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2 de septiembre de 2018

El día que decidí abortar

Yo no era una niña, ni una adolescente, no era indígena ni tenía una situación económica precaria. Había terminado mi educación superior con todos los nuevos requisitos impuestos. Tenía empleo, salario y pareja estable. No deseaba un embarazo y usaba anticoncepción. De todas formas me embaracé, y aunque no era pobre, ni indígena, ni demasiado joven, era mujer y estuve a punto de morir por una sepsis post aborto.

Supe que estaba embarazada al poco tiempo de haber optado por una “T de cobre” como método anticonceptivo, y con ello mi pequeño infierno inició. Dilaté la decisión por varias semanas. Fueron semanas de llanto, de incertidumbre, de un profundo sentimiento de culpa marianista, esa culpa que cargamos las mujeres como herencia del patriarcado en el que nacimos y del que tanto cuesta rebelarse.

No soy católica ni practico religión alguna. Hace mucho tiempo pienso que las iglesias son las multinacionales más poderosas y perversas, cómplices y muchas veces responsables de los peores genocidios, guerras y abusos. De todas formas, los 500 años de imposición cristiana han calado nuestros cuerpos y nuestras mentes configurando una suerte de arquetipo junguiano que definitivamente pesa y que requiere más que un proceso de racionalización para romperse. Debo admitir que el miedo al castigo divino, estaba, estuvo mucho tiempo robándome el sueño y la calma.

tema aborto en ecuador
María Fernanda Soliz: "El día en que decidí abortar"


Tampoco soy militante feminista. En la vida cada una encuentra sus opciones militantes y la mía fue el ecologismo popular, desde ahí, la defensa del territorio se convirtió en principio rector de defensa de la vida. El día en que decidí abortar, entendí la reivindicación feminista: “mi cuerpo es mi primer territorio de resistencia”, por primera vez logré comprender que la soberanía del cuerpo era condición primera de emancipación y que el Capital es posible y se reproduce en tanto controla y se apropia no sólo de la fuerza de trabajo sino de los cuerpos.

Durante muchos años, el ideal de familia y el amor romántico, determinaron en mi vida una opción consciente de sumisión y entrega que viví por decisión propia, convencida y en muchos momentos feliz. Sin embargo, en algún punto, esto se convirtió en la puerta de entrada a la violencia y la sostuvo durante un largo tiempo. Mi pareja no deseaba el embarazo y me lo dejó claro, quizás con excesiva dureza como suele suceder en las historias de mujeres reales y no en los cuentos de princesas que nos venden desde pequeñas. Me dijo que era mi decisión pero que él no quería el embarazo, y alrededor de ello, estallaron semanas de mucha conflictividad y presión.

Cuando miro en retrospectiva e intento pensar, qué tanto fue mi decisión y qué tanto su imposición, no tengo respuestas claras; pero casi una década después, de lo que si estoy segura es que el requisito primero, sine quanon, para salir de los ciclos de violencia pasa por la posibilidad de que las mujeres podamos tener garantías en el cumplimiento de nuestros derechos económicos, políticos y sociales, y por ello mi cercanía con los feminismos marxistas. La autonomía laboral, productiva y material en mi caso y en el de muchas mujeres, determinaron la diferencia entre la sumisión y la liberación.

La familia, (le añadiría el amor romántico), la propiedad privada y el Estado, son sin lugar a duda los responsables de la reproducción de la explotación capitalista y el patriarcado y por ende son nuestros escenarios de disputa. Por ello, cuando hablamos del derecho al aborto libre, gratuito y seguro, reconocemos que es el Estado el que debe garantizar a las mujeres las condiciones legales, institucionales y materiales para el pleno cumplimiento de sus derechos.

El día en que decidí abortar no fue fácil, debo insistir. Lo pensé, lo repensé, lo proyecté, lo conversé. Tenía un hijo escolar, yo estaba terminando mi doctorado y el trabajo y la militancia no me daban respiro. Pero lo pensé, me emocioné, decidí y cambié de decisión, varias veces. Quería ese embarazo pero no tenía condiciones de mantenerlo. ¿Otro hijo sola, divorciada, en otra ciudad, y en un contexto tremendamente complejo?

Había cuidado el embarazo durante casi tres meses, la alimentación, ni una gota de licor, ninguna medicina o cualquier sustancia que pudiera afectarlo. Había aguantado semanas de nauseas matutinas, había tomado las vitaminas y el ácido fólico, era una suerte de tortura e incertidumbre. No fue fácil encontrar opciones, no fue fácil preguntar, no fue fácil concertar la cita y no fue fácil tomar la primera pastilla antes de la intervención, sabía que ese sería el fin.

El aborto fue perverso. En un cuarto de consultorio en una casa vieja, en una camilla rota, sin anestesia, sin seguridad alguna. Ahí transcurrió una hora de dolor inimaginable, indescriptible. Una suma de dolor físico, de terror, culpa, tristeza profunda. La insistencia de la obstetriz y su asistente para que dejara de gritar y llorar, su desesperación para calmarme me llegaba lejana, yo ya no estaba con ellas, en algún momento me desconecté de mi cuerpo.

El dolor de la cureta sin anestesia, la sangre, y el procedimiento interminable. No paraba, seguía y seguía y yo ya no estaba. Pensaba en mi hijo pequeño y en lo paradójico de que una mujer clase media, profesional, en una camilla, en un cuarto clandestino terminara ahí su vida. Pensaba en las mujeres indígenas, pobres, sin acceso siquiera a ese procedimiento, pensaba en sus condiciones, en los cuartos similares, en los raspados, en las complicaciones, en las muertes.

Salí del procedimiento sin voz, no quise hablar durante algunos días, solo lloraba. Mi pareja nunca logró entender mi dolor, le pareció una exageración.  A los tres días el dolor y el sangrado incrementaron, la fiebre llegó y no cedía a los antitérmicos. Estábamos en una comunidad dictando unos talleres de monitoreo de agua, y entonces no pude más, mis queridas compañeras, sabias y solidarias me llevaron a una casa de salud.  Ahí debimos decir una verdad a medias para tener acceso a atención médica. Me repitieron el curetaje. Para entonces ya conocía el procedimiento, con resignación me recosté, apreté los muslos y esperé a que terminara. Durante varios meses debí tomar medicinas, la infección me dejó graves secuelas. Me costó recuperar la salud, el peso, la vitalidad y la alegría. Me costó procesar la culpa y volver a sonreír.

Todavía me cuesta mucho escribir estas páginas, las he desempolvado con sumo cuidado a riesgo de quebrarme una vez más. Lo he hecho a propósito de la movilización argentina y latinoamericana masiva, creo que les debo mi testimonio. Cuando miro las olas de pañuelos verdes, pienso en el libro de Gioconda Belli:  El país de las mujeres, y recuerdo la escena final, cuando la movilización en aquel mágico país, Faguas, no era solamente de mujeres, sino que se transforma en una movilización popular por un proyecto político en el que prima la ética del cuidado de la vida.

Han tenido que pasar muchos años para que me decida a escribir estas páginas, a enfrentar los conservadurismos de la ciudad en la que nací, los juicios de valor, y mi historia de violencias. Ha pasado mucho para entender que la violencia de pareja, obstétrica, familiar no es un asunto privado sino público, pero no ha pasado suficiente. Hoy, todavía las mujeres son apresadas por abortar, así lo establece nuestro marco jurídico e institucional. Hoy, todavía las mujeres morimos en abortos clandestinos, así lo determina el Estado desde la negación de condiciones materiales para garantizar procedimientos seguros y no traumáticos.

En 1997, recién hace 20 años, se despenalizó la homosexualidad en Ecuador, ¿cuánto tiempo deberá pasar para que la iglesia deje gobernar y controlar, deje de reproducir las inequidades? ¿cuánto tiempo deberá pasar para que se deje de legislar en función de los dogmas de una multinacional y no en función de los principios de la ética de la vida? Sin lugar a dudas la desafiliación colectiva de la iglesia, ha sido para muchas y muchos, un proceso sanador y liberador, simbólico, de ruptura.

La despenalización del aborto no sugiere, no conduce, ni obliga a nadie a interrumpir su embarazo, solamente garantiza que las mujeres que un día decidimos abortar podamos seguir vivas, seguras y felices. La despenalización del aborto en lo absoluto irrespeta la decisión de aquellas mujeres que desean mantener su embarazo. En este sentido, es obligación de los y las legisladores de un Estado, legislar por y para su pueblo, no desde y para sus convicciones morales o religiosas. No se puede legislar desde el prejuicio, desde el dogma, desde el moralismo, más aun cuando existen argumentos científicos claros y contundentes. Legislar desde la iglesia es una irresponsabilidad política con la historia y los colectivos.

El día en que decidí abortar, volví a nacer más humana y menos juzgadora, más fuerte y menos sumisa, más solidaria y colectiva, más segura de que dignidad humana debe ser el principio y el fin.


Autora:  María Fernanda Soliz

Fuente:  Plan V

21 de agosto de 2018

Carta abierta de un venezolano a los ecuatorianos

Estimados ecuatorianos, veo prudente empezar estas líneas pidiéndoles disculpas si es que algún venezolano les hizo sentir mal o consideran que les hizo un daño a los tuyos. Para mí es inaceptable y perturbador el maltrato físico, verbal o psicológico. No hay excusa, ni mucho menos motivos o explicaciones para maltratar o amedrentar a alguien que está en su casa.



Yo sé que es un tema sensible el que hoy les quiero contar; pero, la tristeza es mucha y quiero desahogarme con ustedes. Este tema de la afluencia masiva de venezolanos llegando al Ecuador es tan nuevo para ustedes como para nosotros. Venezuela nunca fue un país de familias que escapaban y salían caminando por la frontera para pedir dinero y tener algo con qué comer. Les juro que todo esto es nuevo para nosotros. De hecho, paradójicamente, yo recuerdo que cuando alguien salía del país era por turismo y lo hacía porque tenía dinero y regresaban al país donde estaba sembrada su vida. Y si no me creen, busquen cuántas familias alemanas, italianas, americanas y asiáticas se instalaron durante décadas cómodamente en nuestro país por ser un destino lleno de riquezas y oportunidades de todo tipo.

Hoy quienes se van de Venezuela lloramos, lloramos muchísimo al dar un último abrazo a los suyos. Un último abrazo que es desgarrador como si quisieras que nunca se acabara. ¿Y saben por qué? Porque quienes salimos de Venezuela lo hacemos con angustia sabiendo que regresar no está en nuestras opciones, ni siquiera en nuestras posibilidades económicas. Ese último abrazo es la incertidumbre de qué pasará con nuestras vidas después de agarrar las maletas. No salimos porque queremos sino que corremos porque lo necesitamos. Dejamos nuestra vida con un dramático boleto de ida y sin retorno porque cualquier cosa que hagamos aquí afuera nos permitirá ayudar mucho más a quienes dejamos en nuestro país y que tanto lo necesitan.

venezolanos en Ecuador
Miles de venezolanos llegan todos los días a Ecuador

Imagínense la magnitud de este problema social en el país conocido como potencia petrolera que muchos prefieren pasar por todo esto antes de seguir allá. Aun así, estos días he visto en redes sociales a algunos ecuatorianos exigir y reclamar al gobierno nacional y local el cierre inmediato de las fronteras, deportar a los venezolanos que están llegando por el Puente internacional de Rumichaca y otros se permiten hasta usar el tono chistoso de pedir que pongan una bomba en los albergues habilitados por la municipalidad de la capital de Ecuador donde hoy se refugian mis paisanos. Leo esto y hago una pausa con agonía porque cualquiera de ellos puede ser mi familia.

No voy a caer en detallar la similitud que este país vivió con la migración ecuatoriana a Europa o Norteamérica, no lo voy hacer sencillamente porque de seguro también fue un capitulo doloroso de la historia de este país que separó familias y dividió pueblos. ¡Nadie quiere irse de su casa de esa forma! Yo solo voy compartir la enseñanza de mi mamá cuando siempre me decía que el vecino es el familiar más cercano. Pensar en el prójimo no es pecado ni mucho menos es un sinónimo de apátrida sobre todo cuándo el vecino sufre los problemas de la hegemonía del poder y la democracia disfrazada de un socialismo que ha dejado tantos muertos y que parece ser un hueco sin fondo donde cuesta creer en un final feliz.

Si me lo preguntan, era muy feliz en Venezuela. Venirme nunca fue opción hasta que se convirtió en la solución. Di clases en universidades, narré noticias en televisión nacional, mi trabajo como periodista era reconocido, tenía un montón de amigos y podía ver todos los días a mi mamá… Pero, me robaron las ganas, me robaron las esperanzas. Salí de mi país porque no encontré más oportunidades, porque vivir con miedo no es vivir. Estar con el Credo en la boca y la “suerte de vivir”, nadie lo merece. Corrí de mi país porque me sentía deprimido y estancado por no poder aportar, producir y mucho menos aspirar. No tenia espacio. Una percepción muy propia que cualquiera podría diferir; pero, que al final, fueron mis motivos y mis circunstancias.

Ese país de dónde vengo hay gente de todo tipo. Gente buena y mala; gente amable y déspota; gente trabajadora y vaga, ya saben, como en cualquier país del mundo y su diversidad. Sin embargo, mucho cuando salimos, lo hacemos con las ganas de trabajar en cualquier cosa digna para obtener dinero. No estoy esperando que ecuatorianos, peruanos o colombianos se hagan cargo de los problemas de los venezolanos, yo solo les pido que cuando vean a un paisano piensen que detrás de él; probablemente, tiene una historia llena de batallas y adversidades que nadie quisiera vivir. Y si algo les deseo es que ojalá nunca les toque dejar toda su vida y empezar una nueva en una tierra que se desconoce por completo porque eso duele, duele en el alma. Y si por alguna razón les llegara a tocar… Pues, ¡ojalá encuentren a gente buena como la que encontré yo en este país!

Aquí cabemos todos. Ecuador, me ha dado un hogar que no pude meter en mi maleta cuando me vine y que recuerdo todas las noches antes de irme a dormir. Se me pone el corazón chiquito pensar irme de Quito, con todo y que aun no me acostumbre al frío tanto tiempo después de haber llegado. Siento a esta ciudad que me adoptó y la siento como mi Quito bonito. Este país significa para mí la “suerte” que salí a buscar y que hoy valoro en grado superlativo.

Esta pequeña nación, chiquita en territorio pero enorme de corazón me ha dado montones de alegría: una cédula y una visa profesional que se han convertido en mi fortuna más agradecida. Aquí tengo una familia que no distingue acentos sino sentimientos. Vivir o revivir aquí ha sido una oportunidad única, una oportunidad que a nadie se le puede quitar.

Con cariño y agradecimiento infinito, Luis Eduardo.

Autor:  Luis Eduardo Ynciarte

Fuente:  Blog personal

26 de julio de 2018

El tercermundista

Producto del caótico subdesarrollo, el tercermundista es un personaje imaginario que refleja brutalmente los pecados de su medio.

Rafael Correa Nicolas Maduro Daniel Ortega
Artículo de Roberto Bonifaz:  "El tercermundista"

Generalmente y a pesar suyo, el tercermundista es ignorante y acomplejado; ni rico ni pobre, el tercermundismo es un estado de la mente que sobrecoge a todas las clases sociales. Parlanchín incoherente y plantilla, siempre llega tarde a todas partes y nunca cumple con lo que ofrece. Claro está que no es una persona organizada ni disciplinada y con muy poca vergüenza ignora la ley, siempre que puede. Irascible por improvisado, también es hipersensible a la crítica y al halago. Inseguro de si mismo, discute a gritos por cualquier minucia, y maltrata a los más débiles, pero es servil con los demás.

Irresponsable como pocos, nunca es culpa suya un fracaso. La desidia le embarga, pero se da el trabajo de ser pomposo y cursi. Como tiene poco control de sus emociones y de sí mismo, puede ser ridículo y hasta violento. Es mal borracho que pega a su mujer y como los patos que se meten en el agua y no se mojan, no aprende de sus experiencias. Cuando pierde en el juego, es alegón y alevoso, y si se trata de dinero es inescrupuloso, sinvergüenza y corrupto. Opina de todo y como es ignorante, en todo se equivoca. Irracional en los momentos difíciles, es peligroso en puestos de poder, porque pronto se asusta y es vengativo y abusivo. Eufórico en un comienzo, termina súbitamente desencantado; la persistencia y la paciencia no son sus fuertes. En realidad le gusta todo fácil, y nunca colabora con la comunidad, pero demanda todo de ella.

Es impávido e indolente ante la pobreza y la injusticia, pero acepta pronto al demagogo, de quien es su reflejo. Está presto a creer en chismes, mientras más inverosímiles mejor, porque tiene poca imaginación y no está consciente de sí mismo ni de su medio ambiente. Así es como estorba a todo el mundo porque no piensa ni respeta a los demás; es un pequeño individualista.

Es fruto de un medio educativo determinado por la inconsciencia; pero eso es causa y efecto del nudo gordiano del subdesarrollo. Todos tenemos algo de tercermundistas, unos más otros menos, porque conlleva muchas ventajas de cortísimo alcance el ser así. En el largo plazo, este comportamiento se generaliza, la gente se acostumbra y con el tiempo se vuelve una subcultura que la aprenden los niños...

Si Ud., lector, cree exagerada esta descripción, piense en la polìtica, el sistema legal y el tráfico, y estará de acuerdo conmigo en que esta manera de ser es autodestructiva.


Autor:  Roberto Bonìfaz

Fuente:  El Comercio (17 de mayo 1994)

19 de julio de 2018

Correa no logra huir del infierno

Tal vez ahora Rafael Correa esté tentado de abrir un libro de historia. Porque necesita entender lo que significa la política, con su transitoriedad y sus caprichos. Únicamente así podrá enfrentar el tránsito del boato presidencial a la rutina ciudadana.



Amén de los detalles del incidente con el periodista lojano Ramiro Cueva, y de los eventuales trámites legales en una comisaría belga luego del pugilato callejero, a lo que asistimos es al conocido escenario de los desagravios ciudadanos por mano propia. Lo que en la nomenclatura actual se denomina escrache.

Obnubilado por la autopromoción publicitaria de su gobierno, al expresidente le debe costar trabajo darse cuenta del reguero de resentimientos y odios que dejó tras su paso por la política. Embelesado con una imagen construida como dentífrico, únicamente tiene cabida psicológica para los halagos. Desde esta lógica, las huevizas con que lo recibieron en la última campaña electoral pueden ser atribuidas a la perversa estrategia de algunos enemigos insignificantes, más no a la animadversión colectiva.

Por esa visión distorsionada de la realidad, Correa se quedó impávido cuando el periodista Cueva le increpó por los atropellos cometidos en contra de su medio de comunicación. Porque el reclamo fue sorpresivo y público: es decir, sin que medien formalidades, y en un espacio neutro donde todos estamos obligados a respetar el derecho ajeno. Por ejemplo, el derecho a reclamar por una injusticia.

A diferencia del Ecuador del correato, donde el poder se imponía arbitrariamente en todas partes, en Bélgica el espacio público está sometido a reglas universales. Como aquella de que todos somos iguales ante la ley. Luego del escándalo público de marras, todos los implicados tendrán que presentarse ante la autoridad en igualdad de condiciones, como simples ciudadanos involucrados en un incidente callejero. Es decir, en un incidente público (hay que reiterarlo hasta el infinito).

No se sabe en qué terminará el enfrentamiento una vez que sea procesado por las autoridades belgas. Si, tal como lo afirma Cueva, se confirma que fue agredido físicamente, la situación se complica para el expresidente y sus guardaespaldas. Dudo que la sociedad belga justifique una reacción pendenciera y camorrista en contra de un periodista. Por más impertinente que este pueda haber sido. Pero más graves son las contingencias que pudieran presentársele al exmandatario. Es decir, los posibles escraches de los perjudicados por su autoritarismo. El reclamo de Ramiro Cueva es, a no dudarlo, la punta del iceberg de una animosidad más extendida de lo que los correístas obtusos suponen. Son las tempestades de los vientos sembrados.

rafael correa vs periodista belgica
Artículo de Juan Cuvi:  "Correa no logra huir del infierno"
Correa creyó que poniendo un océano de por medio podía huir del infierno que se construyó en el Ecuador. Tampoco entendió que la globalización tiende puentes insospechados. Como el GPS con que ubicaron su vivienda en Lovaina.

Autor:  Juan Cuvi

Fuente:  Plan V

5 de julio de 2018

¿Se cierra el cerco judicial a Correa?

Si el expresidente Rafael Correa es enjuiciado y sentenciado por el secuestro de Fernando Balda, su gobierno quedará marcado por haber cometido uno de los errores más torpes de su década ganada. Balda fue un político irrelevante, carente de ideología, discurso y sin votos…, por lo que el delito que se cometió en su contra –si la justicia así lo determina– será visto como una persecución carente de sentido común y fuera de toda lógica.

Caupolican Ochoa, abogado de Rafael Correa
Artículo de Carlos Rojas Araujo:  ¿Se cierra el cerco judicial a Correa?

¿Por qué el correísmo se ensañó con Balda? Hay dos formas de entender el despropósito. La una tiene que ver con la importancia de sus denuncias, por las cuales hubo un juicio con sentencia a favor del Gobierno, que obligó a Balda a fugar en Colombia, donde se lo intentó secuestrar, supuestamente, por orden de Carondelet.

Balda, cuando era correísta, recibió de “agentes de inteligencia” un audio en donde José Ignacio Chauvín –subsecretario de entonces y cercano a las FARC– vigilaba a los hermanos del Presidente y también se hablaba de los supuestos aportes de dinero a la campaña de Alianza PAIS de los hermanos Ostaiza, vinculados al narcotráfico.

Luego filtró una conversación entre Silvia Salgado y Correa sobre la inclusión de artículos en la Constitución que no fueron aprobados en Montecristi. Estas denuncias se diluyeron por la presión aplastante del Gobierno, por lo que a todas luces, su emisario ya estaba liquidado. ¿Para qué, entonces, secuestrarlo?

La otra explicación es de corte psicológico y escudriña los excesos de un presidente y su grupo de colaboradores que se sintieron intocables y muy por encima de cualquier contrapeso democrático. Durante años, algunos en el país vieron con indiferencia, otros con indignación y muchos con miedo cómo los casos Araujo y Carrión se hundían en la justicia destrozando a sus familias. O cómo periodistas y medios eran demandados y condenados con sentencias redactadas fuera de los juzgados para recibir el humillante perdón presidencial.

Otros atropellos contra luchadores sociales, indígenas o estudiantes que se manifestaban en las calles, nos convencieron de que la justicia actuaba del lado del correísmo.

Pero con Balda, el cerco se cerró por el lado menos imaginado. Las gestiones de la justicia colombiana y los cambios institucionales en la ecuatoriana dieron al caso un nuevo giro y, junto a este, tomaron fuerza procesos más complejos como el crimen del general Jorge Gabela y sus denuncias por la contratación de los helicópteros Dhruv.

La transición en Ecuador tiene un importante componente judicial, donde Correa y varios de sus colaboradores tendrán que hacer frente a un despertar de denuncias y casos no resueltos.

El interinazgo en la Fiscalía y el Consejo de la Judicatura resultará histórico si quienes emprenden esas tareas de investigación y juzgamiento ya encomendadas, fallan siguiendo el debido proceso y rechazando cualquier tipo de presión.

La depuración judicial no puede entenderse como un trofeo del presidente Lenín Moreno o de Julio César Trujillo, en una malentendida idea de desquite político. La búsqueda de la verdad, con cabeza fría y firmeza, es indispensable para que el Ecuador conozca los alcances que tuvo el correísmo, cuando se habla de crímenes de Estado.


Autor:  Carlos Rojas Araujo

Fuente:  Vistazo

9 de junio de 2018

Los Caretucos

El Consejo de Participación Transitorio sesionó en el Teatro de la Universidad Central del Ecuador en Quito. En la cita celebró la audiencia pública que resolvió la evaluación al Consejo de la Judicatura. En el informe, probó los vínculos de dependencia del órgano al correísmo, la improbidad de los vocales para celebrar concursos y nombrar jueces, los intereses políticos al designar autoridades administrativas provinciales, la manipulación de la justicia y el chantaje a los operadores judiciales. Se desveló el libreto abusivo de la década ganada.

Rafael Correa y Gustavo Jalkh
Artículo de Gabriel Hidalgo. "Los Caretucos"

Pocos días antes, el presidente del cuestionado Consejo de la Judicatura se presentó ante el Consejo de Participación Transitorio. Después de una breve intervención se rehusó a sentarse en su lugar y a respetar a la institución que lo citó a comparecer. Inesperadamente, levantó la voz a las autoridades que lo escuchaban, lanzó un chillido y se fue, como si eso fuera posible en una audiencia pública. Nadie lo detuvo. Salió como llegó. ¿Qué nos dice todo esto?

El incidente fue un recordatorio de lo que sucedía todos los días durante la década ganada, dominada por insolencias, arrebatos y rabietas del todopoderoso dueño del universo. Era natural tolerar que los propietarios de la democracia afrentaran impunemente a estudiantes, que encerraran a ciudadanos al paso de sus caravanas, que injuriaran públicamente a cualquier persona, y que la ley no aplicara para ellos.

Pero siempre hubo quien los justificara. Hoy ya no son más, no son todos, ni son millones como canturreaban emborrachados de vanidad. Ahora son menos, son muchos menos. Les gana la vergüenza, la cobardía, la nimiedad. Y de estos, quedan unos pocos que todavía se atreven a defender la década de abusos, corrupción, despilfarro y prepotencia. Son los mismos que aplaudían cuando los todopoderosos exigían ganar elecciones a los ciudadanos críticos para poder opinar, son los que celebraban cuando el prepotente rompía periódicos y denigraba en señal abierta y horario familiar a quien no aceptara sus dogmas fundamentalistas. Son los mismos que ven una refinería en un terraplén que costó nivelar más de 2 mil millones de dólares, que vivieron de la década del despilfarro y que torcieron la mirada cuando los revolucionarios más audaces se llevaron el país a sus bolsillos.

¿Pero hoy los mismos amantes del totalitarismo revolucionario llaman de la misma manera a lo que no les gusta? ¿Tiene eso algo de sentido?

Para estos defensores de la estupidez es correcto dar órdenes a los jueces durante las sabatinas, pero es abusivo que una autoridad evaluadora pida a un funcionario público evaluado que ocupe su lugar y que respete las formalidades. Para estos es normal que un secretario jurídico de un presidente llame a los jueces para conseguir sentencias, que se negocien las glosas de la Contraloría o que se las use para chantajear a los opositores, que los secretarios de Estado amenacen a los periodistas, sindicalistas, agremiados o a ciudadanos sin ningún poder político, para conseguir su obediencia y anulación. Es la patria de todos, gritaban. Patria que se justificaba en los mismos principios que durante la segunda mitad del siglo XX el nacionalismo socialista adoptó en Europa para mancharse las manos de sangre y que se replican hoy en la Venezuela y en la Nicaragua que nos revolucionarios defienden con sectarismo. Pero para ellos los fascistas son otros.

Son los mismos que critican al Consejo Transitorio cuyo mandato proviene de una consulta popular y sus autoridades del acuerdo político entre los poderes representativos del Estado, pero que no dijeron nada cuando su supremo presidente nombró a sus secretarios personales como los custodios de las elecciones y de las investigaciones penales de los criminales que asaltaron el Estado, algunos de ellos ahora prófugos.

Son los mismos que se hincharon de las ínfulas de su mandamás e insultaron, acosaron y agredieron durante toda su década totalitaria. Eran intocables. Nadie podía ni regresarlos a mirar. Son los que defienden el montaje del 30S y que pronto tendrán que pagar por las muertes que allí ocurrieron, por los policías y militares perseguidos, por el secuestro a los opositores políticos, por los sanguinarios operativos de guerra durante las protestas sociales, por la intervención extrajudicial a las comunicaciones de periodistas, adversarios políticos, críticos y ciudadanos. Pronto tendrán que dar cuentas a una justicia ciudadana estos que antes eran los altísimos y que de esos cielos cayeron para estrellarse en sus miserias al perder el poder que creyeron suyo.    

Lo que hacen los abusivos caídos en desgracia en contra del doctor Julio César Trujillo, de la institucionalidad transitoria y del pueblo ecuatoriano es lo único que aprendieron a hacer como vividores de la década ganada. Su respuesta siempre es una sola: insultar. Esa es la herencia del correísmo. Es la triste vida del caretuco.

Autor:  Gabriel Hidalgo

Fuente:  Plan V

22 de abril de 2018

Cállate Rafael Correa, corrupto impenitente

La crisis humanitaria que padecemos en Venezuela no tiene parangón con nada vivido en este continente americano porque aun comparándola con Haití, debemos diferenciar las realidades de cada país y asumir con responsabilidad que el saqueo que los chavistas y sus cómplices internacionales han hecho al quinto productor de petróleo del mundo, al que fue país de la esperanza para millones, es único.

rafael correa no hay crisis en venezuela
Rafael Correa: "en Venezuela no existe crisis humanitaria"

No avanzaré cifras a la ligera, me centraré en los estudios realizados el año pasado por el proyecto Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población Venezolana (ENCOVI) equipo científico de muy alto nivel formado por las tres universidades más importantes del país.

Año 2017 que si lo comparamos con éste que vivimos, fue mucho menos terrible. Allí conocimos que el 82 % de los hogares venezolanos vive en pobreza, lo que nos convierte con Haití en los dos países más pobres de América Latina, y nosotros más ya que en Haití la pobreza extrema para el momento del estudio, superaba el 50%, y en Venezuela se determinó que la proporción de los hogares en pobreza aumentó de 81,8% en 2016 hasta 87% en 2017, y la pobreza extrema se elevó desde 51,5% hasta 61,2% y también muestra que los venezolanos han perdido en promedio 11 kilos de peso en los últimos dos años y que 8,2 millones comen dos o menos comidas al día.

Con aterradoras cifras tapo la boca al déspota ladrón que es Rafael Correa, ex presidente de Ecuador y miembro de la banda delictiva que en nombre de una izquierda antidemocrática y amoral se enseñoreó por algunos años en muchos países de nuestro continente y hoy por suerte les vemos caídos y desnudos en su ruindad, aunque desesperados por seguir manteniendo la tragedia infinita que significan los 60 años de tiranía cubana y los casi 20 años de la narcotiranía chavista de la que él fue otro de los beneficiarios directos.

crisis económica en Venezuela
Miles de venezolanos cruzan la frontera con Colombia en búsqueda de alimentos, medicinas e insumos básicos

Ahora (20/04/2018) en un viajecito sabrosón que este pillo se vuelve a dar a La Habana, niega con criminal descaro la crisis humanitaria en Venezuela, y califica de "Obsesión" a aquellos líderes y gobiernos democráticos que la señalan y condenan a sus culpables. El hijo del narco confeso y juzgado -conocido como "El manco Correa"- vuelve a mostrar su amoralidad y su maldad en declaraciones que divulgó la Agencia EFE y pregunta: "¿De qué crisis humanitaria me están hablando? Hay problemas económicos, escasez, pero eso no lo podemos llamar crisis humanitaria". Y ese que por suerte la ciudadanía ecuatoriana sacó del Poder, ¿Qué llamará crisis humanitaria? ¿Cómo cataloga que cientos de miles estén comiendo en los basureros y muriendo de mengua porque no hay ni servicios hospitalarios ni medicamentos?

Asquerosamente manipulador asegura en ese santuario del irrespeto a la condición humana que es la Cuba castrocomunista que "hay países de la región con problemas mucho más graves: violencia, desaparición de periodistas, y no se habla absolutamente nada"… Cómo puede negar los aterradores niveles de violencia que muestra la Venezuela destruida económica y moralmente por sus pares los castrochavistas. Negar además que hay una crisis moral, humanitaria y social en medio del caos y que hoy finalizando abril del año 2018 esas cifras que he compartido resultan halagüeñas al compararlas con las recientes cuando la hiperinflación nos devora.

Negar que Caracas es hoy la ciudad más peligrosa del mundo y no hay lugar donde el hampa no haga de las suyas, hampa que está en las calles como en los centros de poder… Este canalla que hace pocos días dijo en Buenos Aires donde estuvo dándose otro paseíto, que en Venezuela no hay presos políticos ya que según su manipulada verborrea: "…en un Estado de derecho se persiguen delitos, no se persiguen personas. Los presos políticos, supuestamente, entre comillas, fueron consecuencia… me acuerdo de la primera guarimba, 44 muertos. Alguien tiene que responder por 44 muertos. Puede equivocarse tal vez la Justicia, qué sé yo, esa persona no es la culpable, pero alguien tiene que responder por 44 muertos." Responder mientras sea opositor porque sabemos que estos asesinos y ladrones comunistas no aceptan ser juzgados por sus crímenes horrendos hoy más que conocidos.

Rafael Correa el corrupto, el déspota, el perseguidor de la libertad de prensa, el cínico izquierdista que no quiere la libertad de Cuba y Venezuela, pero escoge para vivir Bruselas que no hable. Que tenga vergüenza y no siga pateando esta Venezuela hoy inmensa fosa abierta mostrando cadáveres vivientes producto de la destrucción. ¡Cállate bellaco!


Autora:   Eleonora Bruzual (escritora y periodista venezolana)

Fuente:   Infobae

17 de abril de 2018

Su mejor reportaje

Sus muertes nos iluminó: nos mostró un país en que las autoridades cómplices dejaron que criminales lo fueran cercenando, impidiéndonos que circuláramos por su selva, navegáramos por sus ríos, habitáramos sus campos, sus ciudades, para hacer que allí echara raíces la barbarie con sus colmillos sedientos de sangre y sus garras ávidas de dinero.

periodistas de el comercio secuestrados
Articulo de Francisco Febres Cordero: "Su Mejor Reportaje"

Sus muertes nos iluminó: puso en nuestro delante los rostros de quienes permitieron, con sus acciones u omisiones, que la paz fuera reemplazada por el crimen. Ahora algunos de ellos viven en el extranjero, otros se hallan todavía entronizados en puestos oficiales o tienen como prioridad su promoción a altos organismos internacionales.

Sus muertes nos iluminó: puso en evidencia las mentiras de aquellos que hicieron de la corrupción una bandera, de la trapacería un himno, del cinismo un lema, de la abyección una conducta.

Esos tres que nos faltan, periodistas como eran, con sus muertes, lograron escribir el más esclarecedor, el más veraz de todos sus reportajes que hemos leído, con dolor de padres, con dolor de hermanos, con dolor de amigos. Pero también con ira.

Por eso, los tres que nos faltan, ahora son un pueblo que se levanta y grita, que clama porque aparezca, íntegra, sin tapujos ni esguinces, esa misma verdad que los tres que nos faltan fueron a buscar.

Autor:   Francisco Febres Cordero


2 de abril de 2018

Rafael Correa y la desmesura

El ex presidente ecuatoriano recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de La Plata, y tiene más que Stephen Hawking, pese a que su fuerte no es la academia, sino la violencia contra quienes no piensan como él.

Rafael Correa autoritario
Artículo de Jaime Durán Barba: "Rafael Correa y la desmesura"

En 2014 varias diputadas correístas presentaron un proyecto de ley para despenalizar el aborto cuando la mujer ha sido violada. Rafael Correa anunció que si se aprobaba esa ley, renunciaría a la presidencia de la República, exigió que retiren el proyecto, dijo que pediría su descalificación como diputadas y su expulsión del partido. En este tema ningún político conservador ha tenido posiciones tan radicales. Correa en realidad nunca fue de izquierda o de derecha, sino que vivió en la extrema impostura. Un presidente democrático no amenaza ni chantajea, propicia la libre discusión de las ideas.

El síndrome de Hubris le llevó a protagonizar escenas que serían cómicas si no fuese por el dolor que causaron a miles de personas. Todo autoritario tiene como blanco a los periodistas. Durante una rueda de prensa una comunicadora preguntó algo que no le gustó y respondió: “Yo a usted no le respondo porque es una gordita horrorosa”. A otro periodista de baja estatura no le respondía porque era un “Tarzán de bonsai”, a otros porque parecían pitufos. Cuando en un programa de televisión o de radio alguien lo criticaba, el gobierno interrumpía la programación para insultar y calumniar a quien estaba hablando. Durante su gobierno se cerraron periódicos y revistas, y se amenazó tanto a la prensa que quedaron pocos medios independientes que se atrevían a hablar de política, mientras los medios gobiernistas se dedicaban al culto a la personalidad de Correa y a denostar a sus opositores.

En todos lados la gente odia los piquetes y si un gobierno los reprime con brutalidad, puede sacar réditos. Correa comprendió la fórmula. El año 2010 Pepe Acacho, líder de los indígenas shuaras, participó de un piquete. Fue acusado de “terrorismo” y condenado a 12 años de prisión. Los shuar son la mayor etnia de la Amazonía, tradicionales por su firmeza, los blancos racistas los llamaron “jíbaros” (perros salvajes) como lo hace también alguna reconocida escritora de nuestro país. El enfrentamiento de Correa con los indígenas subió de tono.

Cuando llegó al poder habló unas frases en quechua y empezó a vestir con camisas bordadas con flores. El y los turistas creían que esa era la indumentaria típica de los indígenas. Quienes hemos tenido contacto con culturas andinas desde la infancia sabemos cuando alguien habla quechua y cuando emite sonidos memorizados. Correa ignoraba que las camisas floreadas son vestimenta exclusiva de las mujeres y sus camisas, una farsa.

Arremetió contra las organizaciones ecologistas a las que descalificó y dictó un decreto que le permitía clausurarlas a su voluntad. Disolvió la Fundación Pachamama y cuando intentó acabar con Acción Ecológica tuvo que retroceder por el masivo repudio internacional y la condena de la ONU. Inteligentemente arremetió en contra de los sindicatos y los partidos de izquierda tradicionales, dejándolos en una profunda crisis. Pero también peleó con los abogados, los médicos y todo grupo que se le cruzó en el camino. Al final de su gobierno acumuló el rechazo radical de las organizaciones sindicales, indígenas, ecologistas, de lucha por los derechos de las mujeres, de periodistas, empresariales, profesionales.

La represión en contra de los estudiantes fue brutal. Los “diez de Luluncoto”, nueve estudiantes y un profesor, fueron apresados en una manifestación, condenados como terroristas por jueces obsecuentes. Pasó lo mismo con cientos de jóvenes a los que además humilló obligando a sus madres a pedirle perdón de rodillas. Hubo casos en los que las palizas que propinó a los adolescentes fueron tan brutales que tuvieron que ocultarlos más de una semana para que no aparezcan desfigurados ante las cámaras.

A Correa le gustaba reprimir personalmente a la gente, abusando de su autoridad y de su físico atlético. El 1° de mayo de 2014 la caravana presidencial pasaba por un barrio de Quito cuando un adolescente hizo un gesto de desaprobación con sus manos. Los vehículos se detuvieron, bajaron decenas de policías, guardaespaldas y el propio Correa para atacar al niño. Según su testimonio, “entre la confusión apareció Rafael Correa. Viene y me golpea el pecho y me dice ‘aprende a respetar, muchachito, yo soy tu presidente, muchachito malcriado’. Al presidente le temblaban las manos y se le iban las lágrimas de la ira”. No fue un hecho aislado. Decenas de veces detuvo el vehículo presidencial para atacar físicamente a ciudadanos comunes, amedrentarlos, y perseguirlos.

El peor incidente tuvo lugar el 30 de septiembre de 2010, cuando 800 policías hicieron huelga protestando porque habían suprimido una canasta de víveres y juguetes que tradicionalmente les entregaban en las Navidades. Correa quiso resolver el problema a trompadas. Fue al cuartel de policía y dijo: “¡Si quieren matar al presidente, aquí está, mátenlo si les da la gana, mátenlo si tienen poder, mátenlo si tienen valor en vez de estar en la muchedumbre cobardemente escondidos!”. Se armó una enorme trifulca. Los gases lacrimógenos inundaron el lugar y Correa se lastimó una pierna que se había operado en esos días. Su escolta lo llevó al hospital del cuartel para que lo curaran. El incidente duró nueve horas en las que se mantuvo en control de la situación, dirigiendo a sus ministros a través de teléfonos que nunca le fueron incautados. El director del hospital, Coronel César Carrion, y otros médicos le pidieron que se fuera, pero un ser excepcional como él no podía salir humillado con una venda en la rodilla. Dijo que se consideraba secuestrado y ordenó al ejército que bombardeara el hospital. Murieron un civil, dos soldados, dos policías y se produjeron 200 heridos. El periódico El Universo publicó un artículo sobre lo ocurrido. Correa enjuició al autor y a los directivos del periódico por calumnias. Sus jueces los condenaron a tres años de prisión y una indemnización de 42 millones de dólares. Podríamos mencionar cien casos más de abuso de poder en los que Correa trató de comportarse como un líder sobrenatural y solo hizo el ridículo.

Todo esto sirvió para que la Universidad de La Plata le otorgue un doctorado honoris causa por su lucha por la libertad de expresión. Fue su decimoquinto doctorado honoris causa, que le puso por encima de Stephen Hawking, un intelectual que solo obtuvo doce títulos, un flojo que nunca resolvió los problemas a trompadas. A despecho de tanto doctorado el fuerte de Correa no es la academia. Fue fugazmente profesor de una universidad privada de la que lo echaron. Publicó un libro promovido en el continente con el aparato del Estado ecuatoriano. En Buenos Aires tuvo un boom tan importante como el de Germán Garmendia, como lo puede atestiguar cualquier librero.

Como bastantes otros políticos, Correa es un entusiasta lector de solapas pero no llega a los textos de los libros. En la campaña electoral de 2014 y en su reciente gira por Argentina citó con frecuencia frases de El arte de ganar, aunque no se acordaba ni el nombre de nuestro libro y las citas eran falsas o sacadas de contexto. Siempre vive en la impostura: memorizó frases de un libro cuyo nombre no se acuerda. Si lo estudiaba hace cuatro años, habría podido entender por qué perdió 18 de las 20 alcaldías que se disputaron aunque en algunos casos tenía excelentes candidatos. No fueron derrotados los candidatos, sino la egolatría desatada de Correa. También habría entendido una de las razones de su derrota con el 32% de votos frente al 68% que obtuvo Lenin Moreno hace pocos meses. Ciertamente habría aprendido que hay que respetar a la gente, no habría tumbado la puerta de la casa de una familia para golpear a sus integrantes porque supuestamente le habían lanzado un huevo, ni habría ingresado a la ciudad de La Maná insultando a los electores con un megáfono y lanzándoles piedras. Vale la pena ver estos videos para reírnos del Hubris en este domingo de Pascua.


Fuente:   Perfil

Autor:   Jaime Durán Barba

2 de marzo de 2018

Correa y sus 'colaboradores'

Tal parece que Rafael Correa gobernó rodeado de colaboradores que son unos “miserables”, “oportunistas”, “traidores”, “delincuentes”, “prófugos de la justicia”, “oscuros y poderosos personajes” que tienen vínculos con “sectores que han asolado al país”, que “forjan documentos”, “llegan a acuerdos para cubrirse las espaldas”, “compadritos lindos” y “mediocres operadores” a los que “se les cae la máscara” o “tienen cargos regalados a dedo”.

rafael correa y los 40 ladrones alianza pais
Artículo de Enrique Ayala Mora: "Correa y sus 'colaboradores'"

Eso dicen, unos de otros, quienes fueron altos funcionarios del gobierno correísta. No se trata de acusaciones o calumnias de los “amargados de la oposición” o la “prensa corrupta”, sino de epítetos con que califican cercanos colaboradores de Correa a sus propios “compañeros”, “panas” y “hermanos”.

Por ello, lo que le queda al país, a la Función Judicial especialmente, es acelerar los procesos penales de esos funcionarios que, entre otros, con el testimonio de miembros del gobierno del que formaron parte, deber ser castigados con todo el rigor de la Ley. La corrupción más escandalosa de la historia nacional no puede ser tolerada.

Pero si siguen en altas funciones los “prófugos de la justicia”, “oscuros y poderosos personajes”, que “forjan documentos”, “llegan a acuerdos para cubrirse las espaldas”, o “tienen cargos regalados a dedo”, ¿habrá garantía de que esos procesos judiciales sean transparentes y libres de presiones? Si un ex ministro estrechamente vinculado a Correa sigue siendo presidente de la Asamblea Nacional, ¿con que legitimidad podrá seguir dirigiendo la Función Legislativa? Si un ex asesor de Correa va a seguir siendo fiscal, ¿qué confianza se podrá tener en su calidad de acusador?

El actual Fiscal General fue “designado” en uno de los procesos tramposos con que Correa puso incondicionales en puestos claves para cubrirse las espaldas, a través de un Consejo de obedientes anónimos. Y, justo es reconocerlo, ha cumplido su mandato, porque ha entorpecido los procesos en varias formas y, cuando no ha tenido más remedio, ha acusado de delitos menores a los correístas enjuiciados, para que reciban sentencias de unos pocos años y no sean convictos de crímenes como peculado y corrupción mayor, como fue el caso de Glas.

Si, como sus propios incondicionales lo dicen, Correa gobernó rodeado de estos personajes, él debe enfrentar personalmente a la justicia. Debe ser enjuiciado por los manejos de la deuda pública y por los sobreprecios en contratos realizados al amparo de decretos presidenciales ad hoc firmados por él. Pero para ello se necesita una Fiscalía mínimamente confiable, que no lo proteja, y una Asamblea que no sea dirigida por quienes habrían encubierto que se haya facturado para justificar los muertos del 30-S. Correa dirigió el país con sus “colaboradores”, pero él es el primer responsable.


Autor:  Enrique Ayala Mora

Fuente:  El Comercio

6 de febrero de 2018

Bye, bye, Correa

Rafael Correa perdió por primera vez un proceso electoral. El país que tantas veces lo respaldó, eligió darle la espalda. Fue el líder de la oposición que defendía el voto por el no en la Consulta Popular que convocó para el 4 de febrero el presidente Lenín Moreno, su antiguo amigo, compañero de fórmula en el pasado y copartidario en Alianza País. Muy pronto los conteos rápidos confirmaron que el sí, promovido por el presidente Moreno, había arrasado.

rafael correa despedida adios
Artículo de María Sol Borja:  "Bye, bye, Correa"

Los ecuatorianos votaron sí a siete preguntas, de las cuales dos eran cruciales para la sobrevivencia del correísmo: la reestructuración del Consejo de Participación Ciudadana (con el 63,17 por ciento) y la eliminación de la reelección indefinida (con el 64,34 por ciento), que habría permitido una cuarta postulación de Correa a la presidencia en 2021.

El expresidente fue la figura dominante de la política ecuatoriana por una década. Ganó tres elecciones presidenciales (en 2006, 2009 y 2013), las dos primeras con Moreno como vicepresidente y la última con Jorge Glas —condenado en diciembre a seis años de prisión por asociación ilícita—, convirtiéndose en el presidente de Ecuador con más tiempo en el poder. En esa década se convocaron cuatro procesos de consulta popular y un referéndum. Los ganó todos.

En 2008, el gobierno de Correa convocó un referéndum constitucional en el que se proponía una nueva constitución que debía durar por los siguientes “300 años”. Las reformas constitucionales permitían la reelección del presidente, aunque solo para dos periodos. Eso cambió en 2015, cuando la Asamblea Nacional aprobó la reelección indefinida a las autoridades elegidas por voto popular, pero Correa prometió no presentarse en la contienda de 2017 y respaldó a Moreno como su sucesor. Dejó, sin embargo, abierta la puerta de su regreso. Pero la derrota que sufrió ayer hará difícil su vuelta al Palacio de Carondelet.

El resultado de la consulta es un triunfo para el presidente Moreno, quien ahora podrá reestructurar el Consejo de Participación Ciudadana, cuyos miembros —muchos afines al correísmo— eran los encargados de nombrar a las autoridades de mayor rango en el país. La gran derrota para el correísmo hará imposible que en el futuro cercano un caudillo pueda acaparar todos los poderes, como lo hizo Correa.

De alguna manera, Correa fue víctima de su incapacidad de irse. Había dicho que el país debía descansar de él y él del país, pero en noviembre volvió de Bélgica en medio de una pugna interna de Alianza País y en un enfrentamiento público con Moreno. La falta de una maquinaria estatal que ordenaba a los burócratas a asistir a las convocatorias que organizaba, mostró también que la mayoría de sus simpatizantes lo habían abandonado y volvió a Bélgica con un grupo cada vez menor de correístas en Alianza País. La fractura final fue en enero: 28 legisladores abandonaron el partido para conformar una disminuida Revolución Ciudadana, la nueva fuerza opositora de Moreno.

Su retorno a Ecuador para hacer campaña por el no en enero de 2018 fue aún más pobre. A diferencia de cuando usaba el músculo del Estado para promoverse en las sabatinas, su show presidencial, recorrió un país que ya no gobierna sin lograr convencer a las masas de que él era la única solución a los males de Ecuador. De la ciudad de Quinindé tuvo que salir en un helicóptero después de que estuviera sitiado en una estación de radio mientras afuera grafiteaban sus vehículos de seguridad y lanzaban basura y proclamas en su contra. Los principales medios del país, que alguna vez persiguió —a veces con saña—, también mostraron desdén y le dieron poca cobertura. Correa, en algún momento el presidente más popular de nuestra historia, perdió su capital político defendiendo al indefendible Jorge Glas e insultando a Moreno, a quien llamó “traidor”, “impostor” y “embustero”.

Hoy Correa rindió una versión libre y voluntaria en la investigación que desarrolla la Fiscalía General del Estado sobre la intermediación y venta de petróleo a China durante su gobierno, que, se presume, produjo pérdidas multimillonarias para el Ecuador. Es un caso más de presunta corrupción de las decenas que se destaparon desde que dejó el poder.

De conseguirse algo en su contra, sería una nueva —y grave— herida para el ambicioso animal político que es Rafael Correa: una sepultura judicial, similar a la que enterró a su vicepresidente Jorge Glas. Lo demás serán solo adioses temporales. El temperamento de Correa y su gusto por el poder le impedirán alejarse mucho tiempo de Ecuador, ese país del que dijo que quería descansar.

Autora:  María Sol Borja

Fuente: The New York Times

20 de enero de 2018

Rafa en La Shyris

Rafael Correa vuelve a La Shyris, sí a la avenida que tantos recuerdos le trae. Punpín, punpín. Esta vez volvió para una entrevista en FM Mundo, que queda ahí, a dos cuadras de la sede de Alianza PAIS en la que él ya no puede entrar ni a hacer pipí, aunque capaz que sí podría entrar a grafitear. Ahí Patiño le hace patita de gallo para saltar la verja.

rafael correa lenin moreno jorge glas
Articulo de Luis Eduardo Vivanco:  "Rafa en La Shyris"

Cuánta nostalgia habrá sentido el ex presidente al pasar por el frente de lo que fue su cuartel general y lo que es peor, habrá pasado en un auto particular, ya no en un 4x4 de lujo pagado por todos lo ecuatorianos.

Lástima que para ese momento no llovía en Quito, pues hubiese sido fácil imaginar su mirada nostálgica al otro lado del vidrio del carro, viendo su sede con gotas de agua corriendo por la ventana. Así, tipo video clip llorón de Maná de los años 90.

Me imagino lo que habrá sentido, al ver la tribuna de los Shyris, donde por tantas ocasiones despilfarró el dinero público en celebraciones gubernamentales que siempre fueron al final de cuentas celebraciones de su movimiento político. Habrá recordado también cómo ahí celebró junto a Lenín Moreno la victoria en primera vuelta. Bueno, no sabían que la habían ganado, pero ya habían montado la juerga, muy al estilo de AP.

Cómo se le habrá removido el wacho a Rafa al desempolvar de su memoria esos que serán para él bellos momentos. Cuando sus policías armados hasta las muelas reprimían con garrote y caballo a los que osaban tomarse ese emblemático espacio quiteño para protestar en su contra. Cómo habrá saboreado con la memoria aquellos toletazos. Ahora, sin chapas que le recojan hasta los cabellos que iba perdiendo con los años y que poco y más los ponían como tesoro nacional en el museo fetiche que armó en el palacio.

Al salir de la radio encontró una manifestación en su contra y cómo se le habrá retorcido el shungo al no poder ordenar a un uniformado que le meta una paliza al “majadero”. Cómo habrá sentido Rafael su nueva realidad.

Bueno, Rafa, no decaigas. Si estás por la Shyris y quieres orinar, pide el baño en un restaurante. Y si quieres echar una cagada, bueno, para eso eres un experto y ya lo has hecho por todo el Ecuador.  Que tengas un buen día.

Autor:  Luis Eduardo Vivanco

Fuente:  La Posta

12 de diciembre de 2017

Los correístas se llevan todo

Las cuentas bancarias, los seguidores en el Twitter, la sede de Quito...El ala correísta de Alianza PAIS parece empeñada en dejar a los morenistas sin nada.

rafael correa movimiento revolución ciudadana
Artículo de Roberto Aguilar: "Los correístas se llevan todo"

No es lo que se pueda llamar una sede de puertas abiertas ni mucho menos. En la entrada, un candado disuade al visitante y un guardia privado que atiende desde el otro lado de la verja pintada de verdeagüita se niega a compartir información o a franquear el paso a quien no disponga de una cita. En la parte alta de la fachada, la gigantografía con el rostro de Lenín Moreno que presidió el edificio desde los días de la campaña electoral ha sido retirada y sustituida por la consigna “Ciudadanía en movimiento”. Y en las ventanas y puertas que miran hacia la avenida de los Shyris, cartulinas escritas a mano alzada con consignas contra la consulta popular e invitando a votar “Siete veces No”, no dejan lugar a dudas sobre la identidad de los ocupantes actuales del inmueble. El golpe de Estado que protagonizó el ala correísta de Alianza PAIS al interior de su movimiento tiene, en la sede del norte de Quito, su expresión más clara y contundente.

¿Es el único patrimonio con que los correístas se han quedado? La semana pasada, el nuevo secretario general del movimiento reconocido por el Consejo Nacional Electoral, Ricardo Zambrano, del ala morenista, sacudió el avispero de la opinión pública tras denunciar un acto de piratería pura, del que culpó a la directiva anterior: según él, 600 mil dólares desaparecieron de las cuentas bancarias del partido. Gabriela Rivadeneira, cabeza visible del ala correísta y secretaria general en rebeldía, se apuró a desmentirlo. Tratándose de dinero constante en una cuenta bancaria, no debería ser difícil comprobar quién de los dos dice la verdad.

“Es facilísimo”, confirma Elizabeth Cabezas, legisladora del ala morenista. “Entiendo que hay varios cheques que han sido girados. Lo importante es que ellos puedan justificar en qué se usaron esos recursos”. Según pudo conocer este Diario, Ricardo Zambrano ya se encuentra trabajando en ello, tiene listos los documentos que demuestran el retiro de los 600 mil dólares y se dispone a hacerlos públicos esta semana, junto con los nombres de los responsables del manejo de esas cuentas bancarias.

Menos oneroso, pero más inapelable es el saqueo perpetrado en las redes sociales. Los correístas que administraban las cuentas de Twitter (nacional y provinciales) que pertenecían a todo el movimiento, decidieron apropiarse de ellas y se alzaron, de paso, con cientos de miles de seguidores: 313 mil solo en la cuenta nacional de Alianza PAIS, hoy identificada con el membrete de “Revolución Ciudadana”. Un logotipo en el que las siglas RC adoptan la forma de una antorcha de estética ‘vintage’ que recuerda a la guerra fría y un collage de fotografías de Rafael Correa en bicicleta completan la nueva imagen de las cuentas. Como si el ala correísta hubiera empezado a instrumentar los cambios necesarios para fundar un nuevo movimiento político.

No era ese el plan. El pasado 3 de diciembre, la convención correísta celebrada en Esmeraldas (ilegítima según el morenismo), transcurrió bajo el signo de la depuración: expulsar a Lenín Moreno; expulsar a los asambleístas del morenismo; expulsar a los ministros y funcionarios que apoyan la consulta; expulsar a los directores provinciales y cantonales que haga falta... En fin, expulsar a todo el mundo. Y solo en último caso contemplar otras posibilidades: “Si nos quitan el movimiento -instruyó el líder Rafael Correa- nos desafiliamos masivamente, nos integramos a otro movimiento de esos en ciernes que hay y lo transformamos”.

Elizabeth Cabezas dice sentir vergüenza: “es la forma atropellada -se lamenta- arbitraria de actuación de quienes quieren perpetuarse en la secretaría del movimiento”. Difícil adivinar hacia dónde conduce todo esto. Por el momento, el movimiento político que apoya al presidente de la República, el más grande del país, se ha quedado sin fondos en el banco, sin sede en la capital y sin seguidores en el Twitter.

¿Se gastaron los 600 mil?

Los 600 mil dólares faltantes en las cuentas de PAIS fueron retirados, según el secretario ejecutivo Ricardo Zambrano, en las dos últimas semanas. Gabriela Rivadeneira sostiene que eso es mentira y asegura que Zambrano está descontextualizando los hechos. Los estados de cuenta lo dirán.


Autor:   Roberto Aguilar

Fuente:   Diario Expreso



11 de diciembre de 2017

¿Qué tal se siente, Rafael Vicente?

¿Qué tal se siente, Rafael Vicente, volver al Ecuador despojado el poder, caminar por la calle con guardaespaldas entre amantes y odiadores?  Oigo que tus enemigos te cantan “rata inmunda de dos patas”; yo no llego a tanto. Puedo decirte que te entiendo porque yo también pasé por esos tragos, gracias precisamente a ti, de alguna manera. Y digo esto porque no es justo hacer leña del árbol caído. Lejos de mí patearte en el suelo, pero si dialogar sentados ambos en la vereda y a la vera del camino de la historia, yo porque pertenezco a una generación de salida, tú, porque te feriaste la oportunidad de tu vida para dejar un legado pulcro y duradero. Para que me entiendas voy a explicar mi itinerario antes de hacerte otras preguntas.

rafael correa articulos de opinion
Artículo de Fernando Vega: "¿Qué tal se siente, Rafael Vicente?"

Allá por el 2006 yo era Vicario de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cuenca y había heredado algo del prestigio de Monseñor Luis Alberto Luna, con quien trabajé 20 años; por supuesto que también heredé sus amigos y sus enemigos. Ilusionado, igual que tú por hacer un Ecuador nuevo, me despojé del poder eclesiástico para asumir la condición de ciudadano y obrero de la Revolución Ciudadana. A ti no te conocía, pero si a Alberto Acosta, compañero en la lucha por los derechos de los migrantes en la “coalición por las migraciones”. Con él nos embarcamos, con ingenuidad, debo reconocerlo ahora, en el sueño de una patria diferente, para todos. Confiamos en ti.

Claro que dejar la peana de lo sagrado implicó para mí, algunas renuncias, entre ellas exponer mi vida privada a luz pública, someterme al escrutinio severo que se suele hacer con las debilidades humanas de los curas. Sin embargo, también debo reconocerlo, que la propaganda de PAIS, de contar con un “cura revolucionario” afín a la “teología de la liberación” halagó y compensó esa vanidad y narcicismo que siempre nos acompaña –de eso tu sabes bastante-. A la ola de tu popularidad aporté la mía, y logramos poner en la Constituyente cinco asambleístas por el Azuay con la votación record de todo el territorio nacional. El triunfo nos embargaba y nos embriagaba, reconocerlo es de varones.

Sin embargo, la popularidad del “cura asambleísta” duró poco –los ocho meses de la Asamblea-. Pronto me di cuenta de algunas mentiras como esa de “la asamblea de plenos poderes” y pude percibir tu talante autoritario y antidemocrático. Diferencias sobre el texto constitucional donde impusiste tu voluntad, como en el caso de la “consulta previa” a los pueblos y nacionalidades para imponer, como lo hiciste luego, el extractivismo y la minería; tu machismo patriarcal que puso coto, desde tu discurso inaugural en la Asamblea, a las aspiraciones de los derechos de las mujeres y otras cosas, me hicieron merecedor del calificativo que diste a quienes se atrevían a cuestionarte, ya entonces: “infiltrados”. “Que les vaya bonito”.

Me jugué mi futuro en la Iglesia en la campaña por el Sí a la Constitución. Aunque tenía todo el derecho de quedarme en el “congresillo”, me trague mis sueños e intenté volver a las trincheras pastorales. A consecuencia de ello ya era, en la boca de tu propaganda descalificadora “el cura expulsado de la iglesia” y cuando me opuse a la consulta del 2011 para meterle la mano en la justicia –no olvides que fui presidente de la mesa de Justicia y Anticorrupción y que el principio de la independencia de la justicia era un pilar fundamental de la nueva justicia que decíamos querer construir- sufrí la muerte civil que has aplicado a todo disidente. “Resentido, malagradecido” me decían muchos de tus fieles seguidores. Jamás mi opinión volvió a escucharse en los medios púbicos –Que los diga el Lasso de “Palabra Suelta”, si no es verdad-.

Debo decir que tienes un concepto lamentable de la lealtad. Para ti la lealtad es la del embudo, todo para ti, nada para la patria –muy al contrario de la frase del Viejo Luchador al que invocabas-. A quienes utilizaste como peldaños para encaramarte en la monarquía de la majestad del poder, cuando ya no te eran funcionales los desechaste, los linchaste mediáticamente, políticamente y jurídicamente –no olvides que tu contralor Polit me sentó junto a Isabel Robalino y otros octogenarios en el banquillo de los calumniadores, en cumplimiento de tus órdenes sabatinas-. Te deshiciste de quienes buscaban el bien mayor de la Patria para rodearte de aduladores sumisos y de pícaros interesados.

He pagado caro y he purgado mi responsabilidad de haberte apoyado en los inicios, pero me queda la paz de haber sido coherente con las aspiraciones de quienes defraudaste. Con la fe que me queda, pedí a Dios, con todas mis fuerzas que no te presentaras a la reelección por la que tanto te empeñaste, hasta lograr que la Asamblea borreguil te allanara el camino. La carta de tu padrino Francois Houtart, que en paz descanse, un hombre del cual no tenías por qué tener mala voluntad ni pudieras acusarle de pretender un “golpe blando” te dijo con todas sus letras: “Rafael el proyecto no va más, ni política ni económicamente”. Hiciste caso y te fuiste Bélgica dejando huérfanos y huérfanas de liderazgo a las “pames” que te querían presidente para siempre.

Sabes muy bien que no te querías hacer cargo de esa “cualquier pendejada a la que llaman Revolución Ciudadana y la Década Ganada” –Lenín Moreno, palabras más, palabras menos- porque ni lograste siquiera construir un movimiento de político de base y llevaste a la economía del Estado a la quiebra. Hoy todo lo bueno que pudiste haber hecho o no hiciste está empañado por la corrupción, la ineficiencia y el cinismo. Y entonces, como bien se interpretó a si mismo Lenín Moreno, llamaste a “otro tonto” para que se hiciera cargo del muerto, con la condición de que “protegiera a los compañeritos”, y para que su previsible fracaso alfombrara tu regreso para el 2021. Pero mira, el “tontito” te salió respondón y está empeñado en que la amenaza de tu regreso no se cumpla. Eso de utilizar a las personas tarde o temprano pasa la factura.

Me suena la canción Zamba para Olvidarte, de otras décadas más gloriosas, en boca de Mercedes Sosa: “No sé para qué volviste, si ya empezaba a olvidar… que mal hace recordar… no sé si tu lo sabrás muchos lloraron cuando te fuiste… para qué vamos a hablar de cosas que ya no existen… no se para qué volviste… que pena me da saber que de ese amor ya no queda nada… ya ves que es mejor no hablar… solo una triste canción da vueltas por mi guitarra”. Ya ves que ninguna de tus patentes funciona, ni esa de “prohibido olvidar”.

Pero ya que has vuelto y antes de que te vayas de nuevo quiero hacerte otra pregunta –porque robó un poco de mi vida… pero eso es de Perales-. Mejor son varias preguntas.

¿Qué tal se siente estar en el ático, solo y encadenado a las redes sociales, sin las sabatinas, sin el púlpito donde pontificabas? Yo lo sé, frente mi computadora y lejos de la parroquia. ¿Qué tal se siente cuando tiene que ingresar al Ecuador como Vicente; –razón tienen los que vislumbran en ti una crisis de identidad-; furtivamente, tener que dejar el aeropuerto por una puerta trasera; escuchar a unas decenas que te vitorean y a centenas que se desgañitan “Fuera Correa Fuera”. Con razón te remuerdes las muelas y no puedes ocultar ese rictus facial de dureza pétrea que fuiste tallando en los últimos años de tu despotismo e intolerancia. ¿Qué tal la cosecha?

¿Qué tal se siente andar como ciudadano de a pié, mendigando una entrevista en la “prensa corrupta” porque ya nadie te para bola en los medios oficiales que tienen responden a otro señor? ¿Qué tal es cuando te vacunan con la propia medicina que inventaste –no hay mejor cuña que la del mismo palo y con la misma lana del perro se cura la mordida dice el refranero popular- ¿Qué tal es que te roben, o mejor que otros recojan el Movimiento PAIS del que te adueñaste y que has abandonado y perdido por tu propia estulticia y tozudez? ¿Qué tal es que te cierren las puertas de Esmeraldas para intentar tu famosa “convención nacional”? con los que te siguen sin fiambre –hay que reconocerles cierto valor ya que se han jugado todo por ti, a diferencia de todos los que te han abandonado-.

No sé si te has dado cuenta que ahora tu eres la oposición a la revolución ciudadana oficial. No sé si te has dado cuenta que ahora eres tú el de los “golpes blandos” y el “desestabilizador”. No te das cuenta de que el pueblo sanduchero que antes llenaba la plaza para los cambios de guardia ahora aclama al nuevo señor de Carondelet que se mofa de tu museo tan amorosamente construido para perpetuar tu memoria. ¿No te das cuenta de que el Pueblo te ha jubilado? -alguna vez tú mismo lo dijiste que tras el Domingo de Ramos viene la crucifixión ¡Por qué olvidaste ese destello de sabiduría!- ¿Por qué olvidaste tan pronto tus propias palabras de que “necesitabas descansar de los ecuatorianos y que los ecuatorianos necesitaban descansar de ti? ¡¡¡Por qué carajo has venido a seguir jodiendo!!!

No sé si te has dado cuenta que ahora tú encarnas el discurso de la oposición ciega y perversa que antes condenabas en la vieja partidocracia. Ahora tú, tú denuncias que hay una dictadura, tú dices que no hay independencia de poderes, tú dices que no hay libertad de expresión, tú dices que la justicia está intervenida, tú dices que la corrupción se ha instalado en Carondelet, tú, tú, siempre tú. ¡Cara dura! Deja que el Ecuador se distienda, se desempalague de tu pretendida dulzura, deja que, ¡por fin! los ecuatorianos intenten pensar sin ti, vivir sin ti; deja que intentemos ser ciudadanos; deja que intentemos construir democracia. Deja que surjan nuevos liderazgos políticos que no pueden crecer bajo tu sombra omnipotente. Parafraseando a tu colega el monarca español, ¡¡¡Por qué no te callas!!!

Hace unos días, para terminar, a los casi 10 años de haber iniciado ese sueño que ha terminado en pesadilla, unos reporteros de Televisión Pública se me acercaron a entrevistarme. Les dije ¡Qué bien, me siento resucitado, que existo!, -porque durante tu reinado toda disidencia o discrepancia fue sepultada en el cementerio del olvido-. Les dije que me sentía rehabilitado de alguna manera, que volvía a ser ciudadano de a pie, que lo que opinara podría ser de algún interés, que podía aportar algo. Por supuesto que dije que si ponemos en la balanza los bienes que hiciste y los males que causaste, los males pesan mucho más y dije también que si los ciudadanos no nos sacudimos y participamos, con Moreno tendremos, otra vez, la revolución ciudadana, parte dos. Mucho ruido y pocas nueces. Y dije que necesitaremos muchos años de austeridad para salir de la quiebra política, económica y moral que nos dejó tu década… desperdiciada. Como sé que te gusta cantar. “¡Discúlpame si te hago otra pregunta…”! ¡Ojala entiendas y aprendas, para que tu dolor no sea inútil!


Autor:  Fernando Vega (exsacerdote y exmilitante de Alianza PAIS)

Fuente:  Plan V

27 de noviembre de 2017

¿No escribir sobre Correa o escribir más?

No hablar más de Rafael Correa. Ese pedido, que se hace en redes sociales, se ha activado con la presencia del expresidente en Guayaquil y Cuenca. ¿Es juicioso no hacerlo? Los ciudadanos que lo piden defienden dos tesis: minimizar al máximo su exposición y no hacerse eco de lo que dice o hace. Ignorarlo.

rafael correa regreso ecuador
Artículo de José Hernández: "¿No escribir sobre Correa o escribir más?"

Ese pedido calza perfecto para aquellos que hacen periodismo notarial. Ese periodismo zonzo, del año de la pera que repite lo que dicen las fuentes. Es el periodismo que el expresidente resucitó en su gobierno haciendo creer que la crónica, el comentario, la crítica, el perfil, el análisis –entre otros géneros– están por fuera de la deontología periodística. Correa no quiso periodistas a su alrededor; quería amanuenses dedicados a repetirlo. Y celebrarlo.

No escribir sobre Correa elude el tema de fondo: el periodismo se ocupa de la realidad y Correa hace parte de ella. El buen periodismo ya hubiera retratado toda la realidad que ese señor lleva a cuestas, además de su gestión. ¿Alguien puede ignorar su lenguaje corporal, su rostro descompuesto, su gesto displicente y su mirada esquiva al comprobar, con hondo desencanto, en un balcón de Guayaquil, los pocos seguidores que llegaron a saludarlo? ¿Alguien puede ignorar la sonrisa prefabricada y esa mirada de queso fundido que Gabriela Rivadeneira posa sobre su ídolo? ¿O la alegría fingida de Marcela Aguiñaga, solo comparable con su confesión de sumisión eterna a Rafael y a la revolución; vocablo que pronuncia sin saber lo que significa?



¿Alguien puede ignorar el desasosiego que habita a seres como Doris Soliz, Ricardo Patiño, Virgilio Hernández, Fernando Cordero… sus miradas perdidas, su procesión interna? ¿No es periodismo hablar de esa soledad que destilan los fieles de Correa, de su deseo inclemente por aparentar, como si nada hubiera cambiado, como si no estuvieran raspando el cocolón de épocas fastuosas cuando hacían y deshacían según sus antojos? ¿Comparar no es periodismo? ¿Volver sobre lo que fue y ya no es no es clave para la memoria?

¿Alguien puede ignorar a Correa, su capacidad de ensimismamiento, su falsa modestia, su disco rayado, sus falacias, su odio que a estas alturas parece ontológico? Oírlo inquieta, pero para un periodista es un ejercicio que lo obliga a hundirse en el mundo de las palabras. ¿Cómo decir este ser embebido de sí, suicida potencial, candidato a mártir, justiciero y mesías, narciso irredento en un mundo donde él se ve imprescindible y único? ¿Cómo decir su capacidad para repetirse, volver sobre lugares comunes ajados, remachar los mismos lemas, reincidir en los clichés? ¿Cómo decir su cinismo, sus coartadas, sus medidas verdades, su hojarasca pseudoideológica, sus mofas predecibles? ¿Cómo decir esa risita socarrona, esa mirada falsamente retadora de cejas levantadas y dientes apretados? ¿Cómo decir esta arrogancia ordinaria y esta fraudulenta superioridad moral que pasea este ser convencido de que en vez de pedir perdón puede exigir y retar?

¿No escribir o hundirse más y más en las palabras para dar cuenta de esta realidad que, en el caso de Correa, no cambia a pesar de su estadía en un ático belga?

¿Alguien puede ignorar sus ignorancias? Comparar por ejemplo a Jorge Glas con Alfred Dreyfus. Hay que tener agallas. Hay que creer que no existe siquiera Wikipedia para equiparar a un político acusado de corrupción con un militar víctima de uno de los peores casos de antisemitismo en Francia. El caso Dreyfus dividió a Francia durante doce años, de 1894 a 1906. ¿Dónde está, pregunta Correa, un Emile Zola que escriba, se entiende, a favor de Glas? ¡Qué impresionante! Correa olvida –pequeño detalle– que Zola, que escribió cuatro años después de que Dreyfus fuera acusado de espionaje y alta traición su célebre “Yo acuso”, se basó en una investigación que probaba la patraña montada contra ese capitán: Dreyfus siempre fue inocente.

¿Alguien puede ignorar que el ex presidente está acostumbrado a decir cualquier cosa y a decirla mirando a sus interlocutores a los ojos, como si dijera la verdad?

¿No escribir de todo esto? ¿O escribir más? Y escribir conscientes de que hay que hacerlo no contra Correa sino como una tarea del buen periodismo ante el poder. Ante los poderes. Los amanuenses registran, como los notarios. Para los periodistas hay muchos otros verbos: escribir, describir, contar, analizar, observar, comparar, recordar, digerir… Y hacerlo apoyándose en la semiología, la lingüística, el humor, el teatro, la sociología, la historia…

Correa y sus amigos son un reto para el buen periodismo… Por eso lo persiguieron. No escribir, no describirlos (además de investigarlos) sería darles gusto.


Autor.   José Hernández

Fuente:   4 Pelagatos

23 de noviembre de 2017

Bienvenido Rafael

Rafael, llegas a Ecuador o por lo menos tus radicales se han encargado de regar esa noticia. Sé que tú fuiste el primero en anunciarlo, pero es que la verdad, tu palabra anda hecho bolsa, digo, devaluada, como en la bolsa.

rafael correa ecuador
Artículo de Luis Eduardo Vivanco: "Bienvenido Rafael"

Rafael, pagaría todos los millones que se desviaron en tu Gobierno, por estar dentro de tu cerebro este día. Me encantaría saber qué piensas cuando veas que ya no tienes un Estado con el cual lustrarte los zapatos, un ejército de funcionarios lame nalgas que te digan que todo lo que dices y haces está perfecto, que amaneciste guapísimo y que hasta te ha crecido el pelo. Me encantaría saber qué sientes al ver que ya no tienes el poder.

Me fascinaría meterme en tu cabeza, ahí donde tu ego deje algún espacio y saber qué sientes si vas de visita a ver a tu amigo Jorge Glas ¿Terminaré aquí? Seguro pensarás en silencio, tratando de evitar que esa duda se refleje en tu rostro, que mantendrás rígido cuando entres a la prisión, ante las cámaras, que por cierto, serán pocas.

Sí, ver que ya no tendrás un ejército de periodistas mercachifles, con la panza llena de dineros públicos y con el sentido crítico archivado. Ya no podrás disponer cadenas, cortarle la novela a la gente, ni inundar el fútbol con tu edulcorada propaganda.

Buscarán entre tus acólitos el auto que te transporte, porque los 4x4 que te pagábamos, ya no estarán. Ya no podrás bajarte de uno de esos vehículos a querer caerle a trompadas a un niño que te saque la yuca. ¿Cómo te defenderás de las yucas que te hagan en la calle? Tu furia impulsiva no tendrá gorilas en los que apoyarse.

Pagaría todo el dinero que se llevó Carlos Pólit, al que calificabas como un “gran Contralor”, por saber lo que se te cruza por la cabeza cuando veas que al final de cuentas, solo fuiste un dictador.


Autor:   Luis Eduardo Vivanco

Fuente:  La Posta

14 de noviembre de 2017

Correa ha perdido (casi) todo

Resulta impresionante la forma como el gobierno de Lenín Moreno, en apenas seis meses, ha desmontado la estructura de poder creada por Rafael Correa. De ser un político todopoderoso, de ordenar y mandar como le daba la gana, de imponer sus criterios sobre el movimiento, el bloque legislativo, toda la institucionalidad y las funciones del Estado, de exigir lealtad y obediencia, ha pasado al oscuro refugio de un ático belga, solitario, cuestionado, con el tuit como único y triste medio de comunicarse con el país.

rafael correa perdido
Artículo de Felipe Burbano de Lara: "Correa ha perdido (casi) todo"

Imposible haber imaginado que en tan poco tiempo Correa lo hubiese perdido (casi) todo. El retroceso empezó con Jorge Glas. El hombre llamado a defender al correísmo en el nuevo gobierno se encuentra preso, y todo hace pensar que permanecerá tras las rejas un buen tiempo, acusado por un fiscal a quien también dejó de controlar. El personaje por quien Correa, Patiño, el bloque legislativo, la dirección nacional de AP pusieron sus manos al fuego, está enjuiciado por haber recibido –según la acusación– 13,5 millones de dólares a través de una red de corrupción. El discurso de las manos limpias enmudeció.

Perdió a su vicepresidente, el fiscal se le fue y su contralor huido en Miami.

Correa perdió el control del movimiento y del bloque legislativo. Alianza PAIS mostró la carencia de estructuras para procesar las diferencias profundas entre sus facciones. El rey solo es aclamado y cohesiona mientras está en el poder. Hoy las redes clientelares del movimiento ya tienen un nuevo patrón político. La crisis de Alianza PAIS muestra que no había movimiento, estructuras organizativas, proyecto, una comprensión compartida de la política, de la democracia y del cambio, que terminó siendo una red jerárquica dominada por Correa y el círculo más cercano de poder. La presencia de tantos cuadros correístas en el gobierno de Moreno solo se explica por un sentimiento de exclusión y resentimiento de quienes se creían parte de la revolución, pero fueron sistemáticamente marginados de las decisiones y del poder. Del movimiento le queda la dirección nacional, un reducto de incondicionales y de viudas.

Del bloque legislativo, solo un grupo minoritario sigue leal a su liderazgo, mientras la mayoría apoya a Moreno y a la consulta. Casi 50 asambleístas de AP no quieren que Correa vuelva al poder.

Y se diluye su legado, antes incuestionable como la obra magna del gran redentor del pueblo y las mayorías. Por todos los frentes, desde las mismas filas del movimiento, la herencia ha sido cuestionada. La gran transformación, la proclamada nueva época, alimentadas por los delirios refundacionales, muestran huecos negros profundos por donde se desvanece el relato de la década ganada. Los excesos de gasto, la ineficacia tecnocrática, el abuso de poder, la corrupción, la expansión sin límites de la maquinaria burocrática, quiebran el legado.

Y junto con el desvanecimiento ideológico de la herencia, se desvanece también el mito Correa. Todos, incluido Moreno, se encargaron de crear el mito de la gran personalidad histórica, del héroe popular. Y hoy ellos mismos comandan la destrucción.

Y perdió el aparataje de los medios públicos.

Ya se verá si todas estas pérdidas son suficientes para sepultar históricamente el correísmo en la consulta popular. Correa lo ha perdido (casi) todo. En un abrir y cerrar de ojos la política hizo un giro vertiginoso, sorprendente.


Autor:   Felipe Burbano de Lara

Fuente:   El Universo
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