27 de junio de 2019

Rafael Correa es una 'víbora'

El clima de bajeza moral que la comunicación correísta impuso a lo largo de diez años de difamatorias cadenas de radio y televisión hoy es solamente un mal recuerdo. De aquella pesadilla autoritaria que tuvo su expresión más acabada en las insidiosas voces de Douglas Argüello y Elizabeth Farfán, locutores oficiales de la Secom de Fernando Alvarado, apenas sobrevive, dos años después de desmontado el aparato de propaganda, un signo tipográfico: las comillas. Y un único, obstinado vocero atrincherado en su último reducto: el expresidente prófugo en su cuenta de Twitter. Cada vez que las comillas aparecen en los tuits de Rafael Correa, el inadvertido cibernauta que tiene la desventura de cruzarse en su camino recibe una pequeña dosis de esa insidia, esa cobardía y esa mala leche a las que el país llegó a malacostumbrarse.

Editorial de Roberto Aguilar:  "Rafael Correa es una 'víbora'"
Artículo de Roberto Aguilar:  "Rafael Correa es una 'víbora'"


 Se dirá que los signos de puntuación son imparciales. Puede ser. Las comillas, sin embargo, cuando no se escriben con el utilitario propósito de marcar una cita, arrastran sutiles implicaciones. Comillas irónicas, las llama la gramática, pero el calificativo queda corto cuando de líderes carismáticos autoritarios se trata. Víctor Klemperer, el filólogo judío alemán que escribió un tratado sobre el lenguaje nazi, aprendió a reconocerlas incluso en el discurso hablado. Hitler, que en este aspecto es un antecesor en toda regla del tándem Argüello/Farfán y de los tuits del prófugo, marcaba ciertas palabras con histriónicas inflexiones de voz: Estados Unidos e Inglaterra no eran democracias sino “democracias”; los pintores expresionistas a quienes su régimen catalogó como degenerados no eran artistas sino “artistas”. El resultado es un mensaje de indeterminación. Eran los conceptos mismos de “arte” y “democracia” los que quedaban en descrédito.

El correísmo (seguramente sin saberlo porque Fernando Alvarado, en su vulgar cabecita de zapato, lo ignora todo) fue fiel a esta receta. Entrecomilló (es decir, sometió a la indeterminación) una serie de conceptos que en cualquier democracia se dan plenamente por sentados. “Libertad”, por ejemplo. “Derechos humanos”. “Dictadura”, incluso: “La ‘dictadura’ del amor” llegaron a decir.

Hoy el expresidente prófugo habla de “justicia”. En días pasados, para desacreditar al asambleísta Fabricio Villamar lo llamó “asambleísta”. A Luis Verdesoto lo identifica como “autoridad electoral”. Ayer, de una noticia que no le gustó dijo que era una “noticia”. Dice que la Contraloría lo está “investigando”. Y en el paroxismo de esta pulsión entrecomilladora se refiere a su propio movimiento como “correísmo”, lo cual nos lleva a pensar que el correísmo no existe y estamos todos locos.

Estas comillas dejan los conceptos en suspenso a la espera de que cada quien los interprete como quiera. Son un guiño de falsa complicidad con el lector. Como decir: “asambleísta”, usted me entiende. Pues no: no se entiende. Y no se entiende porque este tipo de comillas retratan al sujeto hablante mejor que al objeto del que habla. Cobarde y sinuoso como una serpiente, el expresidente prófugo se escuda tras sus lectores, atribuyéndoles a ellos lo que él mismo no tiene los arrestos, la valentía o la capacidad intelectual para decir directamente. Leer sus tuits es como escuchar a Douglas Argüello en los tiempos del Estado de propaganda: después hay que tomar un baño con aguarrás para sacarse de encima la insidia, pegajosa como una lapa.


Autor:    Roberto Aguilar

Fuente:  Expreso

1 comentarios hasta hoy

Cuánto odio y amargura de Roberto Aguilar, no se entiende por qué puede escribir sobre lo que lee de Correa, debe ser porque a pesar de las críticas al exmandatario, no puede vivir sin pensar en él, a pesar de los más de dos años que han pasado desde que dejó el poder. Admira que tiene un "crush" con Rafael Correa, y no lo puede sacar de su cabeza; ¿que hace, qué piensa, qué dice, qué come, qué quiere? Es triste eso en alguien que dice ser periodista. Con la mano en el corazón diga sinceramente, ¿cuantas veces al día piensa en Correa?

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