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5 de julio de 2015

Un gobierno inmoral que saltó al vacío

No hay retorno: los dos años que el gobierno tiene por delante serán una vertiginosa rodada cuesta abajo, como dice el tango. En esa caída sin remedio el correísmo ha decidido aferrarse a la mentira con uñas y dientes. Predecible final para un régimen que hizo de la propaganda la columna vertebral de su política. La mentira parece ser ahora la única estrategia, la única forma de gobierno, la única sustancia que le queda al correísmo. Ya ni siquiera es una mentira de aquellas que tratan de disimular una verdad oculta, sino de las que pretenden distorsionar una realidad evidente. Tan abierto, tan descarado es su empecinamiento en la mentira, tan insolente su forma de negar una realidad que a todos consta, que cualquier forma de diálogo, cualquier intento racional de hacer política y de debatir ideas se ha vuelto (si no lo era ya) simplemente impracticable. No hay manera. La única política que existe hoy en el Ecuador –y política de Estado– es la mentira. Por eso (aun sin necesidad de hablar de los manejos económicos, del régimen de contratación pública, de los negocios petroleros, en suma, del dinero) es lícito afirmar que el correísmo es un régimen inmoral.

   
rafael correa biografia de un mitomano
Un gobierno inmoral que saltó al vacío


El presidente ha llamado a un “gran diálogo nacional” y esa es su última gran mentira de una serie larga. En la más reciente sabatina, la 431 (ánimo, ya sólo faltan 97), dejó bien claro el alcance de ese diálogo: “Tenemos la razón –dijo–, tenemos la verdad. Estamos abiertos al debate”. ¿Qué clase de debate es ese? ¿Para qué debatir, para qué dialogar, si la razón y la verdad ya están adjudicadas de antemano? ¿No se supone que es en el curso del debate donde una razón y una verdad compartida, hecha de las razones y las verdades parciales de todos los debatientes, se establecen y se consensúan? ¿Para qué, si no, sirve el debate? ¿Y quiere que los ecuatorianos nos sometamos a ese diálogo amañado?

Ante eso ¿qué nos queda? Muchos ya tienen su respuesta: queda la calle. Peligrosa paradoja: el presidente, con su mentira, empuja al pueblo a la calle, no le da otra salida que manifestarse; y luego miente sobre la naturaleza de esas manifestaciones para descalificarlas, miente incansable, estruendosamente. Y amenaza. Empuja al pueblo a la calle y luego dice que en la calle no hay nadie, que son “cuatro pelagatos”, “unos cuantos oligarcas” y nada más, unos pocos representantes de “una clase engreída”. Empuja al pueblo a la calle y luego lo menosprecia, dice “nosotros somos más”, dice “les damos diez a uno”. Empuja al pueblo a la calle y luego lo calumnia. ¿No lo calumnió ya su propaganda cuando afirmó que los manifestantes eran unos borrachos? Ahora él dice que es gente llena de odio y de violencia que salió a tomarse Carondelet por la fuerza, que lo único que quiere es agredir policías, como si la conducta de tres desaforados provistos de palos pudiera aplicarse sin beneficio de inventario a una multitud pacífica integrada por familias enteras, ancianos, hasta niños. ¿Es casual que todos los policías heridos dijeran haber sido atacados por gente enmascarada? ¿Quién va con la cara cubierta a las manifestaciones de la avenida de los Shyris? ¿No es el gobierno –y esta pregunta es pertinente porque de un gobierno inmoral puede esperarse cualquier cosa– el que está enviando esos enmascarados con su guión de violencia para luego obtener las imágenes que repetirá hasta el hartazgo en todos los canales de televisión?

Miente Rafael Correa sobre la propia naturaleza de las masas que lo apoyan. “¡Cuánta convicción, cuánto compromiso!”, dice de la gente que acudió el jueves 2 de julio a la Plaza Grande a respaldarlo. ¿No sabe cuántos buses fueron necesarios para acarrear esa gente? ¿Sabe cuántos empleados públicos fueron sacados de sus trabajos y obligados a asistir? ¿Sabe cuántos sánduches, cuántos viáticos se repartieron? ¿Sabe cuánto nos cuesta a los ecuatorianos cada movilización en su apoyo? ¿Sabe que sin plata de por medio no lograría juntar ni a la cuarta parte de los que se reunieron ahí ese día? ¡Claro que lo sabe! Entonces ¿por qué habla de convicción y de entusiasmo? ¿Para engañar a un país que ya vio en la Internet los videos que muestran todo eso? ¿Para engañar a los mismos convocados que lo saben más que nadie? ¿Para autosugestionarse y renovar su fe? ¿O para reafirmar su fuerza? Para decirnos que pase lo que pase, por encima de toda razón y de toda decencia, por encima incluso de los hechos demostrables, está él con su sinrazón, su indecencia y sus mentiras. Para ratificar que él manda y las cosas son como él las pinte. Para eso miente Correa. Es un peligro.

Y dice “La verdad ante todo”. Y dice “Siempre con la verdad”. Y dice “Yo sé que el Ecuador se divide entre los que me quieren y los que no me quieren pero todos me creen, sobre todo los que no me quieren. La credibilidad del presidente es incuestionable”. Mucha jeta. Mucha insolencia. Mucha inmoralidad.

Miente Rafael Correa y amenaza. Velada, cobardemente. “Yo creo que hay que reconsiderar esto”, instruyó en la sabatina al ministro de la Policía, José Serrano, a propósito de la orden dada a los antimotines de aguantar y no reprimir a los manifestantes (orden que, en los hechos, –ahí están los videos– no se aplica cuando los desalojan). ¿Reconsiderarlo dijo? Tal cual. Porque “se ha aguantado demasiado” y “tampoco vamos a exponer a nuestros policías”. Insistió mucho en esto. ¿Qué tiene en mente el presidente? ¿A qué se refiere cuando dice que “no nos vamos a quedar con los brazos cruzados” ante la marcha que el alcalde de Quito anunció para los próximos días en la ciudad? “¡Van a planificar una gran marcha –vociferó el jueves en el balcón de Carondelet–, sabiendo lo que eso significa!”. Pues no, ¿qué significa? ¿Es ilegal? ¿Está prohibido? ¿Es peligroso? ¿Por qué habría de serlo? ¿Piensa reprimir? ¿Piensa convocar a sus huestes y atacar? ¿Qué cosa es no quedarse con los brazos cruzados? ¿Es mandar a José Serrano con una turba de provocadores que azuzan a los manifestantes –esto también está documentado– desde el otro lado del cordón policial? ¿O algo peor? ¿De qué está hablando el presidente? ¿Ya no se puede marchar?

¿Miente el presidente para tener un pretexto para reprimir? ¿Así piensa mantenerse en el poder los dos años que le quedan? ¿A dónde nos quiere llevar?

El discurso de Rafael Correa desde el balcón de Carondelet el pasado 2 de julio fue un despliegue de testosterona para echarse a temblar. O para llorar. Ni una sola idea política, ni una línea de sensatez, ni una pizca de cordura, ni una palabra que reflejara aquel humanismo que dice profesar. Simple bazofia callejera, lenguaje (verbal y gestual) de gallito de pelea, gritos desaforados, cantos, consignas, arengas de combate. Y mentiras, muchas mentiras. ¡Ah, cómo mintió Correa desde el balcón ese día! Mintió hasta enronquecer. e instruyó a sus seguidores (en esto empleó sus mejores esfuerzos y la mayor parte de su tiempo) sobre cómo se debe gritar en las calles contra los golpistas oligarcas y engreídos. Eso y nada más: la guerra.

En 2007 lo tenía todo para cambiar el país y refundar la democracia: el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo; el hastío de ese mismo pueblo frente a la vieja política, sus ganas de cambiar, y, por si eso fuera poco, el mejor contexto económico desde los tiempos de Jaime Roldós. Ocho años después, un país enfermo de tanta prepotencia y tanta mentira no tiene otra salida posible que volcarse a la calle. Y en el horizonte político, la más plausible herencia correísta que se nos presenta es Jaime Nebot, el líder cantonal a quien la insensatez, la prepotencia y las mentiras del caudillo volvieron a encumbrar en el escenario nacional. ¿No era Jaime Nebot el más fiel representante de esa derecha autoritaria y vociferante a la que no queríamos volver? ¿No estaban, él y su manera de hacer política, derrotados no por Rafael Correa, sino la rebelión popular de 2005 que fue contra Lucio Gutiérrez y contra todos? En las manifestaciones de abril de ese año ningún político de ningún partido se atrevía a aparecerse entre la multitud. Y si lo hacía era pacífica pero firmemente expulsado. En las marchas de ahora, que por lo demás se parecen tanto a aquellas, cualquiera con un micrófono y una tarima improvisada puede lanzarse a buscar réditos políticos. La multitud quiere seguir a alguien que lo saque de este marasmo y parece dispuesta a seguir a cualquiera. Contra Correa, cualquiera. Y por simple muestreo numérico, el afortunado hasta el momento es alguien como Nebot, alguien qué carajee y no se ahueve. Lo mismo de antes. ¿Ese es el logro de la supuesta revolución que se llamó a sí misma ciudadana? ¿No haber dejado salida alguna para ejercer la ciudadanía? ¿Esa es la democracia que construyó el correísmo?


Autor:  Roberto Aguilar
Fuente:  estadodepropaganda.com

La Nueva Cruz del Papa

Este sábado 4 de julio de 2015 el alcalde de Quito, doctor Mauricio Rodas, inauguró en el Parque Bicentenario la nueva Cruz del Papa, en homenaje a la visita del papa Francisco al Ecuador.

cruz del papa en Ecuador
La nueva Cruz del Papa en Quito
 Esta es la segunda cruz que se erige en la ciudad de Quito, la anterior fue inaugurada en el año 1985 con motivo de la visita al país del papa Juan Pablo II y se encuentra localizada en el parque La Carolina.

La nueva Cruz del Papa tiene 18 metros de altura, posee un espejo de agua en su base, está elaborada en acero y aluminio, su costo de fabricación bordea los doscientos mil dólares. La nueva cruz se halla sostenida por 15 cables que representan las 14 estaciones del Viacrucis y la Resurreción de Cristo.

El creador de este monumento artístico e histórico de la ciudad de Quito es el arquitecto Mario Arias, el montaje de la obra la realizó el arquitecto cuencano Igor Muñoz.





4 de julio de 2015

Transmisión en Vivo de la Llegada del papa Francisco al Ecuador

Este domingo 5 de julio de 2015 llegará Jorge Bergoglio a Quito, la hora de la llegada del papa Francisco al Ecuador será las 15h00. Autoridades civiles y aeronaúticas han solicitado a la población que no se trasladen hacia el aeropuerto Mariscal Sucre de Quito en Tababela para recibir al Papa ya que habrá restricciones en la circulación de varias vías, además el vuelo del Sumo Pontífice aterrizará en una zona aislada de la terminal aérea, por lo que no será posible ver su llegada.

visita del papa francisco al ecuador
Horario de llegada del papa Francisco al Ecuador
Si desean ver la llegada del papa Francisco al país les invitamos a que visiten este espacio el día domingo 5, empezaremos la transmisión en vivo de la llegada de papa Francisco a Quito minutos antes de las 15h00, los esperamos.
 
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