12 de mayo de 2017

Una carta personal para Lenín Moreno

Presidente electo Lenín Moreno:

Si quiero que ésta sea una carta sincera, debo empezar por reconocer que yo realmente no quería que usted fuera el próximo Presidente del Ecuador. No tanto por lo que usted, en lo personal, haya hecho (si bien tengo reparos, no quiero usar este espacio para exponerlos), sino principalmente por lo que su movimiento político representa: autoritarismo y beligerancia, concentración y abuso de todos los poderes del Estado, cooptación desvergonzada de los organismos de control, manejo irresponsable de los dineros públicos, atropello a las libertades y una pasmosa pasividad (por no decir tolerancia) frente a la corrupción.

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Artículo de José Hidalgo: "Una carta personal para Lenín Moreno"

Ahora, Presidente Moreno, usted nos ofrece cambiar de estilo y, por lo que se sabe de las reuniones que ha mantenido con empresarios, también corregir algunas de las tantas cosas que se han hecho mal en materia económica y por las cuales usted está heredando una verdadera bomba de tiempo. Usted sabrá reconocer que después de diez años de un gobierno que ha pasado por encima de todo y de todos (la mayoría de las veces sin que usted se pronunciara en contra) y cuyos vicios se mantuvieron o se exacerbaron durante la campaña electoral (basta recordar cómo se usaron los recursos públicos a su favor), e incluso cuando usted ya fue declarado ganador (¿está de acuerdo con lo que están haciendo con Cedatos?), realmente resulta difícil confiar en su oferta de cambio. Pese a eso, necesito al menos mantener una esperanza de que las cosas pueden mejorar y por eso le escribo.

Resulta, Presidente Moreno, que tengo dos hijos pequeños y un tercero en camino, y si bien habrá quien piense que sólo un fracaso estrepitoso de su gobierno puede significar el fin del nefasto socialismo del Siglo XXI en Ecuador, me espanta pensar que mis hijos tengan que vivir, no sé por cuánto tiempo, en un país convulsionado, empobrecido y tal vez violento. Permítame contarle, Presidente, que con mi esposa vivimos casi cinco años afuera del Ecuador, cinco años que atesoramos no sólo por las vivencias sino sobre todo por lo queridos e integrados que nos llegamos a sentir. Pero hace dos años y medio, poco después de que nuestros hijos nacieran, decidimos regresar. No hubo una beca de la Senescyt que nos obligara a hacerlo, así lo quisimos porque este es el único país que, con sus muchos peros (entre los que, al momento de tomar la decisión, destacaba un gobierno que ya daba todas las señales de no estar dispuesto a soltar el poder y cuyo modelo económico empezaba a mostrar las enormes falencias hasta entonces disimuladas por el alto precio del petróleo), sentimos como propio y en el cual tenemos nuestro proyecto de familia.

Por eso quiero preguntarle, Presidente Moreno, ¿qué implica el cambio de estilo que nos ofrece? ¿Confrontar menos? ¿Ya no utilizar un espacio en el que se debería rendir cuentas a la ciudadanía para infamar a quienes piensen distinto o para dictar órdenes a otras funciones del Estado? Eso representaría un avance, qué duda cabe, pero me temo que sería absolutamente insuficiente para enfrentar los graves problemas que aquejan al país en distintos ámbitos. Un primer paso fundamental debería ser reconocerlos, algo que su antecesor se ha negado obstinadamente a hacer.

En materia económica, que es lo que por mi trabajo sigo con más detenimiento, usted debe conocer la complejísima situación que deberá administrar. Tal vez quienes lo rodean le hablen exultantes del repunte de la economía desde finales del año pasado, pero eviten mencionar los costos que implicó ese (transitorio) repunte: un déficit fiscal récord (incluso en los dudosos informes oficiales) y un irresponsable e insostenible proceso de endeudamiento tanto a nivel externo (con nuevas preventas petroleras y las emisiones de bonos más costosas de la región) como interno (con una deuda al Banco Central que no deja de crecer y que ya supera al saldo de los depósitos públicos en esa misma institución). Pese a esto, siempre según cifras oficiales, actualmente la tasa de empleo adecuado es la más baja desde que se tiene información comparable (lo que ha provocado una caída en el ingreso promedio de los trabajadores), la demanda laboral de las empresas sigue cayendo y muchas de ellas enfrentan dificultades para pagar sus deudas.

Presidente Moreno, se comenta que las cabezas de su equipo económico (ministros o “consejeros”) serán personas que defendieron o directamente ejecutaron la política económica del gobierno saliente, que nos deja en la situación que le acabo de describir. Por favor no los escuche sólo a ellos (a quienes, obviamente, les conviene presentar un escenario mucho más favorable), pregúntese por qué en los últimos años el manejo de las cifras económicas ha sido tan opaco (al momento de escribir esta carta la página del Ministerio de Finanzas que permitía conocer la ejecución del Presupuesto General del Estado lleva casi dos meses inhabilitada), tome en cuenta los criterios de personas que, si bien tienen ideologías distintas a la suya, han sabido construirse un prestigio a lo largo de décadas de trabajo. Ellos coincidirán en que empezar a ordenar las finanzas públicas es una tarea impostergable si usted no quiere que esto termine en un verdadero descalabro. Seguramente también habrá un acuerdo en que un ajuste severo del gasto fiscal no es recomendable por las graves consecuencias sobre los niveles de actividad y empleo que, en el contexto de una economía que generó una malsana dependencia hacia el gasto público, ese ajuste podría ocasionar. Pero mantener un déficit cercano a los 8 puntos del PIB no es viable en ningún país del mundo y, además, acrecienta la incertidumbre del sector privado, cuyas inversiones (al menos en esto creo que coincidimos) son las únicas capaces de sacarnos de la situación actual. Y, por favor, encarecidamente le pido, ni siquiera considere utilizar al dinero electrónico como una moneda paralela para cubrir el bache fiscal. Eso podría ser catastrófico para la dolarización, con la que usted dice estar comprometido.

Con toda la razón, usted me podrá decir que Alianza País ganó las elecciones (no quiero entrar en la discusión sobre si se trató de una contienda justa) y que, por tanto, su programa de gobierno debe ser consecuente con el pensamiento del partido. De acuerdo, pero hay temas, como la sostenibilidad de las finanzas públicas, la estabilidad del sistema financiero o la transparencia en la información que trascienden las ideologías y sobre los que debería haber un consenso general. Del mismo modo, la posición ideológica tampoco tiene por qué incidir en principios tan básicos como el respeto a la libertad de expresión (la forma como usted reaccione ante las denuncias, las críticas o incluso las burlas en los medios de comunicación reflejará su verdadera posición frente a ese tema), la independencia de poderes (si usted realmente está comprometido con esto, debería buscar un camino constitucional para reemplazar a jueces y autoridades de control claramente alineados con su partido) y la lucha contra la corrupción. Este último tema es otra bomba que está heredando, Presidente Moreno. Más allá de cómo reciba la famosa “lista Odebrecht”, que eventualmente saltará y podría llegar a incluir nombres de peso de su partido, si usted no muestra un real compromiso por auditar las multimillonarias “inversiones” (lo pongo entre comillas porque ese concepto incluye elefantes blancos del tamaño de la Refinería del Pacífico, los aeropuertos de Tena y Santa Rosa o la ruta Collas) que se llevaron a cabo en los últimos años, muy probablemente será visto, por una parte importante de la ciudadanía, como un encubridor. Y eso no sólo sería malo para usted y su gobierno, que arranca su gestión con casi medio país en contra, sino para la sociedad ecuatoriana en su conjunto, a la que se enviaría el mensaje de que el poder (o la cercanía al poder) garantiza impunidad. Y así como no quiero que mis hijos crezcan en un país en crisis, tampoco quiero que lo hagan en uno donde la corrupción se socapa o ni siquiera se investiga.

Presidente Moreno, en menos de tres semanas, cuando asuma el cargo, usted tendrá dos opciones: guardar en un cajón alejado de su conciencia la oferta de cambio y emprender una huida hacia adelante, que supone mantener o profundizar (mientras pueda hacerlo) los errores del manejo económico, atrincherarse en el ala más dura de su partido, tratar de seguir concentrando el poder y hacer la vista gorda a las denuncias de corrupción, lo que más tarde o más temprano derivará en un caos económico, político y social (fíjese en lo que ocurre en Venezuela y, de paso, díganos cuál es su opinión al respecto); o, sin tener que renunciar a sus convicciones ideológicas, empezar a corregir desde el primer día de su mandato lo que se ha hecho mal en los últimos diez años. Estoy consciente de que eso no le resultará fácil, lamentablemente usted hereda una situación para la que ninguna salida lo es (en el campo económico, por ejemplo, cualquier corrección de las cuentas fiscales generará en un primer momento una mayor contracción y los beneficios, es decir, el retorno a un crecimiento sostenible con generación de empleo, se sentirán recién en el segundo o tercer año de su gestión, dependiendo de la velocidad con que sepa recomponer la confianza del sector privado y de las medidas que adopte para mejorar la competitividad nacional). Desviarse de la ruta que su partido ha seguido en estos años incluso le puede generar enemistades al interior del mismo: ya me imagino al Presidente Correa criticándolo ferozmente por tratar de ordenar las cuentas fiscales o por abrir el diálogo con los empresarios, como si el modelo que él llevó adelante no hiciera aguas por todos lados y los avances sociales alcanzados gracias a la bonanza petrolera no estuvieran en riesgo de revertirse.

Presidente Moreno, cuando se instale en su despacho en Carondelet y tenga que empezar a tomar decisiones, sinceramente espero que opte por honrar su promesa de cambio y que no se trate de un cambio meramente superficial. Si las medidas que adopte realmente van dirigidas a enfrentar la crisis económica (y no simplemente a maquillarla), reconstruir la institucionalidad arrasada y atenuar los rencores entre quienes piensan distinto, no tendré reparo en reconocerlo e incluso agradecerlo. Sé que muy probablemente estoy pecando de ingenuo: los nombres que circulan como posibles miembros de su gabinete (casi todos del ala dogmática de Alianza País), el “Manual de Transición” que le deja, casi como una imposición, el gobierno saliente y algunas acciones recientes del partido que ahora usted preside en la Asamblea (como la denuncia de 12 tratados bilaterales de inversión o el proyecto que crea un grupo de civiles armados para proteger a funcionarios públicos), lejos de un cambio, parecen anticipar un porfiado (e incluso peligroso) continuismo. Pero su período empieza formalmente en 20 días y, como le dije antes, necesito al menos mantener la esperanza de que este país, en el que quiero que mis hijos crezcan y hagan su vida, no va camino al despeñadero. Seguramente usted desea lo mismo para sus nietos.

Atentamente,


Autor:  José Hidalgo Pallares

Fuente:   4 Pelagatos

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