salía del país era por turismo y lo hacía porque tenía dinero y regresaban al país donde estaba sembrada su vida. Y si no me creen, busquen cuántas familias alemanas, italianas, americanas y asiáticas se instalaron durante décadas cómodamente en nuestro país por ser un destino lleno de riquezas y oportunidades de todo tipo.

Hoy quienes se van de Venezuela lloramos, lloramos muchísimo al dar un último abrazo a los suyos. Un último abrazo que es desgarrador como si quisieras que nunca se acabara. ¿Y saben por qué? Porque quienes salimos de Venezuela lo hacemos con angustia sabiendo que regresar no está en nuestras opciones, ni siquiera en nuestras posibilidades económicas. Ese último abrazo es la incertidumbre de qué pasará con nuestras vidas después de agarrar las maletas. No salimos porque queremos sino que corremos porque lo necesitamos. Dejamos nuestra vida con un dramático boleto de ida y sin retorno porque cualquier cosa que hagamos aquí afuera nos permitirá ayudar mucho más a quienes dejamos en nuestro país y que tanto lo necesitan.

venezolanos en Ecuador
Miles de venezolanos llegan todos los días a Ecuador

Imagínense la magnitud de este problema social en el país conocido como potencia petrolera que muchos prefieren pasar por todo esto antes de seguir allá. Aun así, estos días he visto en redes sociales a algunos ecuatorianos exigir y reclamar al gobierno nacional y local el cierre inmediato de las fronteras, deportar a los venezolanos que están llegando por el Puente internacional de Rumichaca y otros se permiten hasta usar el tono chistoso de pedir que pongan una bomba en los albergues habilitados por la municipalidad de la capital de Ecuador donde hoy se refugian mis paisanos. Leo esto y hago una pausa con agonía porque cualquiera de ellos puede ser mi familia.

No voy a caer en detallar la similitud que este país vivió con la migración ecuatoriana a Europa o Norteamérica, no lo voy hacer sencillamente porque de seguro también fue un capitulo doloroso de la historia de este país que separó familias y dividió pueblos. ¡Nadie quiere irse de su casa de esa forma! Yo solo voy compartir la enseñanza de mi mamá cuando siempre me decía que el vecino es el familiar más cercano. Pensar en el prójimo no es pecado ni mucho menos es un sinónimo de apátrida sobre todo cuándo el vecino sufre los problemas de la hegemonía del poder y la democracia disfrazada de un socialismo que ha dejado tantos muertos y que parece ser un hueco sin fondo donde cuesta creer en un final feliz.

Si me lo preguntan, era muy feliz en Venezuela. Venirme nunca fue opción hasta que se convirtió en la solución. Di clases en universidades, narré noticias en televisión nacional, mi trabajo como periodista era reconocido, tenía un montón de amigos y podía ver todos los días a mi mamá… Pero, me robaron las ganas, me robaron las esperanzas. Salí de mi país porque no encontré más oportunidades, porque vivir con miedo no es vivir. Estar con el Credo en la boca y la “suerte de vivir”, nadie lo merece. Corrí de mi país porque me sentía deprimido y estancado por no poder aportar, producir y mucho menos aspirar. No tenia espacio. Una percepción muy propia que cualquiera podría diferir; pero, que al final, fueron mis motivos y mis circunstancias.

Ese país de dónde vengo hay gente de todo tipo. Gente buena y mala; gente amable y déspota; gente trabajadora y vaga, ya saben, como en cualquier país del mundo y su diversidad. Sin embargo, mucho cuando salimos, lo hacemos con las ganas de trabajar en cualquier cosa digna para obtener dinero. No estoy esperando que ecuatorianos, peruanos o colombianos se hagan cargo de los problemas de los venezolanos, yo solo les pido que cuando vean a un paisano piensen que detrás de él; probablemente, tiene una historia llena de batallas y adversidades que nadie quisiera vivir. Y si algo les deseo es que ojalá nunca les toque dejar toda su vida y empezar una nueva en una tierra que se desconoce por completo porque eso duele, duele en el alma. Y si por alguna razón les llegara a tocar… Pues, ¡ojalá encuentren a gente buena como la que encontré yo en este país!

Aquí cabemos todos. Ecuador, me ha dado un hogar que no pude meter en mi maleta cuando me vine y que recuerdo todas las noches antes de irme a dormir. Se me pone el corazón chiquito pensar irme de Quito, con todo y que aun no me acostumbre al frío tanto tiempo después de haber llegado. Siento a esta ciudad que me adoptó y la siento como mi Quito bonito. Este país significa para mí la “suerte” que salí a buscar y que hoy valoro en grado superlativo.

Esta pequeña nación, chiquita en territorio pero enorme de corazón me ha dado montones de alegría: una cédula y una visa profesional que se han convertido en mi fortuna más agradecida. Aquí tengo una familia que no distingue acentos sino sentimientos. Vivir o revivir aquí ha sido una oportunidad única, una oportunidad que a nadie se le puede quitar.

Con cariño y agradecimiento infinito, Luis Eduardo.

Autor:  Luis Eduardo Ynciarte

Fuente:  Blog personal
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