13 de marzo de 2016

Sabatina 466: cuando el presidente se pone baboso

“No sé si tenga algo que comentarnos Lorena Araujo, de Senescyt”, dice Rafael Correa. En sus labios se adivina una sonrisa que no se parece a la contracción agria de otras veces: esta es una sonrisa segura. Con un movimiento de brazo ha señalado el lugar que ocupa la subsecretaria de Educación Superior, invitándola a ponerse de pie.

–Ya lo dijo todo Andrés pero es tan guapa Lorena –continúa– que le vamos a dar la palabra, ¿no?, para pasar de Andrés a Lorenita, a ver.

El presidente clava los ojos en la aludida, que permanece fuera de cuadro, y la reta con un leve movimiento de quijada que es un gesto de mando. El rostro se le ilumina de autosatisfacción. Durante tres significativos segundos Rafael Correa proyecta la imagen de un tipo atrevidamente cómodo.

articulos de roberto aguilar sobre rafael correa
Artículo de Roberto Aguilar: "Cuando el presidente se pone baboso"

En cuanto a Lorena Araujo, empujada a una cadena nacional de radio y televisión a golpe de mandíbula, continúa sin aparecer en la pantalla. Es fácil imaginarla torpe y tímida en medio de semejante atención ciudadana, mientras Correa ejerce su poder: “No se ponga nerviosa, que no se le caiga… ¿qué se le cayó? Las gafas, ok”.

Así compareció en la última sabatina, la 466, la subsecretaria de Educación Superior del correísmo. Lorenita. El presidente la invitó a hablar no porque considerara que ella tuviera algo interesante, inteligente, pertinente o útil qué decir. Quedó claro que Andrés Arauz, ministro coordinador de talento humano a quien Correa no llama Andresito, ya había dicho todo lo que hacía falta. De Lorenita lo que se esperaba es que se pusiera de pie para que el mundo la viera. Miren qué guapa es. Y sabe hablar.

Lo único que le falto al presidente fue llamarla “reinita”. En otra ocasión, a una ministra de Transporte, Paola Carvajal, le cantó lo sexy que era. Y pidió a los camarógrafos que la enfocaran, cosa que cabalmente estaban haciendo, pero a la cara. Uno de ellos, acaso curtido en nueve años de sabatinas y conversatorios, entendió de inmediato lo que se esperaba de él y dirigió su cámara más abajo.

Tampoco entonces importó lo que tuviera que decir la ministra: ella estaba en plena explicación técnica cuando Correa, que evidentemente no la oía, la interrumpió para morbosearle. “Ministra de la tecnocracia y la tecnocumbia”, le dijo al verla tan rica y apretadita.

Volviendo a Lorena Araujo en la última sabatina, cuando por fin ella apareció en pantalla lo hizo con una sonrisa tan obediente y solícita que con verla le alcanza a uno para entender por qué Rafael Correa es presidente. También Paola Carvajal enrojecía, reía nerviosa y se retorcía mientras él le decía lo rica que estaba.

La imagen es poderosísima. La figura del presidente de la República ocupa la mitad derecha de la pantalla. Esta tomada en ligero contrapicado, es decir, con la cámara dirigida un poco de abajo hacia arriba, lo cual, según los manuales clásicos de cine, confiere grandeza a los personajes. El encuadre es el que los mismos manuales llaman plano-medio-corto: desde la mitad del pecho. En la televisión, el presidente es un imponente busto de granito visto desde abajo. Atrás, una gigante bandera del Ecuador ondeada por el viento ocupa el resto del espacio. Es la visión del caudillo arropado por la Patria, imagen tanto más preocupante cuanto que el caudillo está echándole los perros a una señorita. A una niña apocada, sumisa y nerviosa.

Nueve años de repetición agresiva e imparable han distorsionado la capacidad de entendimiento de los ecuatorianos a tal punto que hemos llegado a persuadirnos de que estos comportamientos son normales. Pero no lo son. Que el presidente de la República interprete con sus ministras el papel de gallito del corral en la televisión nacional es algo absolutamente desquiciado. Verlo babear es una vergüenza. Si nos parece normal es porque estamos enfermos.

Ocho minutos después de esta escena (y no es un decir: fueron ocho) Rafael Correa tropezó en la agenda que tenía por delante con la fecha 8 de marzo. El Día Internacional de la Mujer.  Y con absoluta inconsciencia y desparpajo despachó: “Yo me considero feminista”. Por la jeta. A pesar de “las doctrinas medio noveleras de los últimos tiempos”. Soy feminista, dijo, sin caer en absurdos como pensar que todos somos iguales. Soy feminista y no puedo entender que las que se dicen feministas no reaccionen frente al concurso de Miss Universo. Resoplaba de la iras.

No hay caso: Correa no lo ve. No se da cuenta. Le falta la sensibilidad o la formación intelectual para entender la contradicción entre lo que dice y lo que hace. Él pertenece a la categoría de los machistas más básicos y elementales, los machistas de mécanica de barrio. Aquellos que son machistas de tan sólo no pensar en el asunto. De puro ignorancia.

Claro que en la sabatina 466 pasaron un montón de otras cosas.

El presidente repitió la explicación del seguro de desempleo e hizo el inventario de los avances en el sistema educativo.

Atacó a Nebot, se mofó de Ecuavisa, volvió a pasar por Solca pateando al perro.

Contó cómo fue a inaugurar 12 obras importantísimas en los cinco días previos en las tres regiones de la Patria. Se entretuvo en las características de cada una de esas obras.

Habló del festival de teatro que se va a hacer en Loja por puro capricho suyo. Anunció que los que compren boletos para ese festival van a tener descuentos en los pasajes de avión en Tame, también por capricho y porque Tame no le cuesta a nadie.

Mintió groseramente: dijo que el criterio con que se establece el índice de libertad de Freedom House es la facilidad para despedir trabajadores.

En fin. Dijo de todo. Habló casi cuatro horas.

Pero si consideramos a la sabatina de la forma como el presidente quiere que la consideremos, como un espacio pedagógico y didáctico dirigido a los ecuatorianos más sencillos y a los más jóvenes, entonces son los tres minutos con Lorena Araujo los que acaso encierren la enseñanza más poderosa del programa. El momento más brillante en medio de un aluvión de imágenes y palabras olvidables. El ejemplo que mayor influencia tendrá sobre las conductas de la gente.

En nueve años no ha habido ministra, subsecretaria o simple funcionaria que, habiendo sido tratada de esta forma por Correa, supiera ponerlo en su sitio. A este gobierno ya sólo le quedan 63 sábados por delante. ¿Aparecerá en ese lapso alguien que sea capaz de decirle serena, cordial y firmemente al presidente de la República que lo que hace está completamente fuera de lugar? ¿Queda resquicio para un poco de dignidad en el correísmo?


Autor:  Roberto Aguilar

Fuente:  4pelagatos.com

Tus comentarios son muy importantes para nosotros. Por favor no dudes en escribirnos por cualquier inquietud que tengas.

El Equipo de Ecuador Noticias
EmoticonEmoticon

Síguenos en nuestras redes sociales