27 de marzo de 2016

Correa emprende otra guerra perdida: las redes sociales

"Me están haciendo un paso a nivel”, “me estudias…”, “si yo no hubiera hecho el proyecto Monteverde”… Correa hace las sabatinas no para rendir cuentas: lo que hace es un despliegue inconmensurable de su yo convertido en el tesoro de la revolución, sujeto de la historia, personificación de amor-odio, ícono imprescindible y hasta sex symbol. Los pronombres posesivos delatan ese lado controlador y dominante, tan inexpugnable como puerilmente seguro de que nada escapa a su autoridad. No solo se declara el centro: se siente y se quiere insustituible. Hasta el punto de concebirse como un popstar que, apenas deje el poder, causará destrozos entre aquellos que dicen odiarle pero que, en realidad, lo quieren. Lo dice con ese deleite maluco que caracteriza esos corridos mexicanos en los cuales hay corte de venas y brindis con sangre. Correa imagina desde ahora a sufridores y sufridoras bebiendo Pájaro azul, tomando antidepresivos y oyendo al insufrible Julio Jaramillo tras su partida.

articulo de opinion de Jose Hernandez
Artículo de José Hernández: "Correa emprende otra guerra perdida: las redes sociales"

Correa vive trascendido. Sus posesivos, incluso cuando habla en primera persona del plural, denotan esta voluntad de equipararse con quien se antoje. En Monteverde, Santa Elena, durante la sabatina 468, comenzó aludiendo a la visita del Presidente de Estados Unidos a Cuba. Pero lo único que dijo es que lo critican por tener avión presidencial cuando Obama tiene un 747. “No somos inferiores –dijo– a ningún pueblo ni país”. Sobreentendido, él no es menor a nadie, porque entre Ecuador y Estados Unidos, pues algunas diferencias sí hay.

Lo más grato de la sabatina es ver cómo Correa se recorre a sí mismo, como un caleidoscopio capaz de explorar sus planos y cristales de colores, enamorado de las figuras que produce. Él habla de sí incluso cuando habla de Cristo. Cuando evoca la metáfora de poner la otra mejilla, de olvidar, de perdonar. Cuando recorre el evangelio, nombra a Barrabás, los escribas y fariseos. Cuando dice que es difícil cumplir el evangelio.

Habla de sí cuando vuelve a la historia del país. Cuando dice, torciéndole el cuello a la realidad, que antes de la revolución no había nada. Se entiende: no estaba él. Con él todo cambió. No solo lo dice. Lo reivindica en forma particular. En esta sabatina dijo por ejemplo, refiriéndose al proyecto Monteverde-Chorillos, que él puso 600 millones de dólares. Él logró que se ahorren 40 millones por año que costaba el buque que almacenaba gas. Si él no hubiera hecho eso, pues tendría $600 millones y no lo criticarían. Pero esa es la inversión que él ha hecho. “Si yo vendiera esto”… dice. “Estamos ahorrando como nunca en la historia (…) nunca lo olviden”.

Correa habla de sí, incluso cuando habla de Jaime Durán Barba y Augusto Barrera. Era obvio que Durán llegara a la sabatina. En Argentina cometió la proeza de hablar en la televisión con esa prosopeya propia de quien quiere descrestar a un interlocutor engatusado e ignorante. Lo logró. Dijo algunas verdades (Muricio Rodas nada sabía de Quito) y una sarta de inventos tejidos alrededor de una premisa de ensueño: Quito era una ciudad perfecta. Tras oírlo, Correa puso las verdades en su sitio. Las suyas. Olvidó admitir que los quiteños votaron contra Barrera (y sobre todo contra él por hartazgo). Olvidó aceptar los errores suyos, los de Alvarado… y los endosó todos a Barrera.

El ejercicio presidencial nada tiene de cristiano, a pesar de producirse un sábado que los católicos llamaban, hasta la reforma litúrgica de 1955, sábado de Gloria. Lo prueba el ataque a Enrique Ayala Mora: le dijo ladrón, estafador del seguro social, sinvergüenza, miembro de esa izquierda boba que debiera estar en el basurero de la historia. Tres semanas lleva Correa atacando al ex rector de la Universidad Andina por un supuesto salario excesivo. Ayala Mora le ha respondido –en términos civilizados– y ayer lo desafió, en su cuenta Twittter, a que lo demande y lo meta preso si sus acusaciones son fundadas. Pero Correa tiene atravesados a Ayala Mora y a la Universidad Andina desde que César Montaño ganó a Raúl Vallejo el rectorado.

Este Correa que insulta, manda al basurero a una persona que él conoció y respetó, no es por supuesto el Correa que se dice –y lo repitió este sábado– un ser tolerante y deliberante. Él se ve así y sufre mucho, según confesó, de tener que lidiar con gente ignorante y de mala fe. Le indigna ver cómo algunos hablan tanto sin saber. Se solazan en la ignorancia. Por eso, para hablar de su gobierno; es decir, de sí mismo, recurre a lo que llama “el reconocimiento internacional”. No solo hay cifras de los organismos internacionales que recogen índices favorables en el campo social al Ecuador; algunos con visos de realidad que se explican por la bonanza económica. Correa recurre ahora a los partidos o movimientos que supuestamente están copiando su modelo. Porque de eso se trata. Cita a Jean Luc Mélenchon en Francia, Podemos en España y hasta el nuevo líder del Partido Laborista inglés… Eso parece mucha gente y muy importante. Jean Luc Mélenchon, por ejemplo, es secretario general del Partido Comunista Francés cuyo declive histórico fue noticia hace años.

Correa habla tanto de sí que incluso cuando plantea temas relevantes para la política nacional termina evaporándolos tras broncas insulsas o penosos arreglos de cuentas. Este fin de semana planteó algunos: la desindustrialización del país; la reforma en la educación superior y los mecanismos para distribuir dinero público a las universidades; la política pública frente a las comunidades GLBTI; la política fiscal que vuelve de la mano de los impuestos al alcohol, el tabaco y las colas y la jornada laboral… En ningún momento –ni siquiera en la desindustrialización, tema en el cual es evidente que su visión espantó el capital privado nacional e internacional, el Presidente asume los errores cometidos. En todos, vuelve a la bronca y para que quede claro que su propósito es ganar votos en vez de conciliar salidas, termina sus intervenciones con videos que repiten lo que él afirmó. Pero con la inquina propia de un locutor cuya voz será otro de los símbolos desgraciados de este gobierno.

No hay duda de que Correa se ama. Habla de sí, habla de los otros como cosas suyas… Él fue mi boy scout, él fue mi alumno… Habla de su futuro: si me fastidian y quieren perseguirme, volveré y les ganaré. Por ahora, con un país en crisis, prometió reunir a sus soldados virtuales, sus trolls, para otra guerra: la de las redes. Una guerra perdida porque la hará a una opinión cabreada, sin plata y, él, con el sol en las espaldas.


Autor:  José Hernández

Fuente:  4pelagatos.com

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