10 de diciembre de 2016

¿Seguirá diciendo, presidente, que usted es un gran economista?

Presidente,

Su gobierno acaba de colocar un bono, a diez años, por $ 750 millones con un interés de 9,65 por ciento. ¿Esto es parte de su plan para dejar –como dijo– una economía en crecimiento y estabilizada? Usted lo logrará: no subirá el precio del gas ni los servicios. Y sacará pecho por eso. Pero ante el estado calamitoso en que dejará al país surge, irremediablemente, una pregunta: ¿Dónde aprendió usted economía?

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Artículo de José Hernández:  ¿Seguirá diciendo, presidente, que usted es un gran economista?

Su gestión dejará en soletas el país y enterrará su reputación –labrada con gran esfuerzo de su aparato de propaganda– de gran economista. Hasta que los precios del petróleo se mantuvieron altos, pudo usted convencer fácilmente a los electores de que estaban frente a la nueva lumbrera de la economía alternativa al capitalismo. Usted se pavoneaba y daba clases aquí y afuera. Usted se burlaba de los economistas ortodoxos. Usted acusaba, señalando con el dedo índice, a todos aquellos que pedían que ahorrara (los fonditos, ¿recuerda?) y que no permitiera que el presupuesto del Estado se disparara por encima del crecimiento general de la economía. Usted se rió de todos aquellos que criticaron su decisión de convertir el Estado en un pacman insaciable. Usted se erigió, por cuenta propia, en gran referente de manejo económico y hasta se propuso voluntariamente para sacar a Grecia de la crisis. ¿Lo recuerda, presidente?

Usted ha dirigido personalmente el manejo económico. Al punto que ha terminado convirtiendo a su ministro de Finanzas, Fausto Herrera, en un agente viajero que va por el mundo colocando bonos y buscando plata. Él coloca bonos y transa deuda para que usted pueda seguir diciendo que es un gran economista. ¿Gran economista, presidente? ¿Se necesita de gran calado teórico para gastar a manos llenas como hizo su gobierno? ¿Es usted consciente –algún día lo será– de la empresa de despilfarro que ha sido su gobierno?

¿Sabe usted cuántos videos, cuántos documentales han financiado sus ministros y funcionarios; buena parte de ellos para sobar su ego? ¿Revisó usted el número de viajes que hicieron sus funcionarios al exterior, su objetivo y la composición de sus comitivas? ¿Alguna vez les pidió la lista de foros, simposios, seminarios que hicieron en Quito, con invitados del todo el mundo, con todo pago, para promocionar la revolución ciudadana? Hasta congreso de notarios hicieron.

¿Se necesita gran calado teórico para multiplicar ministerios y secretarías y convertir el Estado, como usted hizo, en agencia de empleo para su partido? ¿Se requiere de altos niveles de ciencia económica para entregar campos petroleros, empeñar parte de las reservas en oro, aumentar el déficit presupuestario, contraer la deuda más cara de la que se tenga memoria, cogerse fondos de pensiones privados, desconocer el aporte del 40% del Estado al IESS…? La lista es larga.

Usted, gran maestro en retórica, se inventó una salida de emergencia para paliar las críticas por su pésimo manejo económico. Que su gobierno –dice– ha invertido y que inversión no es gasto. Y tiene usted razón. Pero a usted no se le critica por invertir. Se le critica por el dispendio en obras suntuosas y mentirosas como Yachay. Se le critica por el derroche evidente, sumado a la corrupción, en obras como la refinería de Esmeraldas. Se le critica por la forma irresponsable como ha dilapidado fondos en sabatinas y Secretaria del Buen Vivir de Freddy Ehlers y sus empleados.

No se critica la inversión. Se critica la inversión que no se audita. El gasto ineficiente. La corrupción que es indiscutible en el cambio de estilo de vida de muchos de sus funcionarios. Usted tergiversa los hechos para no encarar la otra realidad de su gestión: usted no solo no es un buen economista; resultó un pésimo administrador.

Si usted fuese el gran economista que dice ser, hubiera hecho precisamente lo contrario de lo que ha ordenado y socapado: hubiera recortado gastos. Hubiera puesto en vereda a esa administración glotona que usted creó. Hubiera mandado a su ministro Herrera y al impotable Patricio Rivera a eliminar en vez de ser tan creativos para multiplicar deudas e impuestos.

La impresión que queda es que usted es un gran economista cuando tiene plata y un señor cualquiera e irresponsable en período de vacas flacas. Y por señor cualquiera hay que entender un ciudadano que, terminada la fiesta, coge lo que no es suyo, empeña cosas de la abuela, firma pagarés a diestra y siniestra poniendo de garantía lo que no le pertenece. Como borrachín de taberna.

Su mala gestión deja al país postrado y con deudas que saldarán las próximas generaciones. Consuelo de tontos: usted sale muy mal librado. Ahora es claro que su reputación de gran economista es otro de sus cuentos chinos.


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Autor:   José Hernández

Fuente:   4Pelagatos

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