17 de junio de 2016

¿Por qué el correísmo se ensaña con Barman y Droguin?

Esta es la historia de una persecución. En poco más de un año, exactamente desde febrero de 2015, Luis Baldeón y Aurelio Dávila, periodistas que conducen los programas de opinión deportiva titulados Hablando jugadas y Mira quién habla, en Radio Fútbol FM, han sido procesados once veces por la Supercom debido a cosas que han dicho ante los micrófonos. En todos los casos han sido hallados culpables. La sanción, casi siempre una multa equivalente a diez salarios básicos, impuesta a su radio, ha sido generalmente asumida por ellos. Hasta el momento han pagado 34.110 dólares. Han sido tratados casi como delincuentes contumaces. Han sido públicamente desacreditados e infamados. No han tenido descanso: han debido afrontar hasta dos o tres procesos simultáneos. Todo esto ha puesto su estabilidad laboral en riesgo. Pero hasta el momento no se ha probado que Luis Baldeón y Aurelio Dávila hayan calumniado a nadie. Tampoco han incitado a la violencia. No han difundido información que produjera conmoción social (y no es por falta de audiencia) o impidiera el normal desenvolvimiento de la vida institucional de la República. No han desestabilizado el orden constituido. No han lesionado derechos de terceros aunque sus acusadores aseguren lo contrario. ¿Qué es, entonces, lo que hace de ellos unos sujetos tan peligrosos que los agentes de la ley no dejan de seguirles los pasos?

luis miguel baldeon aurelio davila
Editorial de Roberto Aguilar: "¿Por qué el correísmo se ensaña con Barman y Droguin?"

Conociendo a los juzgadores, la primera pregunta que surge en la mente de cualquiera es si se trata de un caso de retaliación política. Cierto es que Aurelio Dávila no se ahorra las críticas al gobierno, que se mete con la Supercom y ha llegado a exclamar “Abajo la Revolución Ciudadana” con todas sus letras.  Si se les pregunta a ellos, no descartan que el acoso al que se encuentran sometidos tenga que ver con esta postura. Pero los motivos de las denuncias en su contra, al menos formalmente, son otros.

Ocurre que Luis Baldeón y Aurelio Dávila son humoristas. ¿Significa eso que el fútbol, en sus programas, es un pretexto para ejercer la sátira? No exactamente. Ellos analizan y critican el fútbol y lo hacen en serio. Más aún: su opinión es tenida en cuenta. Hablando jugadas y Mira quién habla son los programas de mayor audiencia de la radio en su género. Ellos son periodistas influyentes. Pero el contexto que rodea a sus comentarios deportivos, su tono general, su estilo, los temas que tratan, la manera como se representan a sí mismos y a los demás, los personajes que se atribuyen, todo configura una comedia. Y no de cualquier tipo: una farsa. Un hilo continuo de humor, a ratos ácido, a ratos perverso, a ratos subido de tono, tiñe todo lo que dicen. Un humor no apto para biempensantes. Un humor que se nutre de todo lo indebido, de todo lo prohibido, de todo lo vedado; que echa mano de temas canallas: el sexo ilícito, el alcohol, las drogas (de hecho ellos se presentan como Barman y Droguin). Un humor extraído directamente del habla de la calle, comprensible para todos pero no del gusto de todos.

Se podría decir que Dávila y Baldeón son desenfadados, políticamente incorrectos, irreverentes hasta el desenfreno, iconoclastas. Todo eso es cierto pero es insuficiente para describirlos. Para complicar las cosas aún más, ellos creen (y en eso coinciden con millones) que el fútbol es una de esas raras puertas ubicuas que se abren hacia lo totalidad de la vida y que, por tanto, es fácil empezar hablando de fútbol y terminar hablando de amor, de política, de gastronomía, de erotismo, de lo que sea. La verdad es que son, simplemente, inclasificables. Y eso es algo que la Supercom no puede soportar. Funcionarios de intendencia al fin y al cabo, los de la Supercom lo tienen todo etiquetado y viven, en su ignorancia, con la vana convicción de que las infinitas posibilidades de la comunicación humana caben en su ley de a perro. No entienden nada.

La mayoría de las denuncias contra Dávila y Baldeón provienen de la propia Supercom, a través de reportes internos firmados por los sabuesos de la inquisición que monitorean los medios y particularmente ése. En otras palabras: acusador, juez y beneficiario final de la multa impuesta son tres personas distintas y un solo dios verdadero. Es lo que el correísmo llama “debido proceso”. Ellos tienen, además, un enemigo que los ha demandado tres veces. Óscar Emilio Armas de la Bastida es un ciudadano de profundas convicciones morales y nulo sentido del humor que se ha impuesto una cruzada en su vida: pretende que a Dávila y Baldeón se les prohíba hablar definitivamente, que se los expulse de su radio y de todas las radios. Las siguientes palabras, pronunciadas por él en una audiencia del pasado 27 de abril en la Supercom, retratan bastante bien su personalidad y sus intenciones: “Tenía que llamarse –dice refiriéndose al programa matutino de Dávila y Baldeón– Hablando huevadas, no sé porque se llama Hablando Jugadas. De jugadas no hablan nada, sino de jugadas de inmoralidad, de drogas, de homosexualismo, de traiciones, de esas cosas, esas jugadas son las que se ventilan en esta emisora”.

Armas de la Bastida vive en Quito. Es o fue taxista. Sin embargo tiene la capacidad económica o la influencia necesaria para contratar, contra Dávila y Baldeón, nada menos que al estudio jurídico de Gutemberh y Alembert Vera, los abogados del presidente de la República cuya oficina funciona en Guayaquil. Al parecer se entiende perfectamente con la Supercom porque, cuando quiere iniciar proceso contra sus enemigos, no se molesta en señalar el motivo de la denuncia, la naturaleza de la infracción cometida o la dimensión de la afectación causada. Simplemente escribe largos manifiestos en favor de la moral y las buenas costumbres y en contra de estos “supuestos periodistas” que “se meten y arremeten con todo y todos”, “convirtiéndose en los referentes y prototipos de la irreverencia, irrespeto, grosería, desafío, violencia verbal, incoherencia, abuso de opinión, impertinencia”, etc., todo lo cual, según él, debería estar prohibido. Como prohibidos debieran estar también los vulgarismos que enumera y traduce: “a mí me gusta tragar” por “a mí me gusta comer”; “no me jodan” por “no me molesten”; “estoy cabreado” por “estoy enojado”; “te voy a chilpir el hocico” por “te voy a romper la boca”. Dicho lo cual recomienda a la autoridad respectiva escuchar el audio del programa de la fecha tal.

¿Qué ocurre luego de que Armas de la Bastida presenta ante la Supercom este tipo de argumentos? Algo delirante: Mauricio Cáceres Oleas, director nacional jurídico de Reclamos y Denuncias, luego del “análisis del relato de los hechos”, acepta a trámite la denuncia por considerar que las presuntas infracciones descritas son las que se encuentran contenidas en los artículos tales y cuales de la Ley Orgánica de Comunicación. En alguna ocasión ni siquiera consta el análisis de las grabaciones, circunstancia que el superintendente Carlos Ochoa justifica plenamente con el argumento de que “no se sacrificará la justicia por la sola omisión de formalidades”. En casi todos los procesos Dávila y Baldeón han sido acusados de violar el horario de protección al menor, una infracción que sólo puede ser cometida por un medio, no por un periodista, y que, por añadidura, no se aplica en ningún caso a un contenido de opinión, según establece el propio reglamento técnico para la definición de audiencias y franjas horarias dictado por el Cordicom (artículo 9).

Luis Baldeón y Aurelio Dávila han sido víctimas de falsas acusaciones desde hace un año y medio; han sido despojados de las garantías del debido proceso; han sido sistemáticamente perseguidos por el aparato del Estado; en su contra se han movilizado sospechosas asociaciones que incluyen a los abogados del presidente de la República. Todo por el delito de practicar un estilo de humor que no gusta a todo el mundo. ¿O hay algo más? ¿Es su caso una cruzada de moralización de la sociedad o hay otra razón oculta? A continuación veamos los 11 procesos de la Supercom, caso por caso: una lista delirante.

Las retorcidas mentes de los supercomitos

Luis Miguel Baldeón y Aurelio Dávila, conductores de los programas de opinión deportiva Hablando Jugadas y Mira quién habla, de Radio Fútbol, han sido once veces procesados por la Supercom. Las razones son desopilantes y retratan al curuchupismo correísta de cuerpo entero. A continuación, una lista de los casos. Las fechas corresponden a la presentación de las denuncias o de los reportes internos del organismo:

  • 2 de febrero de 2015. – Por teorizar sobre la diferencia entre amante y moza. Según la Supercom, se trata de un “contenido que menoscaba la dignidad de la mujer”. Multa: 3.540 dólares.
  • 11 de febrero de 2015. – Por no identificar, en la emisión del 27 de enero, el tipo de contenido del programa, es decir: ese día se olvidaron de especificar que Mira quién habla es un programa deportivo de opinión. Multa: 1.770 dólares.
  • 4 de mayo de 2015. – Por repetir el insulto que un jugador le dijo a otro después de cometerle falta: “Te cagué hijueputa”. Multa: 3.540 dólares.
  • 30 de julio de 2015. – Por decir que los hijos del también comentarista deportivo Roberto Omar Machado son malos periodistas y tienen trabajo gracias a que la radio es de su papá. Amonestación escrita.
  • 13 de agosto de 2015. – Por hablar a favor de la infidelidad. Vale la pena reproducir sus palabras para que se entienda el contexto humorístico del asunto: “No estamos en contra de la infidelidad, en la cara lo decimos, en la cara y en los oídos de quienes quieran escuchar: estamos a favor de la infidelidad, pero eso sí, tienes que ser un profesional (…). Eso sí, pedimos alto rendimiento, inteligencia emocional, un desdoblamiento milimétrico sin que note tu cónyuge. Eso es complicado, tener doble cara (…). Nosotros estamos a favor de la doble cara, de la doble vida. ¿Por qué? Porque es un placer; te da una sensación de poder indescriptible, te da una sensación adrenalínica. ¿Si me hago entender? Señoras y señores, nosotros estamos a favor del profesionalismo del amante”. Para sancionar esta declaración el superintendente Carlos Ochoa, cuya fidelidad seguramente es ejemplar, cita el artículo 67 de la Constitución (“El Estado protegerá la familia como núcleo fundamental de la sociedad”) y concluye que se trata de un “contenido inadecuado”. Multa: 3.540 dólares.
  • 29 de octubre de 2015. – Por llamar mamarrachos, payasos y bufones a periodistas de otra radio deportiva que los amenazaron con pegarles: “En qué país vivimos carajo, ¿esto es de patadas, de cuchillo, de revólver? Vamos a ver si responden como hombres ante la justicia”. Aunque se trata, obviamente, de una declaración de rechazo a la violencia de los otros, la Supercom la sancionó por “no observar reglas mínimas para la convivencia en el marco del respeto y la tolerancia hacia los demás”. En esta misma resolución se sanciona también una declaración de Luis Baldeón pronunciada en otra fecha: “que nos sancione por algo el Ochoa y toda su people. No hay cómo hablar en contra del gobierno, Aurelio. Gracias, me voy. Qué paisito éste ¿no?”. Según el propio Ochoa esas palabras incurren en “desconocimiento de la autoridad”. Multa: 3.540 dólares.
  • 16 de noviembre de 2015. – Por exactamente las mismas causas que la demanda anterior. Aunque parezca increíble, Dávila y Baldeón vuelven a ser procesados por llamar mamarrachos, payasos y bufones a periodistas de otra radio deportiva que los amenazaron con pegarles. Y por decir: “En qué país vivimos carajo, ¿esto es de patadas, de cuchillo, de revolver?”. Y también (otra vez) por desconocer a la autoridad y llamar al incumplimiento de la ley a raíz de conocerse la sanción anterior: “La Supercom procedió nuevamente a notificarnos por 3 mil dólares, yo no voy a pagar un centavo”, había dicho Baldeón. Multa (otra vez): 3.540 dólares.
  • 26 de enero de 2016. – Por organizar una encuesta telefónica con sus oyentes. Las preguntas eran: ¿con quién le gustaría acostarse? ¿Con quién se pegaría un grifo? ¿Con quién un trago? Según la Supercom, esta encuesta irrespeta los derechos de los grupos de atención prioritaria. Multa: 3.660 dólares.
  • 28 de enero de 2016. – Por maltratar a un oyente que los maltrató primero. Había llamado a la radio a decirles: “Lo que usted tiene es diarrea mental y el otro señor que está al lado suyo es un pobre aprendiz de matemático, que nunca ha ido a una universidad”. Baldeón respondió: “Váyase al diablo, a mí no me interesa que usted sea físico cuántico, me resbala. Además, padezco de derrame cacal. Qué te pasa a vos que estás hecho el vivo, conmigo no te metas, que soy boca de verdulera”. Otra vez: irrespeto a los derechos de los grupos de atención prioritaria. Multa: 3.660 dólares.
  • 1 de marzo de 2016. – Por confesar pecados de juventud: “Una época me dio por robarles dinero a los taxistas (…) A mi papá le robé un día, cinco sucres del pantalón”. A pesar de que los periodistas pronunciaron literalmente la frase “eso no se debe hacer”, la Secom decidió sancionarlos por justificar la práctica de un acto ilícito. Multa: 3.660 dólares.
  • 15 de abril de 2016. – Por hacer la apología del chisme: “La razón de ser de este programa es el chisme, el rumor, el meterse en la vida privada de la gente”. Y también: “No somos un programa cualquiera que habla de moderación, de cariño, de respeto, nooo. Nosotros hemos venido a traer la espada”. Y también: “Yo no quiero fama, quiero plata, por Dios, entiéndanme. Yo soy una prostituta del periodismo”. Además, por hacerse llamar “Barman y Droguin”, en alusión al alcohol y las drogas. Todo lo cual, según la Supercom, “podría influir e incluso modificar (para mal, se entiende) el comportamiento de la audiencia”. Multa: 3.660 dólares.

En casi todos estos casos Dávila y Baldeón han sido acusados de violar el horario de protección al menor. Un pretexto improcedente, pues la misma ley del aparato de censura correísta, en este caso el reglamento de audiencias del Cordicom, establece que las franjas horarias no se aplican para los contenidos de opinión. Y tanto Hablando Jugadas como Mira quién habla están catalogados como tales.

Es evidente que lo de la Supercom con Luis Baldeón y Aurelio Dávila es una obsesión persecutoria. El sistema de control y censura de la libre expresión montado por el correísmo, con su marco legal y su aparato institucional, permite que cosas así ocurran con total impunidad, eso no es nuevo para nadie. La pregunta es por qué. Por qué dos exitosos periodistas deportivos que no se meten en política salvo por excepción, que gozan del favor de un público masivo, ciertamente escandalosos e incorrectos, posiblemente de mal gusto y hasta amorales, se convierten de pronto en las víctimas sistemáticas de la persecución del Estado. Parece claro que la Supercom quiere escarmentar con ellos. Usarlos como ejemplo para imponer su propio concepto de moral y buenas costumbres. Su curuchupismo y su mojigatería social como modelos de comportamiento. Son sus propias mentes enfermas y retorcidas, las de Carlos Ochoa y sus intendentes, las que hacen pasar por censurable el estilo de Dávila y Baldeón, cabezas de turco de un proceso que intenta ponernos en vereda y disciplinarnos a todos.

Personajes como estos periodistas, con sus dobles alusiones, sus inclinaciones perversas, sus tendencias (reales o figuradas) hacia el alcoholismo y la drogadicción, su incontinencia verbal y esa falta de elegancia de la que hacen alarde, difícilmente van a ser defendidos por alguien en una sociedad mojigata. Y (con la excepción de Fundamedios, que ha documentado su persecución entre tantas otras) no lo han sido. ¿Hasta qué punto la Supercom se levanta sobre la propia vocación silenciadora de los ecuatorianos, vocación que se ceba en gente como Dávila y Baldeón? La censura, escribió el escritor sudafricano John Coetzee, proviene de la capacidad de la gente para ofenderse por lo que lee o escucha. Y como esa capacidad es infinita (siempre habrá en la sociedad alguien que se sienta ofendido por algo), una vez que el espíritu de la censura se instala en el poder y se promueve desde el Estado, su posibilidad de persecución no tiene límites.

Uno de los ciudadanos rusos que ofreció su testimonio a Svetlana Alexiévich para su libro El fin del homo soviéticus dice, con bastante perspicacia, que la democracia no se puede instaurar por decreto, no se puede importar, no se puede improvisar. Porque la democracia precisa de hombres y mujeres libres. Y que en Rusia escasean. ¿Acaso abundan en el Ecuador? ¿Existe en el país una verdadera tolerancia hacia la opinión ajena o más bien tienden los ecuatorianos a creer que la libertad de expresión termina donde empieza el derecho de las personas a sentirse ofendidas? ¿Admitimos la libertad de los otros a hablar siempre y cuando no digan cosas que nos disgustan? ¿Es eso? La existencia de personajes como Luis Baldeón y Aurelio Dávila es saludable para la esfera pública porque el respeto de su libertad garantiza el respeto de la libertad de todos. El hecho de que hayan sido, durante un año y medio, acosados por el Estado y privados de sus derechos sin que esto se convierta en un escándalo público, pone en duda la capacidad de los ecuatorianos de vivir en democracia.


Autor:  Roberto Aguilar

Fuente: 4Pelagatos y 4Pelagatos

NDLR:  Luis 'El Loco Baldeón' y Aurelio Dávila son comentaristas deportivos de la Radio Redonda, 96.9 FM en Quito.

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