26 de julio de 2018

El tercermundista

Producto del caótico subdesarrollo, el tercermundista es un personaje imaginario que refleja brutalmente los pecados de su medio.

Rafael Correa Nicolas Maduro Daniel Ortega
Artículo de Roberto Bonifaz:  "El tercermundista"

Generalmente y a pesar suyo, el tercermundista es ignorante y acomplejado; ni rico ni pobre, el tercermundismo es un estado de la mente que sobrecoge a todas las clases sociales. Parlanchín incoherente y plantilla, siempre llega tarde a todas partes y nunca cumple con lo que ofrece. Claro está que no es una persona organizada ni disciplinada y con muy poca vergüenza ignora la ley, siempre que puede. Irascible por improvisado, también es hipersensible a la crítica y al halago. Inseguro de si mismo, discute a gritos por cualquier minucia, y maltrata a los más débiles, pero es servil con los demás.

Irresponsable como pocos, nunca es culpa suya un fracaso. La desidia le embarga, pero se da el trabajo de ser pomposo y cursi. Como tiene poco control de sus emociones y de sí mismo, puede ser ridículo y hasta violento. Es mal borracho que pega a su mujer y como los patos que se meten en el agua y no se mojan, no aprende de sus experiencias. Cuando pierde en el juego, es alegón y alevoso, y si se trata de dinero es inescrupuloso, sinvergüenza y corrupto. Opina de todo y como es ignorante, en todo se equivoca. Irracional en los momentos difíciles, es peligroso en puestos de poder, porque pronto se asusta y es vengativo y abusivo. Eufórico en un comienzo, termina súbitamente desencantado; la persistencia y la paciencia no son sus fuertes. En realidad le gusta todo fácil, y nunca colabora con la comunidad, pero demanda todo de ella.

Es impávido e indolente ante la pobreza y la injusticia, pero acepta pronto al demagogo, de quien es su reflejo. Está presto a creer en chismes, mientras más inverosímiles mejor, porque tiene poca imaginación y no está consciente de sí mismo ni de su medio ambiente. Así es como estorba a todo el mundo porque no piensa ni respeta a los demás; es un pequeño individualista.

Es fruto de un medio educativo determinado por la inconsciencia; pero eso es causa y efecto del nudo gordiano del subdesarrollo. Todos tenemos algo de tercermundistas, unos más otros menos, porque conlleva muchas ventajas de cortísimo alcance el ser así. En el largo plazo, este comportamiento se generaliza, la gente se acostumbra y con el tiempo se vuelve una subcultura que la aprenden los niños...

Si Ud., lector, cree exagerada esta descripción, piense en la polìtica, el sistema legal y el tráfico, y estará de acuerdo conmigo en que esta manera de ser es autodestructiva.


Autor:  Roberto Bonìfaz

Fuente:  El Comercio (17 de mayo 1994)

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