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19 de mayo de 2019

Quito: un mundo sin límites

La esencia extractora de la capital no cambiará. No es posible el progreso equitativo de la nación, mientras perdure la estructura actual de gobierno. Si creen que exagero, analicen las palabras del alcalde de Quito. En una entrevista con “2 pelagatos”, uno de ellos le preguntó con qué dinero financiaría los $ 300 millones que vale su proyecto de extender el metro hacia la Ofelia, y Yunda contestó: “el Gobierno Nacional”. El otro le hizo notar que el Gobierno les debe millones a las prefecturas, y Yunda replicó: “El Metro de Quito yo no lo he construido, ya está ahí, tenemos que darle soluciones... acudir al Gobierno Nacional y decirle: Señor presidente, tenemos que seguir creciendo (con más tramos), o, aquí está su Metro de Quito; pero nosotros no nos vamos a embarcar en una aventura en donde le pueda quebrar la economía (al municipio)” (sic).

Editorial de Juan José Illingworth: "Quito: un mundo sin límites"
Artículo de Juan José Illingworth: "Quito: un mundo sin límites"

Hay un montón de obras más importantes para la nación que este nuevo tramo del metro: los 4 o 6 carriles a Machala y Quevedo (aortas del flujo agroexportador), el puente Sur (por ser la puerta al mundo, se castiga a Guayaquil triturando nuestra perimetral, generando trancones, muertes y polución), el acceso al nuevo aeropuerto de Daular y su continuación hasta el puerto de aguas profundas en Posorja, etcétera. Todas esas obras impactarían positivamente en el Ecuador entero, pero no se hacen porque Quito se adueña del capital de todos los ecuatorianos. Ahora Yunda quiere más. Su más prominente asesor (un arquitecto que nunca construyó algo, un intelectual y profesor de la Flacso) reconoce que “el municipio de Quito tiene 21.000 empleados, 57 unidades administrativas independientes ... una administración absolutamente ineficiente”; sin embargo, dice: “No habrá recorte de personal”. Al capitalino le parece tan natural que los demás ecuatorianos “les demos pagando” todos sus excesos y buen vivir. De hecho, este giro lingüístico de darasme haciendo, darasme viendo, darasme consiguiendo, darasme, darasme, darasme, es, en sí mismo, muy revelador de la idiosincrasia pedigüeña del Quito colonial y extractora del Quito colonizador actual, que se concibe a sí mismo como ciudad rectora de los ecuatorianos, sinónimo de lo nacional, dueño y señor de la cuenta única.

Escúcheme bien, alcalde Yunda: 2 de los concejales de Quito andan con grillete, involucrados en coimas por $ 80 millones. El metro que usted quiere ampliar es un proyecto manejado por el municipio, no por el Gobierno Nacional, así que, Sr. Yunda, no se confunda. Es una obra adjudicada a Odebrecht, respecto de la cual César Montúfar, candidato a alcalde, denunció en la Fiscalía que habría evidencias de sobornos; mencionó que el Meinl Bank (Antigua y Barbuda) sería el vehículo del pago, que bastaría revisar la cuenta pantalla de Klienfeld Services Ltd. en el Antigua Overseas Bank para identificar a los funcionarios corruptos.


Ya los ecuatorianos tuvimos que darles pagando el trolebús (con sobreprecio), el ferrocarril turístico, ya el Gobierno está quebrado por haberles dado construyendo Collas, la ruta verde y todas las vías de 6 carriles que salen de Quito. Ahora quiere usted que le demos pagando un metro más largo. Los fondos públicos no son, como pregona la tarjeta preferida por allá: un mundo sin límites. No sea usted tan caradura.


Autor:   Juan José Illingworth

Fuente:   El Universo

13 de mayo de 2019

¿La república de la impunidad?

En el arco de pocas semanas dos denuncias documentadas han confirmado, una vez más, lo que el país ya tenía y tiene claro. El de la pasada década fue el régimen más corrupto que ha tenido el Ecuador en su historia. Robaron y extorsionaron como solo una banda organizada de delincuentes lo sabe hacer. Cómo habrá sido la corrupción que el contralor que tenían se jactaba de recibir coimas al contado y no –como muchos tontos, según él– a través de empresas panameñas. Y que uno de sus diputados líderes confesara públicamente que el Gobierno anterior les prohibía denunciar actos de corrupción.

Artículo de Hernán Pérez Loose:  ¿La república de la impunidad?
Artículo de Hernán Pérez Loose:  ¿La república de la impunidad?

Una de esas revelaciones periodísticas puso al descubierto la trama de corrupción que rodeó la construcción de la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair. No solo que asaltaron las arcas fiscales, sino que encima dejaron mal construida la obra. Hasta el New York Times informó las dimensiones de este atraco vergonzoso. Que en esta trama de corrupción está o no involucrado un familiar del presidente es un asunto que ya debió esclarecerse. Lo que sí está claro es que los protagonistas de esta mafia de la noche a la mañana levantaron cuentas, palacios y fortunas que hasta al más próspero y honesto empresario –y sí que los hay– le habría tomado varias décadas alcanzar.

La otra y más reciente denuncia es igual de grave. Empresas constructoras tales como la inefable Odebrecht, Hidalgo e Hidalgo y Sinohydro (vaya trío) habrían donado más de once millones de dólares para la mafia correísta. Que si el dinero servía para pagar pasadas o financiar futuras campañas electorales es secundario. Todas estas empresas eran y algunas siguen siendo contratistas del Estado, esas donaciones (si es que las podían hacer) no fueron reportadas a las autoridades tributarias o electorales, según el caso. Con eso en países como los Estados Unidos, Inglaterra o –para no irnos muy lejos– Perú o Brasil, la Fiscalía tendría un caso seguro a su favor. (¡Qué fácil fue participar en tantas elecciones, verdad?, dueños del Consejo Nacional Electoral y además con millones de dólares ilícitos).

Lo importante de la última denuncia es que sus indicios apuntan a altos miembros de la mafia correísta que hasta hoy habían estado fuera del radar de la justicia. Algunos de ellos son una vergüenza para el foro de abogados. En cualquier nación civilizada poner la profesión del Derecho al servicio de la corrupción y el delito es sancionado con el retiro de la licencia profesional, como mínimo, aparte de la cárcel. Pocas veces se ha documentado con tanto detalle una serie de delitos –todos ellos independientes entre sí–, gracias a la labor investigativa de Fernando Villavicencio y Christian Zurita.

La pregunta que debemos hacernos ahora es: ¿seguiremos con nuestra indiferencia o miedo permitiendo que el Ecuador continúe siendo una nación donde la impunidad vence a la ética, derrota nuestro futuro y sepulta nuestros ideales? La Dra. Diana Salazar ha dado apenas el primer paso. Pero el camino es largo y difícil.


Autor:  Hernán Pérez Loose

Fuente:  El Universo

17 de abril de 2019

Pan, circo y libre expresión

Hace más de tres décadas, la Corte Interamericana de Derechos Humanos resaltó, en su emblemática Opinión Consultiva OC5-85, el papel importante de los medios de comunicación en un Estado democrático. Entre otras cosas, esa importancia se debe a la posibilidad que tienen los periodistas de investigar y denunciar a los funcionarios públicos, y de alertar a la ciudadanía sobre el cometimiento de posibles actos de corrupción por parte de éstos. El estándar esgrimido en la OC5, es, por supuesto, vinculante para el Estado ecuatoriano en virtud del principio de control de convencionalidad.

Editorial de María Dolores Miño: "Pan, circo y libre expresión"
Artículo de María Dolores Miño: "Pan, circo y libre expresión"

En meses recientes, el papel de la prensa ha sido fundamental para dar seguimiento a la gran cantidad de actos de corrupción perpetrados por miembros del anterior y actual gobierno. En ciertas ocasiones, han propiciado que se inicien investigaciones y se sancionen a algunos culpables. La importancia que juegan los medios y los periodistas en el combate contra la corrupción es innegable, y se les debe asegurar un ejercicio libre de hostigamiento, inseguridad e injerencias arbitrarias.

No obstante, el noble papel fiscalizador de la prensa no puede confundirse con una carta blanca para cometer actos que hoy por hoy se consideran violencia política contra las mujeres. Para nosotras, esa violencia se traduce a insultos personales, ataques a nuestra apariencia física, sugerencias sobre posible inestabilidad mental, o injerencias en nuestra vida amorosa o sexual. Con ello, no solo se incurre en un abuso del derecho a informar, sino que además, se priva a la ciudadanía de conocer lo que sí es importante: el hecho de que una funcionaria pública haya abusado de su posición de poder para beneficiarse a sí misma o a sus allegados, o el hecho de que haya llegado a un alto cargo público sin contar con los mínimos requisitos para ello.

Desafortunadamente nuestro medio es aún machista, incluso a la hora de fiscalizarnos: en la mayoría de casos, lo que las mujeres hacemos en el ámbito público queda opacado por cuestiones personales e intrascendentes, que poco o nada aportan para evaluar la calidad de nuestra gestión o a medir nuestras capacidades.

Es penoso, por tanto, que en los necesarios debates sobre los posibles actos de corrupción cometidos por la Vicepresidenta alrededor de la alegada obtención fraudulenta de su título, se llegue a la bajeza de compararla con un cerdo de caricatura. Más grave aún, es que eso, que no es más que un acto de violencia política contra las mujeres, se justifique bajo el nombre de un derecho tan importante como la libre expresión. La ciudadanía se merece información que le aporte elementos suficientes para evaluar la gestión de quienes les representan y les sirven. Se merece algo mejor que un vulgar “pan y circo”.


Autora:   María Dolores Miño

Fuente:  Diario El Universo

7 de abril de 2019

¿Socialismo en Estados Unidos?

Donald Trump asegura que Estados Unidos jamás será socialista. No define a qué llama socialista. La mayor parte de los jóvenes entre 18 y 29 años prefieren el socialismo al capitalismo. Estas preferencias se invierten en la medida en que se hacen mayores. Tampoco los jóvenes definen ambos términos. Parece que piensan en las naciones del norte de Europa: Dinamarca, Suecia, Noruega, Holanda y Alemania. No se refieren a Venezuela o Cuba. Saben que son países desastrosos y en los que no existe la menor esperanza de progreso.

Carlos Alberto Montaner: ¿Socialismo en Estados Unidos?
¿Socialismo en Estados Unidos?

La palabra “socialismo” sirve para esconder o demostrar lo que le da la gana a quien la utiliza. En general tiene una carga positiva de “buenismo”. Los regímenes de Cuba o Venezuela la usan para designar sus incompetentes satrapías. El “capitalismo”, en cambio, padece una tara semántica negativa. Se asocia con actitudes codiciosas y crueles.

En realidad, los países europeos son tan capitalistas como Estados Unidos. Por eso les va razonablemente bien. Forman parte de las “democracias liberales” (otra palabra equívoca). En ellos prevalece la propiedad privada de los medios de producción, la economía se guía por el mercado y no por la planificación centralizada, hay elecciones periódicas multipartidistas y transparentes por las que se renuevan las élites dirigentes, existe y es efectiva la separación de poderes, y se respetan los derechos humanos y “the rule of law”. Incluso, a los países excomunistas que pidieron integrarse en la Unión Europea les exigieron adoptar “los criterios de Copenhague” que encapsulan los rasgos descritos en este párrafo.

¿En qué se diferencian “derechas e izquierdas” dentro de las “democracias liberales”, en Estados Unidos y Europa? Sencillo: en el monto y destino de los impuestos. Pero ni siquiera hay grandes diferencias. En Estados Unidos, más o menos, los ciudadanos abonan un 40% del PIB a la caja general, mientras en Europa llegan o sobrepasan el 50%. Las facturas de impuestos de estas naciones tienen una estructura parecida. La mayor parte se dedica a pensiones, cuidados de salud y educación. (USA gasta en “Defensa” el 4% de su PIB: 650,000 millones).

En Estados Unidos parece inevitable la adopción de un sistema de salud universal como el que existe en Francia o España. La clara mayoría lo prefiere según las últimas mediciones. Los estadounidenses pagan 19 centavos de cada dólar que generan en cuidados de salud (el doble del promedio de los países desarrollados) y tienen que abonar hasta tres veces el valor de las medicinas. Eso es intolerable.

Con la mala experiencia de los “Hospitales de Veteranos”, la solución menos mala acaso sea el modelo suizo. En ese país el Estado obliga a todos los ciudadanos a tener una póliza de seguro de salud desde que nacen hasta que mueren. De alguna manera esa obligatoriedad contradice los principios liberales, pero hay otras instancias en las que el Estado “obliga” a los ciudadanos. Lo hace cuando demanda impuestos, cuando inscribe a los jóvenes en el servicio militar obligatorio o cuando exige una licencia para conducir.

Para el pequeño mercado suizo hay docenas de compañías que compiten en precio y calidad y les corresponde a las personas elegir la empresa que les ofrece más garantías. La ley suiza define los cuidados que debe cubrir esa póliza. Como en toda sociedad, hay personas que carecen de recursos para pagar el seguro médico, pero en ese punto interviene la Comuna y paga la cuenta. No es la Confederación Helvética la que se hace cargo. Son los vecinos, los verdaderos prójimos, los que afrontan esos gastos. Eso reduce los abusos considerablemente.

El costo de la educación universitaria es más dudoso. Mientras que lo pagado por la salud va a fondo perdido, la factura de la educación universitaria es una inversión en el propio destino de la persona y acaso sea inmoral obligar a otros a mejorar el desempeño económico de unos adultos que disfrutarán ventajas comparativas.

Mi nieta Gabriela, por ejemplo, saldrá de la facultad de Derecho de una gran universidad con una deuda de $250,000 dólares, pero probablemente tendrá la oferta de un buen bufete dispuesto a pagarle $150,000 el primer año. Sería injusto que el conjunto de la sociedad corriera con sus gastos de estudio. Simultáneamente, me consta que no pierde un minuto y estudia intensamente, como todos sus compañeros. Si no acabara la carrera la deuda seguiría gravitando sobre ella. Donde y cuando la educación cuesta, los estudiantes son más juiciosos y exigentes. Elemental, doctor Watson.

Autor:  Carlos Alberto Montaner

27 de marzo de 2019

Yunda: la derrota de la clase media quiteña

Por primera vez en décadas, un candidato gana la Alcaldía de Quito con el respaldo de apenas una quinta parte del electorado.

¿Quién es el gran perdedor de la carrera por la Alcaldía de Quito? Parece obvio responder que Paco Moncayo. Desde el primer día y a lo largo de toda la campaña, el candidato de la Izquierda Democrática encabezó todas las encuestas con un margen lo suficientemente amplio como para pensar que era imbatible. Sin embargo, a la hora de la verdad, cayó del 30 por ciento de intención de voto al 17 por ciento de los votos reales y se hundió en un inesperado tercer lugar de la tabla de posiciones: una catástrofe política en toda regla.

Jorge Yunda, nuevo alcalde de Quito
Yunda: la derrota de la clase media quiteña

Pero no: el verdadero derrotado de la elección no fue un candidato particular. Quien este domingo 24 recibió un baño de agua fría (que puede considerarse un baño de realidad en más de un aspecto) fue la clase media quiteña, cuyos representantes en esta elección cayeron víctimas de su propia dispersión y su propia miopía: la suya y la de sus partidos y líderes políticos. César Montúfar, Juan Carlos Holguín, Juan Carlos Solines, Paola Vintimilla: sumadas sus respectivas votaciones representan el 32,5 por ciento del electorado. De haberse unido, como reclamó Mauricio Pozo cuando renunció a la candidatura socialcristiana, habrían derrotado a Jorge Yunda con once puntos largos.

La clase media quiteña, a diferencia de las de otras ciudades del Ecuador, tiene la consciencia de ser un actor político de peso, uno que tumba presidentes e influye en las agendas nacionales. La clase media quiteña percibe a la capital como una ciudad cosmopolita y firmemente encaminada en el siglo XXI.

Es sensible a los debates propios de una ciudad contemporánea, debates que consideran la movilidad alternativa, el ecologismo, el rescate del espacio público, el papel de la cultura... Y, desde los tiempos de Rodrigo Paz (alcalde entre 1988 y 1992), la clase media ha ejercido el liderazgo y ha sido capaz de consensuar proyectos de ciudad encarnados, bien o mal, en alcaldes que tuvieron un amplio respaldo en las urnas.

Todo eso llegó a su fin este 24 de marzo con el triunfo de Jorge Yunda. Por primera vez, un candidato gana la Alcaldía con el voto de apenas una quinta parte del electorado, resultado que proyecta serias dudas sobre la gobernabilidad de la ciudad en los próximos cuatro años. Se trata, además, de un candidato ausente del debate sobre la ciudad contemporánea. Un candidato que propone, por ejemplo, la construcción de grandes viaductos aéreos a lo largo de toda la ciudad como improbable solución al problema de la movilidad; o que promete construir el nuevo estadio olímpico en la mitad del mundo, para darse el gusto de tener un arco en cada hemisferio; o que prodiga ofertas en beneficio de las mascotas sin conexión con ninguna política pública.

Un candidato que realizó una campaña limpia, ciertamente, pero una campaña no basada en un proyecto de ciudad sino en los fuegos de artificio lanzados por su propio personaje: “la campaña del ecuavoley”, la llamó.

No ganó un proyecto, ganó (quizá por obra y gracia del voto obligatorio) un personaje. Uno que necesita urgentemente un proyecto. De ahí su invitación, lanzada ayer, para que Fernando Carrión, uno de los planificadores urbanos más reconocidos de Quito, se una a su alcaldía.

En la dispersión de los candidatos de la clase media quiteña tienen su parte de responsabilidad los partidos políticos. CREO y el socialcristianismo, especialmente, cuyos líderes decidieron desde Guayaquil, en función de estrategias políticas a largo plazo y de espaldas a los intereses de una ciudad que no es la suya, participar en unas elecciones que no tenían probabilidad de ganar. Las élites quiteñas les cedieron esa capacidad de decisión.

Un baño de realidad. La victoria de Yunda desentierra los peores fantasmas de una ciudad que se creyó cosmopolita y de pronto se descubre como la vieja ciudad excluyente dividida por una barrera infranqueable: la que divide al norte del sur, separados por prejuicios, desprecios y resentimientos. Fantasmas atávicos. El ascenso de Yunda recuerda el de ese otro personaje radial de los ochenta: Gustavo Herdoíza, el Maestro Juanito, quien también expresó en su momento esa frontera que es mucho más que geográfica. Más de la mitad del electorado ni lo conoció. Pero él sigue vivo.

¿Quién es Jorge Yunda?

En Quito no necesita presentación. Basta subirse a un bus o a un taxi a las ocho de la mañana, cuando todo el mundo se dirige a su trabajo y el tráfico en la capital es un infierno, para escucharlo hacer gracias, bromear, cantar, comentar el fútbol, reír. Sobre todo, reír. Todo el mundo ríe en el programa ‘Radiación Temprana’, de Radio Canela. Sonora, espasmódica, estrepitosamente. Son las gracias, son los chistes del Loro Homero la causa de tanta carcajada. Médico cirujano de profesión, cantante y compositor de oficio, dirigente deportivo por vocación, empresario radial por interés, Jorge Yunda es, antes que todas esas cosas, un hacedor de gracias.

Hombre de extracción humilde y origen campesino, Jorge Yunda nació en Guano, provincia de Chimborazo, hace 53 años. Siendo él un niño, su familia emigró a la capital, donde se estableció en el popular barrio de San Roque. Ahí el pequeño Jorge se convertiría en un ser más quiteño que la Guaragua. Sus padres, un carpintero y una costurera, son un ejemplo de trabajo y superación. Gracias a su esfuerzo, Yunda se convirtió en el primero de su familia en acceder a la educación universitaria.

Médico cirujano por la Universidad Central, ejerció la profesión en varios hospitales públicos de Quito. Pero pronto su diversidad de intereses lo llevaría a incursionar en otras actividades. En 1989 ya era cantante, guitarrista y compositor de canciones del grupo Sahiro, que tuvo mucho más de un cuarto de hora de fama en la ciudad. Al mismo tiempo, se empieza a desempeñar como locutor de programas de entretenimiento en varias radios. Ese es el trabajo con el que terminaría por quedarse. El que le dio fortuna.

En el 2000, Yunda empieza a adquirir sus primeros equipos y sus primeras emisoras, por lo general repetidoras en provincias. Para el 2006 ya se ha convertido en un personaje radial lo suficientemente popular y lo suficientemente populista como para despertar el interés del fenómeno político del momento: Rafael Correa. A partir de entonces su ascenso fue meteórico. Un año más tarde ya se ha convertido en el presidente del Consejo Nacional de Radio y Televisión, Conartel. Inaudito: un dueño de emisoras y concesionario de frecuencias, al frente del organismo de control de las emisoras y de las frecuencias. Así era el correísmo.

Según la organización Fundamedios, que le siguió los pasos y escribió varios informes sobre sus actividades, su huella por el Conartel sirvió a Yunda para dictar los reglamentos que luego empleó para construir su imperio mediático, uno de los tres más grandes del país que fueron denunciados por la Contraloría en su informe de mayo de 2018.

Dependiendo del pie con que se levanta de la cama, Yunda puede confirmar o desmentir la existencia de ese imperio. “No son 35 (frecuencias), son 50”, respondió cínicamente, en un tuit, cuando Fundamedios presentó su primer informe. Luego ha dicho que no son suyas. En realidad son 46, y pertenecen a una docena de tramas societarias. El cruce de la información bancaria de estas sociedades conduce invariablemente a los mismos nombres: los de la madre y la hermana de Yunda. La Contraloría no tiene dudas: Yunda es, gracias al correísmo y a pesar de la Ley de Comunicación del correísmo, uno de los mayores concentradores de medios de comunicación en el país.

De las radios de Yunda proviene su poder. Ese poder que lo llevó a convertirse en el primer presidente civil del club de fútbol El Nacional. No le fue bien: salió antes de terminar su período, dejando un equipo en crisis económica y un plantel que llevaba sin cobrar dos meses. Pero ya en ese entonces tenía otras ambiciones: siempre de la mano del correísmo y de sus radios, en 2017 se convirtió en legislador por Pichincha, con una masiva votación en el distrito sur de Quito que despertó su codicia por la Alcaldía. Fue de aquellos asambleístas que mantiene el perfil bajo. Y cuando su partido se dividió optó por la posición más predecible: quedarse con quienes tienen el poder.

El correísmo quiere más

Luisa Maldonado, candidata correísta a la Alcaldía de Quito, dio el campanazo al ubicarse en segundo lugar, por encima del general Paco Moncayo. Pero su 18,4 % de los votos no es una sorpresa para nadie: corresponde al correísmo duro. Ella quiere más. Ayer anunció su voluntad de impugnar los resultados, pues considera que el CNE hizo fraude.


Autor:   Roberto Aguilar

Fuente:  Diario Expreso


19 de octubre de 2018

Operación Caterva

Conocí a Mauricio Ayora, mucho antes de que se convierta en Caterva, hará hace unos treinta años, cuando entré a trabajar como reportero del noticiero Telemundo, que dirigía el prestigioso periodista Alberto Borges y que sigue transmitiendo la cadena Ecuavisa al borde de la medianoche. Éramos jóvenes; yo había escrito ya varios años para la revista Vistazo; Mauricio era editor de videos; y creo que ambos admirábamos a Alberto, un español alto y calvo, que había sido corresponsal internacional de la revista Vistazo y que a fines de los ochenta, cuando yo entré a trabajar con él, era un periodista de fuste, al que conocían como “el gallo del cerro”, una celebridad de la televisión nacional.

Mauricio Ayora Caterva
Artículo de Carlos Jijón:  Operación Caterva

No fui reportero de Telemundo por más de un año. Cuando Alberto murió, años después, de  un infarto, yo seguía escribiendo crónicas políticas y reportajes internacionales para Vistazo, y le había perdido la pista a Mauricio, hasta que un día lo encontré, muchos años después, caminando en la avenida 9 de octubre, en el centro de Guayaquil. Estaba totalmente calvo (se había rapado a mate), como Alberto, pensé, aunque él era pelado natural. Creo recordar que me contó que le iba bien, y que había empezado a trabajar como presentador de noticias de la mañana en Telesistema.

En esa época yo debo haber sido director de noticias de Ecuavisa. En los años siguientes recuerdo haber visto como Mauricio Ayora se convertía en “Caterva”, un espectáculo de la televisión. Calvo, aparecía con un gallo en el set y sermoneaba de manera sentenciosa sobre cualquier tema de actualidad. Era como una copia de Alberto Borges, de baja estatura y sin su formidable cultura. Pero su éxito iba en ascenso.

Casi en la misma época en que yo fui despedido de la dirección de noticieros de televisión, por las presiones del gobierno de Rafael Correa, Caterva fue contratado a precio de oro por TC,  ya controlado por el socialismo del siglo XXI. Y ahí se mantuvo durante todo el régimen, dirigido en la práctica por Fernando Alvarado, y convertido en el Alberto Borges de los pobres, un ancla del medio más importante de todo el emporio que manejaba el gobierno, una especie de símbolo, junto con Carlos Ochoa y Orlando Pérez, de lo que debía ser el periodismo en los tiempos de la revolución ciudadana.

¿Fue Caterva parte de una operación para desestabilizar al gobierno del Presidente Lenín Moreno golpeando en el centro el poder, el Secretario Eduardo Jurado, al denunciar, la semana pasada, a través de la pantalla de TC Televisión, supuestos cobros no autorizados de una compañía de seguros (de la cual Jurado es accionista) a través de la banca? Conociendo a Caterva uno no puede estar seguro. La calidad y el rigor de su trabajo periodístico, y del noticiero que presenta, lo llevan a uno a pensar que no: que se trató de una reacción desaforada al desaparecer de su cuenta una decena de dólares y lo lanzó en pantalla sin mediar ningún informe de la Superintendencia ni la opinión de un experto ni mucho menos la versión de los acusados. Ni la autorización del director del noticiero.



Pero el relato creado, en cuestión de horas, e impulsado desde la cuenta de Twitter del expresidente Rafael Correa, lo hacen a uno cuestionarse si no se trata de una operación de propaganda para sustituir de la discusión pública la imagen de un caudillo en serios problemas judiciales, para reemplazarla en las mentes de los ciudadanos por la de un gobierno supuestamente asociado a los banqueros para apropiarse del dinero de los depositantes.

El asunto no tiene lógica: los bancos no se benefician del cobro de contratos de seguros más que cuando debitan el pago de la electricidad, el agua potable o las pensiones del colegio de los hijos. Pero la fuerza del relato no radica en la lógica, sino en el mecanismo irracional de crear un enemigo poderoso y oculto que nos puede hacer daño. Y la banca ha desempeñado ese papel durante las últimas décadas. Al punto que un hombre como Correa, al que la justicia investiga por el secuestro de un exlegislador, el encubrimiento del asesinato de un general de la República, y que nunca se enteró de lo que hacía su vicepresidente, condenado por recibir millonarios sobornos para la contratación de obra pública, ahora encabeza una campaña para desestabilizar al Presidente que él mismo ayudó a instalar en el poder, y difamar a unos empresarios banqueros contra los que nunca se ha iniciado una acción judicial, ni siquiera durante los diez años que él controló la justicia.

Y sin embargo, el relato cobra fuerza, aún entre mis colegas de la prensa. La idea de que los empresarios (y en particular los banqueros) son unos enemigos de los que necesitamos ser defendidos por unos ya no tan jóvenes de manos limpias y corazones ardientes, sigue siendo poderosa. Seguramente como ocurría con los judíos durante la propaganda nazi, usted puede atribuir cualquier infamia a los banqueros, y siempre habrán muchas personas dispuestas a creerlo. Pero la realidad es que, al final del día, mientras no exista un informe de la Superintendencia de Bancos, esto no es más que una campaña de propaganda impulsada desde un ático de Lovaina, basada en el trabajo periodístico de Caterva.

De nada.


Autor:    Carlos Jijón

Fuente:   La República

13 de octubre de 2018

"El más grande atraco de la historia de Ecuador"

La investigación que revela los negociados de Rafael Correa con China


Los contratos con Petrochina habrían perjudicado al país latinoamericano en más de 2 mil millones de dólares.

Las copias juramentadas de las declaraciones patrimoniales del ex presidente Rafael Correa, sus movimientos migratorios desde el 2009 hasta 2017, los vaivenes de sus cuentas bancarias, transacciones económicas, incluidos ingresos, egresos, salidas de divisas, bienes, entre cientos de documentos son parte del análisis de un auditor contratado por la Fiscalía de Ecuador.

rafael correa corrupcion petrochina
Rafael Correa quedó en el centro de las sospechas por corrupción por el contrato con PetroChina. 

El análisis forma parte de la investigación previa que se realiza por supuestas irregularidades en la venta de petróleo a China durante el gobierno del ex mandatario.

En ese caso, calificado por su denunciante, el activista e investigador Fernando Villavicencio, como "el más grade atraco de la historia del país", no solo Correa está bajo la lupa, sino decenas de ex altos funcionarios de su gobierno, entre ellos su entonces vicepresidente Jorge Glas (ahora en la cárcel ligado a la corrupción de Odebrecht), el ex Contralor Carlos Pólit (prófugo de la justicia), el ex gerente de Petroecuador (en la cárcel por corrupción en la estatal petrolera); el ex ministro de Hidrocarburos, Pedro Merizalde, el ex ministro de sectores estratégicos, Rafael Poveda, el ex gerente de Comercio Internacional de Petroecuador, Nielsen Arias, los ex ministros de Finanzas, Patricio Rivera y Fausto Herrera (ahora asesores del dictador Nicolás Maduro).

La lista es larga como larga es la lista de impulsos fiscales, peticiones y pedidos de todo tipo de parte de la Fiscalía: al menos una docena de asistencias penales internacionales, pericias de audio y video; informes de empresas internacionales como Artur D. Little, Hogan Lovells USLLP y Goldman Sachs que a su tiempo entregaron a la estatal petrolera, incluso informes de riesgos tributarios de las personas analizadas solicitados al Servicio de Rentas Internas del país andino.

Solo la denuncia de Villavicencio, presentada el año pasado ante la Fiscalía, consta de 105 páginas, con 136 anexos y más de 100 cuerpos, que según el denunciante demostrarían que a través de intermediarios, vinculados tanto a la empresa PetroChina como al Gobierno del expresidente Rafael Correa, se perjudicó al país en más de 2.000 millones de dólares.

En un sistema inédito para Ecuador, durante el gobierno de Rafael Correa, entre 2009 y 2017 se contrató créditos por alrededor de 18.170 millones de dólares, con tasas de interés que fluctuaron entre 7% y 8,25%, entre las más altas de la región a esa época y fueron respaldadas con ventas anticipadas de petróleo; se comprometieron 1.204 millones de barriles de crudo Oriente y Napo hasta el 2024.

Ese modelo de contratación de créditos se aplicó con las empresas chinas PetroChina, Unipec y con la tailandesa Petrotailandia. En total se firmaron 13 contratos de este tipo con las tres empresas

"Las líneas de crédito fueron maquilladas como preventas petroleras o ventas anticipadas, pero en realidad eran créditos maquillados para no rebasar el tope de endeudamiento legal (40% del PIB)", dice Villavicencio.

Una de las irregularidades denunciadas es que el crudo ecuatoriano jamás llegó a las refinerías chinas, sino que fue destinado a la reventa a Perú, Estados Unidos y Panamá, y que las pérdidas por barril vendido habrán sido de al menos 2 dólares por barril, cuando el argumento del gobierno de Correa para este tipo de contratación era eliminar la intermediación y vender al cliente final para maximizar los ingresos para el Estado.

Correa ha dicho que solo firmó una preventa, la del 2010 y que los opositores pretenden involucrarlo en actos de corrupción por "persecución política".

La afirmación de Correa de que solo conoció una operación resulta difícil de creer en un país en el que en sus propias palabras él era el jefe de todos los poderes del Estado.

Las irregularidades de las ventas de petróleo a China comenzaron a hacerse públicas con los denominados "Papeles de Panamá", documentos filtrados del estudio panameño Mossack Fonseca, que revelaron que en la primera venta anticipada de petróleo que hizo el gobierno de Correa, en 2009, a través de PetroEcuador a PetroChina International Cpo- Ltd., existieron comisiones para empresas privadas de unos 70 millones de dólares.

En esas empresas, según los Panamá Papers, participaban los ecuatorianos Enrique Cadena Marín y Jaime Baquerizo Escobar, que ayudaron en la negociación.

Esa primera venta comprometió 69,12 millones de barriles de petróleo ecuatoriano a cambio de un anticipo de $1.000 millones de dólares a dos años plazo y una tasa de interés de 7,25%.

Según los Panamá Papers, Petroecuador entregó el crudo a PetroChina y esta empresa a Castor Petroleum, que luego paso a manos de la mutinacional petrolera Gunvor Group Ltd.

Esa investigación reveló además que Castor Petroleum pagaría 1 dólar de comisión por barril a los ecuatorianos a través de Waterway Petroleum Limited, una compañía transportadora de petróleo, parte de Gunvor.

Según un informe de la Contraloría de Ecuador, en ese contrato del 2009 y otro firmado en 2010, la estatal Petroecuador dejó de recibir por lo menos 34,45 millones de dólares, debido a la fórmula que se aplicó para determinar el precio del barril de crudo.

Villavicencio asegura que hay además un delito de colusión porque Bayardo Poveda Camacho, apoderado de Taurus Petroleum, una de las intermediarias que carga el petróleo a PetroChina, es primo de Rafael Poveda Bonilla, ministro coordinador de sectores estratégicos de Correa hasta septiembre de 2016.

"El primo era parte de los equipos de negociación oficiales del gobierno de China, donde se negociaban los precios de las líneas de crédito, los precios del crudo, pero su primo hermano firma los conocimientos embarque, los certificados de titularidad de los buques petroleros a nombre de la intermediaria Taurus petroleum, que es parte del grupo Cocumbor", dice Villavicencio.

La Fiscalía investiga los delitos de cohecho y asociación ilícita, pero según Villavicencio Correa y todos quienes manejaron durante 10 años el sector petrolero "cometieron también peculado, delincuencia organizada, lavado de activos, enriquecimiento ilícito", entre otros.

El investigador ha entregado a la Fiscalía centenares de documentos, entre ellos números de cuentas bancarias de intermediarios en JP Morgan, de Estados Unidos; cuentas de Enrique Cadena Marín en el Helm Bank, en bancos panameños, Breiton Capital & Shipping INC, Denarii Systems…

Más allá de los delitos que se definan en este proceso, Villavicencio destaca que lo importante "es la recuperación de lo robado; si el país no recupera lo robado eso quiere decir que hay impunidad total".

La Fiscalía de Ecuador hace algunos días pidió a una jueza de la Corte Suprema que llame a juicio al ex presidente Correa, a quien acusó de asociación ilícita y secuestro del político opositor Fernando Balda, por lo que se estima que ahora se dedique de lleno al caso de la venta de petróleo a China y Tailandia.

Al momento, Correa, que vive en Bélgica (lugar de origen de su esposa) tiene poco menos que una veintena de denuncias en su contra: por daño moral, delitos de lesa humanidad, tráfico de influencias, asociación ilícita y secuestro de un opositor, injerencia judicial, odio, peculado, delincuencia organizada y hasta una indagación por supuestos aportes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a su campaña electoral.


Autor:   Mercedes Alvaro

Fuente:  INFOBAE

2 de septiembre de 2018

El día que decidí abortar

Yo no era una niña, ni una adolescente, no era indígena ni tenía una situación económica precaria. Había terminado mi educación superior con todos los nuevos requisitos impuestos. Tenía empleo, salario y pareja estable. No deseaba un embarazo y usaba anticoncepción. De todas formas me embaracé, y aunque no era pobre, ni indígena, ni demasiado joven, era mujer y estuve a punto de morir por una sepsis post aborto.

Supe que estaba embarazada al poco tiempo de haber optado por una “T de cobre” como método anticonceptivo, y con ello mi pequeño infierno inició. Dilaté la decisión por varias semanas. Fueron semanas de llanto, de incertidumbre, de un profundo sentimiento de culpa marianista, esa culpa que cargamos las mujeres como herencia del patriarcado en el que nacimos y del que tanto cuesta rebelarse.

No soy católica ni practico religión alguna. Hace mucho tiempo pienso que las iglesias son las multinacionales más poderosas y perversas, cómplices y muchas veces responsables de los peores genocidios, guerras y abusos. De todas formas, los 500 años de imposición cristiana han calado nuestros cuerpos y nuestras mentes configurando una suerte de arquetipo junguiano que definitivamente pesa y que requiere más que un proceso de racionalización para romperse. Debo admitir que el miedo al castigo divino, estaba, estuvo mucho tiempo robándome el sueño y la calma.

tema aborto en ecuador
María Fernanda Soliz: "El día en que decidí abortar"


Tampoco soy militante feminista. En la vida cada una encuentra sus opciones militantes y la mía fue el ecologismo popular, desde ahí, la defensa del territorio se convirtió en principio rector de defensa de la vida. El día en que decidí abortar, entendí la reivindicación feminista: “mi cuerpo es mi primer territorio de resistencia”, por primera vez logré comprender que la soberanía del cuerpo era condición primera de emancipación y que el Capital es posible y se reproduce en tanto controla y se apropia no sólo de la fuerza de trabajo sino de los cuerpos.

Durante muchos años, el ideal de familia y el amor romántico, determinaron en mi vida una opción consciente de sumisión y entrega que viví por decisión propia, convencida y en muchos momentos feliz. Sin embargo, en algún punto, esto se convirtió en la puerta de entrada a la violencia y la sostuvo durante un largo tiempo. Mi pareja no deseaba el embarazo y me lo dejó claro, quizás con excesiva dureza como suele suceder en las historias de mujeres reales y no en los cuentos de princesas que nos venden desde pequeñas. Me dijo que era mi decisión pero que él no quería el embarazo, y alrededor de ello, estallaron semanas de mucha conflictividad y presión.

Cuando miro en retrospectiva e intento pensar, qué tanto fue mi decisión y qué tanto su imposición, no tengo respuestas claras; pero casi una década después, de lo que si estoy segura es que el requisito primero, sine quanon, para salir de los ciclos de violencia pasa por la posibilidad de que las mujeres podamos tener garantías en el cumplimiento de nuestros derechos económicos, políticos y sociales, y por ello mi cercanía con los feminismos marxistas. La autonomía laboral, productiva y material en mi caso y en el de muchas mujeres, determinaron la diferencia entre la sumisión y la liberación.

La familia, (le añadiría el amor romántico), la propiedad privada y el Estado, son sin lugar a duda los responsables de la reproducción de la explotación capitalista y el patriarcado y por ende son nuestros escenarios de disputa. Por ello, cuando hablamos del derecho al aborto libre, gratuito y seguro, reconocemos que es el Estado el que debe garantizar a las mujeres las condiciones legales, institucionales y materiales para el pleno cumplimiento de sus derechos.

El día en que decidí abortar no fue fácil, debo insistir. Lo pensé, lo repensé, lo proyecté, lo conversé. Tenía un hijo escolar, yo estaba terminando mi doctorado y el trabajo y la militancia no me daban respiro. Pero lo pensé, me emocioné, decidí y cambié de decisión, varias veces. Quería ese embarazo pero no tenía condiciones de mantenerlo. ¿Otro hijo sola, divorciada, en otra ciudad, y en un contexto tremendamente complejo?

Había cuidado el embarazo durante casi tres meses, la alimentación, ni una gota de licor, ninguna medicina o cualquier sustancia que pudiera afectarlo. Había aguantado semanas de nauseas matutinas, había tomado las vitaminas y el ácido fólico, era una suerte de tortura e incertidumbre. No fue fácil encontrar opciones, no fue fácil preguntar, no fue fácil concertar la cita y no fue fácil tomar la primera pastilla antes de la intervención, sabía que ese sería el fin.

El aborto fue perverso. En un cuarto de consultorio en una casa vieja, en una camilla rota, sin anestesia, sin seguridad alguna. Ahí transcurrió una hora de dolor inimaginable, indescriptible. Una suma de dolor físico, de terror, culpa, tristeza profunda. La insistencia de la obstetriz y su asistente para que dejara de gritar y llorar, su desesperación para calmarme me llegaba lejana, yo ya no estaba con ellas, en algún momento me desconecté de mi cuerpo.

El dolor de la cureta sin anestesia, la sangre, y el procedimiento interminable. No paraba, seguía y seguía y yo ya no estaba. Pensaba en mi hijo pequeño y en lo paradójico de que una mujer clase media, profesional, en una camilla, en un cuarto clandestino terminara ahí su vida. Pensaba en las mujeres indígenas, pobres, sin acceso siquiera a ese procedimiento, pensaba en sus condiciones, en los cuartos similares, en los raspados, en las complicaciones, en las muertes.

Salí del procedimiento sin voz, no quise hablar durante algunos días, solo lloraba. Mi pareja nunca logró entender mi dolor, le pareció una exageración.  A los tres días el dolor y el sangrado incrementaron, la fiebre llegó y no cedía a los antitérmicos. Estábamos en una comunidad dictando unos talleres de monitoreo de agua, y entonces no pude más, mis queridas compañeras, sabias y solidarias me llevaron a una casa de salud.  Ahí debimos decir una verdad a medias para tener acceso a atención médica. Me repitieron el curetaje. Para entonces ya conocía el procedimiento, con resignación me recosté, apreté los muslos y esperé a que terminara. Durante varios meses debí tomar medicinas, la infección me dejó graves secuelas. Me costó recuperar la salud, el peso, la vitalidad y la alegría. Me costó procesar la culpa y volver a sonreír.

Todavía me cuesta mucho escribir estas páginas, las he desempolvado con sumo cuidado a riesgo de quebrarme una vez más. Lo he hecho a propósito de la movilización argentina y latinoamericana masiva, creo que les debo mi testimonio. Cuando miro las olas de pañuelos verdes, pienso en el libro de Gioconda Belli:  El país de las mujeres, y recuerdo la escena final, cuando la movilización en aquel mágico país, Faguas, no era solamente de mujeres, sino que se transforma en una movilización popular por un proyecto político en el que prima la ética del cuidado de la vida.

Han tenido que pasar muchos años para que me decida a escribir estas páginas, a enfrentar los conservadurismos de la ciudad en la que nací, los juicios de valor, y mi historia de violencias. Ha pasado mucho para entender que la violencia de pareja, obstétrica, familiar no es un asunto privado sino público, pero no ha pasado suficiente. Hoy, todavía las mujeres son apresadas por abortar, así lo establece nuestro marco jurídico e institucional. Hoy, todavía las mujeres morimos en abortos clandestinos, así lo determina el Estado desde la negación de condiciones materiales para garantizar procedimientos seguros y no traumáticos.

En 1997, recién hace 20 años, se despenalizó la homosexualidad en Ecuador, ¿cuánto tiempo deberá pasar para que la iglesia deje gobernar y controlar, deje de reproducir las inequidades? ¿cuánto tiempo deberá pasar para que se deje de legislar en función de los dogmas de una multinacional y no en función de los principios de la ética de la vida? Sin lugar a dudas la desafiliación colectiva de la iglesia, ha sido para muchas y muchos, un proceso sanador y liberador, simbólico, de ruptura.

La despenalización del aborto no sugiere, no conduce, ni obliga a nadie a interrumpir su embarazo, solamente garantiza que las mujeres que un día decidimos abortar podamos seguir vivas, seguras y felices. La despenalización del aborto en lo absoluto irrespeta la decisión de aquellas mujeres que desean mantener su embarazo. En este sentido, es obligación de los y las legisladores de un Estado, legislar por y para su pueblo, no desde y para sus convicciones morales o religiosas. No se puede legislar desde el prejuicio, desde el dogma, desde el moralismo, más aun cuando existen argumentos científicos claros y contundentes. Legislar desde la iglesia es una irresponsabilidad política con la historia y los colectivos.

El día en que decidí abortar, volví a nacer más humana y menos juzgadora, más fuerte y menos sumisa, más solidaria y colectiva, más segura de que dignidad humana debe ser el principio y el fin.


Autora:  María Fernanda Soliz

Fuente:  Plan V

21 de agosto de 2018

Carta abierta de un venezolano a los ecuatorianos

Estimados ecuatorianos, veo prudente empezar estas líneas pidiéndoles disculpas si es que algún venezolano les hizo sentir mal o consideran que les hizo un daño a los tuyos. Para mí es inaceptable y perturbador el maltrato físico, verbal o psicológico. No hay excusa, ni mucho menos motivos o explicaciones para maltratar o amedrentar a alguien que está en su casa.



Yo sé que es un tema sensible el que hoy les quiero contar; pero, la tristeza es mucha y quiero desahogarme con ustedes. Este tema de la afluencia masiva de venezolanos llegando al Ecuador es tan nuevo para ustedes como para nosotros. Venezuela nunca fue un país de familias que escapaban y salían caminando por la frontera para pedir dinero y tener algo con qué comer. Les juro que todo esto es nuevo para nosotros. De hecho, paradójicamente, yo recuerdo que cuando alguien salía del país era por turismo y lo hacía porque tenía dinero y regresaban al país donde estaba sembrada su vida. Y si no me creen, busquen cuántas familias alemanas, italianas, americanas y asiáticas se instalaron durante décadas cómodamente en nuestro país por ser un destino lleno de riquezas y oportunidades de todo tipo.

Hoy quienes se van de Venezuela lloramos, lloramos muchísimo al dar un último abrazo a los suyos. Un último abrazo que es desgarrador como si quisieras que nunca se acabara. ¿Y saben por qué? Porque quienes salimos de Venezuela lo hacemos con angustia sabiendo que regresar no está en nuestras opciones, ni siquiera en nuestras posibilidades económicas. Ese último abrazo es la incertidumbre de qué pasará con nuestras vidas después de agarrar las maletas. No salimos porque queremos sino que corremos porque lo necesitamos. Dejamos nuestra vida con un dramático boleto de ida y sin retorno porque cualquier cosa que hagamos aquí afuera nos permitirá ayudar mucho más a quienes dejamos en nuestro país y que tanto lo necesitan.

venezolanos en Ecuador
Miles de venezolanos llegan todos los días a Ecuador

Imagínense la magnitud de este problema social en el país conocido como potencia petrolera que muchos prefieren pasar por todo esto antes de seguir allá. Aun así, estos días he visto en redes sociales a algunos ecuatorianos exigir y reclamar al gobierno nacional y local el cierre inmediato de las fronteras, deportar a los venezolanos que están llegando por el Puente internacional de Rumichaca y otros se permiten hasta usar el tono chistoso de pedir que pongan una bomba en los albergues habilitados por la municipalidad de la capital de Ecuador donde hoy se refugian mis paisanos. Leo esto y hago una pausa con agonía porque cualquiera de ellos puede ser mi familia.

No voy a caer en detallar la similitud que este país vivió con la migración ecuatoriana a Europa o Norteamérica, no lo voy hacer sencillamente porque de seguro también fue un capitulo doloroso de la historia de este país que separó familias y dividió pueblos. ¡Nadie quiere irse de su casa de esa forma! Yo solo voy compartir la enseñanza de mi mamá cuando siempre me decía que el vecino es el familiar más cercano. Pensar en el prójimo no es pecado ni mucho menos es un sinónimo de apátrida sobre todo cuándo el vecino sufre los problemas de la hegemonía del poder y la democracia disfrazada de un socialismo que ha dejado tantos muertos y que parece ser un hueco sin fondo donde cuesta creer en un final feliz.

Si me lo preguntan, era muy feliz en Venezuela. Venirme nunca fue opción hasta que se convirtió en la solución. Di clases en universidades, narré noticias en televisión nacional, mi trabajo como periodista era reconocido, tenía un montón de amigos y podía ver todos los días a mi mamá… Pero, me robaron las ganas, me robaron las esperanzas. Salí de mi país porque no encontré más oportunidades, porque vivir con miedo no es vivir. Estar con el Credo en la boca y la “suerte de vivir”, nadie lo merece. Corrí de mi país porque me sentía deprimido y estancado por no poder aportar, producir y mucho menos aspirar. No tenia espacio. Una percepción muy propia que cualquiera podría diferir; pero, que al final, fueron mis motivos y mis circunstancias.

Ese país de dónde vengo hay gente de todo tipo. Gente buena y mala; gente amable y déspota; gente trabajadora y vaga, ya saben, como en cualquier país del mundo y su diversidad. Sin embargo, mucho cuando salimos, lo hacemos con las ganas de trabajar en cualquier cosa digna para obtener dinero. No estoy esperando que ecuatorianos, peruanos o colombianos se hagan cargo de los problemas de los venezolanos, yo solo les pido que cuando vean a un paisano piensen que detrás de él; probablemente, tiene una historia llena de batallas y adversidades que nadie quisiera vivir. Y si algo les deseo es que ojalá nunca les toque dejar toda su vida y empezar una nueva en una tierra que se desconoce por completo porque eso duele, duele en el alma. Y si por alguna razón les llegara a tocar… Pues, ¡ojalá encuentren a gente buena como la que encontré yo en este país!

Aquí cabemos todos. Ecuador, me ha dado un hogar que no pude meter en mi maleta cuando me vine y que recuerdo todas las noches antes de irme a dormir. Se me pone el corazón chiquito pensar irme de Quito, con todo y que aun no me acostumbre al frío tanto tiempo después de haber llegado. Siento a esta ciudad que me adoptó y la siento como mi Quito bonito. Este país significa para mí la “suerte” que salí a buscar y que hoy valoro en grado superlativo.

Esta pequeña nación, chiquita en territorio pero enorme de corazón me ha dado montones de alegría: una cédula y una visa profesional que se han convertido en mi fortuna más agradecida. Aquí tengo una familia que no distingue acentos sino sentimientos. Vivir o revivir aquí ha sido una oportunidad única, una oportunidad que a nadie se le puede quitar.

Con cariño y agradecimiento infinito, Luis Eduardo.

Autor:  Luis Eduardo Ynciarte

Fuente:  Blog personal

26 de julio de 2018

El tercermundista

Producto del caótico subdesarrollo, el tercermundista es un personaje imaginario que refleja brutalmente los pecados de su medio.

Rafael Correa Nicolas Maduro Daniel Ortega
Artículo de Roberto Bonifaz:  "El tercermundista"

Generalmente y a pesar suyo, el tercermundista es ignorante y acomplejado; ni rico ni pobre, el tercermundismo es un estado de la mente que sobrecoge a todas las clases sociales. Parlanchín incoherente y plantilla, siempre llega tarde a todas partes y nunca cumple con lo que ofrece. Claro está que no es una persona organizada ni disciplinada y con muy poca vergüenza ignora la ley, siempre que puede. Irascible por improvisado, también es hipersensible a la crítica y al halago. Inseguro de si mismo, discute a gritos por cualquier minucia, y maltrata a los más débiles, pero es servil con los demás.

Irresponsable como pocos, nunca es culpa suya un fracaso. La desidia le embarga, pero se da el trabajo de ser pomposo y cursi. Como tiene poco control de sus emociones y de sí mismo, puede ser ridículo y hasta violento. Es mal borracho que pega a su mujer y como los patos que se meten en el agua y no se mojan, no aprende de sus experiencias. Cuando pierde en el juego, es alegón y alevoso, y si se trata de dinero es inescrupuloso, sinvergüenza y corrupto. Opina de todo y como es ignorante, en todo se equivoca. Irracional en los momentos difíciles, es peligroso en puestos de poder, porque pronto se asusta y es vengativo y abusivo. Eufórico en un comienzo, termina súbitamente desencantado; la persistencia y la paciencia no son sus fuertes. En realidad le gusta todo fácil, y nunca colabora con la comunidad, pero demanda todo de ella.

Es impávido e indolente ante la pobreza y la injusticia, pero acepta pronto al demagogo, de quien es su reflejo. Está presto a creer en chismes, mientras más inverosímiles mejor, porque tiene poca imaginación y no está consciente de sí mismo ni de su medio ambiente. Así es como estorba a todo el mundo porque no piensa ni respeta a los demás; es un pequeño individualista.

Es fruto de un medio educativo determinado por la inconsciencia; pero eso es causa y efecto del nudo gordiano del subdesarrollo. Todos tenemos algo de tercermundistas, unos más otros menos, porque conlleva muchas ventajas de cortísimo alcance el ser así. En el largo plazo, este comportamiento se generaliza, la gente se acostumbra y con el tiempo se vuelve una subcultura que la aprenden los niños...

Si Ud., lector, cree exagerada esta descripción, piense en la polìtica, el sistema legal y el tráfico, y estará de acuerdo conmigo en que esta manera de ser es autodestructiva.


Autor:  Roberto Bonìfaz

Fuente:  El Comercio (17 de mayo 1994)

19 de julio de 2018

Correa no logra huir del infierno

Tal vez ahora Rafael Correa esté tentado de abrir un libro de historia. Porque necesita entender lo que significa la política, con su transitoriedad y sus caprichos. Únicamente así podrá enfrentar el tránsito del boato presidencial a la rutina ciudadana.



Amén de los detalles del incidente con el periodista lojano Ramiro Cueva, y de los eventuales trámites legales en una comisaría belga luego del pugilato callejero, a lo que asistimos es al conocido escenario de los desagravios ciudadanos por mano propia. Lo que en la nomenclatura actual se denomina escrache.

Obnubilado por la autopromoción publicitaria de su gobierno, al expresidente le debe costar trabajo darse cuenta del reguero de resentimientos y odios que dejó tras su paso por la política. Embelesado con una imagen construida como dentífrico, únicamente tiene cabida psicológica para los halagos. Desde esta lógica, las huevizas con que lo recibieron en la última campaña electoral pueden ser atribuidas a la perversa estrategia de algunos enemigos insignificantes, más no a la animadversión colectiva.

Por esa visión distorsionada de la realidad, Correa se quedó impávido cuando el periodista Cueva le increpó por los atropellos cometidos en contra de su medio de comunicación. Porque el reclamo fue sorpresivo y público: es decir, sin que medien formalidades, y en un espacio neutro donde todos estamos obligados a respetar el derecho ajeno. Por ejemplo, el derecho a reclamar por una injusticia.

A diferencia del Ecuador del correato, donde el poder se imponía arbitrariamente en todas partes, en Bélgica el espacio público está sometido a reglas universales. Como aquella de que todos somos iguales ante la ley. Luego del escándalo público de marras, todos los implicados tendrán que presentarse ante la autoridad en igualdad de condiciones, como simples ciudadanos involucrados en un incidente callejero. Es decir, en un incidente público (hay que reiterarlo hasta el infinito).

No se sabe en qué terminará el enfrentamiento una vez que sea procesado por las autoridades belgas. Si, tal como lo afirma Cueva, se confirma que fue agredido físicamente, la situación se complica para el expresidente y sus guardaespaldas. Dudo que la sociedad belga justifique una reacción pendenciera y camorrista en contra de un periodista. Por más impertinente que este pueda haber sido. Pero más graves son las contingencias que pudieran presentársele al exmandatario. Es decir, los posibles escraches de los perjudicados por su autoritarismo. El reclamo de Ramiro Cueva es, a no dudarlo, la punta del iceberg de una animosidad más extendida de lo que los correístas obtusos suponen. Son las tempestades de los vientos sembrados.

rafael correa vs periodista belgica
Artículo de Juan Cuvi:  "Correa no logra huir del infierno"
Correa creyó que poniendo un océano de por medio podía huir del infierno que se construyó en el Ecuador. Tampoco entendió que la globalización tiende puentes insospechados. Como el GPS con que ubicaron su vivienda en Lovaina.

Autor:  Juan Cuvi

Fuente:  Plan V

5 de julio de 2018

¿Se cierra el cerco judicial a Correa?

Si el expresidente Rafael Correa es enjuiciado y sentenciado por el secuestro de Fernando Balda, su gobierno quedará marcado por haber cometido uno de los errores más torpes de su década ganada. Balda fue un político irrelevante, carente de ideología, discurso y sin votos…, por lo que el delito que se cometió en su contra –si la justicia así lo determina– será visto como una persecución carente de sentido común y fuera de toda lógica.

Caupolican Ochoa, abogado de Rafael Correa
Artículo de Carlos Rojas Araujo:  ¿Se cierra el cerco judicial a Correa?

¿Por qué el correísmo se ensañó con Balda? Hay dos formas de entender el despropósito. La una tiene que ver con la importancia de sus denuncias, por las cuales hubo un juicio con sentencia a favor del Gobierno, que obligó a Balda a fugar en Colombia, donde se lo intentó secuestrar, supuestamente, por orden de Carondelet.

Balda, cuando era correísta, recibió de “agentes de inteligencia” un audio en donde José Ignacio Chauvín –subsecretario de entonces y cercano a las FARC– vigilaba a los hermanos del Presidente y también se hablaba de los supuestos aportes de dinero a la campaña de Alianza PAIS de los hermanos Ostaiza, vinculados al narcotráfico.

Luego filtró una conversación entre Silvia Salgado y Correa sobre la inclusión de artículos en la Constitución que no fueron aprobados en Montecristi. Estas denuncias se diluyeron por la presión aplastante del Gobierno, por lo que a todas luces, su emisario ya estaba liquidado. ¿Para qué, entonces, secuestrarlo?

La otra explicación es de corte psicológico y escudriña los excesos de un presidente y su grupo de colaboradores que se sintieron intocables y muy por encima de cualquier contrapeso democrático. Durante años, algunos en el país vieron con indiferencia, otros con indignación y muchos con miedo cómo los casos Araujo y Carrión se hundían en la justicia destrozando a sus familias. O cómo periodistas y medios eran demandados y condenados con sentencias redactadas fuera de los juzgados para recibir el humillante perdón presidencial.

Otros atropellos contra luchadores sociales, indígenas o estudiantes que se manifestaban en las calles, nos convencieron de que la justicia actuaba del lado del correísmo.

Pero con Balda, el cerco se cerró por el lado menos imaginado. Las gestiones de la justicia colombiana y los cambios institucionales en la ecuatoriana dieron al caso un nuevo giro y, junto a este, tomaron fuerza procesos más complejos como el crimen del general Jorge Gabela y sus denuncias por la contratación de los helicópteros Dhruv.

La transición en Ecuador tiene un importante componente judicial, donde Correa y varios de sus colaboradores tendrán que hacer frente a un despertar de denuncias y casos no resueltos.

El interinazgo en la Fiscalía y el Consejo de la Judicatura resultará histórico si quienes emprenden esas tareas de investigación y juzgamiento ya encomendadas, fallan siguiendo el debido proceso y rechazando cualquier tipo de presión.

La depuración judicial no puede entenderse como un trofeo del presidente Lenín Moreno o de Julio César Trujillo, en una malentendida idea de desquite político. La búsqueda de la verdad, con cabeza fría y firmeza, es indispensable para que el Ecuador conozca los alcances que tuvo el correísmo, cuando se habla de crímenes de Estado.


Autor:  Carlos Rojas Araujo

Fuente:  Vistazo

9 de junio de 2018

Los Caretucos

El Consejo de Participación Transitorio sesionó en el Teatro de la Universidad Central del Ecuador en Quito. En la cita celebró la audiencia pública que resolvió la evaluación al Consejo de la Judicatura. En el informe, probó los vínculos de dependencia del órgano al correísmo, la improbidad de los vocales para celebrar concursos y nombrar jueces, los intereses políticos al designar autoridades administrativas provinciales, la manipulación de la justicia y el chantaje a los operadores judiciales. Se desveló el libreto abusivo de la década ganada.

Rafael Correa y Gustavo Jalkh
Artículo de Gabriel Hidalgo. "Los Caretucos"

Pocos días antes, el presidente del cuestionado Consejo de la Judicatura se presentó ante el Consejo de Participación Transitorio. Después de una breve intervención se rehusó a sentarse en su lugar y a respetar a la institución que lo citó a comparecer. Inesperadamente, levantó la voz a las autoridades que lo escuchaban, lanzó un chillido y se fue, como si eso fuera posible en una audiencia pública. Nadie lo detuvo. Salió como llegó. ¿Qué nos dice todo esto?

El incidente fue un recordatorio de lo que sucedía todos los días durante la década ganada, dominada por insolencias, arrebatos y rabietas del todopoderoso dueño del universo. Era natural tolerar que los propietarios de la democracia afrentaran impunemente a estudiantes, que encerraran a ciudadanos al paso de sus caravanas, que injuriaran públicamente a cualquier persona, y que la ley no aplicara para ellos.

Pero siempre hubo quien los justificara. Hoy ya no son más, no son todos, ni son millones como canturreaban emborrachados de vanidad. Ahora son menos, son muchos menos. Les gana la vergüenza, la cobardía, la nimiedad. Y de estos, quedan unos pocos que todavía se atreven a defender la década de abusos, corrupción, despilfarro y prepotencia. Son los mismos que aplaudían cuando los todopoderosos exigían ganar elecciones a los ciudadanos críticos para poder opinar, son los que celebraban cuando el prepotente rompía periódicos y denigraba en señal abierta y horario familiar a quien no aceptara sus dogmas fundamentalistas. Son los mismos que ven una refinería en un terraplén que costó nivelar más de 2 mil millones de dólares, que vivieron de la década del despilfarro y que torcieron la mirada cuando los revolucionarios más audaces se llevaron el país a sus bolsillos.

¿Pero hoy los mismos amantes del totalitarismo revolucionario llaman de la misma manera a lo que no les gusta? ¿Tiene eso algo de sentido?

Para estos defensores de la estupidez es correcto dar órdenes a los jueces durante las sabatinas, pero es abusivo que una autoridad evaluadora pida a un funcionario público evaluado que ocupe su lugar y que respete las formalidades. Para estos es normal que un secretario jurídico de un presidente llame a los jueces para conseguir sentencias, que se negocien las glosas de la Contraloría o que se las use para chantajear a los opositores, que los secretarios de Estado amenacen a los periodistas, sindicalistas, agremiados o a ciudadanos sin ningún poder político, para conseguir su obediencia y anulación. Es la patria de todos, gritaban. Patria que se justificaba en los mismos principios que durante la segunda mitad del siglo XX el nacionalismo socialista adoptó en Europa para mancharse las manos de sangre y que se replican hoy en la Venezuela y en la Nicaragua que nos revolucionarios defienden con sectarismo. Pero para ellos los fascistas son otros.

Son los mismos que critican al Consejo Transitorio cuyo mandato proviene de una consulta popular y sus autoridades del acuerdo político entre los poderes representativos del Estado, pero que no dijeron nada cuando su supremo presidente nombró a sus secretarios personales como los custodios de las elecciones y de las investigaciones penales de los criminales que asaltaron el Estado, algunos de ellos ahora prófugos.

Son los mismos que se hincharon de las ínfulas de su mandamás e insultaron, acosaron y agredieron durante toda su década totalitaria. Eran intocables. Nadie podía ni regresarlos a mirar. Son los que defienden el montaje del 30S y que pronto tendrán que pagar por las muertes que allí ocurrieron, por los policías y militares perseguidos, por el secuestro a los opositores políticos, por los sanguinarios operativos de guerra durante las protestas sociales, por la intervención extrajudicial a las comunicaciones de periodistas, adversarios políticos, críticos y ciudadanos. Pronto tendrán que dar cuentas a una justicia ciudadana estos que antes eran los altísimos y que de esos cielos cayeron para estrellarse en sus miserias al perder el poder que creyeron suyo.    

Lo que hacen los abusivos caídos en desgracia en contra del doctor Julio César Trujillo, de la institucionalidad transitoria y del pueblo ecuatoriano es lo único que aprendieron a hacer como vividores de la década ganada. Su respuesta siempre es una sola: insultar. Esa es la herencia del correísmo. Es la triste vida del caretuco.

Autor:  Gabriel Hidalgo

Fuente:  Plan V

22 de abril de 2018

Cállate Rafael Correa, corrupto impenitente

La crisis humanitaria que padecemos en Venezuela no tiene parangón con nada vivido en este continente americano porque aun comparándola con Haití, debemos diferenciar las realidades de cada país y asumir con responsabilidad que el saqueo que los chavistas y sus cómplices internacionales han hecho al quinto productor de petróleo del mundo, al que fue país de la esperanza para millones, es único.

rafael correa no hay crisis en venezuela
Rafael Correa: "en Venezuela no existe crisis humanitaria"

No avanzaré cifras a la ligera, me centraré en los estudios realizados el año pasado por el proyecto Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población Venezolana (ENCOVI) equipo científico de muy alto nivel formado por las tres universidades más importantes del país.

Año 2017 que si lo comparamos con éste que vivimos, fue mucho menos terrible. Allí conocimos que el 82 % de los hogares venezolanos vive en pobreza, lo que nos convierte con Haití en los dos países más pobres de América Latina, y nosotros más ya que en Haití la pobreza extrema para el momento del estudio, superaba el 50%, y en Venezuela se determinó que la proporción de los hogares en pobreza aumentó de 81,8% en 2016 hasta 87% en 2017, y la pobreza extrema se elevó desde 51,5% hasta 61,2% y también muestra que los venezolanos han perdido en promedio 11 kilos de peso en los últimos dos años y que 8,2 millones comen dos o menos comidas al día.

Con aterradoras cifras tapo la boca al déspota ladrón que es Rafael Correa, ex presidente de Ecuador y miembro de la banda delictiva que en nombre de una izquierda antidemocrática y amoral se enseñoreó por algunos años en muchos países de nuestro continente y hoy por suerte les vemos caídos y desnudos en su ruindad, aunque desesperados por seguir manteniendo la tragedia infinita que significan los 60 años de tiranía cubana y los casi 20 años de la narcotiranía chavista de la que él fue otro de los beneficiarios directos.

crisis económica en Venezuela
Miles de venezolanos cruzan la frontera con Colombia en búsqueda de alimentos, medicinas e insumos básicos

Ahora (20/04/2018) en un viajecito sabrosón que este pillo se vuelve a dar a La Habana, niega con criminal descaro la crisis humanitaria en Venezuela, y califica de "Obsesión" a aquellos líderes y gobiernos democráticos que la señalan y condenan a sus culpables. El hijo del narco confeso y juzgado -conocido como "El manco Correa"- vuelve a mostrar su amoralidad y su maldad en declaraciones que divulgó la Agencia EFE y pregunta: "¿De qué crisis humanitaria me están hablando? Hay problemas económicos, escasez, pero eso no lo podemos llamar crisis humanitaria". Y ese que por suerte la ciudadanía ecuatoriana sacó del Poder, ¿Qué llamará crisis humanitaria? ¿Cómo cataloga que cientos de miles estén comiendo en los basureros y muriendo de mengua porque no hay ni servicios hospitalarios ni medicamentos?

Asquerosamente manipulador asegura en ese santuario del irrespeto a la condición humana que es la Cuba castrocomunista que "hay países de la región con problemas mucho más graves: violencia, desaparición de periodistas, y no se habla absolutamente nada"… Cómo puede negar los aterradores niveles de violencia que muestra la Venezuela destruida económica y moralmente por sus pares los castrochavistas. Negar además que hay una crisis moral, humanitaria y social en medio del caos y que hoy finalizando abril del año 2018 esas cifras que he compartido resultan halagüeñas al compararlas con las recientes cuando la hiperinflación nos devora.

Negar que Caracas es hoy la ciudad más peligrosa del mundo y no hay lugar donde el hampa no haga de las suyas, hampa que está en las calles como en los centros de poder… Este canalla que hace pocos días dijo en Buenos Aires donde estuvo dándose otro paseíto, que en Venezuela no hay presos políticos ya que según su manipulada verborrea: "…en un Estado de derecho se persiguen delitos, no se persiguen personas. Los presos políticos, supuestamente, entre comillas, fueron consecuencia… me acuerdo de la primera guarimba, 44 muertos. Alguien tiene que responder por 44 muertos. Puede equivocarse tal vez la Justicia, qué sé yo, esa persona no es la culpable, pero alguien tiene que responder por 44 muertos." Responder mientras sea opositor porque sabemos que estos asesinos y ladrones comunistas no aceptan ser juzgados por sus crímenes horrendos hoy más que conocidos.

Rafael Correa el corrupto, el déspota, el perseguidor de la libertad de prensa, el cínico izquierdista que no quiere la libertad de Cuba y Venezuela, pero escoge para vivir Bruselas que no hable. Que tenga vergüenza y no siga pateando esta Venezuela hoy inmensa fosa abierta mostrando cadáveres vivientes producto de la destrucción. ¡Cállate bellaco!


Autora:   Eleonora Bruzual (escritora y periodista venezolana)

Fuente:   Infobae

17 de abril de 2018

Su mejor reportaje

Sus muertes nos iluminó: nos mostró un país en que las autoridades cómplices dejaron que criminales lo fueran cercenando, impidiéndonos que circuláramos por su selva, navegáramos por sus ríos, habitáramos sus campos, sus ciudades, para hacer que allí echara raíces la barbarie con sus colmillos sedientos de sangre y sus garras ávidas de dinero.

periodistas de el comercio secuestrados
Articulo de Francisco Febres Cordero: "Su Mejor Reportaje"

Sus muertes nos iluminó: puso en nuestro delante los rostros de quienes permitieron, con sus acciones u omisiones, que la paz fuera reemplazada por el crimen. Ahora algunos de ellos viven en el extranjero, otros se hallan todavía entronizados en puestos oficiales o tienen como prioridad su promoción a altos organismos internacionales.

Sus muertes nos iluminó: puso en evidencia las mentiras de aquellos que hicieron de la corrupción una bandera, de la trapacería un himno, del cinismo un lema, de la abyección una conducta.

Esos tres que nos faltan, periodistas como eran, con sus muertes, lograron escribir el más esclarecedor, el más veraz de todos sus reportajes que hemos leído, con dolor de padres, con dolor de hermanos, con dolor de amigos. Pero también con ira.

Por eso, los tres que nos faltan, ahora son un pueblo que se levanta y grita, que clama porque aparezca, íntegra, sin tapujos ni esguinces, esa misma verdad que los tres que nos faltan fueron a buscar.

Autor:   Francisco Febres Cordero


2 de abril de 2018

Rafael Correa y la desmesura

El ex presidente ecuatoriano recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de La Plata, y tiene más que Stephen Hawking, pese a que su fuerte no es la academia, sino la violencia contra quienes no piensan como él.

Rafael Correa autoritario
Artículo de Jaime Durán Barba: "Rafael Correa y la desmesura"

En 2014 varias diputadas correístas presentaron un proyecto de ley para despenalizar el aborto cuando la mujer ha sido violada. Rafael Correa anunció que si se aprobaba esa ley, renunciaría a la presidencia de la República, exigió que retiren el proyecto, dijo que pediría su descalificación como diputadas y su expulsión del partido. En este tema ningún político conservador ha tenido posiciones tan radicales. Correa en realidad nunca fue de izquierda o de derecha, sino que vivió en la extrema impostura. Un presidente democrático no amenaza ni chantajea, propicia la libre discusión de las ideas.

El síndrome de Hubris le llevó a protagonizar escenas que serían cómicas si no fuese por el dolor que causaron a miles de personas. Todo autoritario tiene como blanco a los periodistas. Durante una rueda de prensa una comunicadora preguntó algo que no le gustó y respondió: “Yo a usted no le respondo porque es una gordita horrorosa”. A otro periodista de baja estatura no le respondía porque era un “Tarzán de bonsai”, a otros porque parecían pitufos. Cuando en un programa de televisión o de radio alguien lo criticaba, el gobierno interrumpía la programación para insultar y calumniar a quien estaba hablando. Durante su gobierno se cerraron periódicos y revistas, y se amenazó tanto a la prensa que quedaron pocos medios independientes que se atrevían a hablar de política, mientras los medios gobiernistas se dedicaban al culto a la personalidad de Correa y a denostar a sus opositores.

En todos lados la gente odia los piquetes y si un gobierno los reprime con brutalidad, puede sacar réditos. Correa comprendió la fórmula. El año 2010 Pepe Acacho, líder de los indígenas shuaras, participó de un piquete. Fue acusado de “terrorismo” y condenado a 12 años de prisión. Los shuar son la mayor etnia de la Amazonía, tradicionales por su firmeza, los blancos racistas los llamaron “jíbaros” (perros salvajes) como lo hace también alguna reconocida escritora de nuestro país. El enfrentamiento de Correa con los indígenas subió de tono.

Cuando llegó al poder habló unas frases en quechua y empezó a vestir con camisas bordadas con flores. El y los turistas creían que esa era la indumentaria típica de los indígenas. Quienes hemos tenido contacto con culturas andinas desde la infancia sabemos cuando alguien habla quechua y cuando emite sonidos memorizados. Correa ignoraba que las camisas floreadas son vestimenta exclusiva de las mujeres y sus camisas, una farsa.

Arremetió contra las organizaciones ecologistas a las que descalificó y dictó un decreto que le permitía clausurarlas a su voluntad. Disolvió la Fundación Pachamama y cuando intentó acabar con Acción Ecológica tuvo que retroceder por el masivo repudio internacional y la condena de la ONU. Inteligentemente arremetió en contra de los sindicatos y los partidos de izquierda tradicionales, dejándolos en una profunda crisis. Pero también peleó con los abogados, los médicos y todo grupo que se le cruzó en el camino. Al final de su gobierno acumuló el rechazo radical de las organizaciones sindicales, indígenas, ecologistas, de lucha por los derechos de las mujeres, de periodistas, empresariales, profesionales.

La represión en contra de los estudiantes fue brutal. Los “diez de Luluncoto”, nueve estudiantes y un profesor, fueron apresados en una manifestación, condenados como terroristas por jueces obsecuentes. Pasó lo mismo con cientos de jóvenes a los que además humilló obligando a sus madres a pedirle perdón de rodillas. Hubo casos en los que las palizas que propinó a los adolescentes fueron tan brutales que tuvieron que ocultarlos más de una semana para que no aparezcan desfigurados ante las cámaras.

A Correa le gustaba reprimir personalmente a la gente, abusando de su autoridad y de su físico atlético. El 1° de mayo de 2014 la caravana presidencial pasaba por un barrio de Quito cuando un adolescente hizo un gesto de desaprobación con sus manos. Los vehículos se detuvieron, bajaron decenas de policías, guardaespaldas y el propio Correa para atacar al niño. Según su testimonio, “entre la confusión apareció Rafael Correa. Viene y me golpea el pecho y me dice ‘aprende a respetar, muchachito, yo soy tu presidente, muchachito malcriado’. Al presidente le temblaban las manos y se le iban las lágrimas de la ira”. No fue un hecho aislado. Decenas de veces detuvo el vehículo presidencial para atacar físicamente a ciudadanos comunes, amedrentarlos, y perseguirlos.

El peor incidente tuvo lugar el 30 de septiembre de 2010, cuando 800 policías hicieron huelga protestando porque habían suprimido una canasta de víveres y juguetes que tradicionalmente les entregaban en las Navidades. Correa quiso resolver el problema a trompadas. Fue al cuartel de policía y dijo: “¡Si quieren matar al presidente, aquí está, mátenlo si les da la gana, mátenlo si tienen poder, mátenlo si tienen valor en vez de estar en la muchedumbre cobardemente escondidos!”. Se armó una enorme trifulca. Los gases lacrimógenos inundaron el lugar y Correa se lastimó una pierna que se había operado en esos días. Su escolta lo llevó al hospital del cuartel para que lo curaran. El incidente duró nueve horas en las que se mantuvo en control de la situación, dirigiendo a sus ministros a través de teléfonos que nunca le fueron incautados. El director del hospital, Coronel César Carrion, y otros médicos le pidieron que se fuera, pero un ser excepcional como él no podía salir humillado con una venda en la rodilla. Dijo que se consideraba secuestrado y ordenó al ejército que bombardeara el hospital. Murieron un civil, dos soldados, dos policías y se produjeron 200 heridos. El periódico El Universo publicó un artículo sobre lo ocurrido. Correa enjuició al autor y a los directivos del periódico por calumnias. Sus jueces los condenaron a tres años de prisión y una indemnización de 42 millones de dólares. Podríamos mencionar cien casos más de abuso de poder en los que Correa trató de comportarse como un líder sobrenatural y solo hizo el ridículo.

Todo esto sirvió para que la Universidad de La Plata le otorgue un doctorado honoris causa por su lucha por la libertad de expresión. Fue su decimoquinto doctorado honoris causa, que le puso por encima de Stephen Hawking, un intelectual que solo obtuvo doce títulos, un flojo que nunca resolvió los problemas a trompadas. A despecho de tanto doctorado el fuerte de Correa no es la academia. Fue fugazmente profesor de una universidad privada de la que lo echaron. Publicó un libro promovido en el continente con el aparato del Estado ecuatoriano. En Buenos Aires tuvo un boom tan importante como el de Germán Garmendia, como lo puede atestiguar cualquier librero.

Como bastantes otros políticos, Correa es un entusiasta lector de solapas pero no llega a los textos de los libros. En la campaña electoral de 2014 y en su reciente gira por Argentina citó con frecuencia frases de El arte de ganar, aunque no se acordaba ni el nombre de nuestro libro y las citas eran falsas o sacadas de contexto. Siempre vive en la impostura: memorizó frases de un libro cuyo nombre no se acuerda. Si lo estudiaba hace cuatro años, habría podido entender por qué perdió 18 de las 20 alcaldías que se disputaron aunque en algunos casos tenía excelentes candidatos. No fueron derrotados los candidatos, sino la egolatría desatada de Correa. También habría entendido una de las razones de su derrota con el 32% de votos frente al 68% que obtuvo Lenin Moreno hace pocos meses. Ciertamente habría aprendido que hay que respetar a la gente, no habría tumbado la puerta de la casa de una familia para golpear a sus integrantes porque supuestamente le habían lanzado un huevo, ni habría ingresado a la ciudad de La Maná insultando a los electores con un megáfono y lanzándoles piedras. Vale la pena ver estos videos para reírnos del Hubris en este domingo de Pascua.


Fuente:   Perfil

Autor:   Jaime Durán Barba

2 de marzo de 2018

Correa y sus 'colaboradores'

Tal parece que Rafael Correa gobernó rodeado de colaboradores que son unos “miserables”, “oportunistas”, “traidores”, “delincuentes”, “prófugos de la justicia”, “oscuros y poderosos personajes” que tienen vínculos con “sectores que han asolado al país”, que “forjan documentos”, “llegan a acuerdos para cubrirse las espaldas”, “compadritos lindos” y “mediocres operadores” a los que “se les cae la máscara” o “tienen cargos regalados a dedo”.

rafael correa y los 40 ladrones alianza pais
Artículo de Enrique Ayala Mora: "Correa y sus 'colaboradores'"

Eso dicen, unos de otros, quienes fueron altos funcionarios del gobierno correísta. No se trata de acusaciones o calumnias de los “amargados de la oposición” o la “prensa corrupta”, sino de epítetos con que califican cercanos colaboradores de Correa a sus propios “compañeros”, “panas” y “hermanos”.

Por ello, lo que le queda al país, a la Función Judicial especialmente, es acelerar los procesos penales de esos funcionarios que, entre otros, con el testimonio de miembros del gobierno del que formaron parte, deber ser castigados con todo el rigor de la Ley. La corrupción más escandalosa de la historia nacional no puede ser tolerada.

Pero si siguen en altas funciones los “prófugos de la justicia”, “oscuros y poderosos personajes”, que “forjan documentos”, “llegan a acuerdos para cubrirse las espaldas”, o “tienen cargos regalados a dedo”, ¿habrá garantía de que esos procesos judiciales sean transparentes y libres de presiones? Si un ex ministro estrechamente vinculado a Correa sigue siendo presidente de la Asamblea Nacional, ¿con que legitimidad podrá seguir dirigiendo la Función Legislativa? Si un ex asesor de Correa va a seguir siendo fiscal, ¿qué confianza se podrá tener en su calidad de acusador?

El actual Fiscal General fue “designado” en uno de los procesos tramposos con que Correa puso incondicionales en puestos claves para cubrirse las espaldas, a través de un Consejo de obedientes anónimos. Y, justo es reconocerlo, ha cumplido su mandato, porque ha entorpecido los procesos en varias formas y, cuando no ha tenido más remedio, ha acusado de delitos menores a los correístas enjuiciados, para que reciban sentencias de unos pocos años y no sean convictos de crímenes como peculado y corrupción mayor, como fue el caso de Glas.

Si, como sus propios incondicionales lo dicen, Correa gobernó rodeado de estos personajes, él debe enfrentar personalmente a la justicia. Debe ser enjuiciado por los manejos de la deuda pública y por los sobreprecios en contratos realizados al amparo de decretos presidenciales ad hoc firmados por él. Pero para ello se necesita una Fiscalía mínimamente confiable, que no lo proteja, y una Asamblea que no sea dirigida por quienes habrían encubierto que se haya facturado para justificar los muertos del 30-S. Correa dirigió el país con sus “colaboradores”, pero él es el primer responsable.


Autor:  Enrique Ayala Mora

Fuente:  El Comercio
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