26 de junio de 2016

Los sábados Correa se pinta de cuerpo entero

El Correa de los sábados es un tipo de mucha jeta y proco escrúpulo. Es el tipo capaz de sentarse en la tarima y decir, sin que le tiemble un músculo de la cara y mirándonos a los ojos (o sea, mirando a la cámara), que la Policía del Ecuador es “la mejor de Latinoamérica y probablemente del mundo”. Ni más ni menos. El Correa de los sábados es el que nos toma por imbéciles.

articulo de roberto aguilar sobre rafael correa
Artículo de Roberto Aguilar: 'Los sábados Correa se pinta de cuerpo entero'

Es el que mete miedo con el coco. Y el coco es él: “Si me siguen fastidiando los mediocres de siempre me les presento a las elecciones del 2021”, dice. “Me les presento”. La política es una bronca de esquina y el Correa de los sábados es el gallito del barrio. El que se cree invencible.

Es el que echa mano de cualquier pretexto para eludir responsabilidades y caer siempre parado. Ahora es el Brexit. Porque resulta que “la economía ya se estaba recuperando” (ah, ¿sí?) “y viene el referéndum británico y gana el No, se desestabilizan los mercados, se aprecia el dólar, cae el precio del petróleo”, en fin, que esto “nos ha golpeado muy fuertemente”. El oportunista que dice yo-no-fui. El dizque académico cuya deshonestidad intelectual resulta obscena.

El Correa de los sábados demuestra su superioridad de macho alfa mangoneando a ministros y funcionarios que se humillan y se arrastran en su presencia, que bajan el lomo hasta tocar el suelo con la frente. ¿Cuántas interrupciones ofensivas, frívolas, insulsas está dispuesto a aceptar un funcionario por parte del presidente antes de que la sonrisa servil se le borre del rostro? Todas. Las que vengan. Las que sean necesarias. Correa trapeará el piso con sus traseros y ellos continuarán sonriendo.

El viceministro de Educación, Freddy Peñafiel, expone las bondades del sistema de evaluación de maestros:

–Los comentarios que usted ha hecho sobre la evaluación son bastante acertados, presidente. Y algunos datos importantes: hemos hecho un cruce de los resultados de la evaluación con…
–Sí –interrumpe Correa para retomar una fruslería que dejó inconclusa–, pero es que ahora los chicos también usan aretes. Se ponen unas cosas negras, redondas. Se ponen como huaoranis, ¿no? Se abren la oreja y se ponen unos platos aquí, negros…
–Se llaman extensiones, presidente –replica Peñafiel, posponiéndose a sí mismo con una sonrisa patética.
–¿Cómo se llaman?
–Extensiones.
–Se ponen unos platos aquí, negros –insiste Correa con candidez de nonagenario–, ¿para qué servirá esa cosa? No sé.
–Entonces, como le decía presidente, hemos hecho un cruce entre los resultados de la evaluación…
–¡Imagínate al Mashi, necesita toda la vajilla!

Jajajá jejejé.

También al ministro del Interior, José Serrano, que se encuentra explicando los avances en materia de seguridad, le interrumpe Correa para contar que el Mashi invitó ceviche en el mercado para después de la sabatina. Jejejé jijijí. Y cuando le devuelve la palabra con un gesto displicente de quijada:

–Solamente, presidente –trata Serrano de retomar el hilo de su exposición– se descubrían…
–Pero ceviche de melloco. ¡De melloco! Y al ceviche de melloco el Mashi le quiere echar sal prieta.

Así es el Correa de los sábados. Un bacancito. Y así de trascendentes son los temas con los que teje su informe.

“Domingo 19, actividad personal”.

“Lunes 20 de junio, actividad de despacho”.

“Nos visitó la unidad educativa La Inmaculada de Quito”.

“El gabinete sectorial fue un gabinete muy largo y hablamos de varias cosas”.

“La guatita, la empanada, el morocho, la ensalada de frutas en Solanda, porque el sur es nuestro norte”.

El Correa de los sábados es el canchero de la risa fingida. Finge reír para demostrar su superioridad sobre el mundo que lo rodea. Finge reír para dejar en claro su autosuficiencia, su control de todas las situaciones, su capacidad de mando. Finge reír también para hacer alarde de su humildad, para ostentar su sencillez, para poner en escena su naturalidad. Tantas veces finge reír el presidente que la sabatina completa se podría leer en función de ese solo gesto.

La gente grita “reelección” y él finge reír como diciendo “no me abrumen”.

Pinta el oscuro panorama que nos deja el Brexit y finge reír como si lo tuviera todo controlado.

Muestra un video propagandístico sobre lo que él llama “la reconstrucción de Manta” y finge reír, agrio y pedante, como quien se muestra satisfecho de su propia eficiencia.

El video de “la reconstrucción de Manta”: uno no sabe si las venenosas voces de Douglas Argüello y su acompañante femenina resultan más ofensivas y malsanas cuando se dedican a sembrar la insidia o cuando tratan de proyectar optimismo y buen rollito. Los buenos sentimientos suenan tan impostados en esas voces cuya naturaleza es la malicia, que la farsa cae por sí sola. En todo caso, son el contrapunto perfecto para el acre y presuntuoso Correa de los sábados. Son la perfecta expresión sonora de la mentira y así serán recordadas, junto con la risa agria de Correa, cuando esto haya terminado.

El Correa de los sábados es el desmañando sofista que ya ni siquiera se preocupa de la solidez de sus argumentos. Obsesivamente fiel a su propia caricatura, Correa es cómico contra su voluntad. Como los malos payasos. A diario El Comercio le propina una andanada de agravios por haber escrito que “Ecuador comprometió venta de petróleo con China hasta 2024”. “¿Qué se entiende con un titular así?”, se escandaliza el presidente. Bueno, normalmente se debiera entender lo que está escrito. Él no. Él entiende otra cosa. Según él, ese titular sugiere que el país firmó un contrato de venta anticipada de petróleo. Como tantos que ha firmado, pero este no es el caso. No. En esta ocasión no se trata de venta anticipada, explica Correa con toda jeta, sino de un “compromiso de venta”. Tal cual. O sea: no es que Ecuador comprometió venta de petróleo sino que Ecuador comprometió venta de petróleo. Maldita prensa que lo tergiversa todo.

El Correa de los sábados ahora insiste en que la sabatina “ya no le cuesta al Estado” porque “no se imaginan cuántas invitaciones tenemos, gobiernos autónomos que dicen venga presidente, nosotros pagamos todo”.

El Correa de los sábados recuerda a una vieja viñeta de Chumy Chúmez en la que un hombre revestido de las insignias del poder proclama: “El hombre es bueno por naturaleza y al que diga que no le saco un ojo”. Al defensor del pueblo él le dice: los jueces en este país son independientes, así que no le permitiré que insulte “a nuestro sistema de justicia”. Y añade: “y si no está de acuerdo, renuncie”.

El Correa de los sábados dirá que rinde cuentas y que pone las tareas del gobierno, antes tan distantes, al alcance de los más humildes. Que este sábado, por ejemplo, se explayó sobre las universidades estratégicas, sobre el Yachay, sobre la evaluación de los maestros, sobre los esfuerzos por bajar los índices de inseguridad… Pero él es el primero en darse cuenta de que la gente (como le consta a cualquiera que haya asistido a una sabatina) no lo escucha. “Por favor, préstenme atención, no me están parando bola”, se vio obligado a reclamar en la última sabatina.

Si alguna pedagogía ejerce el Correa de los sábados, no proviene ésta de sus argumentaciones racionales sobre las tareas de gobierno. Cualquier persona medianamente sensible ante las puestas en escena del poder sabe perfectamente que el mensaje dominante de un acto de masas como éste se desprende de otras cosas. De las risas y los gestos, de las actitudes, de la música y los videos, de las voces, del montaje de aplausos y aclamaciones, de los chistes, de los momentos de furia, de las comparsas y los figurantes… La sonrisita servil de un ministro mangoneado transmite más, pero muchísimo más que los olvidables argumentos técnicos que trata de colar entre las interrupciones insulsas del presidente. Ése y no otro es el mensaje de las sabatinas. Y ese mensaje nos retrata a un presidente ramplón, inescrupuloso, oportunista, pedante, vanidoso, de una deshonestidad intelectual apabullante. Un mal tipo. De eso (no de los logros del gobierno, si los hubiera) trata la sabatina. De eso hay que ocuparse.


Autor:   Roberto Aguilar

Fuente:   4 Pelagatos

3 comentarios

Una gran verdad, Correa se burla en la cara de sus ministros, viceministros y otros subalternos; pero no permite que nadie la haga la menor crítica o señalamiento de sus errores. Quien lo hace es inmediatamente despedido, perseguido o vilipendiado.

que ridiculez... ustedes los opositores de pacotilla son las victimas.. que puedes insultar y difamar pero cuando el presidente responde por que el Sr Correa es un presidente con pantalones bien puestos.. entonces es el, el culpable.. me dan risa ustedes perdedores y corruptos

excelente articulo, es solo la verdad de las sabatinas, un presidente prepotente que cree tener la ultima palabra, una persona incauta que no sabe escuchar, uno mas al cual el poder se le subió a la cabeza, una persona mal educada que no sabe respetar a los demás, que pena me da que hay mucha gente que se somete a sus insultos y no tiene la suficiente personalidad para poder entregar sus puntos de vista, que pasaron de ser personas pensantes a personas dominadas solo por recibir su bien sueldo y conservar su puesto sin darse cuenta que la dignidad de cada ser humano no tiene precio.

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